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  • Publicación: 22 de junio de 2010

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Conversación con las doctoras Deborah Winn y Shelia Zahm sobre los riesgos de padecer cánceres asociados a factores ambientales

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Las doctoras Deborah Winn y Sheila Zahm Las doctoras Deborah Winn y Sheila Zahm

El mes pasado,  el Panel Presidencial sobre el Cáncer, una junta asesora independiente que controla el diseño y la ejecución de actividades del Programa Nacional del Cáncer e informa directamente al Presidente publicó un informe sobre los riesgos de padecer cáncer relacionados con factores ambientales. Para conocer más sobre la investigación de los riesgos de cáncer relacionados con factores ambientales, el Boletín del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) sostuvo una conversación con las doctoras Deborah Winn y Shelia Zahm, quienes son subdirectoras de la División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población y de la División de Epidemiología y Genética del Cáncer del NCI, respectivamente.

¿Qué se entiende por exposición ambiental?

Dra. Zahm: El ambiente puede definirse en términos generales como todo aquello que no es genético, pero el último informe publicado por el Panel Presidencial sobre el Cáncer se enfocó en sustancias químicas y físicas, como los contaminantes ambientales y la radiación. El tabaco, la alimentación y los virus, por ejemplo, podrían también considerarse como exposiciones ambientales, pero estos no constituyeron el enfoque del informe de este año. El Panel Presidencial sobre el Cáncer abordó dichas exposiciones en informes anteriores.

Pruebas que relacionan el cáncer con las exposiciones ambientales

La evidencia que sostiene que las exposiciones ambientales están asociadas con el riesgo de padecer cáncer proviene de varios tipos de estudios. Estos incluyen estudios de poblaciones inmigrantes que con frecuencia adquieren los patrones de cáncer de sus nuevos países; cambios en los índices de incidencia de cáncer durante el transcurso del tiempo; estudios de gemelos; variación en el riesgo de cáncer en distintas áreas geográficas; mayor riesgo de padecer cáncer entre ciertos grupos ocupacionales; y pruebas provenientes de investigaciones básicas y toxicológicas.

¿Cuáles son las pruebas que relacionan el cáncer con exposiciones ambientales?

Dra. Zahm: Existe mucha evidencia que apoya la idea de que las exposiciones  ambientales se asocian con el riesgo de padecer cáncer. (Ver nota del recuadro). Pero, si bien es indudable que algunas exposiciones ambientales producen cáncer, también existen muchos factores que desconocemos. Por ejemplo, tenemos que aprender más sobre los efectos generados por dosis bajas de exposición ambiental, por la interacción entre exposiciones múltiples y por las exposiciones de reciente aparición. También necesitamos realizar más investigaciones sobre los periodos de la vida en que una persona podría ser más susceptible a los efectos de las exposiciones ambientales.

¿Cuáles son algunos de los desafíos en el estudio de estos temas?

Dra. Winn: Uno de los desafíos es que las personas no siempre saben cuáles han sido sus exposiciones ambientales. Por ejemplo, es mucho menos probable que una persona pueda informar sobre los niveles de radón en su hogar que su consumo de tabaco o la presencia de enfermedades. Además, dado que la aparición de la mayoría de los cánceres toma mucho tiempo, necesitamos información sobre exposiciones que han sucedido en el pasado lejano.

¿Están trabajando los investigadores en este problema?

Dra. Winn: Sí, y estamos teniendo éxito en varias áreas. El Instituto Nacional del Cáncer es socio de la Iniciativa sobre Genes, Salud y Ambiente de los Institutos Nacionales de Salud (NHI), la cual incluye investigaciones para crear nuevos métodos que permitan vigilar las exposiciones personales a factores ambientales y las exposiciones que existen en lugares donde la gente vive y trabaja. La investigación ha llevado a la elaboración de nuevos sensores que las personas podrían usar en la solapa, digamos, para medir las exposiciones ambientales durante actividades cotidianas. Esto podría captar las exposiciones en tiempo real y durante el transcurso del tiempo. Mientras tanto, algunos grupos están usando sistemas de información geográfica para incorporar los datos sobre exposiciones a los mapas con casos de cáncer, lo cual podría darnos pistas sobre los peligros existentes.

¿Desempeña alguna función la edad de la persona en el riesgo de exposición?

Dra. Zahm: Los estudios han demostrado que existen periodos de susceptibilidad. Por ejemplo, las mujeres que estuvieron expuestas a radiación antes de los 20 años de edad tienen un mayor riesgo de padecer cáncer de mama relacionado con la radiación que las mujeres que estuvieron expuestas a una edad más avanzada. Este resultado se obtuvo del estudio de mujeres con escoliosis o tuberculosis que habían sido controladas mediante radiografías o fluoroscopias, procedimientos que implican la exposición a radiación.

El cáncer de tiroides constituye otro ejemplo. Los estudios de sobrevivientes de la bomba atómica en Japón y en la población cercana al accidente nuclear de Chernóbil han demostrado que las personas expuestas durante la infancia tienen un riesgo mucho mayor de padecer cáncer de tiroides a lo largo de sus vidas que las personas que estuvieron expuestas siendo adultos.

¿Qué se puede aprender al estudiar a personas en áreas de alta exposición?

Dra. Winn: El estudio de personas con exposición elevada, ya sea en Estados Unidos o a nivel internacional, ha llevado a descubrimientos importantes sobre los factores de riesgo del cáncer. Estas áreas de alta exposición han sido de suma importancia para descubrir los agentes causantes del cáncer relacionados con factores ambientales y para comprender sus mecanismos de acción. Durante muchos años, el Instituto Nacional del Cáncer ha colaborado con investigadores internacionales en lugares donde la contaminación atmosférica es extremadamente elevada o donde hay una intensa exposición laboral relacionada con la minería y la industria.

Dra. Zahm: En otro ejemplo de esto, la División de Epidemiología y Genética del Cáncer ha colaborado con el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de China en estudios de exposición ocupacional al benceno. Este trabajo ha aumentado considerablemente nuestro conocimiento sobre los riesgos cancerígenos del benceno y ha ayudado a establecer las normas para la exposición al benceno en Estados Unidos y en el extranjero. Debido a que los niveles de exposición en China eran muy variables, los investigadores pudieron evaluar si los riesgos de cáncer aumentan con una mayor exposición ­—lo cual apoya una relación causa-efecto— y también pudieron estudiar los efectos que se observan a los niveles establecidos por las normas reglamentarias en este país.

¿Cómo están estudiando las exposiciones en este país?

Dra. Zahm: A través del Atlas de Mortalidad por Cáncer en EE. UU. podemos identificar áreas geográficas con índices elevados para ciertos tipos de cáncer y dirigir los estudios epidemiológicos para que investiguen los factores de riesgo responsables. Por ejemplo, con respecto a los índices elevados de cáncer de vejiga en Nueva Inglaterra, las exposiciones de interés incluyen el arsénico, que se encuentra de manera natural y en niveles relativamente altos en aguas subterráneas. También estamos estudiando a grupos ocupacionales que tienen patrones de cáncer poco comunes, como los agricultores en el Estudio de Salud Agrícola, los mineros expuestos a gases de combustión del diesel y los trabajadores expuestos al formaldehído. Otra área de investigación importante actualmente en marcha en la División de Epidemiología y Genética del Cáncer se concentra en determinar los riesgos a largo plazo asociados con el reciente incremento drástico de la radiación médica

¿Alguna vez será posible determinar la causa de un cáncer individual?

Dra. Zahm: Normalmente no es posible determinar en forma individual si un tumor es causado por una exposición específica con base en marcadores histológicos o de genética molecular. Existen unas pocas excepciones, como el mesotelioma asociado con las fibras de asbestos que perduran en los pulmones, pero por lo general solo podemos hablar de un mayor riesgo a nivel de la población.

¿Cómo se estudian las exposiciones múltiples?

Dra. Winn: Tenemos técnicas para los estudios de poblaciones humanas que pueden ayudarnos a dilucidar los efectos de las distintas exposiciones. Cada persona puede comportarse de manera que aumente o disminuya su riesgo, por ejemplo, a través de sus hábitos de alimentación o de su consumo de tabaco, y también es probable que la genética u otros factores predisponentes tengan influencia en el riesgo de padecer cáncer. Las metas de los estudios poblacionales son captar y comprender todos los factores de riesgo, y, una vez que se han identificado los demás factores conocidos, identificar las exposiciones ambientales que podrían ser responsables.

¿Qué proporción del cáncer se debe a exposiciones ambientales?

Dra. Zahm: No se conoce la proporción exacta y, de hecho, ésta varía de país a país, así como las exposiciones a lo largo del tiempo. Nuestra compresión de la proporción también cambia a medida que realizamos más investigaciones. El tabaco es sin duda la principal causa de cáncer, pero las demás exposiciones ambientales también son una causa importante y prevenible de cáncer.

¿Cuál es su opinión sobre el futuro de la investigación del cáncer vinculada a los factores ambientales?

Dra. Winn: Cuánto más investigamos, más aprendemos. Junto con la investigación, la elaboración de mejores métodos para obtener datos sobre las exposiciones ambientales es de suma importancia. También es clave la capacitación de las futuras generaciones de científicos especializados en el área ambiental.

Dra. Zahm: Dado que el entusiasmo en torno a la investigación sobre genética continúa aumentando, será importante continuar centrando la atención en la función de las exposiciones ambientales. Opino que la mejor forma de entender la carcinogénesis, es examinar en forma conjunta los genes y el ambiente y la interacción que existe entre ambos.

Edward R. Winstead