Boletin
 
3 de enero de 2012 • Volumen 4 - Edición 1
Edición especial

Mecanismos que asocian la obesidad al riesgo de cáncer
El sobrepeso y la obesidad están asociados a un riesgo mayor de contraer ciertos tipos de cáncer. La pregunta obvia es: ¿Por qué? ¿Qué procesos biológicos median entre el exceso de grasa corporal y el aumento del riesgo de cáncer?


 

Dra. Rachel Ballard-Barbash
Nuevos indicios del papel de la obesidad en el cáncer

A medida que ha aumentado la prevalencia de la obesidad alrededor del mundo, se ha incrementado también la preocupación sobre sus consecuencias en la salud pública. Los índices de obesidad se han más que duplicado desde 1980, según la Organización Mundial de la Salud.

Los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (National Health and Nutrition Examination Survey) indican que solamente en los Estados Unidos el 34,2% de la población adulta de 20 años de edad en adelante tiene sobrepeso, el 33,8% es obesa y el 5,7% es extremadamente obesa, en comparación con el período1988–1994 cuando solamente el 22,9% de los adultos era obeso. Lea más >>

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El Boletín es una publicación del Instituto Nacional del Cáncer (NCI), una entidad gubernamental de los Estados Unidos creada en 1937. A través de formación académica y estudios de investigación básica, clínica y biomédica de base poblacional, el NCI realiza y financia investigaciones sobre el cáncer que se espera permitan en un futuro determinar las causas genéticas y ambientales del cáncer, prevenir el cáncer antes de que aparezca, identificar los cánceres que surgen en etapa temprana, eliminar cánceres a través de intervenciones y tratamientos novedosos, y controlar biológicamente aquellos tipos de cáncer que no pueden ser eliminados para poderlos controlar y tratar como enfermedades crónicas.

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EDICIÓN ESPECIAL: Obesidad e investigación del cáncer

Se revelan mecanismos que asocian la obesidad al riesgo de cáncer

> Artículo en inglés

El sobrepeso y la obesidad están asociados a un riesgo mayor de contraer muchos tipos de cáncer, entre ellos, cáncer de mama posmenopáusico, cáncer de endometrio, cáncer colorrectal, cáncer de la vesícula biliar, de riñón, de páncreas y de tiroides. Éstos no son riesgos menores; de hecho, en el 2002, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, en base a datos europeos, calculó que la obesidad contribuye en la formación de más de un tercio de los casos de cáncer de endometrio y cáncer de esófago, y un cuarto de los casos de cáncer de riñón. (Véase la tabla de abajo).

El sobrepeso y la obesidad también aumentan el riesgo de morir de cáncer. En un estudio citado con frecuencia, que fue publicado en el 2003 en la revista New England Journal of Medicine, investigadores de la Sociedad Americana Contra el Cáncer asociaron el exceso de peso a 14% de todas las muertes por cáncer entre los hombres y a 20% entre las mujeres.

Tipos de cáncerPorcentaje que se estima es causado por la obesidad
Endometrio39
Esófago37
Riñón25
Colon11
Mama posmenopáusico9
Fuente: Weight Control and Physical Activity, Agencia Internacional de Investigación del Cáncer

La pregunta obvia es: ¿Por qué? ¿Qué procesos biológicos median entre el exceso de grasa corporal y el aumento del riesgo de cáncer? Los investigadores apenas están comenzando a entender las respuestas, sin embargo, casi todos los factores objeto de estudio están fuertemente vinculados al hecho de que el tejido adiposo (grasa almacenada) es de muy alta actividad metabólica. El tejido adiposo, el cual en el pasado era considerado tan solo un depósito pasivo de combustible, ahora se sabe que bombea una asombrosa cantidad de hormonas, factores de crecimiento y moléculas de señalización, todo lo cual puede incidir en la conducta de otras células en el organismo.

Exceso de hormonas, riesgo adicional

La mayoría, si no todas, las moléculas que se estudian como posibles mediadoras entre la obesidad y el cáncer no causan cáncer, sino que lo promueven. Es decir, no causan las mutaciones que hacen que una célula normal se convierta en célula cancerosa, sino que más bien alimentan el crecimiento y la proliferación de células malignas.

Una de las vías que se presume podrían conducir de la obesidad al cáncer y que mejor se entiende tiene que ver con el estrógeno, una hormona que alimenta una gran cantidad de casos de cáncer de mama y cáncer de endometrio. En las mujeres posmenopáusicas, los niveles de estrógeno que circulan en el torrente sanguíneo normalmente caen de manera drástica a medida que los ovarios dejan de producir esta hormona.

Pero el tejido adiposo también produce estrógeno, a través de una vía celular que contiene la enzima aromatasa, el blanco de varias terapias contra el cáncer de mama denominadas inhibidores de la aromatasa. En las mujeres obesas, "la grasa corporal se convierte en una máquina productora de estrógeno", explicó la doctora Leslie Berenstein, directora de la División de Etiología del Cáncer en el City of Hope Comprehensive Cancer Center, quien ha estudiado la relación entre el estrógeno y el riesgo de cáncer por muchos años, a través de la iniciativa California Teachers Study.

Este exceso de estrógeno producido por la grasa puede alimentar las células cancerosas que expresan el receptor de estrógeno. No obstante, por sí solo, el estrógeno no es responsable de todo el riesgo adicional relacionado con estos tipos de cáncer en las mujeres posmenopáusicas obesas. Otro factor que probablemente interviene en muchos tipos de cáncer, incluidos el cáncer de mama, el cáncer colorrectal y el cáncer de páncreas, es la insulina, la hormona que hace que las células del organismo tomen las glucosa (azúcar) del torrente sanguíneo.

Una mujer se controla el azúcar en la sangre.A menudo la obesidad va acompañada de la diabetes tipo II y la resistencia a la insulina, lo cual podría contribuir al riesgo de cáncer.

A menudo la obesidad va acompañada del síndrome metabólico y la diabetes tipo II. En este tipo de diabetes, las células del organismo dejan de responder a la insulina, lo cual crea una acumulación de glucosa en la sangre, que a su vez estimula el organismo para que produzca aún más insulina. Y en algunos tipos de cáncer, "la insulina actúa como mitógeno – hace que el cáncer crezca más rápidamente", dijo el doctor Michael Pollak, director de la División de Prevención del Cáncer de la Universidad McGill, en Montreal.

Es interesante notar que el medicamento contra la diabetes denominado metformina, el cual reduce los niveles de glucosa en la sangre, ha mostrado alguna actividad anticancerosa. Varios estudios han indicado que las personas con diabetes que tomaron metmorfina tenían un menor riesgo de contraer cáncer y morir por la enfermedad, en comparación con diabéticos que no tomaron metmorfina. En la actualidad, varios estudios clínicos, incluido uno sobre el cáncer de mama, están estudiando la posibilidad de añadir metmorfina al tratamiento estándar.

Como subraya el doctor Pollak, será importante continuar la investigación básica sobre la metmorfina dadas las muchas preguntas sin respuesta acerca de quién debería tomar este medicamento. "Yo considero que esta es un área extremadamente prometedora en la investigación del cáncer, sin embargo necesitamos hacer más investigación básica antes de que podamos diseñar los mejores estudios clínicos" para determinar quiénes serían los pacientes que más podrían beneficiarse de este medicamento, dijo.

Por ejemplo, existen otros medicamentos contra la diabetes que reducen los niveles de insulina, pero no tienen un efecto anticanceroso similar, lo cual hace pensar que es posible que la metmorfina intervenga más que solamente en la vía de la insulina. Además, algunos tumores en pacientes tienen mutaciones en la vía de señalización de la insulina que hacen que las células actúen como si siempre estuviera presente una cantidad adicional de insulina, aún cuando no sea así. En estos casos, reducir la insulina podría resultar inútil en lo que respecta el control del cáncer. "Por lo tanto, esos pacientes probablemente no deberían participar en estudios clínicos sobre la metmorfina", dijo el doctor Pollak.

Una investigación más profunda

Se están estudiando una amplia variedad de otras moléculas a fin de determinar si desempeñan algún papel en la relación entre la obesidad y el cáncer. Algunas de estas moléculas, como ciertas interleucinas, son parte de la respuesta inflamatoria natural del organismo, que a menudo se encuentra crónicamente sobrestimulada en las personas obesas. También están las moléculas de señalización denominadas adipocinas (citocinas producidas por el tejido adiposo), cuyos niveles pueden verse afectados por el aumento de peso.

Investigadores de la División de Epidemiología del Cáncer y Genética (DCEG) del NCI están utilizando varios paneles con multimarcadores para estudiar las vías moleculares que asocian la obesidad al riesgo de cáncer en los seres humanos. Ya se están utilizando dos paneles, uno que evalúa 15 estrógenos y metabolitos de estrógenos diferentes, y uno que evalúa 79 marcadores moleculares de la inflamación, a fin de analizar estos mecanismos.

Un tercer panel, más experimental, está analizando simultáneamente entre 400 y 600 moléculas pequeñas a fin de tener un perfil del metabolismo a la hora de tomar las muestras, dijo el doctor Steve Moore, investigador visitante de la Subdivisión de Epidemiología de la Nutrición de la DCEG. Con estos paneles "puede verse de qué manera los marcadores están relacionados con el riesgo de cáncer; puede verse la forma en que la obesidad está relacionada con el riesgo de cáncer y cómo la obesidad está relacionada con el riesgo de cáncer después de hacer los ajustes según los niveles de los marcadores", explicó el doctor Moore. "De manera pues que al triangular estas tres cosas, se pueden calcular los mecanismos moleculares a través de los cuales es muy probable que actúe la obesidad".

Otros investigadores están analizando variantes genéticas que también podrían incidir en la manera como interactúan la obesidad y el riesgo de cáncer. "Mucha gente ha observado biomarcadores como la insulina, pero ¿cuáles son las vías genéticas y moleculares (completas) sobre las cuales incide la obesidad? preguntó el doctor Li Li, director asociado de Investigación para la Prevención en el Centro Oncológico Integral Case, en la Case Western Reserve University. Su proyecto, que cuenta con parte de los fondos de la iniciativa Transdisciplinary Research on Energetics and Cancer (TREC), está analizando la forma en que las variantes genéticas que se encuentran de manera natural en la población determinan si la obesidad puede promover la formación de pólipos en el colon.

Toda esta investigación podría finalmente ayudar a identificar medidas dirigidas de prevención y tratamientos del cáncer para pacientes obesos y con sobrepeso, en base a una mejor comprensión de lo que ocurre a nivel molecular que promueve la evolución del cáncer. Por el momento, "yo diría que lo que sabemos ahora respalda la adopción de un estilo de vida más sano que promueva el control del peso", concluyó el doctor Moore.

Sharon Reynolds

EDICIÓN ESPECIAL: Obesidad e investigación del cáncer

Nuevos indicios del papel de la obesidad en el cáncer

> Artículo en inglés

Doctora Rachel Ballard-BarbashDoctora Rachel Ballard-Barbash

A medida que ha aumentado la prevalencia de la obesidad alrededor del mundo, se ha incrementado también la preocupación sobre sus consecuencias en la salud pública. Los índices de obesidad se han más que duplicado desde 1980, según la Organización Mundial de la Salud. Los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (National Health and Nutrition Examination Survey) indican que solamente en los Estados Unidos el 34,2% de la población adulta de 20 años de edad en adelante tiene sobrepeso, el 33,8% es obesa y el 5,7% es extremadamente obesa, en comparación con el período1988–1994 cuando solamente el 22,9% de los adultos era obeso.

En un estudio reciente de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), basado en modelos de simulación, se calcularon las consecuencias económicas y de salud pública del continuo aumento de la obesidad en las poblaciones a medida que envejecen, en los Estados Unidos y el Reino Unido. Los investigadores determinaron que para el año 2030, 65 millones más de personas residentes en los Estados Unidos serán obesas, y que este aumento acarreará costos asociados de entre 48 y 66 mil millones de dólares anuales por concepto de tratamiento de enfermedades relacionadas con la obesidad. Queda claro que los costos de la obesidad son considerables y están aumentando rápidamente.

Muchas personas saben que la obesidad aumenta la carga que implican las enfermedades crónicas comunes, tales como diabetes, enfermedades cardiovasculares, asma y artritis.  Sorprendentemente, a pesar de décadas de investigación que indican la existencia de una fuerte asociación entre la obesidad y el índice y el pronóstico de cáncer, solo recientemente se ha reconocido ampliamente que la obesidad contribuye a la aparición del cáncer. 

Antes de la existencia y fácil disponibilidad de métodos efectivos de detección y tratamiento del cáncer, a muchas personas se les diagnosticaba esta enfermedad ya en estado avanzado, cuando probablemente ya habían perdido peso y sufrían caquexia. Además, a menudo, los pacientes sometidos a tratamiento contra el cáncer experimentan náuseas y vómito, lo cual aumenta la pérdida de peso. Es por ello que se consideraba que el cáncer estaba asociado a la pérdida de peso y no a la obesidad.

Definición de la obesidad

Para medir la obesidad, los investigadores suelen utilizar una escala conocida como índice de masa corporal (IMC). El IMC se calcula dividiendo el peso en kilogramos de una persona entre su altura en metros cuadrados. A diferencia del peso solo, este índice permite una medición más exacta de la obesidad.

Según los lineamientos del NCI, los adultos a partir de los 20 años de edad se ubicarían en las siguientes categorías en base a su IMC:

IMCCategoría

Menor de 18,5

Por debajo del peso

Entre 18,5 y 24,9Saludable
Entre 25,0 y 29,9Con sobrepeso
De 30,0 en adelanteObeso

En el caso de los niños y adolescentes menores de 20 años, las definiciones de sobrepeso y obesidad se basan en las tablas de crecimiento y el IMC por edad de los Centros para el  Control y la Prevención de Enfermedades.

IMC según la edad entre los percentiles 85 y 95, en función del sexoSobrepeso
IMC según la edad a partir del percentil 95, en función de sexoObeso

Sin embargo, trabajos de investigación realizados en modelos animales durante la década de 1970 y estudios epidemiológicos sobre los factores que inciden en el cáncer de mama comenzaron a indicar que con el aumento del índice de masa corporal (IMC) aumentaba el riesgo de cáncer de mama. Desde entonces, extensos trabajos de investigación básica, clínica y demográfica alrededor del mundo han mostrado que la obesidad está relacionada con un aumento del riesgo de cáncer de endometrio, cáncer de mama posmenopáusico, cáncer del aparato gastrointestinal (colon, páncreas, vesícula biliar y adenocarcinoma del esófago), cáncer de riñón y cáncer de tiroides, así como formas altamente malignas de cáncer de próstata. También se ha asociado el aumento de peso y de grasa abdominal en adultos a un aumento del riesgo de contraer diferentes tipos de cáncer.

En las últimas dos décadas, una vasta cantidad de trabajos de investigación han comenzado a identificar la asociación entre la obesidad y peores pronósticos y resultados entre algunos pacientes con cáncer, en particular en aquellos con cáncer de mama, de próstata y de colon. Al interpretar los resultados de la investigación sobre el riesgo y pronóstico de cáncer, es importante entender que la obesidad está asociada a la inactividad física y a malas prácticas de alimentación, lo cual podría también aumentar el riesgo de cáncer.

Los investigadores están explorando los múltiples mecanismos posibles mediante los cuales la obesidad podría incidir en el riesgo y el pronóstico de cáncer. Los primeros trabajos de investigación se centraron en el papel de la obesidad en los cambios negativos que se producen en hormonas sexuales tales como estrógenos y andrógenos, en particular durante la pubertad, el embarazo y la menopausia.

En trabajos de investigación más recientes se han analizado los mecanismos relacionados con la insulina y los factores de crecimiento asociados, adipocinas (citocinas que secretan el tejido adiposo), otros factores de crecimiento y metabólicos, factores inflamatorios, alteración de la respuesta inmunitaria y estrés oxidativo, relacionados con todas las fases del crecimiento y la muerte celular. Los investigadores también están analizando los efectos de la obesidad y el consumo y gasto de energía – tanto a nivel celular como de todo el organismo – en muchos otros mecanismos que pudieran incidir en el cáncer. Otros trabajos de investigación indican que el sueño, las alteraciones de los ritmos circadianos y los cambios en el microbioma podrían también incidir en la obesidad y el cáncer.

Si bien ya se han hecho importantes hallazgos sobre la relación entre la obesidad y el cáncer, aún queda mucha investigación por hacer en una serie de áreas. Por ejemplo, relativamente pocos estudios sobre la obesidad y el riesgo de cáncer han sido ajustados a los posibles efectos de la actividad física; existe un mayor número de estudios que han sido ajustados a factores alimentarios que pudieran incidir en el riesgo de cáncer, tales como la cantidad total de calorías o la cantidad y los tipos de grasas alimentarias que se consumen. Además, hasta la fecha, no se ha realizado ninguna investigación clínica que examine el efecto de la pérdida de peso en la aparición del cáncer; tampoco se han financiado estudios clínicos que analicen el efecto de la pérdida de peso en la probabilidad de morir a causa de un cáncer después de que es diagnosticado. 

Este número especial del Boletín del Instituto Nacional del Cáncer explora el apoyo que el NCI proporciona a la extensa investigación en los ámbitos celular, animal y clínico para llenar estas lagunas en nuestro conocimiento sobre el papel de la obesidad en el cáncer. Las iniciativas del NCI incluyen asociaciones con otros institutos de los NIH interesados en promover la investigación, de manera que se entiendan las fuerzas medioambientales y sociales, así como las políticas que pudieran contribuir a resolver la epidemia mundial de obesidad. 

Por ejemplo, dados los claros datos probatorios de la dificultad de revertir la obesidad una vez está presente, gran parte de la investigación se centra en su prevención en los niños, familias y las comunidades en las cuales éstos viven, juegan y trabajan. El NCI está trabajando con sus colaboradores en los NIH, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Fundación Robert Wood Johnson en la Investigación Nacional Conjunta sobre la Obesidad Infantil (National Collaborative on Childhood Obesity Research). Esta iniciativa se propone mejorar la implementación y efectividad de la investigación a fin de identificar los diferentes factores individuales, sociales y medioambientales, así como las políticas que pudieran ayudar a revertir la tendencia hacia el aumento de la obesidad infantil, en particular en las poblaciones más vulnerables a la obesidad y las consecuencias negativas que esto conlleva.

Los programas de prevención de la obesidad, como la campaña ¡A moverse!, también son importantes, no solamente porque buscan ayudar a controlar la obesidad infantil, sino porque podrían también reducir la morbilidad y la mortalidad relacionadas con el cáncer en los Estados Unidos.

Dra. Rachel Ballard-Barbash
Directora Asociada,
Programa de Investigación Aplicada
División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población del NCI
EDICIÓN ESPECIAL: Obesidad e investigación del cáncer

En busca de pistas sobre la obesidad entre los muchos microorganismos del cuerpo

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El diagrama muestra comunidades microbianas humanas estudiadas en el Proyecto Microbioma Humano. Los investigadores están analizando comunidades microbianas que viven en diferentes sitios tanto dentro como sobre el cuerpo humano a fin de estudiar el papel que estos microorganismos desempeñan en la salud humana y las enfermedades.

En el organismo humano hay diez veces más células microbianas que células humanas. Casi siempre, estos microorganismos son nuestros socios en salud y contribuyen a mantener el sistema inmunitario fuerte y a la digestión de los alimentos para producir nutrientes esenciales, entre muchas otras tareas. No obstante, cada vez hay más indicios de que, en ciertas condiciones, algunos de estos microorganismos podrían empeorar nuestra salud y aumentar el riesgo de contraer enfermedades.

A través de nuevos instrumentos genómicos, los investigadores han identificando de manera sistemática muchos microorganismos que viven tanto dentro como sobre nuestros cuerpos. El Proyecto Microbioma Humano dirigido por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), por ejemplo, viene caracterizando las comunidades de microorganismos, o microbiotas, en cinco sitios del organismo, a saber, los intestinos, la piel, la boca, la nariz y la vagina. (Los conjuntos de genes microbianos se conocen como microbiomas).

Con las herramientas y la información disponibles para estudiar estos ecosistemas microbianos, los investigadores están cambiando su enfoque y en vez de preguntar "¿Quién está ahí?", ahora preguntan "¿Qué están haciendo?" La meta es entender qué hacen los microorganismos para ayudar a mantener la salud humana o a crear las condiciones para las enfermedades. En los primeros trabajos en esta área se asociaron los microorganismos que se encuentran en los intestinos a la obesidad, lo cual constituye un factor de riesgo de cáncer.

"Estamos aprendiendo mucho sobre los microorganismos que viven en los intestinos y sobre su asociación con la obesidad", dijo el doctor James Goedert de la División de Epidemiología del Cáncer y Genética (DCEG) del NCI. "Es muy pronto para decir si los cambios en la microbiota desempeñan un papel causal en la obesidad. Necesitamos explorar también de qué manera estas asociaciones se relacionan con el cáncer".

Aprovechamiento de la energía para los seres humanos

En trabajos de investigación se ha adelantado que las comunidades de microorganismos que viven en los intestinos inciden en la alimentación - o son afectadas por ésta. Los investigadores por mucho tiempo han sabido que los microorganismos digieren los alimentos que los seres humanos no pueden digerir, y de esta manera proporcionan los nutrientes que los humanos necesitan. Las bacterias de los intestinos producen energía para el organismo mediante la fermentación de los polisacáridos de las plantas y la fibra vegetal, por ejemplo.

"El tipo de bacterias que viven en nuestro colon incide directamente en la cantidad de energía que se produce a partir de los alimentos que consumimos", explicó Phil Daschner de la División de Biología del Cáncer del NCI, quien co-presidió recientemente una reunión del NCI sobre el microbioma humano y el cáncer. "No se trata solamente de lo que comemos, sino también de las bacterias que tenemos en nuestros intestinos que descomponen lo que comemos", añadió.

Si se determina que diferentes configuraciones de microorganismos están asociadas a un menor riesgo de contraer ciertas enfermedades, entonces podrían prevenirse – o incluso tratar – estas enfermedades simplemente modificando las comunidades microbianas.

Para diseñar estrategias de prevención y tratamiento de enfermedades, es crucial que se identifiquen los mecanismos mediante los cuales estas bacterias señalizan sus efectos en el anfitrión humano.

—Phil Daschner

Daschner y otros creen que para alcanzar esta meta, es importante entender la manera como las bacterias podrían afectar el organismo. "Para diseñar estrategias de prevención y tratamiento de enfermedades, es crucial que se identifiquen los mecanismos mediante los cuales estas bacterias señalizan sus efectos en el anfitrión humano", dijo.

No obstante, ha aumentado el interés en el microbioma intestinal y la obesidad, en parte debido a la investigación que conduce el doctor Jeffrey Gordon en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en St. Louis. En un estudio, su equipo de investigación trasplantó ciertas bacterias de los intestinos de ratones obesos a los intestinos de ratones libres de gérmenes. Estos animales también se volvieron obesos posteriormente.

En un segundo estudio se trabajó con conjuntos de mellizos humanos y sus madres. Los investigadores encontraron diferencias en la microbiota fecal de mellizos delgados comparados con mellizos obesos. Claramente la obesidad estaba asociada a una menor diversidad de los microorganismos intestinales. Además, la actividad de los genes microbianos en diferentes aspectos del metabolismo de nutrientes también fue diferente entre los dos grupos.

La complejidad de la microbiota

"Apenas estamos comenzando a analizar las configuraciones de las diferentes comunidades existentes en los intestinos de personas de diferentes edades que viven en distintas condiciones culturales", dijo el doctor Gordon en un podcast reciente, en el cual habló de la investigación que lleva a cabo. En qué medida varían las configuraciones de estas comunidades "es una pregunta que permanece aún abierta", añadió.

Exploración del microbioma oral

En los próximos meses, el NCI enviará muestras de ADN de pacientes con cáncer oral a los doctores Richard Hayes y Zhiheng Pei del Centro Médico de la Universidad de Nueva York. Pero en lugar de estudiar el ADN humano en estas muestras, los investigadores harán una secuenciación del ADN microbiano a fin de explorar las asociaciones entre el microbioma oral y el cáncer.

Las personas que participan en el proyecto también formaron parte de un amplio estudio de prevención del cáncer auspiciado por el NCI. Estas personas no tenían cáncer cuando entraron al estudio entre 2000 y 2005; al empezar, cada persona entregó una muestra de ADN que tomaron a través de un enjuague bucal que se hicieron en casa y que enviaron por correo.

Las muestras, que llegaron al NCI y fueron almacenadas para su uso en futuras investigaciones, capturaron el ADN de los microorganismos existentes en la boca de cada uno de los donantes. Por ser muestras de ADN prediagnósticas, ofrecen una singular oportunidad de estudiar el microbioma oral antes de que aparezcan los síntomas de cáncer.

"Al estudiar el microbioma, tenemos la oportunidad de identificar nuevos agentes bacterianos que podrían causar cáncer", dijo el doctor Pei. "El microbioma nos ha dado un nuevo objetivo de investigación".

Sin embargo él cree que podría llegarse a entender mejor las necesidades nutricionales de los seres humanos si se estudiaran las estructuras y funciones de las comunidades microbianas. Este trabajo también podría revelar pistas sobre el papel de los ecosistemas microbianos en la obesidad y la mala nutrición.

Aún cuando el papel que desempeña el microbioma en el cáncer es aún menos claro que en la obesidad, varios informes han indicado que ciertas microbiotas tienen bien un papel protector o un papel de promoción del cáncer. "Para mí, esto es una indicación de la complejidad de la microbiota", dijo el doctor Eugene Chang, quien estudia el microbioma intestinal y las enfermedades gastrointestinales en la Universidad de Chicago.

"Muchos de nosotros pensamos", agregó, "que nuestro microbioma colectivo en la población humana está cambiando y que está alterando las cruciales interacciones entre el anfitrión y los microbiomas que determinan nuestra biología".

En un reciente comentario, el doctor Chang instó a sus colegas en esta área a realizar estudios sobre los mecanismos que subyacen a estas interacciones. También alertó contra "posiciones excesivamente entusiastas" acerca del significado de los hallazgos basados en los indicios actuales. Por ejemplo, uno de los retos implicará ir más allá de los estudios pequeños que describen las asociaciones entre cambios en la microbiota y los efectos en la salud. Muchos de estos estudios son puntuales en el tiempo y no pueden demostrar la relación causa y efecto.

"Aún no hemos respondido a las preguntas iniciales que nos plateamos en el Proyecto Microbioma Humano: ¿Por qué el microbioma es importante para nuestra salud y qué papel desempeña en las enfermedades?" dijo el doctor Chang.

"Para responder estas interesantes preguntas necesitamos extensos y bien diseñados estudios que recojan muestras y hagan seguimiento a los participantes por un cierto tiempo con el fin de determinar qué diferencias microbianas predicen el cáncer y otras enfermedades", dijo la doctora Mahboobeh Safaeian, investigadora de la Subdivisión de Infecciones e Inmunoepidemiología de la DCEG. "Será importante establecer un calendario de eventos".

Se explora una nueva frontera

Un estudio prospectivo de la microbiota intestinal en la población Amish que se encuentra en curso podría revelar pistas que ayudarían a responder una serie de preguntas que se tienen actualmente. El estudio, dirigido por la doctora Claire Fraser-Liggett de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, evaluará la microbiota intestinal en personas delgadas y obesas por un cierto tiempo, incluidos los períodos anterior y posterior a una intervención experimental.

Es casi seguro que este trabajo y otros estudios similares plantearán nuevas preguntas y responderán otras más. Sin embargo, la ciencia evoluciona rápidamente y los investigadores se muestran optimistas. "Las cosas están ocurriendo con mucha rapidez en este campo – tanto en lo científico como en lo técnico", dijo el doctor Goedert. En pocos años, los métodos e instrumentos actuales de investigación podrían muy bien tornarse obsoletos, añadió.

El doctor Chang piensa lo mismo. "Este campo es ahora como una frontera abierta, y ése es el atractivo", dijo. "No tenemos un letrero que nos indique adónde ir".

Edward R. Winstead

Análisis de los efectos del yogur en la salud

En un estudio de dos partes con modelos humanos y animales, el doctor Gordon y sus colegas recientemente analizaron los efectos del yogur en los microbiomas intestinales de gemelos y de ratones con una microbiota "humanizada".

Los investigadores tomaron muestras fecales de los participantes durante cuatro semanas antes de que comieran yogur, siete semanas mientras comían yogurt y cuatro semanas más después de que dejaron de consumirlo. En este período de 4 meses, no parecía que esta alimentación tuviera un efecto considerable en la composición del microbioma fecal. Pero la alimentación sí provocó cambios en la expresión de algunos genes microbianos, lo cual produjo alteraciones en los metabolitos que se detectaron en la orina.

"Este estudio demostró que una intervención en la alimentación podía tener un efecto sistémico. Lo interesante es que la población de microorganismos no cambió, pero sí cambió su actividad", comentó el doctor Goedert.

Los hallazgos en los ratones fueron iguales a los resultados en los seres humanos, lo cual indica que esta estrategia podría utilizarse más ampliamente para identificar los efectos del consumo de alimentos que contienen bacterias vivas. "Básicamente podemos hacer estudios mundiales en la intersección entre lo que una persona come y la respuesta de sus diferentes microorganismos", explicó el doctor Gordon en un reciente podcast.

EDICIÓN ESPECIAL: Obesidad e investigación del cáncer

Colaboración entre distintas disciplinas para estudiar la posible relación entre la obesidad y el cáncer

> Artículo en inglés

Mujer levantando pesasEl estudio de supervivientes WISER del centro TREC en la Universidad de Pennsylvania experimentará con los efectos del ejercicio y la pérdida de peso en marcadores biológicos de recidiva de cáncer, calidad de vida y linfedema en supervivientes de cáncer de mama con sobrepeso.

Solo hay una cosa clara respecto a la conexión entre la obesidad y el cáncer: es un tema complicado. En un intento dirigido a abordar esta complejidad, el NCI emprendió en el 2005 la iniciativa Transdisciplinary Research on Energetics and Cancer (TREC). TREC es un programa constituido por varios centros, que reúne investigadores de disciplinas que abarcan desde bioquímica y biología molecular hasta ciencias conductuales y planificación urbana, y tiene el objetivo de comprender la relación entre la obesidad y el cáncer.

"La iniciativa TREC lanzó un desafío a la comunidad científica para que se analice este problema con un enfoque enteramente diferente y para que se amplíe la colaboración científica de manera verdaderamente transdisciplinaria", comentó la doctora Linda Nebeling de la División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población del NCI, quien supervisa el programa TREC.

La investigación transdisciplinaria hace énfasis en la colaboración, el intercambio de información y la integración de diferentes áreas académicas, con el fin de alcanzar metas comunes. El objetivo fundamental de TREC es reducir la incidencia de los cánceres relacionados con la obesidad, la alimentación deficiente y los niveles bajos de actividad física, así como también prolongar y mejorar la calidad de vida de los supervivientes de cáncer.

En el 2005, el NCI otorgó subvenciones de 5 años a los cuatro primeros centros de investigación de TREC y al centro coordinador. En junio de este año, el NCI anunció el financiamiento de cuatro nuevos centros de investigación de la iniciativa TREC y la continuación de funciones del centro coordinador, este se encuentra en el Centro de Investigación Oncológica Fred Hutchinson en Seattle.

El centro coordinador "es el eje de comunicación e infraestructura de TREC", dijo su director, el doctor Mark Thornquist. El centro también fomenta y facilita mecanismos para que los investigadores de TREC puedan compartir información con la comunidad científica en general, y ayuda al NCI a monitorear el progreso y la productividad de TREC.

Trabajo en equipo para estudiar tipos de alimentación y riesgo de cáncer

La doctora Nebeling puntualizó que mediante reuniones, capacitación y énfasis en la investigación colaborativa, TREC "brinda mayores oportunidades para que los investigadores de diferentes especialidades comiencen a aprender el vocabulario que manejan unos y otros, encuentren puntos en común y trabajen juntos en equipos científicos".

En el Centro Hutchinson, uno de los cuatro primeros centros de investigación de TREC, los miembros de un equipo transdisciplinario estudiaron en células, modelos animales y seres humanos los efectos de ciertos patrones de alimentación.

Las doctoras Johanna Lampe y Marian Neuhouser del Centro Hutchinson dirigieron un estudio clínico sobre los efectos que la alimentación con contenidos glucémicos altos y bajos podría tener en los posibles marcadores biológicos de riesgo de cáncer en personas con peso corporal e índice de masa corporal (IMC) normales y en personas con sobrepeso u obesas con IMC altos. La alimentación con bajo contenido glucémico (o sea, rica en alimentos tales como legumbres y granos integrales) lleva a un incremento gradual de la glucosa en la sangre después de una comida, mientras que la alimentación de alto contenido glucémico (que incluye alimentos como panes blancos, arroz blanco y papas), que puede asociarse a la obesidad, causa un aumento rápido de la glucosa sanguínea y un exceso de la secreción de insulina.

Algunos estudios observacionales y epidemiológicos han indicado que la alimentación con bajo contenido glucémico se asocia a un menor riesgo de ciertos cánceres, "pero se han realizado muy pocos estudios comparativos para ver si los cambios en la alimentación modifican los marcadores asociados con el riesgo", manifestó la doctora Lampe.

Los nutricionistas del Centro Hutchinson designaron los tipos de alimentación en el estudio de forma que los participantes no bajaran de peso. Este método les permitió a los investigadores "centrarse en determinar si los efectos observados estaban relacionados específicamente con la alimentación, y no eran consecuencia de cambios en el peso corporal", explicó la doctora Lampe.

En un estudio animal relacionado, dijo la doctora Lampe, "preparamos todas las comidas con que alimentamos a los seres humanos, las molimos y las congelamos en pequeñas porciones de tamaño adecuado para las ratas". A continuación, ella y la doctora Neuhouser enviaron las raciones congeladas de las ratas al doctor Henry Thompson, su colaborador en la Universidad Estatal de Colorado, quien alimentó con ellas a una variedad de ratas que presentan tumores mamarios de manera espontánea. El doctor Thompson comparó los efectos de los dos tipos de alimentación con la aparición de tumores, lo cual no era viable en el estudio en seres humanos debido a que su duración era demasiado corta e incluía una cantidad relativamente pequeña de personas.

Otro investigador del Centro Hutchinson que participa en TREC, el doctor David Hockenbery, estudió los efectos de los altos niveles de glucosa a nivel celular, observó las vías de señalización y otras respuestas celulares que pueden jugar un papel en la aparición de cáncer.

Los resultados de los estudios en seres humanos y ratas aún no se han publicado, pero las ventajas del enfoque transdisciplinario parecen claras. Mi participación en la iniciativa TREC, dijo la doctora Lampe, "me ayudó a ampliar el horizonte sobre nuestro propio enfoque experimental para abordar estas preguntas sobre nutrición, obesidad y cáncer. También aprendí muchísimo de mis colegas de otras disciplinas".

Puesta en práctica

Poner en práctica un enfoque transdisciplinario para comprender y prevenir el cáncer relacionado con la obesidad fue "un paso que se veía lógico" para la doctora Leslie Lytle, ella es nutricionista e investigadora conductual en la Universidad de Minnesota, donde se encuentra otro de los centros del primer grupo de TREC. "En una facultad de salud pública, donde observamos cómo modificar y mejorar el comportamiento relacionado con la salud de las poblaciones", explicó, "uno se da cuenta de manera inmediata que una persona no puede ser experta en todo".

La doctora Lytle dirigió un proyecto de un centro de TREC denominado IDEA (siglas en inglés de Identifying Determinants of Eating and Activity), con el fin de identificar los factores de riesgo relacionados con la obesidad en adolescentes a nivel individual, familiar, escolar y comunitario. "Podemos especular sobre las causas de la obesidad epidémica en niños, jóvenes y adultos, pero contamos con muy poca información que explique realmente cómo los factores de riesgo de diferentes niveles pueden estar relacionados entre sí y con el riesgo de obesidad en las poblaciones", puntualizó.

A fin de guiar su investigación, la doctora Lytle elaboró un modelo conceptual sobre posibles factores de riesgo con la colaboración de científicos de especialidades desde la fisiología hasta la planificación urbana. Guiándose por este modelo, el equipo de la doctora Lytle inició el seguimiento de 349 jóvenes en el área de Minneapolis y St. Paul junto con un padre o tutor legal por cada joven.

Una de las principales tecnologías que el equipo usó para investigar los factores de riesgo a nivel comunitario, fue un sistema de información geográfica (GIS) para evaluar el entorno físico de los vecindarios. Con el GIS, de acuerdo con la doctora Lytle, los investigadores pueden vincular la dirección de un joven con bases de datos públicas para obtener información sobre la infraestructura para caminar que ofrece un vecindario, el tipo de tiendas de comestibles y lugares de recreación existentes dentro de un radio determinado, de acuerdo con el lugar de residencia del joven, la disponibilidad de transporte público y una miríada de otros factores.

En primer lugar necesitamos intervenciones conductuales que ayuden a prevenir el cáncer.

—Dra. Leslie Lytle

La doctora Lytle y sus colegas usaron GIS para mostrar la relación entre el entorno construido (edificios, espacios y productos creados por personas) y el síndrome metabólico (que está vinculado a la obesidad) en adolescentes; para analizar cómo el entorno relacionado con los alimentos de los vecindarios podría afectar la nutrición, el consumo diario de alimentos y el peso; y para identificar factores que predigan los niveles de actividad física en adolescentes de sexo masculino y femenino.

Numerosos estudios han analizado las posibles conexiones entre los entornos de los vecindarios y las características de salud, dijo la doctora Lytle. Pero, "en el estudio de IDEA llegamos a analizar el nivel individual con mayor profundidad" para definir claramente los elementos del entorno a mayor escala que están relacionados con los indicadores de obesidad.

Los resultados del estudio de IDEA y otros similares tendrán un impacto sobre las políticas públicas dirigidas a reducir la obesidad epidémica, tales como la planificación urbana. Por ejemplo, dijo la doctora Lytle, los resultados "nos dan información sobre cómo diseñar vecindarios donde se pueda caminar, la necesidad de un servicio más completo de tiendas de comestibles en las áreas urbanas, y la importancia de tener áreas de recreación y parques accesibles, bien iluminados y acogedores".

A medida que los investigadores adquieren más conocimientos sobre las causas fundamentales de los cánceres vinculados a la obesidad, manifestó la doctora Lytle, "tengo la plena convicción que en primer lugar necesitaremos intervenciones conductuales para prevenir el cáncer", no solo mejores fármacos para tratar el cáncer cuando ya haya aparecido.

De la investigación sobre obesidad en el laboratorio a las políticas de salud pública

En la nueva etapa de TREC, "tenemos una mayor integración entre las ciencias básicas y las ciencias de la población" y mucho más, comentó la doctora Nebeling. La nueva etapa también incluye estudios con más conexiones a pacientes con cáncer y supervivientes.

El centro TREC en la Universidad de Pennsylvania, por ejemplo, "fue diseñado para ir hasta el final, no solo para pasar de estudios en ratones a estudios en seres humanos, sino para cumplir el proceso completo, desde el estudio en ratones hasta el diseño de políticas, dijo la doctora Kathryn Schmitz, la investigadora principal del centro.

La doctora Schmitz, especialista en fisiología del ejercicio, dirige el proyecto central, que es el estudio Women in Steady Exercise Research (WISER) Survivor. Este estudio clínico con distribución al azar hará seguimiento a 555 supervivientes de cáncer de mama con sobrepeso para analizar los efectos del ejercicio, la pérdida de peso por limitación de calorías, y ambos métodos combinados, en los marcadores biológicos de recidiva, calidad de vida y linfedema (un efecto secundario crónico y a menudo desvastador del tratamiento del cáncer de mama).

El estudio es la continuación del trabajo previo realizado por la doctora Schmitz, el cual indicó que el entrenamiento para bajar de peso puede reducir la probabilidad de reagudización del linfedema en supervivientes de cáncer de mama.

Un segundo proyecto, dirigido por el biólogo especialista en cáncer, doctor Lewis Chodosh, estudiará las mismas intervenciones que el estudio de supervivientes WISER en un modelo en ratones, diseñado genéticamente para la recidiva del cáncer de mama. "No podemos estudiar a las mujeres durante la etapa de recidiva debido a que el estudio es solo de 5 años", explicó la doctora Schmitz. Pero el estudio en ratones mostrará si el ejercicio o la limitación de calorías pueden afectar la incidencia en animales con sobrepeso.

El estudio también medirá un rango de posibles marcadores biológicos de recidiva en ratones para obtener más detalles sobre las vías moleculares que podrían mediar en la recidiva. A su vez, estos resultados servirán de base para que la doctora Schmitz decida en cuáles marcadores biológicos de las participantes del estudio WISER debe centrarse.

El tercer proyecto de TREC en Penn, dirigido por el profesor de medicina interna doctor J. Sanford Schwartz, es un análisis de la rentabilidad del estudio de supervivientes WISER. Los resultados "ayudarán a determinar si una intervención de bajo costo para el linfedema, en particular el ejercicio, podría ahorrar dinero a largo plazo", dijo la doctora Schmitz. De ser así, explicó, "se podría modificar la política de atención médica para que se apruebe la cobertura de programas de ejercicio de rehabilitación para las supervivientes de cáncer de mama".

La doctora Schmitz es una entusiasta promotora de la investigación transdisciplinaria, quien hace énfasis en la necesidad de una mayor comunicación entre científicos de diferentes disciplinas y dentro de especialidades relacionadas. "Resulta mucho más productivo, y ameno, cuando se pueden considerar las cosas desde diferentes lugares estratégicos", expresó, y agregó "mi cita preferida es de Albert Einstein: 'El juego es la forma de investigación más elevada'".

Elia Ben-Ari

EDICIÓN ESPECIAL: Obesidad e investigación del cáncer

El equilibrio correcto: cómo ayudar a los supervivientes de cáncer a tener un peso saludable

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La cifra de supervivientes de cáncer a largo plazo en los Estados Unidos está en aumento, al igual que el número de personas obesas o con sobrepeso, generando la preocupación de que el exceso de peso podría acortar la duración y disminuir la calidad de vida para muchos que han sobrevivido al cáncer.

Se ha relacionado la obesidad con el aumento del riesgo de recidiva y muerte en varios tipos de cáncer, incluidos cánceres comunes como el cáncer de mama, colorrectal y de próstata. Por ejemplo, los recientes resultados del California Teachers Study, en el que participaron 4 000 supervivientes de cáncer de mama, indicaron una asociación entre la obesidad de la participante al inicio del estudio y un aumento considerable en el riesgo de morir debido al cáncer de mama en varios subgrupos, incluidas las mujeres que habían recibido tratamiento para el cáncer de mama con receptores de estrógeno positivos.

La información que respalda el posible efecto nocivo de la obesidad en algunos supervivientes de cáncer es lo suficientemente sólida, y es por ello que se han emprendido estudios clínicos para ayudar a los supervivientes a controlar su peso.

La meta no es solo reducir el riesgo de muerte y recidiva del cáncer, de acuerdo con la doctora Catherine Alfano de la Oficina de Supervivencia del Cáncer del NCI. "Sabemos que los supervivientes de cáncer se enfrentan a una cantidad de efectos tardíos y crónicos del tratamiento contra el cáncer, los cuales limitan la capacidad de vivir plenamente y disminuyen la calidad de vida", manifestó la doctora Alfano. Agregó que las intervenciones dirigidas a ayudar a los supervivientes a mantener un peso saludable pueden disminuir el riesgo de problemas médicos relacionados con la obesidad, como diabetes o enfermedades cardíacas.

Enfoque en las poblaciones de supervivientes en riesgo

Mujer en un caminador acompañada por quien realiza la intervención Investigadores financiados por el NCI están poniendo a prueba intervenciones en la alimentación y actividad física dirigidas a supervivientes de cáncer de mama afroamericanas, obesas o con sobrepeso, en un intento por reducir las recidivas y mejorar la calidad de vida.

Estudios han indicado que algunos supervivientes de cáncer tienen una mayor probabilidad de tener sobrepeso o de ser obesos, en comparación con otras personas. Este es el caso de los supervivientes de la leucemia linfoblástica aguda (LLA) infantil. En un estudio a gran escala que incluyó a participantes del Estudio de Supervivientes de Cánceres Infantiles (Childhood Cancer Survivor Study, CCSS), patrocinado por el NCI, los adultos supervivientes de la LLA infantil presentaban una probabilidad considerablemente mayor de ser obesos, en comparación con sus hermanos. Las niñas que fueron diagnosticadas con LLA antes de cumplir los 4 años tenían una probabilidad casi 4 veces mayor de ser obesas frente a sus hermanos.

Los esteroides usados para tratar la LLA pueden causar un considerable aumento de peso. Pero otros factores también afectan el aumento de peso y la salud en el largo plazo, puntualizó el doctor Kevin Oeffinger del Centro Oncológico Memorial Sloan-Kettering, el investigador principal del estudio. Los índices de obesidad en supervivientes de LLA en el estudio CCSS, explicó el doctor, fueron significativamente más elevados en quienes fueron tratados con radiación de dosis alta en el cerebro.

La radioterapia "tiene un efecto sobre muchas de las vías que afectan la fortaleza y el desarrollo muscular de los pacientes", dijo el doctor Oeffinger. Si bien aproximadamente el 80 por ciento de los niños que reciben un diagnóstico de LLA se cura, este tipo de efectos a largo plazo puede limitar en gran medida el nivel de actividad física de los supervivientes, agregó.

Programas basados en la atención primaria ayudan a pacientes obesos a bajar de peso

En el transcurso de 2 años, los pacientes obesos perdieron en promedio entre 10 y 11 libras con programas de apoyo y asesoramiento psicológico supervisados por sus médicos de atención primaria, de acuerdo con los resultados de dos estudios clínicos financiados por el NIH y publicados en línea a mediados de noviembre del año pasado en la revista New England Journal of Medicine.

Ambos estudios fueron parte del consorcio Practice-Based Opportunity for Promotion of Weight Reduction Trials, que es financiado por el Instituto Nacional del Corazón, el Pulmón y la Sangre. Los miembros del consorcio llevan a cabo estudios clínicos centrados en ayudar a las personas obesas a perder peso por medio de intervenciones administradas en el ámbito de la atención primaria.

Uno de los estudios se llevó a cabo en consultorios afiliados a la Universidad John Hopkins, y el otro en consultorios afiliados a la Universidad de Pennsylvania. En cada estudio, aproximadamente 400 pacientes obesos con al menos un factor de riesgo cardiovascular adicional, fueron distribuidos al azar en intervenciones para perder peso que ofrecían diferentes niveles de apoyo o atención estándar. En ambos estudios, los participantes que durante 24 meses recibieron asesoramiento psicológico de apoyo (en persona, por teléfono o de ambas maneras), perdieron considerablemente más peso y tuvieron una mayor probabilidad de perder al menos el 5 por ciento de su peso inicial en comparación con los pacientes que recibieron apoyo o atención estándar mínima.

Los tratamientos para la LLA pueden también tener efectos cardiacos duraderos, tales como cardiomiopatía (enfermedad del músculo cardíaco o miocardio), "y sabemos que la obesidad aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares", continuó el doctor Oeffinger. Es necesario realizar más investigaciones para examinar en mayor detalle si la obesidad puede agravar este riesgo cardiovascular subyacente relacionado y, de ser así, hasta qué punto lo agrava, dijo el investigador.

Los índices de obesidad son también particularmente elevados en supervivientes de cáncer de endometrio, y tal como lo temían los investigadores, el peso en exceso es perjudicial para la salud. En un pequeño estudio de supervivientes de cáncer de endometrio, el 43 por ciento padecía hipertensión, el 33 por ciento síndrome metabólico y el 21 por ciento diabetes tipo 2. Menos de la mitad de los participantes dijo realizar ejercicio apenas moderado.

Estudios clínicos dirigidos a la pérdida de peso

Se están llevando a cabo varios estudios para ayudar a los supervivientes de cáncer obesos o con sobrepeso a bajar de peso. La mayoría están dirigidos a supervivientes de cáncer de mama y leucemia, pero un pequeño estudio patrocinado por el NCI incluye a supervivientes de cáncer de endometrio.

Investigadores del Centro Oncológico Moores de la Universidad de California en San Diego, están inscribiendo supervivientes de LLA infantil obesos o con sobrepeso para participar en un pequeño estudio clínico financiado por el NCI. El objetivo del estudio es reducir el índice de masa corporal (IMC) de los participantes, explicó la doctora Jeannie Huang, quien es la coinvestigadora principal del estudio. La intervención para bajar de peso, que se apoya mayoritariamente en herramientas en línea y mensajes de texto, está dirigida a las necesidades de los jóvenes supervivientes de cáncer, cuyas familias también participan en el proceso.

Existe claramente la necesidad de intervenciones eficaces y una mayor concientización acerca de los problemas de peso en los supervivientes de la LLA, considera la doctora Huang. "Estamos hablando de niños o adolescentes que tuvieron una enfermedad potencialmente mortal, y toca pasar de esa situación de terror a concentrarnos en lo que se percibe más como una preocupación “menor” de salud, que es por ejemplo subir de peso", dijo la doctora. "A menudo, las familias están contentas solo con el hecho de que su hijo esté vivo y recuperándose, y no reconocen que al aumentar de peso los jóvenes se enfrentan al riesgo de tener otros problemas médicos, así como de padecer un cáncer secundario".

Ana Otanez es una participante del estudio Moores y tanto ella como su familia son muy conscientes de la necesidad de mantener un peso saludable. Ana, quien recibió el diagnóstico de LLA hace 10 años, cuando tenía 6 años de edad, dijo que ha estado bajo la atención de un nutricionista "desde que me acuerdo". La joven se enteró del estudio en una visita al médico, y tanto ella como su familia pensaron que valía la pena participar.

Cada mañana, recibe mensajes de texto en su teléfono con recomendaciones sobre actividad física y cómo bajar de peso. "Por ejemplo, mensajes como 'no te sirvas una segunda porción' y 'evita la comida chatarra'", dijo Ana. En el sitio web para los participantes del estudio, ella también puede encontrar recetas para preparar alimentos saludables, los cuales muchas veces terminan siendo parte de las comidas familiares.

"Realmente esto es algo que concierne a toda la familia", dijo Otanez. "Mi familia en verdad me ayuda y me apoya". Su meta, continuó, es perder al menos 10 libras durante los 4 meses del periodo de intervención del estudio.

Intervenciones dirigidas

Un estudio financiado por el NCI similar al que se lleva a cabo en el Centro Oncológico Integral Georgetown Lombardi está inscribiendo supervivientes de cáncer de mama afroamericanas, obesas o con sobrepeso. Las mujeres afroamericanas con cáncer de mama tienen una mayor probabilidad de morir por la enfermedad que las mujeres blancas, y también tienen mayor probabilidad de sufrir los tipos más agresivos de cáncer de mama.

"También es más probable que sean obesas y presenten más afecciones comórbidas que las mujeres caucásicas", dijo la doctora Vanessa Sheppard, quien dirige el estudio junto con la doctora Lucile Adams-Campbell.

Durante un periodo de 3 meses, las participantes reciben asesoramiento psicológico sobre nutrición, tienen consultas programadas con entrenadores, participan en grupos de apoyo y reciben llamadas semanales de una entrenadora (otra superviviente de cáncer de mama) con el fin de verificar los avances que han logrado y brindar motivación y guía. Al igual que el estudio de supervivientes de LLA, el estudio de Georgetown tiene el objetivo de reducir el IMC, modificar las conductas relacionadas con la alimentación y la actividad física, y mejorar la calidad de vida.

Para estas mujeres, la ayuda para controlar el peso es claramente una necesidad no satisfecha, enfatizó la doctora Sheppard. Antes de inscribirse, solo una de las mujeres en el estudio "había sido remitida por su oncólogo a un nutricionista o a un programa de ejercicios", continuó la doctora. "Por lo tanto, este grupo puede realmente beneficiarse de este tipo de intervención".

Carmen Phillips

El estudio Energy y las intervenciones para la pérdida de peso

Investigadores de la Universidad de California en San Diego dirigen el estudio más grande realizado hasta la fecha sobre pérdida de peso en supervivientes de cáncer. El estudio se denomina ENERGY y está financiado con una subvención de USD $5,4 millones del NCI, incluye varios centros de investigación y durará 4 años. El objetivo es llegar a inscribir a 800 supervivientes de cáncer de mama obesas o con sobrepeso.

A diferencia de algunos de los estudios más pequeños en poblaciones similares, el componente de intervención del estudio ENERGY dura 2 años. Las participantes son distribuidas al azar en un grupo de atención intensiva o en un grupo de atención estándar.

En el grupo de intervención, el estudio enfrenta la pérdida de peso con un enfoque muy intensivo y a largo plazo, el cual busca que las participantes lleguen gradualmente a ejercitarse de forma moderada a vigorosa durante al menos 1 hora diaria. Asimismo, las participantes asisten a sesiones semanales de asesoramiento psicológico grupal en los primeros 4 meses después de la inscripción. Las sesiones grupales son una parte importante de la terapia cognitivo conductual, dijo la investigadora principal del estudio, doctora Cheryl Rock. Muchas mujeres han intentado y no han podido bajar de peso, explicó la doctora Rock, por lo tanto la terapia les enseña a las participantes muchos de los aspectos de los patrones conductuales y de pensamiento que son necesarios para bajar de peso y no volver a recuperarlo.

"El apoyo social es realmente importante para las personas que tratan de adelgazar, y también para los supervivientes de cáncer", continuó la investigadora. "Los supervivientes tienen muchas cosas en común en relación a su experiencia, incluidos el miedo que queda a las recidivas, por lo que ese apoyo es importante".

Las participantes en el grupo de atención estándar recibirán asesoramiento psicológico individual, apoyo educativo y consejos para perder peso.

La meta inicial del estudio es ayudar a las participantes a perder peso, no recuperarlo y mejorar su calidad de vida. La doctora Rock enfatizó que la expectativa es poder ampliar el estudio para incluir a aproximadamente 2 500 mujeres en total y hacerles seguimiento durante un tiempo suficiente para estimar si la intervención tiene un efecto sobre la recidiva del cáncer de mama. "Aun si solo podemos demostrar que mejora la calidad de vida de las supervivientes, esto ya es muy importante", manifestó la doctora Rock.

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Información y recursos del NCI

Iniciativas de los Institutos Nacionales de la Salud

  • ¡Podemos! (Maneras de aumentar la actividad física y mejorar la nutrición infantil): Programa que brinda herramientas, entretenimientos e información para fomentar la alimentación sana y el aumento de la actividad física en niños de 8 a 13 años de edad.
  • Investigación de los NIH sobre la obesidad: Áreas de investigación, oportunidades de financiamiento y planes estratégicos para la investigación sobre la obesidad (solo disponible en inglés).
  • Instituto Nacional del Corazón, el Pulmón y la Sangre (NHLBI)
    • Objetivo: peso saludable: Programa creado para ayudar a las personas a controlar su peso con consejos y herramientas para una alimentación y ejercicio saludables.
  • Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y del Riñón
  • Información de los NIH sobre obesidad

Otras iniciativas federales del Departamento de Salud y Servicios Humanos