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  • Publicación: 14 de septiembre de 2010

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Proteína ayuda a predecir daños cardiacos ocasionados por el tratamiento contra el cáncer

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Un ecocardiograma que muestra la actividad del ventrículo izquierdo del corazón Las mediciones ecocardiográficas del ventrículo izquierdo del corazón sirven para que los médicos monitoreen el funcionamiento cardiaco durante el tratamiento contra el cáncer. Una reducción de la fracción de eyección ventricular izquierda (LVEF) durante el tratamiento puede indicar daño cardiaco provocado por los fármacos. Haga clic para ampliar.

En un estudio prospectivo de 251 mujeres con cáncer de mama positivo para HER2, las mujeres con niveles elevados en la sangre de una proteína llamada troponina I tuvieron tasas significativamente más altas de cardiotoxicidad (daño cardiaco) durante el tratamiento con trastuzumab (Herceptin) en comparación con las mujeres que no presentaron niveles elevados de troponina I antes o durante el tratamiento. Las mujeres con niveles elevados de troponina I también tuvieron una probabilidad tres veces menor de recuperarse de los daños cardiacos observados. Los resultados se obtuvieron de un estudio dirigido por la doctora Daniela Cardinale del Instituto Europeo de Oncología en Milán, Italia, y se publicaron en Internet el 2 de agosto en la revista Journal of Clinical Oncology.

La medición de los niveles de troponina I "parece que nos puede ayudar a distinguir las pacientes que tendrían resultados cardiacos más favorables de aquellas en las que se debe indicar una estrecha vigilancia cardiológica y para las cuales se deben planear estrategias profilácticas con el fin de prevenir la cardiotoxicidad", anotaron la doctora Cardinale y sus colegas.

Esta nueva información se suma al volumen creciente de conocimientos científicos con respecto a la relación existente entre la quimioterapia con antraciclina, el trastuzumab y los daños cardiacos. Es más probable que se presente cardiotoxicidad en las pacientes que reciben tratamiento con trastuzumab, si han sido tratadas anteriormente con antraciclinas, y aquellas pacientes que recibieron tratamiento secuencial con antraciclinas y trastuzumab tienen menos probabilidad de recuperar su funcionamiento cardiaco que las pacientes que no habían recibido anteriormente tratamiento con esta clase de fármacos. Las antraciclinas causan daños cardiacos a través de un proceso bien conocido, y los investigadores italianos habían mostrado anteriormente que los niveles elevados de troponina I pueden predecir las lesiones cardiacas producidas por la quimioterapia.

En el estudio actual, los investigadores inscribieron en forma prospectiva a 123 mujeres que estaban recibiendo terapia adyuvante con trastuzumab para tratar un cáncer de mama recién diagnosticado y 128 mujeres que estaban recibiendo trastuzumab para el tratamiento de cáncer de mama metastásico. A todas las mujeres se les calculó la fracción de eyección ventricular izquierda (LVEF) —una valoración del funcionamiento cardiaco— y las concentraciones de troponina I antes y durante el estudio y posteriormente en consultas de seguimiento.

Las pacientes que presentaron daños cardiacos durante el estudio descontinuaron el tratamiento con trastuzumab y empezaron tratamiento contra la insuficiencia cardiaca con los fármacos enalapril y carvedilol, y en caso de requerirlo recibieron tratamientos adicionales para problemas cardiacos. Los médicos no modificaron ninguno de los tratamientos que recibían las pacientes en respuesta a cambios en los niveles de troponina I.

En general, los investigadores encontraron niveles elevados de troponina I en 36 mujeres, entre las cuales se encontraban 7 que tenían niveles elevados desde antes de comenzar el tratamiento con trastuzumab, probablemente debido a daños cardiacos preexistentes como resultado de una quimioterapia previa. En un análisis de los factores asociados a riesgos de sufrir daños cardiacos, como edad, hipertensión, colesterol alto y consumo de tabaco, el nivel elevado de troponina I fue el único factor independiente que predijo el daño cardiaco durante el tratamiento con trastuzumab, aunque el haberse sometido a tratamientos previos con alguna antraciclina fue un factor que se acercó a niveles estadísticamente significativos.

El sesenta y dos por ciento de las mujeres que presentaron cardiotoxicidad debido al trastuzumab (TIC) tuvieron niveles elevados de troponina I durante el tratamiento. El sesenta por ciento de todas las mujeres con TIC recuperaron el nivel normal de funcionamiento cardiaco después de descontinuar el trastuzumab y de recibir fármacos para tratar la insuficiencia cardiaca, pero esta recuperación no estuvo vinculada uniformemente a niveles bajos de troponina I. Aunque todas las mujeres que no recuperaron su nivel de funcionamiento cardiaco normal presentaron niveles elevados de troponina I durante el tratamiento, el 36 por ciento de las mujeres con niveles elevados de troponina recuperaron su funcionamiento cardiaco normal.

El noventa por ciento de las pacientes que presentaron TIC habían recibido anteriormente quimioterapia con una antraciclina. La relación entre los daños cardiacos producidos por estos fármacos se continúa estudiando, explicaron el doctor Michael Ewer del Centro Oncológico M. D. Anderson de la Universidad de Texas y el doctor Steven Ewer de la Universidad de Wisconsin, en una nota editorial que acompaña el análisis.

Una explicación propuesta para el aumento de la incidencia de TIC en pacientes que fueron tratadas previamente con antraciclinas es que el trastuzumab por sí solo no es de particular toxicidad al tejido cardiaco, pero que este fármaco empeora el daño cardiaco producido por las antraciclinas al bloquear la HER2. La proteína HER2 se expresa en el miocardio al igual que en el tejido mamario y puede cumplir un papel vital en los mecanismos de reparación celular cardiaca. Por lo tanto, bloquear la HER2 puede evitar que el corazón se repare a sí mismo después de haber estado expuesto a la quimioterapia con antraciclinas. “Lo que parece que estamos observando es un efecto modulador del trastuzumab en los miocitos, o células musculares cardiacas, que han sufrido daños previamente y que están vulnerables”, anotaron.

Estos resultados “pueden ser muy útiles para ayudar a identificar a pacientes que pueden tener un riesgo alto de presentar una toxicidad cardiaca irreversible”, dijo el doctor Stanley Lipkowitz, investigador principal del Laboratorio de Biología Molecular y Celular en el Centro de Investigación del Cáncer del NCI y médico a cargo del Breast Care Center del Centro de Medicina Naval Nacional. Sin embargo, este estudio relativamente pequeño tiene varias limitaciones, explicó. Las pacientes recibieron terapia adyuvante así como tratamiento contra el cáncer metastásico y se sometieron a diferentes tipos de quimioterapia. “Sería de utilidad confirmar los resultados en estudios con mayor participación en cada tipo de tratamiento y preferiblemente en estudios donde el tipo de quimioterapia administrado sea el mismo”, dijo.

Además, continuó el doctor Lipkowitz, es necesario hacer un seguimiento a largo plazo en las mujeres que reciben terapia adyuvante con trastuzumab y que tienen una esperanza de vida mayor que las mujeres con enfermedad metastásica. Estas mujeres tienen riesgo de sufrir efectos secundarios en estadios tardíos, y se requiere de mayores investigaciones que puedan delimitar los factores que predigan la TIC.

“Algo importante es que 10 de cada 36 pacientes con niveles elevados de troponina I no presentaron toxicidad cardiaca durante el tratamiento con trastuzumab, y 9 de cada 26 pacientes con niveles elevados de troponina I y TIC durante el tratamiento con trastuzumab recuperaron su LVEF”, explicó el doctor Lipkowitz. Es necesario realizar estudios adicionales para confirmar estos resultados y para refinar los niveles o cinética del aumento de troponina I con relación a los resultados cardiacos, así como para determinar la mejor forma de usar dichas pruebas con el fin de guiar el tratamiento, indicó.

—Sharon Reynolds