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3 de enero de 2013 • Volumen 5 - Edición 1

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Charla con la doctora Virginia Moyer, presidenta del Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de los EE. UU.

Dr. Virginia Moyer
Doctora Virginia Moyer

El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de los Estados Unidos (USPSTF) presenta recomendaciones basadas en comprobación científica sobre servicios de salud preventivos, como los exámenes de detección del cáncer. Establecida por disposición del Congreso de los Estados Unidos, el grupo de trabajo está integrado por 16 voluntarios expertos en las disciplinas de medicina preventiva y atención primaria. La doctora Virginia Moyer, presidenta del USPSTF y profesora de pediatría en la Facultad de Medicina de Baylor, conversó con el Boletín del Instituto Nacional del Cáncer sobre las disposiciones que debe cumplir el grupo, así como los retos y las lecciones aprendidas.

¿Por qué se formó el USPSTF en 1984?

El grupo de trabajo fue creado en respuesta a la percepción de que los médicos de atención primaria no prestaban mucha atención a la prevención. A raíz de esto, la idea era estudiar qué podía funcionar para la prevención y animar a los médicos de atención primaria a que pusieran en práctica esos métodos.

No todo lo que uno pueda hacer que parezca preventivo en realidad funciona, por lo tanto nos pusimos el objetivo de llevar a la práctica medidas preventivas que fueran eficaces.

¿Cómo es que el grupo de trabajo formula sus recomendaciones?

Luego de decidir el tema que vamos a abordar, por ejemplo, una prueba de detección de cáncer en particular, seguimos un modelo lógico que plantea estos interrogantes: de llevarse a cabo los exámenes de detección, ¿que perjuicios pueden acarrear estos exámenes? y ¿qué beneficios pueden traer? Los exámenes llevan a la detección y al tratamiento, y entonces nos preguntamos ¿qué beneficios puede tener el tratamiento? y ¿cómo puede perjudicar?

Hacemos un análisis muy profundo de toda la investigación disponible. En el siguiente paso, usamos un sistema explícito para catalogar los indicios científicos a fin de determinar nuestro grado de certeza de que existe un beneficio neto y para saber cuán significativo es ese posible beneficio neto. Mediante el uso de ese modelo, formulamos una recomendación.

El proceso es claro y explícito, y quien lo desee está invitado a darle un vistazo a nuestro proceso .

¿Son independientes las opiniones de los integrantes del grupo de trabajo? o ¿los integrantes representan a sus instituciones u otras organizaciones?

Todos somos voluntarios, por lo tanto no representamos a nuestras organizaciones. Todos tenemos nuestros trabajos diarios, pero por ejemplo, yo no voy a las reuniones del grupo de trabajo y anuncio que "estoy en representación de la Facultad de Medicina de Baylor". Yo represento mi propia experiencia.

Así es que sí somos independientes. Tampoco somos empleados del gobierno federal de los EE. UU., si bien el grupo de trabajo tiene patrocinio federal. El USPSTF fue designado por disposición del Congreso, y la Agencia de Investigación y Calidad en la Atención Médica (Agency for Healthcare Research and Quality) brinda el apoyo logístico.

¿Cuándo es beneficioso un examen de detección?

Un examen de detección cumple su función solo cuando puede distinguir si la persona tiene o no un tipo de cáncer para el que contamos con un tratamiento que si bien es eficaz, no funciona del todo bien.

Si el tratamiento funciona perfectamente, no es necesaria la realización de exámenes de detección de la enfermedad. El cáncer de testículo es un ejemplo; debido a que una altísima proporción de hombres les va bien independientemente del estadio de la enfermedad en el momento del diagnóstico, los exámenes de detección no pueden afectar los resultados.

De la misma manera, los exámenes de detección no tienen sentido cuando no hay tratamiento que funcione. Con el cáncer de páncreas, por ejemplo, no hemos podido dar con un tratamiento que funcione, y es por eso que no sirve de nada hacer exámenes de detección por el momento.

Pero los tipos de cáncer que están en el medio de estos extremos son aquellos para los que los exámenes de detección tienen la posibilidad de brindar beneficios, es decir, cuando el tratamiento funciona, pero este parece tener mejores resultados si el cáncer se detecta en forma temprana.

Cuanto mejor es el tratamiento, menos útiles son los exámenes de detección. En el caso del cáncer de mama, por ejemplo, lo que ha pasado es que la mamografía era claramente mucho más útil cuando el tratamiento no era tan bueno. Y el beneficio evidente de las mamografías está disminuyendo porque el tratamiento está mejorando.

Por lo tanto, hay un "punto ideal" para los exámenes de detección del cáncer que se sitúa más o menos entre el extremo de las enfermedades completamente tratables y el extremo de las enfermedades que nunca responden a los tratamientos. Y es en ese punto donde necesitamos hacer estudios y debemos continuar haciéndolos porque el tratamiento del cáncer está cambiando.

Cuando se da la calificación para un examen de detección, ¿el grupo de trabajo toma en consideración el costo?

Nosotros no hacemos análisis de rentabilidad. Consideramos las implicaciones de una recomendación en cuanto a recursos, porque estos son un factor importante en cualquier decisión médica. Por ejemplo, nuestra recomendación para los exámenes de detección de la depresión dice que se deben hacer las pruebas cuando existen tratamientos disponibles. Realmente no tiene sentido hacer los exámenes de detección si los recursos de tratamiento no están disponibles.

Una cosa que no hacemos es buscar los medios para bajar costos, eso es algo que explícitamente no hacemos.

¿Cuál ha sido la dificultad más grande que ha enfrentado el grupo de trabajo en la elaboración de recomendaciones para los exámenes de detección del cáncer?

Creo que la dificultad más grande es que el público en general no entiende que el cáncer no es una enfermedad lineal. No se comienza por una célula cancerosa que, si no se detiene, crecerá inevitablemente y luego causará la muerte. Así no es como funciona el cáncer. Si el cáncer funcionara de esa manera, nunca se sobrediagnosticaría a las personas porque, si se encuentra un cáncer, el mismo estaría destinado a evolucionar. Siguiendo esa línea de razonamiento, si tuviéramos un tratamiento disponible que funcionara mejor al inicio de la enfermedad, los exámenes de detección siempre funcionarían.

Pero el cáncer no es así. Es una enfermedad con enormes variaciones, inclusive dentro de un mismo tipo de cáncer. Por ejemplo, incluso en el cáncer de mama, hay algunas células que parecen cáncer bajo el microscopio pero que nunca evolucionan y probablemente hacen una regresión. Otras células que parecen exactamente iguales bajo el microscopio evolucionan muy rápidamente y no se les puede detener con nada, independientemente de lo que uno haga.

Sabiendo que tenemos tanta variación, uno puede predecir con bastante exactitud que los exámenes de detección no van a ser perfectos. Lo que estamos tratando de determinar es cuán útiles son estos exámenes. ¿Son los beneficios que aportan mayores que los perjuicios? Porque siempre hay perjuicios, y a veces se reflejan en daños físicos reales.

La experiencia más difícil fue la formulación de las recomendaciones para las mamografías de detección de 2009, pero el reto no fue realmente a nivel científico. La dificultad radicó en la comunicación con el público.

¿Qué pudo aprender de esa experiencia?

Lo que aprendimos del proceso de la formulación de recomendaciones para los exámenes de detección del cáncer de mama es que tenemos que mejorar la manera en que explicamos a la gente quiénes somos y cómo tomamos nuestras decisiones. Desde entonces, hemos abierto al público algunas partes de nuestro proceso para que se puedan hacer comentarios, y esto ha resultado tremendamente útil.

Es por eso que actualmente damos a conocer nuestros planes de investigación para que el público pueda hacer comentarios. Nos ponemos en contacto con todas las personas que podrían estar interesadas; llamamos a todos los grupos de defensa de los derechos de pacientes; llamamos a todos nuestros socios (agencias federales, organizaciones médicas y otras organizaciones de proveedores médicos). Deseamos asegurarnos de que estamos haciendo las preguntas correctas.

Cuando votamos sobre una recomendación y tenemos el borrador del documento, éste se da a conocer para que el público también pueda hacer comentarios. La probabilidad de que alguien pudiera develar información que no supiéramos en ese punto es muy pequeña, pero enseguida nos percatamos de los temas que no hemos comunicado bien y cómo podemos mejorar nuestra comunicación.

Si bien la controversia sobre las mamografías fue un capítulo doloroso, en realidad nos ha ahorrado años de trabajo porque nos obligó a avanzar en términos del manejo de nuestro proceso con mayor apertura.

—Entrevista realizada por Sharon Reynolds

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