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13 de septiembre de 2011 • Volumen 3 - Edición 10

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Estudios revelan complejidad genética del carcinoma de células escamosas de cabeza y cuello

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Dos equipos independientes de investigación multiinstitucional han identificado un gran número de alteraciones genéticas, hasta ahora desconocidas, asociadas al carcinoma de células escamosas de cabeza y cuello (CCECC) el tipo más común de cáncer de cabeza y cuello. Los investigadores secuenciaron las regiones completas codificantes de las proteínas, o exomas, del ADN de las muestras de decenas de pacientes y publicaron sus resultados por Internet el 28 de julio, en dos artículos de la revista Science (este y este otro).

Los estudios estuvieron encabezados por investigadores del Instituto Broad de MIT y Harvard, el Instituto Oncológico de la Universidad de Pittsburgh y el Centro Oncológico M. D. Anderson de la Universidad de Texas.

El uso del tabaco, el consumo excesivo de alcohol y la infección por el virus del papiloma humano (VPH) son conocidos factores de riesgo para el CCECC, el cual incluye cánceres que se originan en la boca y la garganta. El índice de supervivencia a 5 años para muchos tipos de CCECC ha mejorado modestamente en los últimos 40 años.

Para buscar las anomalías genéticas, o mutaciones, que puedan derivar en CCECC, los investigadores compararon secuencias completas de exomas de tejido tumoral con las coincidentes del tejido normal de los mismos pacientes. Ambos equipos de investigación confirmaron anomalías genéticas previamente implicadas en el CCECC, incluidas las mutaciones en el gen supresor tumoral TP53, que por mucho fueron las más frecuentes.

Los dos equipos también identificaron un gran número de mutaciones genéticas no previstas en el CCECC, en especial en el gen NOTCH1 y otros genes que afectan la diferenciación de las células escamosas, el proceso por el cual las células menos maduras se dividen rápidamente para convertirse en células escamosas más especializadas que se dividen más lentamente.

“El grado de diferenciación, esto es, el grado de las células tumorales, nunca ha mostrado ser de manera constante un factor para el pronóstico clínico” del CCECC, dijo la doctora Jennifer Grandis de la Universidad de Pittsburgh y autora principal de uno de los estudios. “De modo que fue sorprendente encontrar mutaciones en una serie de genes que aparentemente contribuyen a la diferenciación”.

Ambos estudios identificaron considerablemente menos genes mutados en los tumores VPH positivos que en los VPH  negativos, lo que sustenta la idea de que el CCECC de VPH positivo, el cual tiene un mejor pronóstico, es una enfermedad distinta y requiere de un tratamiento propio.

Los resultados de los trabajos de colaboración multidisciplinaria como este “nos permitirán por primera vez comprender la compleja biología del cáncer de cabeza y cuello”, dijo la doctora Grandis. “Es obvio que no es una sola enfermedad. Son muchas enfermedades, a pesar de su apariencia idéntica bajo el microscopio”.

“Está bien tener un pesimismo cauto”, agregó. Sin embargo, dijo creer que el análisis de la complejidad biológica de cánceres como el CCECC llevará en última instancia a conocer nuevas dianas terapéuticas.

“Apenas estamos dando pasos pequeños en estos hallazgos genéticos”, prosiguió. El más importante, explicó la doctora, es identificar el subgrupo de mutaciones que propician la formación de tumores y encontrar terapias dirigidas contra ellas. “Los tumores de los pacientes nos están hablando. Otra cosa es entender lo que nos dicen”.

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