Boletin
 
11 de septiembre de 2012 • Volumen 4 - Edición 10

Charla con el doctor Walter Willett sobre la alimentación y el cáncer

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Dr. Walter WillettDr. Walter Willett

El doctor Walter Willett, quien es el presidente del departamento de nutrición de la Facultad de Salud Pública de Harvard, recientemente dictó una conferencia titulada "La alimentación y el cáncer: el cuarto paradigma" en la sede de los NIH en Bethesda, Maryland.  La videograbación de la conferencia, patrocinada por el programa Cancer Prevention Fellowship Program del NCI, se encuentra disponible en linea. Durante su visita, el dotor Willett conversó con el Boletín del Instituto Nacional del Cáncer.

¿Cómo han evolucionado los puntos de vista sobre la alimentación y el cáncer durante los últimos 40 años?

Cuando comencé a trabajar en esta área en la década de 1960, la temática giraba en torno a los carcinógenos en los alimentos. Estos son sustancias químicas que se producen por altas temperaturas, como por ejemplo al asar en una barbacoa o parrilla, que se había observado causaban mutaciones en el ADN en modelos animales y en otras pruebas. De hecho, no se ha llegado a una conclusión definitiva sobre este tema, pero si los carcinógenos en los alimentos fueran un problema grave para los seres humanos, es probable que hubiésemos visto más indicios científicos de los que tenemos. Este fue el primer paradigma.

¿Cuáles fueron el segundo y el tercer paradigma?

El segundo paradigma instituía la idea de que la principal causa del cáncer es la grasa en la alimentación. Nunca existieron indicios científicos contundentes que respaldaran esta noción, pero se divulgó con tanta frecuencia que terminó por convertirse en un dogma en las décadas de 1980 y 1990. En enfermedades como las afecciones cardiacas o la diabetes, el tipo de grasa en la alimentación es un factor bien importante. Pero la hipótesis de que el porcentaje de calorías proveniente de las grasas en la alimentación es un determinante importante del riesgo de cáncer no está respaldada por la información científica, al menos durante los cuarenta y más adelante en la vida de una persona.

El tercer paradigma establecía que las frutas y las verduras reducían el riesgo de cáncer en forma considerable. Sin embargo, cuando hubo disponible información prospectiva, los resultados tampoco respaldaron esta idea. Por supuesto que esto no significa que las frutas y las verduras no sean buenas, pero el beneficio que brindan es probablemente muy pequeño y limitado solo a ciertos alimentos y ciertos tipos de cáncer. En general, no se ve la conexión.

Y esto nos lleva al cuarto paradigma

El cuarto paradigma establece que una de las causas principales del cáncer es el exceso de tejido adiposo (obesidad). Este paradigma, que también se denomina equilibrio de energía positiva, llegó para quedarse, porque los indicios científicos provenientes de todo tipo de estudios son irrefutables. Estos resultados han confluido a partir de las investigaciones llevadas a cabo durante los pasados 10 a 15 años, pero los indicios científicos que respaldan esta idea en realidad se remontan a los estudios con animales realizados en la década de 1930. En cierto sentido, la información siempre estuvo frente a nuestros ojos.

¿Podría explicarnos el contexto de la función de la obesidad en el riesgo de cáncer?

A nivel demográfico, la cantidad de casos de cáncer atribuibles a las personas con sobrepeso y obesas es aproximadamente igual a la cantidad que se atribuye al consumo de tabaco. Esto se debe en parte a la disminución actual de la cantidad de fumadores y al aumento que se está viendo en la obesidad; en términos de la importancia en la población, ambos factores son de igual importancia. No obstante, a nivel individual, el riesgo de cáncer por el consumo de tabaco se mantiene considerablemente más elevado que la obesidad.

¿Está buscando pistas que conecten la obesidad y el cáncer en los jóvenes?

Definitivamente, esta es una de las nuevas fronteras de la investigación oncológica. Hasta el momento, veníamos observando solo una etapa bien delimitada de la vida, esencialmente la etapa cuando las personas padecen cáncer. Pero contamos con muchas pistas epidemiológicas que apuntan a que varios factores operan más temprano en la vida e incluso es posible que lo hagan a través de generaciones.

¿Qué conocimientos estamos adquiriendo?

Por primera vez, estamos estudiando los detalles de la alimentación de los adolescentes y la incidencia del cáncer. En el estudio Nurses' Health Study 3, hemos recabado en forma retrospectiva los detalles acerca de la alimentación de los participantes durante la escuela secundaria, quienes al momento de la inscripción en el estudio tenían entre 25 y 42 años de edad. Como no había pasado tanto tiempo desde la secundaria, pudimos contar con cierta información que todavía se recuerda bastante bien.

Además, recogimos información de las madres y las experiencias de embarazo que tuvieron impacto en nuestros participantes y en sus patrones de alimentación antes del primer año de vida, y la alimentación y la actividad antes de los 5 años de edad. Recién estamos comenzando a recibir los datos de seguimiento de esa información. Este enfoque puede armar el rompecabezas de toda una vida, lo cual creo que será necesario para poder observar en profundidad la relación entre la alimentación y el cáncer.

Si el dinero no fuera un problema, ¿qué tipo de estudio llevaría a cabo?

Los elementos críticos más importantes que nos hacen faltan en la investigación actual son las dimensiones del tiempo: el momento en que iniciamos los estudios y la duración del seguimiento. Si pudiera hacer un estudio ideal, comenzaría durante el embarazo (quizás antes, incluso) y recabaría información sobre la alimentación materna y, en segundo término, continuaría recogiendo información y haciendo el seguimiento de los participantes; dicho de otro modo, tendría una cohorte de nacimiento.

¿Se están haciendo estos estudios en el presente?

En los Estados Unidos hubo algunos intentos de poner en marcha un estudio de cohortes de nacimiento que abarcaba lo suficiente como para incluir el cáncer, pero estos estudios desaparecieron bajo el peso de presupuestos gigantescos. En cambio, hay más de 300 000 participantes en cohortes de nacimiento en los países escandinavos. La próxima generación de científicos serán quienes podrán analizar los resultados en relación al cáncer. Yo mismo he participado en este trabajo y tengo la esperanza de ver algunos de estos resultados personalmente. 

—Entrevista de Edward R. Winstead