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3 de enero de 2012 • Volumen 4 - Edición 1

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EDICIÓN ESPECIAL: Obesidad e investigación del cáncer

Nuevos indicios del papel de la obesidad en el cáncer

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Doctora Rachel Ballard-BarbashDoctora Rachel Ballard-Barbash

A medida que ha aumentado la prevalencia de la obesidad alrededor del mundo, se ha incrementado también la preocupación sobre sus consecuencias en la salud pública. Los índices de obesidad se han más que duplicado desde 1980, según la Organización Mundial de la Salud. Los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (National Health and Nutrition Examination Survey) indican que solamente en los Estados Unidos el 34,2% de la población adulta de 20 años de edad en adelante tiene sobrepeso, el 33,8% es obesa y el 5,7% es extremadamente obesa, en comparación con el período1988–1994 cuando solamente el 22,9% de los adultos era obeso.

En un estudio reciente de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), basado en modelos de simulación, se calcularon las consecuencias económicas y de salud pública del continuo aumento de la obesidad en las poblaciones a medida que envejecen, en los Estados Unidos y el Reino Unido. Los investigadores determinaron que para el año 2030, 65 millones más de personas residentes en los Estados Unidos serán obesas, y que este aumento acarreará costos asociados de entre 48 y 66 mil millones de dólares anuales por concepto de tratamiento de enfermedades relacionadas con la obesidad. Queda claro que los costos de la obesidad son considerables y están aumentando rápidamente.

Muchas personas saben que la obesidad aumenta la carga que implican las enfermedades crónicas comunes, tales como diabetes, enfermedades cardiovasculares, asma y artritis.  Sorprendentemente, a pesar de décadas de investigación que indican la existencia de una fuerte asociación entre la obesidad y el índice y el pronóstico de cáncer, solo recientemente se ha reconocido ampliamente que la obesidad contribuye a la aparición del cáncer. 

Antes de la existencia y fácil disponibilidad de métodos efectivos de detección y tratamiento del cáncer, a muchas personas se les diagnosticaba esta enfermedad ya en estado avanzado, cuando probablemente ya habían perdido peso y sufrían caquexia. Además, a menudo, los pacientes sometidos a tratamiento contra el cáncer experimentan náuseas y vómito, lo cual aumenta la pérdida de peso. Es por ello que se consideraba que el cáncer estaba asociado a la pérdida de peso y no a la obesidad.

Definición de la obesidad

Para medir la obesidad, los investigadores suelen utilizar una escala conocida como índice de masa corporal (IMC). El IMC se calcula dividiendo el peso en kilogramos de una persona entre su altura en metros cuadrados. A diferencia del peso solo, este índice permite una medición más exacta de la obesidad.

Según los lineamientos del NCI, los adultos a partir de los 20 años de edad se ubicarían en las siguientes categorías en base a su IMC:

IMCCategoría

Menor de 18,5

Por debajo del peso

Entre 18,5 y 24,9Saludable
Entre 25,0 y 29,9Con sobrepeso
De 30,0 en adelanteObeso

En el caso de los niños y adolescentes menores de 20 años, las definiciones de sobrepeso y obesidad se basan en las tablas de crecimiento y el IMC por edad de los Centros para el  Control y la Prevención de Enfermedades.

IMC según la edad entre los percentiles 85 y 95, en función del sexoSobrepeso
IMC según la edad a partir del percentil 95, en función de sexoObeso

Sin embargo, trabajos de investigación realizados en modelos animales durante la década de 1970 y estudios epidemiológicos sobre los factores que inciden en el cáncer de mama comenzaron a indicar que con el aumento del índice de masa corporal (IMC) aumentaba el riesgo de cáncer de mama. Desde entonces, extensos trabajos de investigación básica, clínica y demográfica alrededor del mundo han mostrado que la obesidad está relacionada con un aumento del riesgo de cáncer de endometrio, cáncer de mama posmenopáusico, cáncer del aparato gastrointestinal (colon, páncreas, vesícula biliar y adenocarcinoma del esófago), cáncer de riñón y cáncer de tiroides, así como formas altamente malignas de cáncer de próstata. También se ha asociado el aumento de peso y de grasa abdominal en adultos a un aumento del riesgo de contraer diferentes tipos de cáncer.

En las últimas dos décadas, una vasta cantidad de trabajos de investigación han comenzado a identificar la asociación entre la obesidad y peores pronósticos y resultados entre algunos pacientes con cáncer, en particular en aquellos con cáncer de mama, de próstata y de colon. Al interpretar los resultados de la investigación sobre el riesgo y pronóstico de cáncer, es importante entender que la obesidad está asociada a la inactividad física y a malas prácticas de alimentación, lo cual podría también aumentar el riesgo de cáncer.

Los investigadores están explorando los múltiples mecanismos posibles mediante los cuales la obesidad podría incidir en el riesgo y el pronóstico de cáncer. Los primeros trabajos de investigación se centraron en el papel de la obesidad en los cambios negativos que se producen en hormonas sexuales tales como estrógenos y andrógenos, en particular durante la pubertad, el embarazo y la menopausia.

En trabajos de investigación más recientes se han analizado los mecanismos relacionados con la insulina y los factores de crecimiento asociados, adipocinas (citocinas que secretan el tejido adiposo), otros factores de crecimiento y metabólicos, factores inflamatorios, alteración de la respuesta inmunitaria y estrés oxidativo, relacionados con todas las fases del crecimiento y la muerte celular. Los investigadores también están analizando los efectos de la obesidad y el consumo y gasto de energía – tanto a nivel celular como de todo el organismo – en muchos otros mecanismos que pudieran incidir en el cáncer. Otros trabajos de investigación indican que el sueño, las alteraciones de los ritmos circadianos y los cambios en el microbioma podrían también incidir en la obesidad y el cáncer.

Si bien ya se han hecho importantes hallazgos sobre la relación entre la obesidad y el cáncer, aún queda mucha investigación por hacer en una serie de áreas. Por ejemplo, relativamente pocos estudios sobre la obesidad y el riesgo de cáncer han sido ajustados a los posibles efectos de la actividad física; existe un mayor número de estudios que han sido ajustados a factores alimentarios que pudieran incidir en el riesgo de cáncer, tales como la cantidad total de calorías o la cantidad y los tipos de grasas alimentarias que se consumen. Además, hasta la fecha, no se ha realizado ninguna investigación clínica que examine el efecto de la pérdida de peso en la aparición del cáncer; tampoco se han financiado estudios clínicos que analicen el efecto de la pérdida de peso en la probabilidad de morir a causa de un cáncer después de que es diagnosticado. 

Este número especial del Boletín del Instituto Nacional del Cáncer explora el apoyo que el NCI proporciona a la extensa investigación en los ámbitos celular, animal y clínico para llenar estas lagunas en nuestro conocimiento sobre el papel de la obesidad en el cáncer. Las iniciativas del NCI incluyen asociaciones con otros institutos de los NIH interesados en promover la investigación, de manera que se entiendan las fuerzas medioambientales y sociales, así como las políticas que pudieran contribuir a resolver la epidemia mundial de obesidad. 

Por ejemplo, dados los claros datos probatorios de la dificultad de revertir la obesidad una vez está presente, gran parte de la investigación se centra en su prevención en los niños, familias y las comunidades en las cuales éstos viven, juegan y trabajan. El NCI está trabajando con sus colaboradores en los NIH, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Fundación Robert Wood Johnson en la Investigación Nacional Conjunta sobre la Obesidad Infantil (National Collaborative on Childhood Obesity Research). Esta iniciativa se propone mejorar la implementación y efectividad de la investigación a fin de identificar los diferentes factores individuales, sociales y medioambientales, así como las políticas que pudieran ayudar a revertir la tendencia hacia el aumento de la obesidad infantil, en particular en las poblaciones más vulnerables a la obesidad y las consecuencias negativas que esto conlleva.

Los programas de prevención de la obesidad, como la campaña ¡A moverse!, también son importantes, no solamente porque buscan ayudar a controlar la obesidad infantil, sino porque podrían también reducir la morbilidad y la mortalidad relacionadas con el cáncer en los Estados Unidos.

Dra. Rachel Ballard-Barbash
Directora Asociada,
Programa de Investigación Aplicada
División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población del NCI

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