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  • Publicación: 14 de septiembre de 2010

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Un tratamiento para el cáncer que mantiene la atención de los investigadores

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Los caparazones de los camarones son la fuente del chitosan, un compuesto que tiene varias aplicaciones clínicas. El chitosan se deriva del caparazón de crustáceos como el camarón y la langosta. Se utiliza en varias aplicaciones clínicas, como vendas para ayudar a controlar el sangrado.

Un nuevo estudio en ratones podría ayudar a reactivar el potencial clínico de la citosina interleucina-12 (IL-12), un fármaco que estimula el sistema inmunitario para atacar los tumores. Con base en los resultados de este estudio y en un trabajo anterior realizado por el mismo grupo de investigadores, se está planeando un estudio clínico de fase I para evaluar el tratamiento en pacientes con cáncer de vejiga. El nuevo estudio está publicado en la edición de septiembre de la revista Journal of Immunotherapy.

La IL-12, una proteína que durante décadas ha sido objeto de un intenso estudio, modula importantes componentes del sistema inmunitario y ha mostrado sorprendentes efectos antitumorales en numerosos estudios de laboratorio y en modelos animales. Sin embargo, su elaboración clínica se ha visto frenada por la considerable toxicidad que se observó en varios estudios con seres humanos al ser administrada vía intravenosa o subcutánea.

Para intentar evitar este problema, el doctor John Greiner, del Laboratorio de Inmunología y Biología Tumoral del Centro de Investigación Oncológica del NCI y sus colegas mezclaron la IL-12 con un compuesto llamado chitosan, un adhesivo biológico que puede unir moléculas sintéticas o biológicas al tejido. La mezcla resultante se inyectó directamente al tumor.

Chitosan, un polisacárido derivado del caparazón de los crustáceos como el camarón y la langosta, es una parte importante del “sistema de administración” que lleva IL-12 “directamente al ambiente del tumor”, explicó el doctor Greiner. El tratamiento no solo fue eficaz en los estudios en ratones, pero parece ser muy seguro y no tener efectos secundarios tóxicos.

En el estudio anterior que hizo el equipo, la mezcla chitosan/IL-12 erradicó los tumores en un ratón modelo con cáncer de vejiga. En este nuevo estudio, se utilizaron ratones modelo con cánceres colorrectal y pancreático. Primero, por medio de estudios de imagen no invasivos, se observó que tras inyectar chitosan/IL-12 en los tumores, la citosina permaneció en el microambiente tumoral durante casi una semana, pero cuando se inyectó exclusivamente IL-12, solo permaneció por un día.

El doctor David Zaharoff, coautor del estudio, ahora miembro de la Universidad de Arkansas y quien concibió la idea de combinar IL-12 con un bioadhesivo, comparó el chitosan con el jarabe de arce (maple). “La alta viscosidad del chitosan inhibe la difusión de moléculas coformuladas”, dijo. En consecuencia, el chitosan es capaz de mantener IL-12 en el microambiente tumoral por un periodo largo de tiempo”.

En una segunda serie de experimentos, se observó que la inyección intratumoral de chitosan/IL-12 una vez por semana durante 3 semanas erradicó completamente los tumores en 90 por ciento de los ratones, mientras que el IL-12 administrado solo tuvo una eficacia limitada. Hubo un efecto mínimo en la disminución de los tumores o en la supervivencia cuando se administró chitosan en combinación con FECGM e IFN-γ, otras dos proteínas que pueden estimular el sistema inmunitario. “La regresión completa del tumor parece ser específica al chitosan/IL-12”, apuntaron los investigadores.

El tratamiento activó dos poderosos tipos de células inmunes, las CD8+ células T y los linfocitos citolíticos naturales. Y en circunstancias específicas, cuando los investigadores reinyectaron células tumorales en los ratones curados, el tratamiento inicial ofreció una inmunización duradera contra el cáncer. Sin embargo, advirtieron que la duración de la protección inmune dependió del número de células tumorales inyectadas en los ratones y de la frecuencia, por lo que debe examinarse en “un modelo animal de mayor relevancia clínica”.

Pese a sus consistentes efectos antitumorales, la toxicidad de IL-12 inducida en los estudios iniciales con seres humanos desalentó el interés de la industria, explicó el doctor Jeffrey Weber, del Centro Oncológico e Instituto de Investigación de Tampa, FL. “Pero sigo creyendo que es un fármaco que debe ser estudiado”, sostuvo.

Aun así, el doctor Weber, quien no formó parte del estudio y cuyas investigaciones se enfocan en vacunas para tratar melanoma y otros tumores, expresó sus dudas sobre las posibilidades del IL-12 como una terapia exclusiva a largo plazo, aduciendo que las evidencias existentes parecen indicar que sería mejor considerarlo un adyuvante para mejorar la acción de las vacunas terapéuticas. El requisito de tener que inyectar el tratamiento directamente en el tumor también puede “limitar el interés y sus usos indicados”, agregó.

En el estudio de fase I, que será llevado a cabo por el Centro Oncológico del NIH en Bethesda, MD, se inscribirá a pacientes con cáncer de vejiga superficial (cáncer limitado al revestimiento de la pared interior de la vejiga) con recidiva de la enfermedad después de un tratamiento estándar de primera línea. En el caso del cáncer de vejiga, agregó el doctor Greiner, dado que chitosan/IL-12 parece generar una fuerte respuesta adaptativa inmune —es decir, las células inmunitarias son movilizadas para la acción y desarrollan una “memoria” sobre los patógenos o células que les activarán una respuesta similar en el futuro— también puede presentar la “oportunidad de evaluar este enfoque en pacientes con lesiones metastásicas que no son aptos para una cirugía de extracción de la vejiga”.

Se están investigando esfuerzos similares para dirigir la administración de IL-12 en los tumores, como el encapsulamiento de la proteína en virus y los liposomas. Pero la combinación de IL-12 con chitosan puede ofrecer más ventajas que estos otros métodos. Por ejemplo, el chitosan ya se utiliza en seres humanos para fomentar la coagulación sanguínea y reducir la absorción lipídica en el estómago, y tiene una inocuidad demostrada, subrayó el doctor Zaharoff, de modo que el tratamiento una vez por semana puede limitar el tipo de exposición generalizada que causa toxicidad.

Además, a diferencia de otros métodos para mejorar la administración de IL-12, la preparación de la mezcla de IL-12 con chitosan no requiere de solventes y de otros procesos que rompen la proteína, y de hecho se puede realizar en frente del paciente antes de la administración.

“Es un enfoque muy sencillo, pero se diseñó de esa manera para que pueda pasar a utilizarse en los estudios con seres humanos en un corto periodo de tiempo”, dijo el doctor Zaharoff. “No se puede ser más eficiente que esto, en lo que concierne a la investigación aplicada”.

Carmen Phillips