Evaluación, diagnóstico y vigilancia
Se debe considerar el diagnóstico de delirio en todo paciente de cáncer en el que se manifiesta de manera aguda un comienzo de agitación o comportamiento no cooperativo, cambio en la personalidad, funcionamiento cognitivo afectado, grado de atención modificado, grado fluctuante de conciencia, ansiedad o depresión inusitadas. No obstante, los diagnósticos del delirio y la alteración cognitiva suelen, con frecuencia, ignorarse y documentarse de manera deficiente.[1-5]
El personal médico y de enfermería así como los miembros de la familia pueden atribuir una causa funcional a algunos de los signos tempranos, prodrómicos y más sutiles del delirio como ansiedad incrementada, agitación e inestabilidad emocional.[6] La incapacidad de reconocer el delirio es posible especialmente ante un paciente en una fase lúcida transitoria, que se presenta de forma habitual como parte de la naturaleza fluctuante del delirio.[7] Con frecuencia el delirio se diagnostica incorrectamente como depresión o demencia.[7-10] El subtipo hipoactivo se considera particularmente susceptible de diagnóstico incorrecto como depresión.[7]
La diferenciación entre el delirio y la demencia o el reconocimiento del delirio superpuesto a la demencia puede ser difícil en vista de algunas características clínicas compartidas como desorientación y alteración de la memoria, el pensamiento y el juicio.[11-13] Sin embargo, la demencia generalmente se manifiesta en personas relativamente alerta; el trastorno de conciencia no es una característica común. La aparición temporal de síntomas de delirio es aguda (horas o días), no insidiosa (meses o años) como en la demencia.[14] En pacientes de cáncer de edad avanzada, el delirio está generalmente superpuesto a la demencia, con lo cual se presenta un reto especialmente difícil para el diagnóstico. En esta situación, el diagnóstico se puede tornar más evidente cuando el delirio no se revierte o cuando persisten algunas de sus características, en particular, la alteración cognitiva. En tal caso, la demencia suele ser la explicación más probable para un déficit cognitivo persistente o residual.[14]
La vigilancia por parte del personal de enfermería y un enfoque sistemático de registro de las observaciones seriales contribuyen a la detección del delirio. El examen cognitivo regular facilita el diagnóstico del delirio en pacientes de cáncer.[15] Los instrumentos como el Miniexamen del Estado Mental (Mini-Mental State Examination [MMSE]), la Prueba de Orientación, Memoria y Concentración de Blessed (Blessed Orientation Memory and Concentration Test [BOMC]) y el Método para la Evaluación de la Confusión (Confusion Assessment Method [CAM]) tienen propiedades psicométricas favorables y son lo suficientemente cortos para permitir su práctica repetida en pacientes de cáncer.[16-18] La BOMC y el MMSE analizan la discapacidad cognitiva y requieren la participación activa del paciente en la evaluación. La Escala de Confusión de Cabecera (Bedside Confusion Scale) también requiere de la participación activa del paciente; sin embargo, es notoriamente corta y su potencial sicométrico como instrumento de evaluación se compara favorablemente con el CAM.[19] Este último no necesita la participación formal del paciente. La Escala de Valoración del Delirio del Memorial (Memorial Delirium Assessment Scale [MDAS]) y la Escala del Cociente de Delirio Revisión 98 (Delirium Rating Scale-Revised-98) se han validado como herramientas con potencial de diagnóstico y determinación de la gravedad.[20,21] La MDAS permite prorratear los puntajes cuando el paciente no puede participar activamente en la prueba por razones como disnea o fatiga.
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