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  • Publicación: 12 de octubre de 2010

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Fármaco protege el corazón de niños en quimioterapia convencional

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Foto de un médico escuchando con un estetoscopio el corazón de una niña Los niños tratados con antraciclina tienen más del triple de riesgo de muerte cardiaca después de 30 años del tratamiento que los niños no tratados.

El fármaco dexrazoxano, que puede proteger al tejido cardiaco de los efectos oxidantes causados por la doxorubicina y otras antraciclinas, redujo significativamente la aparición de daños cardiacos a largo plazo en niños bajo tratamiento contra la leucemia linfoblástica aguda (LLA).

Más importante aun es que el dexrazoxano no disminuyó la eficacia de la quimioterapia con antraciclina: los niños del estudio tuvieron los mismos riesgos de recurrencia a largo plazo y de formación de un segundo cáncer, independientemente de si recibieron o no el fármaco protector. Los resultados del estudio, que contó en parte con el patrocinio de la Oficina de Supervivencia del Cáncer del NCI, fueron publicados el 16 de septiembre pasado en la edición electrónica de la revista Lancet Oncology.

“Nuestra meta ha sido cambiar el paradigma de lo que define un tratamiento exitoso para el cáncer pediátrico”, señaló el investigador principal del estudio, doctor Steven Lipshultz, de la Facultad de Medicina Leonard M. Miller de la Universidad de Miami. “Debemos mantener un equilibrio entre la eficacia oncológica, la cual queremos maximizar, y las toxicidades y efectos posteriores que queremos minimizar”.

En Estados Unidos, más de la mitad de los niños en tratamiento contra algún tipo de cáncer reciben quimioterapia con antraciclina. “Hemos aprendido de la primera generación de sobrevivientes al cáncer pediátrico que un número estadísticamente significativo de estos niños presenta efectos tardíos por el tratamiento y uno de los más comunes es el daño cardiaco que evoluciona con el tiempo”, explicó el doctor Lipshultz.

Para determinar si el dexrazoxano podría ayudar a minimizar los efectos cardiacos tardíos, el doctor Lipshultz y sus colegas del Dana-Farber Cancer Institute Childhood ALL Consortium, cuyo director es el doctor Stephen Sallan, inscribieron a 205 niños con alto riesgo de leucemia linfoblástica aguda en un estudio aleatorio entre 1996 y el 2000. Los niños, que fueron seleccionados de nueve hospitales en los Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico, recibieron ya sea 10 dosis de una concentración alta de doxorubicina (300 mg por metro cuadrado de superficie corporal) sola o doxorubicina precedida por una infusión de dexrazoxano.

Después del tratamiento, los investigadores hicieron seguimiento con mediciones ecocardiográficas de la estructura y funcionamiento cardiaco y las compararon con las de 285 niños sanos de las correspondientes edades en los mismos hospitales. Los médicos que registraron los resultados permanecieron sin conocer el tratamiento asignado a los pacientes durante el seguimiento, a lo largo de 15 años hasta el momento de la publicación del estudio.

A los sesenta y seis niños que recibieron solo doxorubicina y a los 68 que recibieron doxorubicina y dexrazoxano se les hizo al menos un ecocardiograma después del tratamiento. Al cabo de 5 años de seguimiento, los niños que recibieron solo doxorubicina presentaron un déficit estadísticamente significativo en varias mediciones del funcionamiento cardiaco en comparación con sus contrapartes sanas, pero no se observaron diferencias estadísticamente significativas en los niños que recibieron dexrazoxano.

Cuando los resultados fueron analizados por sexo, el efecto protector solo se observó en niñas. Sin embargo, la jefa de la Unidad de Oncología Pediátrica del NCI, doctora Crystal Mackall, explicó que “este no fue un estudio grande y por lo tanto no tenía la potencia estadística para detectar posibles diferencias mínimas en los efectos protectores. Debido a que de por sí los daños en los niños varones no eran tan marcados, el efecto protector del dexrazoxano pudo haber pasado inadvertido en este estudio”. Estudios anteriores parecen indicar que el corazón de las mujeres puede ser más vulnerable a los daños relacionados con la antraciclina.

El doctor Lipshultz señaló que en virtud de que este fue un estudio pequeño de una sola enfermedad utilizando un solo protocolo de tratamiento, los investigadores instan a que se profundice más en el tema mediante ensayos clínicos realizados por grupo cooperativos, los cuales tienen capacidad para monitorizar resultados a largo plazo.

A su vez, se necesitará un seguimiento más largo en los niños del presente estudio para determinar si la prevención de los daños no sintomáticos en la estructura cardiaca llevará a la prevención de la disfunción cardiaca clínica, dijo el doctor Malcolm Smith, especialista en oncología pediátrica del Programa de Evaluación de Terapias Oncológicas del NCI.

Por el momento, la doctora Mackall está animada por este estudio. “Sabíamos que el dexrazoxano podía proteger el corazón en el corto plazo y en el NCI lo hemos utilizado en los últimos 20 años, pero hasta ahora no ha habido un estudio aleatorio que muestre una capacidad protectora a largo plazo”, indicó. “La comunidad de investigadores del cáncer también ha albergado otras preocupaciones en torno al dexrazoxano, como la posible disminución de su eficacia en el tratamiento o las neoplasias malignas secundarias, las cuales no surgieron en este estudio”, prosiguió. “Esta es otra evidencia de que al proteger el corazón no se está protegiendo al tumor”.

—Sharon Reynolds

Para más información sobre este tema, consulte: “El corazón: Una víctima involuntaria de algunas terapias dirigidas contra el cáncer” y “Proteína ayuda a predecir daños cardiacos ocasionados por el tratamiento contra el cáncer”.

Hombres con bajos niveles de APE podrían no beneficiarse de pruebas adicionales de detección del cáncer de próstata

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También en las revistas científicas: niveles de APE y pruebas de detección de cáncer de próstata

A partir de un estudio en hombres suecos que donaron muestras de sangre a los 60 años de edad y que fueron objeto de seguimiento durante 25 años, un equipo de investigadores descubrió que la concentración del antígeno prostático específico (APE) en la sangre a esa edad estuvo asociada a un riesgo de cáncer de próstata tardío, potencialmente mortal. Pese a que los hombres con una concentración menor a la mediana (≤1 ng/mL) podrían tener cáncer de próstata, este cáncer probablemente no sería mortal. “A estos hombres se les podría eximir de pruebas de detección adicionales, para concentrarnos en los hombres con concentraciones más altas”, indicaron el doctor Hans Lilja y sus colegas del Centro Oncológico Memorial Sloan-Kettering, en un informe publicado en la edición electrónica del 15 de septiembre de la revista British Medical Journal (BMJ).

En un segundo informe, publicado también en BMJ, se analizaron los datos de seis estudios clínicos aleatorios que incluyeron a más de 380.000 hombres, para evaluar los beneficios y perjuicios de las pruebas de detección del cáncer de próstata. El análisis no dio su espaldarazo a la utilización rutinaria de estudios de APE con o sin examen digital del recto. “Las pruebas de detección llevan a un incremento en los diagnósticos de cáncer de próstata en estadios tempranos, lo cual no parece traducirse en un beneficio en las tasas globales de supervivencia y de supervivencia específica al cáncer de próstata”, concluyeron el doctor Philipp Dahm y sus colegas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Florida en Gainesville, Florida.

Estas investigaciones, en conjunto con el estudio observacional de van Leeuwen y sus colegas publicado en la revista Cancer, en el que se mostró un bajo riesgo de mortalidad por cáncer de próstata en los hombres de 55 a 74 años de edad con niveles de APE de 0,0-1,9ng/mL, muestran un cúmulo de evidencias de que resulta posible identificar a un grupo que enfrenta un riesgo muy bajo de muerte por cáncer de próstata, señalaron los expertos de la División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población del NCI.

Los hombres de 55 a 74 años de edad que tienen bajos niveles de antígeno prostático específico (APE) en la sangre puede que no se beneficien de las pruebas de detección o los tratamientos adicionales para el cáncer de próstata, de acuerdo con un estudio dirigido por el doctor Pim van Leeuwen, del Centro Médico de la Universidad de Erasmus, en Holanda. Los resultados del estudio fueron publicados el 13 de septiembre pasado en la edición electrónica de la revista Cancer.

Para comprender mejor la proporción entre el beneficio y el daño potencial de las pruebas de detección del APE (en inglés: PSA), los investigadores compararon la incidencia y la mortalidad por cáncer de próstata en 42.503 hombres en Irlanda del Norte, a los que no se les realizaron pruebas de detección, con la incidencia y mortalidad en 43.987 participantes del Estudio Europeo Aleatorizado sobre la Detección del Cáncer de Próstata (ERSPC), un estudio realizado en el 2009 en el que se indicó que las pruebas del APE podrían reducir las muertes por cáncer de próstata en un 20 por ciento. (Los investigadores no pudieron comparar los niveles de APE entre los grupos de hombres sometidos a pruebas de detección y los participantes del grupo de control del estudio ERSPC porque no se tomaron los valores iniciales de los niveles de APE en la cohorte de control).

Los hombres de ambos grupos fueron divididos en cuatro categorías de acuerdo a los valores iniciales de APE (0,0 a 1,9 ng/mL; 2,0 a 3,9 ng/mL; 4,0 a 9,9 ng/mL; y 10,0 a 19,9 ng/mL) y se les hizo seguimiento durante un promedio aproximado de 9 años. Los hombres con niveles de APE de 20 ng/mL o más fueron excluidos del estudio.

En el grupo de hombres de Irlanda del Norte que no recibieron pruebas de detección, 236 murieron por cáncer de próstata durante el periodo de seguimiento, frente a 109 en el grupo del ERSPC. Esto se tradujo en una reducción relativa de 20 por ciento en la mortalidad específica por cáncer de próstata en hombres que se hicieron pruebas de detección, después de ajustar por edad y valores iniciales de APE, un hallazgo similar al que se reportó anteriormente utilizando solo datos del ERSPC. Sin embargo, la reducción no se distribuyó de manera uniforme entre las cuatro categorías.

“Se observó una diferencia insignificante en el riesgo acumulado de muerte por cáncer de próstata en los hombres con APE  de menos de 3,9 ng/mL al inicio del estudio”, declararon los autores. El número de hombres que necesitarían de tratamiento para prevenir una muerte por cáncer de próstata osciló entre 60, en la categoría con los valores iniciales más altos (10,0 a 19,9 ng/mL), y 725, en la de los valores menores (0,0-1,9 ng/mL).

Los autores explicaron que el estudio tuvo varias limitaciones, entre ellas, el no haberse hecho una distribución al azar entre los dos grupos estudiados, una gran diferencia en la mortalidad por todas las causas entre los grupos que podría contribuir a sesgos en los resultados y el hecho de que los hombres de ambos grupos podrían haber recibido distintos tratamientos para el cáncer de próstata.

Otra limitación fue que no se contó con información sobre el motivo de los análisis de los valores iniciales del APE en los hombres de Irlanda del Norte. Sin embargo, las evidencias disponibles indican que menos del 20 por ciento de las pruebas de APE en este grupo se hicieron en hombres asintomáticos, mientras que en el estudio ERSPC se presupone que casi todos los hombres a los que se les tomaron los valores iniciales de APE eran asintomáticos, explicó el doctor Eric J. (Rocky) Feuer, jefe de la Unidad de Investigación y Aplicaciones Estadísticas  de la División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población del NCI.

“Los autores indican que todavía no se sabe si se pueden comparar los hombres con una edad y un nivel de APE específicos de un grupo al que se le hizo las pruebas de detección con los hombres de las mismas características en una población clínica seleccionada”, apuntó. “Es difícil saber en qué medida estos posibles sesgos habrían afectado los resultados generales del estudio”.

Los investigadores del Centro Médico de la Universidad de Erasmus subrayaron que es necesario hacer un seguimiento más largo antes de elaborar recomendaciones clínicas.

Fármaco contra el melanoma se muestra prometedor en ensayos clínicos iniciales

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Exploración con TEP de un paciente con melanoma avanzado en imagen de referencia y 2 semanas después del tratamiento con PLX4032.Exploración con TEP de un paciente con melanoma avanzado en imagen de referencia (izquierda) y después de 2 semanas de tratamiento con PLX4032 (derecha). Cortesía de Nature

La gran mayoría de los pacientes con melanoma avanzado que recibieron un fármaco experimental contra el melanoma denominado PLX4032, reaccionaron al tratamiento en un ensayo de fase I, anunciaron investigadores en agosto. El fármaco actúa sobre una alteración genética común en los tumores de melanoma y 26 de 32 pacientes (81 por ciento) tratados con la dosis recomendada en la fase II presentaron una respuesta parcial o completa. Los tumores de algunos pacientes incluso desaparecieron, al menos temporalmente.

“Las respuestas a este fármaco son claramente distintas que las que han producido otros fármacos para el melanoma”, dijo el doctor Keith Flaherty, del Hospital General de Massachusetts (MGH), quien codirigió el estudio multicéntrico. “Algunos pacientes están obteniendo reacciones considerablemente duraderas que superan ampliamente lo que se había logrado en los tratamientos anteriores”.

Se trata de una tableta que principalmente bloquea las señales que fomentan el crecimiento causado por una mutación en un gen llamado BRAF. Con base en los resultados del estudio, dados a conocer el 26 de agosto en la revista New England Journal of Medicine (NEJM), los investigadores pusieron en marcha un ensayo de fase III para determinar si el fármaco puede mejorar la supervivencia de pacientes cuyos tumores albergan la mutación genética conocida como V600E.

“Era necesario llevar a cabo el estudio para determinar si efectivamente el fármaco altera de manera profunda la evolución natural de la enfermedad”, observó el doctor Flaherty. Pese a que el melanoma es tratable cuando se detecta de manera temprana, el cáncer a menudo causa la muerte en el lapso de un año una vez que se disemina a otras partes del cuerpo. Solo del 10 al 20 por ciento de los pacientes con melanoma avanzado reaccionan a los fármacos aprobados por la FDA.

Los pacientes del ensayo de fase I presentaban cánceres avanzados pese a que anteriormente recibieron uno o más tratamientos y, para algunos, las opciones terapéuticas se estaban agotando. En una cohorte ampliada de 32 pacientes portadores de la mutación genética V600E, la mediana del tiempo de la reacción inicial al PLX4032 hasta la evolución de la enfermedad fue de más de 7 meses y los pacientes con la respuesta más prolongada han tomado el fármaco durante unos 2 años aproximadamente.

“Estos resultados representan un gran avance y demuestran el principio de que el tratamiento contra el melanoma metastásico puede ser individualizado para un porcentaje considerable de pacientes”, apuntaron los doctores Kieran S.M. Smalley y Vernon K. Sondak, del Instituto de Investigación y Centro Oncológico H. Lee Moffitt, en un editorial adjunto. “En la última década, se han dado grandes pasos para descubrir la biología particular del melanoma y la inversión realizada en las investigaciones está dando frutos”, señalaron.

Terapias dirigidas

En el 2002, los investigadores descubrieron que aproximadamente la mitad de los melanomas humanos albergan la mutación V600E en el BRAF que activa el gen. Como resultado, se ensayó un inhibidor inespecífico de BRAF llamado sorafenib (Nexavar) en el tratamiento de la enfermedad, pero los resultados no fueron alentadores. Mientras tanto, en un puñado de casos de melanoma se identificaron mutaciones activantes en un gen llamado KIT, y en los estudios se observó que el tratamiento con imatinib llevó a una remisión tumoral en estos pacientes.

También en publicaciones científicas: descubrimiento y desarrollo de PLX4032

En un estudio publicado en septiembre en la edición electrónica de la revista Nature, los investigadores describen el descubrimiento y el desarrollo del fármaco antimelanoma  PLX4032. El doctor Gideon Bollag, de Plexxikon, y sus colegas revelan la estructura química del fármaco y describen la farmacodinamia de PLX4032. Los autores hacen una exposición detallada de los esfuerzos para determinar las dosis adecuadas, como la reformulación del fármaco para permitir que los pacientes recibieran los altos niveles necesarios para obtener una respuesta clínica.

El editorial predijo que, en un futuro, es probable que a los pacientes con melanoma metastásico se les hagan pruebas de detección de mutaciones en genes clave antes de comenzar su tratamiento. (Esto ya se realiza para el BRAF). Se necesitan más estudios para saber por qué algunos pacientes con la mutación V600E no reaccionaron al fármaco y por qué algunos generaron resistencia, observaron los doctores Smalley y Sondak.

En la fase del estudio en que se aumentó la dosis, cuando se ensayaron dosis aumentadas en 49 pacientes, los investigadores observaron una reducción del tumor en todas las zonas metastásicas de la enfermedad, como el hígado, el intestino delgado y los huesos. Después de que se determinara la dosis a administrarse en la fase II del estudio, se evaluó el fármaco en otros 32 pacientes con melanoma que presentaban mutaciones BRAF. Entre este grupo, 24 reaccionaron de manera parcial y 2 de manera completa.

“Estamos muy entusiasmados con las respuestas que vimos en la fase I del estudio, pero con el melanoma hemos aprendido una y otra vez que las respuestas no necesariamente conducen a mejorías en la supervivencia general”, indicó el autor principal del estudio, doctor Paul Chapman, del Centro Oncológico Memorial Sloan-Kettering. “De modo que el propósito de la fase III es determinar si logramos una mayor longevidad en los pacientes”.

En junio, los investigadores anunciaron que ipilimumab, un fármaco que actúa sobre el sistema inmunitario, aumentó la supervivencia de los pacientes con melanoma avanzado. Ipilimumab y PLX4032 han cambiado el panorama de las investigaciones sobre el melanoma y han hecho surgir el prospecto de que se puedan ensayar nuevos fármacos en combinación o en forma secuencial, dijo el doctor Claudio Dansky Ullmann, quien supervisa los estudios clínicos sobre el melanoma en el Programa de Evaluación de Terapias Oncológicas del NCI.

“Estos estudios han abierto las puertas a numerosas posibilidades de tratamiento del melanoma metastásico”, dijo el doctor Dansky Ullmann. “Ahora podemos ensayar muchas terapias que no estaban disponibles ni evaluadas sino hasta recientemente. Esta área de la investigación está despegando”.

Agregó que se están desarrollando varias terapias dirigidas contra el melanoma, como las de los inhibidores de BRAF y agentes que atacan otras rutas de la enfermedad. Los investigadores albergan la esperanza de que los distintos tipos de fármacos, como las terapias dirigidas y las inmunoterapias, puedan combinarse para mejorar la supervivencia.

“Todo esto es muy nuevo, hay muchos aspectos desconocidos que necesitaremos esclarecer en los estudios futuros”, advirtió el doctor Dansky Ullmann. “Y tendremos que saber identificar mejor los grupos específicos de pacientes en los que podamos ensayar una combinación en particular”.

Los efectos secundarios de PLX4032 por lo general fueron leves y consistieron en sarpullido, náusea, fatiga y tumores bien diferenciados en la piel llamados carcinomas epidermoides. La extirpación de estos tumores fue fácil y no ocasionó una interrupción del tratamiento en ninguno de los pacientes, indicaron los investigadores.

Genética compleja

El melanoma es una enfermedad con una genética compleja y para determinar las vías más importantes para su tratamiento se requiere de más investigación, dijo el doctor Flaherty. “Hay otras vías genéticas que definitivamente tienen una función en la enfermedad”, agregó, por lo que se están realizando estudios clínicos para combinar un inhibidor de BRAF con un inhibidor de la vía genética MEK, indicó.

“La mayoría de la gente estaba escéptica de que una terapia dirigida a un solo gen pudiese causar un impacto”, comentó en una entrevista el doctor Sondak. Incluso los propios investigadores se preguntaban si el fármaco funcionaría tal como lo esperaban. Muchos fármacos con posible uso en la quimioterapia para el melanoma se han mostrado promisorios en el laboratorio, pero han resultado una decepción al ensayarse en los pacientes. El PLX4032 podía haber sido un caso más.

Había otros motivos para estar escéptico, explicó el doctor Chapman. Nadie sabía si bloquear las señales del gen mutante BRAF marcaría una diferencia en los pacientes. Las mutaciones en el gen BRAF ocurren en la evolución inicial de la enfermedad (también están presentes en los crecimientos benignos de la piel, como los lunares), y los investigadores temían que los tumores avanzados fueran accionados por otros cambios genéticos. Aún más, a los ratones con mutaciones BRAF no siempre se les desarrolla una forma de melanoma en roedores.

“Toda esta información nos indicaba que las mutaciones de BRAF eran necesarias, pero no suficientes, para transformar una célula en melanoma”, explicó el doctor Chapman. Si los tumores del melanoma no dependían de la señalización de un gen mutante BRAF, existía la posibilidad real de que bloquear estas señales no tuviese un efecto en el tumor.

“La parte sorprendente del estudio fue que el fármaco actuó de la manera en que se buscaba”, dijo el doctor Chapman.

Un punto decisivo en el estudio, que fue patrocinado por Plexxikon y Roche, fue la elaboración de una nueva fórmula de PLX4032 para que los pacientes obtuvieran niveles mayores del fármaco en la sangre. (Ver recuadro). En el ensayo de fase III, el fármaco se comparará con dacarbazine, utilizado en la quimioterapia convencional para el melanoma.

Los investigadores quieren saber tan pronto como sea posible si el fármaco aumentará la supervivencia en comparación con el tratamiento convencional. Afirman que los pacientes necesitan nuevos tratamientos y que por primera vez los estudios clínicos están ofreciendo opciones promisorias.

“Ahora tenemos una mentalidad totalmente diferente a la que habíamos tenido al tratar el melanoma”, dijo el doctor Flaherty. “Pero hasta que los pacientes tengan una larga remisión, no es fácil celebrar”.

—Edward R. Winstead

La cirugía profiláctica reduce el riesgo de cáncer en mujeres con mutaciones BRCA

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La cirugía profiláctica de extirpación de mamas y ovarios es una manera eficaz de reducir el riesgo de cáncer de mama y de ovario en las mujeres con mutaciones hereditarias en los genes BRCA1 o BRCA2, de acuerdo con uno de los más grandes estudios prospectivos realizados a la fecha. Los resultados, publicados el 1 de septiembre en la revista JAMA, proporcionan estimaciones de los beneficios de la mastectomía y la salpingooforectomía (extracción de los ovarios y las trompas de Falopio) para la reducción del riesgo de cáncer y de muerte en las portadoras de las mutaciones en los genes BRCA1 o BRCA2 asociados a la enfermedad. Estas mutaciones ocasionan un riesgo de por vida de cáncer de mama de 56 a 84 por ciento.

Los resultados también muestran que la reducción del riesgo ocurre independientemente de si la mutación está localizada en el gen BRCA1 o el BRCA2, o si la mujer tuvo cáncer anteriormente. Investigadores de 22 centros médicos en Europa y América del Norte dieron seguimiento a 2.500 mujeres con mutación en BRCA1 o BRCA2 asociada a la enfermedad. Casi la mitad de las mujeres tuvo una de las cirugías profilácticas.

Durante 3 años de seguimiento, ninguna de las mujeres que optaron por la mastectomía presentó cáncer de mama, mientras que el 7 por ciento de las que no fueron intervenidas recibió un diagnóstico de la enfermedad. Solo el 1 por ciento de las mujeres que optaron por la salpingooforectomía profiláctica contrajo cáncer de ovario en los 6 años de seguimiento, en comparación con el 6 por ciento de las mujeres que no se hicieron la cirugía.

“Este estudio refuerza el mensaje del valor que tienen las pruebas genéticas”, dijo el doctor Timothy Rebbeck, de la Universidad de Pennsylvania y autor principal del estudio. Las mujeres que saben que tienen una mutación hereditaria de alto riesgo pueden, con la asesoría genética adecuada, tomar medidas para reducir su riesgo de cáncer a través de la cirugía profiláctica, prosiguió.

Si bien hay muchas mujeres que optan por la cirugía profiláctica, muchas otras no lo hacen, observaron los autores del estudio. Solo el 10 por ciento de las mujeres del estudio decidió tener una mastectomía profiláctica y 38 por ciento una salpingooforectomía. “Creemos que podemos salvar vidas entre las mujeres que tienen estas mutaciones genéticas”, destacó el doctor Rebbeck. “Y ese es un mensaje importante”.

Los autores de un editorial adjunto en JAMA hicieron eco de este mensaje y pusieron de relieve que las opciones para las cirugías profilácticas han cambiado para bien. Por ejemplo, la salpingooforectomía laparoscópica es una operación de relativo bajo riesgo que puede hacerse de manera ambulatoria, mientras que las nuevas técnicas de la mastectomía producen una apariencia más natural, indicaron las doctoras Laura Esserman, de la Universidad de California, en San Francisco, y Virginia Kaklamani, de la Universidad Northwestern. 

Autofagia: los peculiares hábitos alimentarios de las células cancerosas

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Muchas células cancerosas llevan una vida difícil. Por ejemplo, las que están encerradas en el núcleo del tumor tienen un acceso limitado a oxígeno, a los factores del crecimiento y a los nutrientes provenientes de los vasos sanguíneos que alimentan el tumor. Pero cuando las cosas se ponen difíciles, las células fuertes empiezan a alimentarse. En estas situaciones tan desesperadas, muchas células cancerosas recurrirán a un acto de autocanibalismo denominado autofagia, en las que engullirán comidas regulares de partes citoplásmicas y las degradarán a macromoléculas que reciclarán en otros componentes necesarios para sobrevivir. (Vea un video en línea –solo disponible en inglés- de células cancerosas digiriéndose a sí mismas mediante el proceso de autofagia).

Apoyo del NCI permite el avance de las investigaciones sobre la autofagia

Los fondos de la División de Biología del Cáncer (DCB) del NCI destinados a investigaciones relacionadas con la autofagia se han incrementado en forma significativa en los últimos años. Como resultado de la información científica que está emergiendo en esta área de investigación, la DCB está preparando un taller, al que se podrá asistir solo por invitación, para reunir a líderes en este campo. El taller se concentrará en la forma en que la autofagia afecta las células cancerosas, especialmente su papel al permitir que las células mantengan su homeostasis en todas las etapas de la evolución y el crecimiento del cáncer.

“Las investigaciones sobre la autofagia son una nueva área de interés para la DCB”, dijo la doctora Barbara Spalholz, jefe de la Subdivisión de Biología de la Célula Cancerosa de la DCB. “Esperamos que la interacción en este taller entre los biólogos que estudian las células y el cáncer resalte la importancia de la autofagia en el cáncer, identifique posibles estrategias de prevención y revele nuevas metas terapéuticas”.

Las células normales hacen uso de la autofagia para mantener un equilibrio entre la síntesis y la degradación de proteínas y organelas durante su desarrollo o en momentos de estrés. Las células cancerosas dependen de este proceso también, no solo para sobrevivir en los entornos inhóspitos de un tumor, sino también para evitar los efectos de la quimioterapia y radiación. “Casi todos los tratamientos que existen causan esta reacción” en las células cancerosas, explicó el doctor John Cleveland del Scripps Research Institute en Jupiter, Florida. La activación del proceso de autofagia, continuó, "es un mecanismo intrínseco de supervivencia de la célula en el que se embarcan las células cancerosas para recuperar los componentes básicos esenciales cuando están siendo expuestas a venenos o irradiación".

Una mejor comprensión del papel de la autofagia en el cáncer ha llevado a algunos científicos a investigar si el bloqueo del proceso de autofagia puede llevar a que los tratamientos contra el cáncer sean más eficaces, al eliminar lo que constituye una ruta de escape importante. Este trabajo de investigación está en sus etapas iniciales y en estos últimos años apenas se han comenzado los primeros estudios clínicos sobre autofagia en personas. Pero de tener éxito, los investigadores creen que el proceso puede ser eficaz para tratar muchos tipos de cáncer al ofrecer una forma de erradicar tumores primarios y ayudar a prevenir o eliminar las metástasis. (Con una meta similar, los investigadores están estudiando en forma activa un proceso conocido como glicólisis, que constituye otra fuente de nutrientes de las células cancerosas).

Supervivencia y resistencia

La autofagia es un proceso de captura y transferencia. Comienza con alguna forma de estrés que causa que la célula ponga en marcha su maquinaria de autoconsumo, con la cual un saco de doble membrana, llamado autofagosoma, empieza a engullir componentes viejos o innecesarios, como proteínas y organelas, del citoplasma de la célula. Después, el autofagosoma se fusiona con los lisosomas, otro tipo de estructura con membrana repleta de enzimas digestivas, para formar autofagolisosomas, que degradan los elementos capturados en componentes, como aminoácidos, ácidos grasos y nucleótidos, que serán reutilizados por la célula.

En el Instituto del Cáncer de Nueva Jersey, la doctora Eileen White y sus colegas conforman uno de los grupos líderes de investigación que están tratando de definir más a fondo el papel de la autofagia en el cáncer y determinar si interferir en este proceso puede ser útil en el tratamiento del cáncer. En el 2006, estuvieron entre los primeros grupos en demostrar que las células cancerosas del interior de un tumor tenían niveles elevados de autofagia, y que este “era un mecanismo de supervivencia que las ayudaba en ese entorno hipóxico”, dijo.

En sus investigaciones continuas, el equipo ha encontrado patrones concordantes. “Cuando las células de un tumor se someten a estrés”, explicó la doctora White, “se empiezan a autodigerir, volviéndose cada vez más pequeñas, y en cierto momento dejan de dividirse y se quedan inactivas; básicamente en estado letárgico". Pero tan pronto se remueve el estrés, en tan solo 24 horas las células pueden volver a su comportamiento metabólico normal y empezar a multiplicarse otra vez. “Mientras puedan hacer esto, y evitar ser destruidas por el estrés o los tratamientos, ahí se tiene el problema inherente”, dijo la doctora White.

Una variedad de estudios apoyan la teoría del papel de la autofagia en la resistencia al tratamiento, incluso en la resistencia a terapias dirigidas. Por ejemplo, investigadores españoles reportaron el año pasado, que las células de cáncer de mama HER2-positivo resistentes al trastuzumab (Herceptin) presentaban tasas significativas de actividad elevada de autofagia (con base en los niveles de ciertas proteínas que participan en el proceso de autofagia). El tratamiento de estas mismas células con un inhibidor de autofagia redujo la multiplicación de las células y al añadirse trastuzumab al tratamiento de inhibición de autofagia se restauró la sensibilidad de las células al trastuzumab.

Aunque el proceso de autofagia puede destruir células, en el caso de las células tumorales la capacidad de supervivencia parece ser superior a cualquier propensión que tenga de inducir la muerte, explicó el doctor Ravi Amaravadi del Centro Oncológico Abramson de la Universidad de Pensilvania, quien participa en varios estudios clínicos en etapas iniciales, que están realizando investigaciones sobre la inhibición de la autofagia. Pero advirtió, que con base en lo que se ha observado en estudios de laboratorio, puede haber diferencias significativas en la actividad de autofagia de los diferentes tipos de cáncer, o hasta entre los tumores mismos. Sin embargo, la evidencia disponible sugiere que la autofagia "parece ser un proceso que puede ser importante en muchos cánceres", dijo.

Cuando el doctor Herbert Zeh y sus colegas de los Centros Oncológicos del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh empezaron a investigar la autofagia en el cáncer pancreático, uno de los tipos de cáncer de mayor mortalidad y más resistencia a los tratamientos, comenzaron a observar esta enfermedad desde un punto de vista diferente. “Pensamos que tal vez no sea una enfermedad en que la multiplicación de las células sea incontrolada”, dijo. "¿Qué tal si el problema real es que a las células se les olvidó simplemente cómo morirse de la forma correcta?”. El doctor Zeh es el investigador principal de un estudio clínico de fase I/II que está haciendo pruebas sobre la inhibición de la autofagia en pacientes con cáncer pancreático en estadios II y III.

Al combinar los tratamientos que inhiben la autofagia con las terapias tradicionales dirigidas a células que se dividen rápidamente, se plantea la hipótesis de que las células cancerosas pueden ser inducidas a la apoptosis, la forma más común de suicidio celular. “Es un concepto nuevo porque no estamos simplemente tratando de que las células del tumor se mueran”, dijo el doctor Zeh. “Estamos tratando de asegurarnos de que lo hagan de la forma adecuada”.

En busca de la mejor receta

En una variedad de estudios clínicos que analizan la inhibición de la autofagia se está reclutando en forma activa a pacientes con varios tipos de cáncer como cáncer de mama, colorrectal, mieloma y leucemia linfocítica crónica. Todos los estudios están utilizando un fármaco que ya no está bajo patente llamado hidroxicloroquina, o HCQ, que puede interferir con el proceso de autofagia y se utiliza en la actualidad para tratar varias afecciones como el paludismo o malaria y la fiebre reumatoide. En la mayoría de los estudios, la HCQ se usa en combinación con otras terapias.

Se cree que la HCQ funciona al alterar el nivel de pH interno del lisosoma, explicó la doctora White, con lo que se destruye la capacidad de la vesícula de degradar su contenido y completar el proceso de reciclaje. “No estamos seguros si es el mejor inhibidor de la autofagia, pero ya se está usando en pacientes”, continuó, lo que puede acelerar su desarrollo clínico y demostrar en forma más rápida si la inhibición de la autofagia mejora los resultados en los pacientes.

A principios de este año, en la reunión anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica, se presentaron datos del estudio más grande realizado hasta la fecha sobre la HCQ en pacientes que habían recibido un nuevo diagnóstico de glioblastoma multiforme. En el estudio clínico multitinstitucional de fase I y II, la HCQ se usó en combinación con la temozolomida y la radioterapia. Aunque se observaron algunos efectos tóxicos graves en las pruebas con las dosis más elevadas, el doctor Amaravadi indicó, que con una dosis menor, dichos efectos disminuyeron y se notó una evidencia firme de la inhibición de la autofagia.

Aunque se requiere realizar más investigaciones en muchos aspectos, como para entender mejor la genética de la autofagia e identificar y validar los biomarcadores que en forma consistente miden la magnitud del comportamiento autofágico en una célula, la evidencia actual, considera el doctor Amaravadi, "parece indicar que este fármaco tiene potencial”. Sin embargo, afirmó, todavía no existe en la actualidad ninguna prueba que confirme el beneficio de añadir HCQ a cualquier tratamiento contra el cáncer en espera de mejorar los resultados.

Una variedad de compañías farmacéuticas están investigando los inhibidores de la autofagia, dijo el doctor Cleveland, pero los trabajos están en etapas preliminares. Como meta terapéutica potencial, continuó, la ruta de la autofagia presenta una promesa significativa, pero también tiene sus posibles riesgos. La autofagia, por ejemplo, parece tener la capacidad de prevenir que las células saludables se conviertan en cancerosas, al permitir que degraden los desechos que de otra manera producirían daños en el ADN y harían que las células se volvieran malignas. Y la misma vía también ayuda al sistema inmunitario a reconocer posibles amenazas, por lo que al interrumpir su función, en teoría, se podría inhibir la capacidad del cuerpo de emprender una respuesta inmunitaria contra el cáncer.

“Todavía quedan muchas cosas por conocer sobre la autofagia”, dijo el doctor Cleveland. "Su funcionamiento es diferente dependiendo del contexto... por lo que nuestros estudios se tienen que realizar con mucho cuidado. La toma de decisiones inteligentes sobre la forma de administrar estos fármacos será de vital importancia en este proceso".

Carmen Phillips

Un tratamiento de menor intensidad es eficaz contra el mieloma múltiple

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El tratamiento para pacientes que sufren de mieloma múltiple con una dosis menos intensa de bortezomib (Velcade) redujo los efectos secundarios tóxicos sin reducir la eficacia del mismo, descubrieron investigadores españoles. En el estudio, que se publicó en forma electrónica en la revista The Lancet Oncology del 23 de agosto, se concluyó que la terapia de inducción de menor intensidad con base en el tratamiento con bortezomib, seguido de terapia de mantenimiento, resultó ser “un tratamiento seguro y eficaz para tratar pacientes de edad avanzada recién diagnosticados con mieloma múltiple”.

Aunque el bortezomib ofrece beneficios a muchos pacientes con mieloma múltiple, algunos de los que han recibido este fármaco han manifestado dolor en los nervios, afección conocida como neuropatía periférica. Para evaluar una dosis menos intensa, los investigadores asignaron en forma aleatoria a 260 pacientes a terapia de inducción con bortezomib de baja intensidad en conjunto con melfalán y prednisona (VMP) o bortezomib de baja intensidad con talidomida y prednisona (VTP), seguido hasta por 3 años de una de dos clases de terapia de mantenimiento. En ambos tipos de tratamiento de inducción, el bortezomib se administró una vez por semana después del primer ciclo, en vez de la frecuencia común de dos veces por semana.

Los dos tipos de tratamiento de baja intensidad produjeron tasas de respuesta de más del 80 por ciento. Además, 36 pacientes en el grupo que recibió VTP (28%) y 26 en el grupo al que se administró VMP (20%) presentaron remisión completa. Los tratamientos fueron asociados a menos casos de neuropatía periférica grave (grado 3 o más) y síntomas gastrointestinales que se habían observado en un estudio similar conocido como el estudio VISTA, en el que se usó una dosis más intensa de bortezomib.

“Este es un estudio de gran importancia que tiene efectos inmediatos en la  práctica clínica y brinda respuestas importantes sobre la forma en que sustancias nuevas como el bortezomib se pueden incorporar en forma eficaz en las estrategias generales de tratamiento”, indicó el doctor Vincent Rajkumar de la Clínica Mayo en una nota editorial que acompaña el análisis. “Aunque el estudio se realizó en pacientes que acababan de recibir el diagnóstico, los resultado también pueden ser valiosos en pacientes con recidivas y enfermedades que no responden al tratamiento”, añadió.

El tratamiento “puede servir de base para mejorar y optimizar el tratamiento de pacientes de edad avanzada con mieloma múltiple usando lenalidomida en lugar de talidomida y para reducir los efectos adversos mediante la intervención temprana y la adopción de medidas profilácticas”, concluyeron la doctora María Victoria Mateos del Hospital Universitario de Salamanca y sus colegas.

Cuando el cáncer de ovario retorna años después

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En 1995, cuando desafortunadamente a Susan Lowell Butler se le diagnosticó en forma simultánea cáncer de ovario y cáncer de mama en estadio avanzado a sus 52 años de edad, los médicos comenzaron a hablar sobre su "carga tumoral". Entre toda la jerga médica que escuchó como paciente, esta frase se le quedó en la mente. “Me quedé pensando que la ‘carga tumoral' era como un morral que cargaba en mi espalda", recuerda. Sin embargo, esos médicos pudieron quitarle esa carga de encima y eliminar los tumores, y de paso, durante el proceso, ella aprendió más de lo que hubiese querido saber sobre lo que significa ser una paciente con cáncer.

Al salir victoriosa de los tratamientos, Butler se valió de los conocimientos adquiridos para ayudar a las mujeres con cáncer de ovario. Ella es la cofundadora de la Alianza Nacional contra el Cáncer de Ovario, una organización que lucha por los intereses de las pacientes con cáncer, y ha prestado consultoría en muchas juntas asesoras del NCI y los NIH. Cuando el año pasado, el Presidente Obama visitó el campus de los NIH, Butler estuvo allí como la persona que le dio la bienvenida oficial.

Pero desafortunadamente, su cáncer de ovario retornó, como ocurre con frecuencia con esta enfermedad. Hace 2 años, durante una colonoscopia de rutina, los médicos descubrieron un tumor que recubría su colon. "La recidiva es la regla en el cáncer de ovario", dijo Butler. “Las curas son la excepción".

No obstante, sus opciones de tratamiento han cambiado desde su diagnóstico inicial. En 1995 se inscribió en un estudio clínico patrocinado por el NCI que estaba haciendo pruebas sobre tres tipos de quimioterapia. "La idea de este intenso estudio clínico era que al eliminar las células cancerosas con varios métodos distintos se le podía dar a las participantes una mejor posibilidad de supervivencia", dijo Butler.

Vivir más tiempo

En la actualidad, los estudios clínicos están con mayor frecuencia evaluando fármacos que actúan sobre cambios específicos en las células cancerosas. Butler indicó que se están haciendo pruebas en los tejidos de su tumor para tratar de conseguir el fármaco más adecuado. Otro cambio que ha ocurrido en la última década es la introducción de más recursos para controlar los efectos secundarios del tratamiento, lo cual ha mejorado la calidad de vida de muchas pacientes.

“Desde que me diagnosticaron cáncer por primera vez, se han obtenido nuevos medicamentos que han permitido que muchas mujeres con esta enfermedad vivan mucho más tiempo de lo que vivían en los años noventa", dijo Butler. Al mismo tiempo, se cuenta con medicamentos que pueden reducir o eliminar las náuseas y otros efectos secundarios y que además están cubiertos por la mayoría de los seguros de salud, añadió.

“Quince años después de que Susan Butler recibiera su diagnóstico, el progreso en cuanto a las investigaciones sobre el cáncer de ovario ha sido astronómico", dijo la doctora Elise Kohn del  Centro para la Investigación del Cáncer del NCI, quien fue colíder del ensayo clínico que ayudó a Butler en 1995. “La cantidad de investigadores en este campo se ha incrementado en gran proporción, y se cuenta con más financiamiento, lo cual ha mejorado la calidad de vida de nuestras pacientes y aumentado los años que viven”.

El reto actual, continuó la doctora Kohn, es identificar las terapias dirigidas más prometedoras y aprender a usarlas. Se necesitan marcadores biológicos para identificar las pacientes que se puedan beneficiar de un tratamiento específico de aquellas que no deben gastar tiempo y dinero para someterse a tratamientos que tienen muy pocas posibilidades de ayudarlas.

“Toda la comunidad en este campo de investigación está muy interesada en las terapias dirigidas” estuvo de acuerdo la doctora Deborah Armstrong, una investigadora de cáncer de ovario del Centro Oncológico Integral Sidney Kimmel de la Universidad Johns Hopkins. “Para todos los cánceres, los mayores avances se han obtenido con terapias dirigidas, y a menos de que se obtenga una nueva familia de fármacos para quimioterapia, no creo que vamos a poder cambiar este rumbo”.

Genomas del cáncer

Por supuesto que para crear fármacos de acción dirigida los investigadores necesitan entender los cambios genéticos de la enfermedad, y esta información continúa obteniéndose en los laboratorios. En los próximos meses, los investigadores que participan en el proyecto del Atlas del Genoma del Cáncer prevén publicar un análisis genómico de cientos de tumores ováricos, así como la información de salud relacionada que se obtuvo de las personas a las que se les extrajeron los tumores.

Mientras tanto, los fármacos que actúan sobre varias vías se muestran prometedores en informes recientes de estudios clínicos. La vía del factor de crecimiento del endotelio vascular o FCEV, por ejemplo, cumple un papel en la multiplicación y supervivencia al cáncer de ovario. Se están evaluando los fármacos anti-FCEV, como el bevacizumab (Avastin), en forma individual y en combinación con la quimioterapia con algunos resultados alentadores.

Otro enfoque ha sido concentrarse en las vías involucradas en la reparación del ADN dañado. Algunos cánceres de ovario presentan mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2, que cumplen un papel en la reparación del ADN. Los fármacos que actúan sobre los efectos de estos cambios, llamados inhibidores de PARP, han dado resultados positivos en estudios clínicos.

“Los inhibidores PARP claramente tienen un efecto en los tumores que ocasionan mutaciones hereditarias en los genes BRCA”, dijo la doctora Armstrong. “Sin embargo, parece que estos fármacos también pueden funcionar en pacientes con cánceres de ovario no hereditarios (esporádicos), lo cual es bastante alentador". También existe cierto interés en los fármacos que actúan sobre los receptores de folato, indicó.

Detección temprana

En esta enfermedad que por lo general se diagnostica en estadios tardíos, la detección temprana constituye una prioridad para los investigadores. Pero aunque al recibir el diagnóstico muchas mujeres ya presentan cáncer en otras partes del cuerpo, además de los ovarios, los médicos todavía pueden hacer que la gran mayoría de las pacientes entren en remisión, anotó la doctora Armstrong.

“Estamos tratando de comprender los cambios iniciales de la enfermedad que nos llevarán a la detección temprana", dijo la doctora Kohn. “Quisiéramos alcanzar el punto en que está el cáncer de mama, es decir que podamos detectar la enfermedad a través de técnicas como las mamografías o las imágenes de resonancia magnética”.

La razón por la cual la enfermedad retorna no se conoce bien. Una teoría es que las células con propiedades de células madre, las llamadas células madre del cáncer, pueden resistir los tratamientos estándar y posteriormente dar origen a nuevos tumores. Esta hipótesis se está comprobando en varios tipos de cánceres.

En otro campo nuevo, los investigadores han identificado cambios en la forma en que se procesa el ARN en las células del cáncer de ovario en comparación con las células normales. Estos cambios pueden estar asociados a resultados en pacientes con cáncer de ovario reportaron recientemente investigadores del Centro Oncológico M.D. Anderson de la Universidad de Texas. “Seguimos progresando en forma sustancial en los conocimientos sobre la regulación de la maquinaria que utilizan las células para procesar el ARN", indicó el doctor Anil Sood, quien dirigió el estudio.

El camino a seguir

“Esta enfermedad está demostrando ser un cáncer muy complejo” dijo Butler, quien dirige en la actualidad el Consorcio del Cáncer en el Distrito de Columbia. “Todos los cánceres son complejos, pero este es particularmente malévolo”. Ella argumenta que, para avanzar en los conocimientos sobre esta enfermedad, además de realizar más investigaciones, es crítica la participación de las pacientes en estudios clínicos.

 “Si queremos progresar con las investigaciones tenemos que aumentar entonces la participación en los estudios clínicos", dijo. "De otra forma no se sabrá la eficacia de lo que se está estudiando y no se obtendrán los medicamentos. Es así de sencillo".

El argumento de Butler es también algo personal. "Si no hubiera encontrado el camino hacia ese estudio clínico hace 15 años", dijo, "No estaría hoy día hablando con ustedes".

—Edward R. Winstead

La quimioterapia afecta la estructura cerebral de pacientes con cáncer de mama

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Un nuevo estudio ha brindado algunas de las evidencias directas más sólidas hasta la fecha de que la quimioterapia tiene efectos físicos en áreas del cerebro que, al ser alteradas, podrían causar una variedad de síntomas cognitivos que a menudo se conocen como “quimiocerebro”. El estudio fue publicado en línea el 6 de agosto en la revista científica Breast Cancer Research and Treatment.

En un estudio pequeño de mujeres con cáncer de mama, los investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana usaron imágenes de resonancia magnética (IRM) para mostrar que la quimioterapia estaba asociada a una disminución de la densidad de la materia gris del cerebro. Entre las áreas afectadas se encuentran las que tienen que ver con la memoria y la capacidad para procesar información. Aunque otros estudios han mostrado cambios similares en estas áreas del cerebro, este fue el primer estudio que hizo seguimiento en forma prospectiva a mujeres y comparó las imágenes de resonancia magnética antes y después de la quimioterapia.
 
“Los cambios observados en la densidad de la materia gris en el grupo sometido a quimioterapia concuerdan con el patrón de afecciones y deterioros cognitivos que se ha notado en estudios neurocognitivos”, indicaron el doctor Andrew J. Saykin y sus colegas.

El estudio incluyó 17 mujeres con cáncer de mama que se sometieron a quimioterapia después de la cirugía, 12 mujeres con cáncer de mama que no recibieron quimioterapia después de la cirugía y un grupo de control de 18 mujeres saludables. Las imágenes de resonancia magnética iniciales, realizadas poco después de la cirugía en las participantes con cáncer, no mostraron diferencias notables en la densidad de la materia gris en los tres grupos. Sin embargo, un mes después de completar la quimioterapia, las imágenes de resonancia magnética revelaron disminuciones significativas en la densidad de la materia gris en las mujeres con cáncer de mama, así como  cambios en la densidad de la materia gris en las mujeres que se sometieron a cirugía solamente, aunque los cambios en estas mujeres no fueron considerables. No se observaron cambios en las mujeres del grupo de control. Después de 1 año, las mujeres que recibieron quimioterapia, habían recuperado la materia gris perdida en algunas regiones, pero en otras persistía el déficit.

La forma precisa en que la quimioterapia ocasiona estos cambios no está clara, dijo la doctora Brenna McDonald, coautora del estudio. “Sin embargo, el hallazgo de que los cambios parecen resolverse hasta cierto grado en forma natural durante el primer año luego de completar la quimioterapia es muy positivo”, escribió en un correo electrónico. Debido a que el estudio de seguimiento fue limitado, continuó, no está claro el grado de recuperación que puede ocurrir en forma natural. Varios estudios han indicado que dichos efectos cognitivos pueden persistir por muchos años, añadió. Otros estudios están investigando si otros tratamientos, como el de tamoxifeno, pueden tener efectos similares en la estructura cerebral.

Para obtener información adicional sobre este tema, consulte: “Profundicemos sobre los posibles mecanismos que inducen al quimiocerebro” (en inglés).

La hospitalización de pacientes terminales puede disminuir su calidad de vida y afectar la salud mental de quienes los cuidan

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Las personas a cargo del cuidado de pacientes en fase terminal que murieron en hospitales o unidades de cuidados intensivos (UCI) tienen un riesgo mayor de sufrir trastornos psiquiátricos en comparación con las personas que cuidaron de pacientes que murieron en sus hogares, indica un estudio publicado el 13 de septiembre en el Journal of Clinical Oncology.

El estudio prospectivo de 333 pacientes que estaban muriendo de cáncer y las personas a cargo de su cuidado más cercanas a ellos fue dirigido por el doctor Alexi A. Wright y sus colegas del Instituto Oncológico Dana-Farber, la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard y el Hospital Brigham and Women’s. Este estudio se diseñó principalmente para determinar si el lugar de fallecimiento de los pacientes con cáncer estaba asociado a la calidad de vida que tuvo la persona antes de morir, y también para saber si estaba relacionado con que las personas a cargo de su cuidado tuvieran un mayor riesgo de sufrir trastornos psicológicos relacionados con esta penosa situación.

Los investigadores reportaron que las personas a cargo de pacientes que murieron en las UCI tuvieron un riesgo mayor de sufrir trastorno por tensión postraumática (TEPT) en comparación con las que brindaron cuidados paliativos a los pacientes en sus hogares: 21,1 por ciento frente a 4,4 por ciento. “A nuestro saber, este es el primer estudio que muestra que las personas a cargo de pacientes que mueren en unidades de cuidado intensivo tienen un riesgo más alto de sufrir TEPT”, anotaron los investigadores. Además, las personas a cargo de pacientes que murieron en un hospital tenían más posibilidades de sufrir trastornos más prolongados por su aflicción: 21,6 por ciento frente a 5,2 por ciento en las personas que cuidaron de pacientes que fallecieron cuando recibían cuidados paliativos en el hogar.

La calidad de vida de los pacientes se evaluó mediante la información que suministraron las personas que los cuidaron durante las 2 semanas previas a su muerte. Los informes de las personas que cuidaron de los pacientes que fallecieron en una UCI o en un hospital indicaron que ellos sufrieron más angustia emocional y física y su calidad de vida fue menor antes de morir, en comparación con los informes de los encargados del cuidado de pacientes que fallecieron en sus hogares.

Algo inesperado fue el hallazgo de los investigadores de que morir en casa estuvo asociado a resultados que indicaban una mejor calidad de vida en comparación con los pacientes que murieron en un hospital, sin tener en cuenta si los pacientes habían recibido cuidados paliativos en el hogar.

“Se requiere realizar más investigaciones en el futuro para determinar la razón por la cual fallecer en el hogar resulta en una mejor calidad de vida para los pacientes, pero suponemos que se deberá a las diferencias en el tipo de cuidados brindados”, escribieron los investigadores. “La atención hospitalaria, y en especial la de las unidades de cuidados intensivos, se concentra con frecuencia en mantener al paciente vivo a toda costa, mientras que en las personas que fallecen en casa la atención se concentra en mantener la calidad de vida y controlar los síntomas de la enfermedad”.

Los fallecimientos en el hogar también podrían ayudar a que las personas encargadas del cuidado de los pacientes no resulten tan afectadas, al brindarles una oportunidad de acostumbrarse a la idea de la cercanía de la pérdida del familiar y de recibir el apoyo de su comunidad en un entorno familiar para ellos, indicaron los investigadores.

Combinación de vacuna terapéutica y tratamiento antiandrógeno para tratar el cáncer de próstata

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Nombre del estudio
Terapia de vacuna con PROSTVAC/TRICOM y flutamida frente a terapia únicamente con flutamida para el tratamiento contra el cáncer de próstata (NCI-07-C-0107). Consulte el resumen del protocolo (en inglés).

Investigador principal
Dr. Ravi A. Madan, Centro para la Investigación del Cáncer del Instituto Nacional del Cáncer.

¿Por qué es importante este estudio clínico?
Los hombres con cáncer de próstata que muestran signos de enfermedad evolutiva, como niveles elevados del antígeno prostático específico (APE) en la sangre, después de la cirugía o radioterapia pueden someterse a otro tipo de tratamiento llamado privación de andrógenos. En este tratamiento el paciente se somete a castración física o química para bloquear la producción de testosterona, una hormona sexual masculina que con frecuencia contribuye al avance del cáncer de próstata. Algunos hombres, después de someterse a este tratamiento, pueden seguir presentando niveles elevados de APE pero no muestran evidencias de enfermedad metastásica en las exploraciones por procedimientos de imaginología. Se dice que estos pacientes tienen cáncer de próstata no mestastásico resistente a la castración (también llamado enfermedad en estadio D0.5). En la actualidad, no se cuenta con un estándar de atención para hombres en este estadio de cáncer de próstata.

Un estudio reciente realizado por investigadores del NCI indicó que la combinación de una vacuna terapéutica contra el cáncer de próstata, que actúa sobre la proteína APE, con un fármaco antiandrógeno, que bloquea la unión de la testosterona a los receptores andrógenos en las células cancerosas, puede ayudar a retrasar la evolución de la enfermedad en estos hombres. Los fármacos antiandrógenos pueden complementar la terapia con privación de andrógenos al prevenir que la testosterona restante en el organismo ayude a que las células del cáncer de próstata se multipliquen.

En este estudio clínico, los hombres con cáncer de próstata no mestastásico resistente a la castración que se están sometiendo a la terapia de privación de andrógenos se asignarán en forma aleatoria a tratamiento antiandrógeno con el fármaco flutamida, aprobado por la FDA, con o sin la vacuna PROSTVAC/PSA-TRICOM, que actúa contra el APE. Los hombres que participen en el estudio tomarán pastillas de flutamida tres veces al día y posiblemente recibirán la vacuna en forma subcutánea una vez al mes hasta determinar la evolución de la enfermedad. Los médicos estarán atentos a signos que indiquen la progresión del cáncer en estos hombres.

“Esperamos poder atacar el cáncer de próstata tanto a nivel hormonal, mediante el bloqueo de los andrógenos con la flutamida, como a nivel inmunitario con la vacuna. Creemos que la vacuna puede ser capaz de ‘despertar’ al sistema inmunitario para que ataque y destruya las células del cáncer de próstata", dijo el doctor Madan. “Existe algo de evidencia preclínica que parece indicar que si se disminuyen los niveles de testosterona y luego se aplica la vacuna se puede mejorar la respuesta inmunitaria.

"La vacuna por sí sola no causa efectos secundarios significativos", añadió el doctor Madan. "La flutamida tiene algunos efectos secundarios que son familiares para los pacientes que se han sometido a terapias para disminuir los niveles de testosterona, pero el efecto secundario principal que observamos al aplicar la vacuna es irritación en el sitio de la inyección y en algunos hombres una fiebre leve que por lo general desaparece por sí sola”.

Para obtener más información
Consulte las listas de los criterios para participar y la información de contacto del estudio clínico o llame al Servicio de información sobre el Cáncer del NCI al 1-800-4-CANCER  1-800-4-CANCER (1-800-422-6237). La llamada es gratuita y confidencial.

Inscripciones abiertas para Foro de Inversionistas SBIR del NCI del 2010

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El Centro de Desarrollo a cargo del programa Investigación para la Innovación en la Pequeña Empresa (SBIR) del Instituto Nacional del Cáncer será anfitrión del Foro de Inversionistas SBIR del NCI año 2010, que tendrá lugar el 9 de noviembre en el plantel de ex alumnos de la Universidad de Stanford, en Stanford, California. Este evento está diseñado para vincular a inversionistas y socios estratégicos con las principales compañías financiadas por el SBIR dedicadas a los adelantos en la investigación de terapias y tecnologías oncológicas destinadas a la comercialización.

El foro aprovechará el éxito del evento inaugural del año pasado, el cual reunió a 200 inversionistas líderes y representantes de compañías farmacéuticas y de dispositivos médicos. La edición de este año ofrecerá sesiones simultáneas privadas; oportunidades para reunirse con el personal del Centro de Desarrollo SBIR del NCI para abordar nuevas tecnologías y oportunidades de inversión; y tiempo para interactuar con líderes en los campos de la investigación del cáncer, inversiones, ciencias biológicas e industrias de tecnología biomédica.

La inscripción es gratuita pero el cupo es limitado. Más información disponible en forma electrónica.

Comité federal en EE. UU. establecerá agenda de investigación para el cáncer de mama

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Un comité asesor recientemente formado elaborará y coordinará una agenda estratégica federal sobre factores genéticos y ambientales relacionados con el cáncer de mama en los Estados Unidos. El Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS), en colaboración con el NCI, estableció el Comité Coordinador Interagencial sobre Investigación Ambiental y Cáncer de Mama (IBCERCC). Dicho organismo elaborará un análisis de todos los esfuerzos de investigación sobre el cáncer de mama realizados o patrocinados por agencias federales.

El comité proporcionará recomendaciones a la Secretaria del Departamento de Salud y Servicios Humanos, al director de los Institutos Nacionales de la Salud y a los directores de otras agencias federales, con el fin de mejorar los programas de investigación relacionados con el cáncer de mama. Además, el IBCERCC creará un plan global para ampliar las oportunidades de investigación colaborativa y multidisciplinaria y formará un compendio de los avances en los estudios federales sobre esta enfermedad.

El IBCERCC está integrado por 19 miembros con capacidad de voto, entre los que figuran representantes de agencias federales; científicos que no trabajan con el gobierno federal, médicos y otros profesionales de la salud en las áreas de ciencias médicas, ciencias básicas y salud pública así como promotores de la investigación del cáncer de mama. La lista de los miembros del comité se encuentra disponible en forma electrónica.

La primera reunión del IBCERCC tuvo lugar del 30 de septiembre al 1o. de octubre en el área de Washington, DC.