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  • Publicación: 20 de julio de 2010

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Directrices instan al ejercicio a pacientes con cáncer y sobrevivientes

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Una sobreviviente de cáncer ejercitándose en una cinta caminadora.

Un grupo de 13 investigadores especializados en cáncer, acondicionamiento físico, obesidad y entrenamiento físico está pasando la voz de lo que se considera uno de los más importantes mensajes para los pacientes de cáncer y los sobrevivientes: hay que evitar la inactividad física.

El grupo fue convocado el año pasado por el Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM) para que elaborara directrices sobre el ejercicio y la actividad física en pacientes que están en tratamiento activo contra el cáncer o que ya lo han terminado.

Además de promover los beneficios del ejercicio y de la actividad física para este grupo de pacientes, los expertos tenían como objetivo reformular estas directrices, dijo la autora principal, la doctora Kathryn Schmitz, del Centro Oncológico Abramsom de la Universidad de Pennsylvania. “Esperamos que haya más conversaciones sobre la necesidad de formalizar programas de ejercicio para pacientes durante el tratamiento e inmediatamente después de este, programas que sean como el equivalente a la rehabilitación cardiaca”, agregó.

Los beneficios del ejercicio han sido bien documentados para varios tipos de cáncer, prosiguió la doctora Schmitz, en lo que se refiere a áreas como cansancio y funcionamiento físico, los cuales ejercen una influencia directa en la calidad de vida. Si bien la supervivencia es la medida definitiva de los resultados, la importancia de mejorar la calidad de vida ha crecido de manera exponencial si se tiene en cuenta que en los Estados Unidos hay aproximadamente 12 millones de sobrevivientes de cáncer y esta cifra va en aumento.

Las evidencias que vinculan la actividad física con una mejor calidad de vida en las personas que están en tratamiento y en las que ya lo han finalizado son “increíblemente sólidas”, dijo la doctora Rachel Ballard-Barbash de la División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población del Instituto Nacional del Cáncer (NCI).

Las pruebas más concretas corresponden a las personas que han terminado un tratamiento activo contra el cáncer, observó el doctor Kerry Courneya, de la Universidad de Alberta, quien ha encabezado varios estudios clínicos sobre la actividad física en pacientes con cáncer. No obstante, agregó que debido a las diferencias en los diseños de los estudios y a otros factores, es difícil comparar los resultados de los pacientes en tratamiento activo con los de los pacientes que han finalizado su tratamiento.

En general, apuntó el doctor Courneya, en el marco de una sesión educativa sobre ejercicio y cáncer en la reciente reunión anual de la ASCO, “estamos observando que los pacientes pueden hacer más de lo que originalmente pensábamos, aun cuando estén recibiendo quimio o radioterapia”.

Y esto es crítico, subrayó la Dra. Ballard-Barbash. “Hasta una modesta cantidad de ejercicio, como una caminata corta,  trae sus beneficios, y podemos ver mejorías en comparación con la alternativa de no realizar ninguna actividad física”.

Elaboración de las directrices

Adaptarse, pero siendo realistas

Los pacientes con distintos tipos de cáncer reciben tratamientos diferentes. Por esta razón, las directrices del ACSM identifican consideraciones que deben tener presentes los pacientes o sobrevivientes de cáncer y los profesionales de acondicionamiento físico que trabajan con ellos.

Por ejemplo, para los hombres que han recibido tratamiento para el cáncer de próstata con privación de andrógenos, los entrenadores físicos deben saber que existe riesgo de fractura y que necesitan ajustar los ejercicios en la forma adecuada. Y muchas mujeres con cáncer de mama habrán tenido una cirugía que “realmente puede debilitarles el hombro”, dijo McAllister, por lo que las directrices recomiendan el uso de ejercicios para estabilizar y fortalecer los músculos que lo rodean.

La doctora Schmitz observó que si bien los beneficios del ejercicio son evidentes, “en algunas ocasiones los pacientes están demasiado enfermos para practicar ejercicio”, en particular durante el tratamiento activo. La doctora Ballard-Barbash coincidió con esto. “Si un paciente siente que le es difícil tolerar el ejercicio”, indicó, “puede ser que tenga que disminuir la actividad física por un tiempo o esperar unos días para reanudarla”.

Las directrices, publicadas en la edición de julio del 2010 de la revista Medicine & Science in Sports & Exercise, siguen las Directrices de Actividad Física para los Estadounidenses dadas a conocer en el 2008 por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos (HHS). Pero este grupo de expertos sugiere adaptar el ejercicio para las personas con distintos tipos de cáncer con base en factores como efectos adversos comunes del tratamiento, por ejemplo, riesgo mayor de fracturas óseas y efectos secundarios cardiacos. (Ver recuadro).

Sin embargo, las recomendaciones específicas, como los objetivos y las metas del entrenamiento físico así como las contraindicaciones del ejercicio, solo están disponibles para pacientes con cánceres de mama, próstata, colon, y cánceres ginecológicos y hematológicos, debido a que el grupo de expertos consideró que había evidencias suficientes para estos tipos de cáncer.

Dos de las metas principales del ejercicio que se destacan en las directrices son mejoras en la imagen y composición corporal. En el caso de la primera, muchos pacientes de cáncer pasan por extensas cirugías o reciben tratamientos que pueden alterar su apariencia física y cambiar radicalmente sus sentimientos en aspectos como el atractivo sexual, dijo la doctora Schmitz. “Hay suficientes pruebas en la bibliografía científica de que la actividad física puede mejorar la imagen corporal y que de esta manera el ejercicio puede ser un mecanismo que contribuye a mejorar la calidad de vida”, explicó.

Los cambios en la composición corporal son frecuentes en muchos pacientes de cáncer, y estos varían en función de la zona donde está localizado el cáncer. Algunos cánceres, como los gastrointestinales o los de cabeza y cuello, se asocian habitualmente a una consunción corporal (pérdida de peso y de masa muscular) tan significativa, que para algunos pacientes puede ser difícil incluso levantarse de una silla. En este grupo, resultan importantes los ejercicios que ayuden a desarrollar el músculo disminuido.

Pero en el cáncer de mama, el área donde se ha hecho la mayoría de los estudios sobre actividad física, los tratamientos generales a menudo pueden llevar a un aumento de peso significativo. Para estas pacientes, tendrá más importancia el ejercicio “que sirva más para controlar el peso y disminuir la grasa corporal para volver a tener un IMC saludable”, puntualizó la doctora Schmitz.

Las directrices también señalan que hay indicios —que de ninguna manera son evidencias definitivas— de que el ejercicio habitual después de los tratamientos contra los cánceres de mama y colorrectal mejora la evolución del paciente libre de la enfermedad, y la supervivencia general. Conforme sigan saliendo datos en esta área, la recomendación del ejercicio podría ser un “tratamiento curativo adjunto”, dijo la doctora Schmitz.

Pero el doctor Courneya admitió que todavía no hay nada definitivo en torno a la supervivencia, calificando estos datos de “alentadores” pero “todavía experimentales”.

Traducir el ejercicio en acción

Se deben enfrentar muchos obstáculos antes de que la actividad física se integre proactivamente a los tratamientos o a los planes para sobrevivientes, como, por ejemplo, la cobertura del seguro médico para los programas de ejercicio; la educación de los oncólogos, otros médicos y pacientes sobre los beneficios del ejercicio; y la ampliación del personal profesional de acondicionamiento físico que entienda los problemas y necesidades que encaran los pacientes con cáncer y los sobrevivientes.

Desde su perspectiva, dijo Marilyn McAllister, una entrenadora de Boise, ID, que a menudo trabaja con sobrevivientes de cáncer de mama en su propio establecimiento y en un hospital local, el ambiente en torno el ejercicio y el cáncer está mejorando, pero se necesitan más avances. De acuerdo a su experiencia, los médicos a veces están “demasiado saturados” con los problemas cotidianos que surgen por la atención médica como para aprender o conversar sobre el ejercicio con sus pacientes. “Y los pacientes, cuando recién comienzan el tratamiento, simplemente están abrumados con la información, así que no sirve de mucho darles una hoja sobre el yoga o los ejercicios de fortalecimiento”.

Existen varias iniciativas en curso para ampliar el número de profesionales de acondicionamiento físico especializados en cáncer. El ACSM y la Sociedad Americana del Cáncer (ACS) tienen un programa de certificación  para entrenadores que quieran trabajar con pacientes de cáncer y sobrevivientes, y la doctora Schmitz asesoró al ACSM en el diseño de un nuevo seminario web de seis sesiones para la certificación de entrenadores en ejercicios para pacientes con cáncer. Además, la Fundación Lance Armstrong se ha asociado a la YMCA para ayudar a capacitar a entrenadores físicos en todos los establecimientos de la YMCA del país con el fin de que trabajen con pacientes de cáncer y atiendan sus necesidades.

Ayudar a sus clientes a mejorar su condición física resulta gratificante para McAllister, una entrenadora certificada por ACSM/ACS para programas de cáncer, pero trabajar con pacientes oncológicos y sobrevivientes conlleva satisfacciones particulares. “Todo el mundo se beneficia del ejercicio, pero en los pacientes con cáncer esto puede ser asombroso”, señaló. “No se necesita mucho entrenamiento para lograr grandes resultados en sus vidas”.

—Carmen Phillips