In English | En español
¿Prequntas sobre el cáncer?

Planificación de los cuidados de transición (PDQ®)

Versión Profesional De Salud
Actualizado: 24 de abril de 2014

Definición(es)

Los cuidados de transición se definen como aquellos que facilitan el paso de un estadio de una enfermedad a otro o de un lugar de tratamiento a otro. Por ejemplo, a medida que la enfermedad evoluciona, el paciente puede pasar por fases de la enfermedad que requieren un énfasis diferente en las metas de tratamiento y, consecuentemente, en la naturaleza de los cuidados médicos suministrados en sí. El individuo podría tener una enfermedad en la que un tratamiento curativo resulta factible; en ese caso la terapia puede enfocarse en ese sentido. En otro caso, otro estadio del cáncer podría en cambio responder mejor a un enfoque paliativo intenso. En muchos casos el objetivo es conseguir un equilibrio entre los dos, lo curativo y lo paliativo. Cada vez más individuos pasan también por transiciones difíciles al ir de la enfermedad a la salud. La transición también ocurre al cambiar de un tipo de tratamiento a otro, por ejemplo, de cuidado intensivo en un centro médico a cuidado no tan intensivo, un hogar para ancianos, un centro de rehabilitación, atención a domicilio o un centro de cuidados paliativos. Al proceso de planificación para estas transiciones se le denomina con frecuencia planificación post-alta, puesto que implica el dar de alta de una institución para transferirse a otra. Las transiciones podrían llevarse a cabo en un entorno ambulatorio cuando el paciente ya no se beneficia del tratamiento dirigido al tumor y se beneficiaría más de un derivado a un hospicio o centro de cuidados paliativos realizado directamente por el personal a cargo de pacientes ambulatorios. No obstante, la planificación post-alta se debe fundamentar en el concepto de continuidad de los cuidados, de lo contrario estos se volverán fragmentados. El lugar donde se llevan a cabo los cuidados médicos lo dicta tanto el estadio de la enfermedad o los factores de comorbilidad relacionados que complican el tratamiento oncológico, así como los valores del paciente o familiares y los objetivos de los cuidados, los factores fiscales u otros aspectos relacionados con el acceso a la atención médica. Todas las transiciones requieren cierto grado de cambio, y los cambios, ya sean positivos o negativos, generan tensión en el paciente, la familia y el personal médico. Por ello, se deben desarrollar protocolos de cuidado de transición con el objetivo de reducir la tensión al mínimo y asegurar un buen cuidado para el paciente.

Para lograr que los cuidados de transición sean óptimo y tengan éxito, se deberá mantener una relación completamente integrada entre los cuidados internos y los cuidados ambulatorios. Los cuidados ambulatorios ampliamente definidos incluyen la atención domiciliaria, en unidades o centros de rehabilitación, centros de enfermería especializados, en hogares para ancianos y centros de cuidados paliativos. La planificación post-alta puede mejorarse mediante un enfoque de coordinación de los sistemas, según el cual se puede contar con una enfermera o trabajador social que sirva de intermediario entre el hospital, las compañías de atención domiciliaria más importantes, los centros de rehabilitación, los hogares para ancianos y otras fuentes de atención médica.[1] Es de suma importancia que exista un coordinador de todos los profesionales de la salud, al igual que la comunicación entre los mismos. Con frecuencia es el paciente mismo o uno de sus familiares quien asume la función de transmitir la información de un profesional del equipo a otro; pero a medida que la enfermedad se convierte en una carga y se torna más compleja, se hace más necesaria la formalización de un mecanismo definido y claro para todos los miembros del equipo. El sostenimiento de estos servicios integrados deberá fundamentarse en un modelo biopsicosocial, en el que se asuma que la enfermedad no es solamente un fenómeno biológico, sino también psicológico y social.[2] Además, y más importante aún, este modelo debe sostener las transiciones a través de las variadas etapas de cuidado y enfoques de tratamiento.

Para complementar los esfuerzos del médico en el inicio de la planificación de la estrategia médica a seguir, se deben realizar evaluaciones biopsicosociales completas de rutina, realizadas por un miembro debidamente adiestrado del equipo de atención médica, preferiblemente un trabajador social médico o una enfermera clínica. Para evaluar las metas de los cuidados en general, es de suma importancia que el médico a cargo del tratamiento conozca la necesidad de guiar al paciente a través de las diferentes opciones de cuidados con base en el equilibrio entre el estatus de la enfermedad, las posibilidades de tratamiento, estatus funcional, las metas del paciente y sus familiares, y su interpretación de los parámetros que implican calidad de vida. Idealmente, esta valoración se deberá realizar en el momento de admisión en cualquier centro de atención hospitalaria y en momentos críticos durante el curso de la enfermedad, incluyendo el diagnóstico, la finalización de un protocolo de tratamiento curativo, las recaídas y la fase terminal. Es esencial que esta valoración se lleve a cabo de manera rutinaria, ya que en el transcurso de la enfermedad ocurrirán muchos cambios en los objetivos del tratamiento tanto del paciente como de su familia, y en el deseo y la capacidad de los familiares para cuidar del paciente. Las revalorizaciones son esenciales para el éxito de la atención domiciliaria, el cumplimiento de las recomendaciones del médico y el manejo de la tensión.[3] Las reevaluaciones rutinarias del estado biopsicosocial del paciente y de su familia deberán formar parte del proceso de tratamiento tanto en los cuidados hospitalarios como en los ambulatorios.

Bibliografía
  1. Wolfe LC: A model system. Integration of services for cancer treatment. Cancer 72 (11 Suppl): 3525-30, 1993.  [PUBMED Abstract]

  2. McDaniel S, Hepworth J, Dogerty W: A new prescription for family health care. Family Therapy Networker 17 (1): 18-29, 1993. 

  3. Beck-Friis B, Strang P: The organization of hospital-based home care for terminally ill cancer patients: the Motala model. Palliat Med 7 (2): 93-100, 1993.  [PUBMED Abstract]