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  • Publicación: 22 de junio de 2010

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Estudio sobre camas solares revela las pruebas más concretas hasta ahora de un aumento del riesgo de melanoma

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En lo que constituye tal vez la investigación epidemiológica más concluyente de este tipo realizada hasta la fecha, un estudio de casos y controles sobre el melanoma cutáneo invasivo, con más de 2.200 participantes, encontró que el uso de aparatos de bronceado en espacios interiores aumentó el riesgo de melanoma, pero el riesgo fue mayor entre aquellos que utilizaban camas solares con más frecuencia. Las conclusiones fueron publicadas en Internet el 27 de mayo en la revista Cancer Epidemiology Biomarkers and Prevention.

Los resultados del Estudio sobre la Salud de la Piel (Skin Health Study), llevado a cabo entre el 2004 y el 2009 en Minnesota, un estado con un alto uso documentado de camas solares, son los primeros que muestran una clara relación dosis-respuesta, y revelan un aumento del riesgo de melanoma de hasta un 200 por ciento cuando el uso de camas solares en espacios interiores excedió 50 horas, 100 sesiones, o 10 años. En más o menos la última década, la industria de camas solares comerciales ha introducido una serie de nuevas tecnologías y se ha descubierto que estas tecnologías incrementan aún más el riesgo de melanoma. En comparación con personas que nunca han usado camas solares, aquellas que usaron dispositivos de bronceado de alta velocidad y alta intensidad tuvieron 2,9 veces un mayor riesgo, y el uso de dispositivos de alta presión incrementó el riesgo en 4,4 veces. Los aparatos de alta velocidad y de alta intensidad emiten en su mayoría radiación UVA más un pequeño porcentaje de radiación UVB; los dispositivos de alta presión emiten casi exclusivamente radiación UVA.

Este es el estudio más concluyente e importante realizado hasta la fecha para abordar concretamente el tema de los aparatos de bronceado.

—Dra. Margaret Tucker

La doctora Margaret Tucker, directora del Programa de Genética Humana en la División de Epidemiología y Genética del Cáncer del NCI, elogió el estudio por el valor que representa para los investigadores y la salud pública. "Este estudio fue diseñado para investigar específicamente el papel que tienen los aparatos de bronceado en el riesgo de sufrir melanoma. Está cuidadosamente realizado y analizado. Este es el estudio más concluyente e importante realizado hasta la fecha para abordar concretamente el tema de los aparatos de bronceado y constituye una importante contribución a esta área de estudio", dijo la doctora Tucker, quien dirigió la investigación que estableció los primeros genes de susceptibilidad al melanoma y diseñó un instrumento de evaluación del riesgo de melanoma.

El diseño y la calidad de la investigación es importante porque la industria ha usado las limitaciones de estudios anteriores "para contrarrestar las posibles preocupaciones de salud", dijo la autora principal, la doctora DeAnn Lazovich desde el Masonic Cancer Center de la Universidad de Minnesota. A través del uso de encuestas en profundidad y un seguimiento exhaustivo con entrevistas telefónicas, los investigadores pudieron explorar detalles del uso de las camas solares que nunca se habían examinado simultáneamente en un estudio de este tamaño y en una población de alto uso.

"El riesgo de melanoma se incrementó bien sea si miramos la edad del diagnóstico, el sexo de la persona, la parte del cuerpo donde se encontró el tumor, el tiempo de uso, la forma en que medimos la cantidad o el tipo de dispositivos utilizados," explicó la doctora Lazovich. "Todas estos elementos cuentan una historia muy completa".

A pesar de que puede no ser posible distinguir definitivamente entre los efectos de la radiación UVA y la radiación UVB utilizadas en diferentes dispositivos, "las pruebas indican que todos estos sistemas hacen daño: no existe lo que se considera un dispositivo seguro", subrayó la doctora. "Y realmente usted no tiene que tener un quemadura para incurrir en un mayor riesgo por el uso de los dispositivos de bronceado, aunque sabemos que esto sucede a menudo".

En el 2009, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó los aparatos de bronceado como cancerígenos e hizo énfasis en el riesgo que corren las personas que se exponen al bronceado artificial antes de los 36 años de edad. El estudio actual no confirmó una mayor susceptibilidad en las edades más jóvenes, pero sí indicó que quienes empiezan a una edad más temprana tendrán probablemente una mayor exposición a lo largo de sus vidas y, por lo tanto, enfrentan un riesgo más alto.

Gran parte del trabajo de convertir estos resultados en acciones concretas tendrá lugar a nivel social, dijo la doctora Electra Paskett, directora asociada de ciencias de la población del Centro Integral Oncológico de la Universidad Estatal de Ohio. "Tenemos que cambiar las normas sociales, y hay maneras de hacer eso", dijo la doctora, citando el éxito del esfuerzo para reducir el consumo de tabaco.

De hecho, el bronceado artificial se ha vuelto una norma social. Como los autores del estudio hicieron notar en el documento, un reciente análisis de las políticas y leyes sobre las camas solares en 116 grandes ciudades de los EE. UU. reveló que "el número promedio de los salones de bronceado superó la cifra promedio de Starbucks o McDonald's". Y la doctora Lazovich citó datos de la Sociedad Americana del Cáncer que indican que, a nivel nacional, 35 por ciento de las niñas de 17 años de edad dicen que usan las camas solares. Un panel asesor de la FDA recomendó en marzo pasado que la agencia considere adoptar restricciones de edad o requisitos de consentimiento de los padres en el caso de menores de 18 años.

"En vista de los resultados observados en las 116 grandes ciudades de EE. UU., es probable que esta agencia adopte restricciones de edad más rigurosas en vez de dejar esto en manos del consentimiento de los padres", dijo Anne Hartman, bioestadística de la Subdivisión de Seguimiento de Factores de Riesgo y Métodos del NCI en la División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población. "Ese estudio no encontró una asociación entre las leyes para el uso de los jóvenes de las camas solares, que consisten principalmente de diversas formas de consentimiento de los padres, y el menor uso de las camas solares entre los adolescentes".

El cambio de conducta a este respecto, destacó la doctora Paskett, también requerirá de una toma de acción a nivel de los proveedores de atención médica, y no solo de los dermatólogos. Los proveedores deben estar "educando a sus pacientes sobre los riesgos del bronceado artificial", dijo la doctora. Las preguntas relacionadas con el bronceado artificial deben añadirse a las que se hacen sobre fumar, beber y otros comportamientos de riesgo que los médicos generalmente formulan a sus pacientes, dijo la doctora Paskett.

Addison Greenwood