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  • Publicación: 12 de octubre de 2010

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Hombres con bajos niveles de APE podrían no beneficiarse de pruebas adicionales de detección del cáncer de próstata

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También en las revistas científicas: niveles de APE y pruebas de detección de cáncer de próstata

A partir de un estudio en hombres suecos que donaron muestras de sangre a los 60 años de edad y que fueron objeto de seguimiento durante 25 años, un equipo de investigadores descubrió que la concentración del antígeno prostático específico (APE) en la sangre a esa edad estuvo asociada a un riesgo de cáncer de próstata tardío, potencialmente mortal. Pese a que los hombres con una concentración menor a la mediana (≤1 ng/mL) podrían tener cáncer de próstata, este cáncer probablemente no sería mortal. “A estos hombres se les podría eximir de pruebas de detección adicionales, para concentrarnos en los hombres con concentraciones más altas”, indicaron el doctor Hans Lilja y sus colegas del Centro Oncológico Memorial Sloan-Kettering, en un informe publicado en la edición electrónica del 15 de septiembre de la revista British Medical Journal (BMJ).

En un segundo informe, publicado también en BMJ, se analizaron los datos de seis estudios clínicos aleatorios que incluyeron a más de 380.000 hombres, para evaluar los beneficios y perjuicios de las pruebas de detección del cáncer de próstata. El análisis no dio su espaldarazo a la utilización rutinaria de estudios de APE con o sin examen digital del recto. “Las pruebas de detección llevan a un incremento en los diagnósticos de cáncer de próstata en estadios tempranos, lo cual no parece traducirse en un beneficio en las tasas globales de supervivencia y de supervivencia específica al cáncer de próstata”, concluyeron el doctor Philipp Dahm y sus colegas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Florida en Gainesville, Florida.

Estas investigaciones, en conjunto con el estudio observacional de van Leeuwen y sus colegas publicado en la revista Cancer, en el que se mostró un bajo riesgo de mortalidad por cáncer de próstata en los hombres de 55 a 74 años de edad con niveles de APE de 0,0-1,9ng/mL, muestran un cúmulo de evidencias de que resulta posible identificar a un grupo que enfrenta un riesgo muy bajo de muerte por cáncer de próstata, señalaron los expertos de la División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población del NCI.

Los hombres de 55 a 74 años de edad que tienen bajos niveles de antígeno prostático específico (APE) en la sangre puede que no se beneficien de las pruebas de detección o los tratamientos adicionales para el cáncer de próstata, de acuerdo con un estudio dirigido por el doctor Pim van Leeuwen, del Centro Médico de la Universidad de Erasmus, en Holanda. Los resultados del estudio fueron publicados el 13 de septiembre pasado en la edición electrónica de la revista Cancer.

Para comprender mejor la proporción entre el beneficio y el daño potencial de las pruebas de detección del APE (en inglés: PSA), los investigadores compararon la incidencia y la mortalidad por cáncer de próstata en 42.503 hombres en Irlanda del Norte, a los que no se les realizaron pruebas de detección, con la incidencia y mortalidad en 43.987 participantes del Estudio Europeo Aleatorizado sobre la Detección del Cáncer de Próstata (ERSPC), un estudio realizado en el 2009 en el que se indicó que las pruebas del APE podrían reducir las muertes por cáncer de próstata en un 20 por ciento. (Los investigadores no pudieron comparar los niveles de APE entre los grupos de hombres sometidos a pruebas de detección y los participantes del grupo de control del estudio ERSPC porque no se tomaron los valores iniciales de los niveles de APE en la cohorte de control).

Los hombres de ambos grupos fueron divididos en cuatro categorías de acuerdo a los valores iniciales de APE (0,0 a 1,9 ng/mL; 2,0 a 3,9 ng/mL; 4,0 a 9,9 ng/mL; y 10,0 a 19,9 ng/mL) y se les hizo seguimiento durante un promedio aproximado de 9 años. Los hombres con niveles de APE de 20 ng/mL o más fueron excluidos del estudio.

En el grupo de hombres de Irlanda del Norte que no recibieron pruebas de detección, 236 murieron por cáncer de próstata durante el periodo de seguimiento, frente a 109 en el grupo del ERSPC. Esto se tradujo en una reducción relativa de 20 por ciento en la mortalidad específica por cáncer de próstata en hombres que se hicieron pruebas de detección, después de ajustar por edad y valores iniciales de APE, un hallazgo similar al que se reportó anteriormente utilizando solo datos del ERSPC. Sin embargo, la reducción no se distribuyó de manera uniforme entre las cuatro categorías.

“Se observó una diferencia insignificante en el riesgo acumulado de muerte por cáncer de próstata en los hombres con APE  de menos de 3,9 ng/mL al inicio del estudio”, declararon los autores. El número de hombres que necesitarían de tratamiento para prevenir una muerte por cáncer de próstata osciló entre 60, en la categoría con los valores iniciales más altos (10,0 a 19,9 ng/mL), y 725, en la de los valores menores (0,0-1,9 ng/mL).

Los autores explicaron que el estudio tuvo varias limitaciones, entre ellas, el no haberse hecho una distribución al azar entre los dos grupos estudiados, una gran diferencia en la mortalidad por todas las causas entre los grupos que podría contribuir a sesgos en los resultados y el hecho de que los hombres de ambos grupos podrían haber recibido distintos tratamientos para el cáncer de próstata.

Otra limitación fue que no se contó con información sobre el motivo de los análisis de los valores iniciales del APE en los hombres de Irlanda del Norte. Sin embargo, las evidencias disponibles indican que menos del 20 por ciento de las pruebas de APE en este grupo se hicieron en hombres asintomáticos, mientras que en el estudio ERSPC se presupone que casi todos los hombres a los que se les tomaron los valores iniciales de APE eran asintomáticos, explicó el doctor Eric J. (Rocky) Feuer, jefe de la Unidad de Investigación y Aplicaciones Estadísticas  de la División de Control del Cáncer y Ciencias de la Población del NCI.

“Los autores indican que todavía no se sabe si se pueden comparar los hombres con una edad y un nivel de APE específicos de un grupo al que se le hizo las pruebas de detección con los hombres de las mismas características en una población clínica seleccionada”, apuntó. “Es difícil saber en qué medida estos posibles sesgos habrían afectado los resultados generales del estudio”.

Los investigadores del Centro Médico de la Universidad de Erasmus subrayaron que es necesario hacer un seguimiento más largo antes de elaborar recomendaciones clínicas.