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Boletín del Instituto Nacional del Cáncer
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  • Publicación: 12 de octubre de 2010

Fármaco protege el corazón de niños en quimioterapia convencional

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Foto de un médico escuchando con un estetoscopio el corazón de una niña Los niños tratados con antraciclina tienen más del triple de riesgo de muerte cardiaca después de 30 años del tratamiento que los niños no tratados.

El fármaco dexrazoxano, que puede proteger al tejido cardiaco de los efectos oxidantes causados por la doxorubicina y otras antraciclinas, redujo significativamente la aparición de daños cardiacos a largo plazo en niños bajo tratamiento contra la leucemia linfoblástica aguda (LLA).

Más importante aun es que el dexrazoxano no disminuyó la eficacia de la quimioterapia con antraciclina: los niños del estudio tuvieron los mismos riesgos de recurrencia a largo plazo y de formación de un segundo cáncer, independientemente de si recibieron o no el fármaco protector. Los resultados del estudio, que contó en parte con el patrocinio de la Oficina de Supervivencia del Cáncer del NCI, fueron publicados el 16 de septiembre pasado en la edición electrónica de la revista Lancet Oncology.

“Nuestra meta ha sido cambiar el paradigma de lo que define un tratamiento exitoso para el cáncer pediátrico”, señaló el investigador principal del estudio, doctor Steven Lipshultz, de la Facultad de Medicina Leonard M. Miller de la Universidad de Miami. “Debemos mantener un equilibrio entre la eficacia oncológica, la cual queremos maximizar, y las toxicidades y efectos posteriores que queremos minimizar”.

En Estados Unidos, más de la mitad de los niños en tratamiento contra algún tipo de cáncer reciben quimioterapia con antraciclina. “Hemos aprendido de la primera generación de sobrevivientes al cáncer pediátrico que un número estadísticamente significativo de estos niños presenta efectos tardíos por el tratamiento y uno de los más comunes es el daño cardiaco que evoluciona con el tiempo”, explicó el doctor Lipshultz.

Para determinar si el dexrazoxano podría ayudar a minimizar los efectos cardiacos tardíos, el doctor Lipshultz y sus colegas del Dana-Farber Cancer Institute Childhood ALL Consortium, cuyo director es el doctor Stephen Sallan, inscribieron a 205 niños con alto riesgo de leucemia linfoblástica aguda en un estudio aleatorio entre 1996 y el 2000. Los niños, que fueron seleccionados de nueve hospitales en los Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico, recibieron ya sea 10 dosis de una concentración alta de doxorubicina (300 mg por metro cuadrado de superficie corporal) sola o doxorubicina precedida por una infusión de dexrazoxano.

Después del tratamiento, los investigadores hicieron seguimiento con mediciones ecocardiográficas de la estructura y funcionamiento cardiaco y las compararon con las de 285 niños sanos de las correspondientes edades en los mismos hospitales. Los médicos que registraron los resultados permanecieron sin conocer el tratamiento asignado a los pacientes durante el seguimiento, a lo largo de 15 años hasta el momento de la publicación del estudio.

A los sesenta y seis niños que recibieron solo doxorubicina y a los 68 que recibieron doxorubicina y dexrazoxano se les hizo al menos un ecocardiograma después del tratamiento. Al cabo de 5 años de seguimiento, los niños que recibieron solo doxorubicina presentaron un déficit estadísticamente significativo en varias mediciones del funcionamiento cardiaco en comparación con sus contrapartes sanas, pero no se observaron diferencias estadísticamente significativas en los niños que recibieron dexrazoxano.

Cuando los resultados fueron analizados por sexo, el efecto protector solo se observó en niñas. Sin embargo, la jefa de la Unidad de Oncología Pediátrica del NCI, doctora Crystal Mackall, explicó que “este no fue un estudio grande y por lo tanto no tenía la potencia estadística para detectar posibles diferencias mínimas en los efectos protectores. Debido a que de por sí los daños en los niños varones no eran tan marcados, el efecto protector del dexrazoxano pudo haber pasado inadvertido en este estudio”. Estudios anteriores parecen indicar que el corazón de las mujeres puede ser más vulnerable a los daños relacionados con la antraciclina.

El doctor Lipshultz señaló que en virtud de que este fue un estudio pequeño de una sola enfermedad utilizando un solo protocolo de tratamiento, los investigadores instan a que se profundice más en el tema mediante ensayos clínicos realizados por grupo cooperativos, los cuales tienen capacidad para monitorizar resultados a largo plazo.

A su vez, se necesitará un seguimiento más largo en los niños del presente estudio para determinar si la prevención de los daños no sintomáticos en la estructura cardiaca llevará a la prevención de la disfunción cardiaca clínica, dijo el doctor Malcolm Smith, especialista en oncología pediátrica del Programa de Evaluación de Terapias Oncológicas del NCI.

Por el momento, la doctora Mackall está animada por este estudio. “Sabíamos que el dexrazoxano podía proteger el corazón en el corto plazo y en el NCI lo hemos utilizado en los últimos 20 años, pero hasta ahora no ha habido un estudio aleatorio que muestre una capacidad protectora a largo plazo”, indicó. “La comunidad de investigadores del cáncer también ha albergado otras preocupaciones en torno al dexrazoxano, como la posible disminución de su eficacia en el tratamiento o las neoplasias malignas secundarias, las cuales no surgieron en este estudio”, prosiguió. “Esta es otra evidencia de que al proteger el corazón no se está protegiendo al tumor”.

—Sharon Reynolds

Para más información sobre este tema, consulte: “El corazón: Una víctima involuntaria de algunas terapias dirigidas contra el cáncer” y “Proteína ayuda a predecir daños cardiacos ocasionados por el tratamiento contra el cáncer”.