¿Prequntas sobre el cáncer?

Fumar durante el tratamiento de cáncer (PDQ®)

Versión para profesionales de salud

Respuesta más precaria al tratamiento en los pacientes de cáncer

Hay datos probatorios que otorgan una ventaja médica sustancial a la persona que deja de fumar una vez que se diagnostica el cáncer. Hay pruebas fehacientes de que seguir fumando puede reducir la eficacia de tratamiento y aumentar la probabilidad de un cáncer secundario. (Para mayor información, consultar la sección de este sumario sobre El hábito de fumar como factor de riesgo de una segunda neoplasia.) El hábito de fumar continuo también puede empeorar los efectos secundarios del tratamiento,[1] a pesar de que las pruebas directas relacionadas con el tema son sorprendentemente limitadas debido a la escasez de estudios de evaluación sobre el mismo.

Si se extrapola la extensa cantidad de pruebas sobre los efectos del hábito de fumar en la enfermedad cardiovascular, el funcionamiento pulmonar, la inmunodepresión y la cicatrización debidos a la vasoconstricción y la reducción relativamente rápida de algunos de los efectos posteriores al cese del hábito de fumar,[2,3] estos resultados también se podrían aplicar a los pacientes de cáncer, particularmente si se incluye el manejo quirúrgico o el funcionamiento de los pulmones. Por ejemplo, un estudio describió un modelo de toxicidades cardiopulmonares en respuesta a varios tratamientos antineoplásicos que se pueden potenciar por el uso del tabaco. Más específicamente, los fumadores en tratamiento con bleomicina o carmustina, mostraron índices más altos de fibrosis pulmonar y enfermedad restrictiva del pulmón y las antraciclinas condujeron a un riesgo mayor de miocardiopatías en los fumadores.[4]

En un estudio con pacientes de cáncer avanzado de cabeza y cuello sometidos a radioterapia,[5] los pacientes que continuaron fumando durante la radioterapia sufrieron de mucositis durante más tiempo (23,4 semanas) que los pacientes que dejaron de fumar al inicio de la radioterapia y permanecieron abstemios (13,6 semanas), o los pacientes que se abstuvieron de fumar por lo menos hasta un mes después del tratamiento (18,3 semanas). La mucositis prolongada se puede relacionar con una alteración permanente de la apariencia. En los estudios, se observa que las complicaciones perioperatoria y a largo plazo son considerablemente más altas en pacientes de cáncer de cabeza y cuello que continúan fumando.[6] En un estudio, los pacientes que recibieron quimioterapia de inducción para la leucemia mieloide aguda y continuaron fumando presentaron mayores probabilidades de manifestar una infección pulmonar grave (26 vs. 18%), a pesar de que las tasas de supervivencia general no difirieron en los adultos mayores de 60 años.[7] Después de recibir radioterapia para el carcinoma de laringe, los pacientes que siguen fumando tienen una menor probabilidad de recuperar una calidad de voz satisfactoria.[8]

Otra área de razonable preocupación para los pacientes que siguen fumando son las complicaciones generales después de cualquier tipo de cirugía. Está documentado que el proceso de cicatrización después de una cirugía es más lento en los fumadores porque tanto la nicotina como el monóxido de carbono causan vasoconstricción, inhiben la epitelización y crean hipoxia celular.[9,10] En un estudio de factores pronósticos de complicaciones después de la resección en pacientes de cáncer de pulmón, los antecedentes de tabaquismo duplicaron la probabilidad de complicaciones, pero no el hábito de fumar en el momento de la admisión para la cirugía.[11] Sin embargo, no se dispone de información detallada sobre el tiempo transcurrido desde el momento en que se dejó de fumar.

En un estudio se encontraron tasas reducidas de respuesta y de supervivencia en los pacientes de cáncer de la cabeza y el cuello que siguieron fumando. Los pacientes que siguieron fumando durante el tratamiento presentaron una respuesta completa significativamente inferior a la radioterapia (45 vs. 74%) y de supervivencia a los 2 años (39 vs. 66%). A los 18 meses, la probabilidad de supervivencia de los que habían dejado de fumar recientemente se asemejaba más a la de los que hacía tiempo que habían dejado de fumar que a los que seguían fumando.[12]

En otro estudio también se observó el efecto de seguir fumando en las tasas de supervivencia en los pacientes de cáncer de la cabeza y el cuello.[13] Los que dejaron de fumar tuvieron el doble de probabilidades de supervivencia, independientemente del grado de la enfermedad en el momento del diagnóstico; después de dos años, el grado de supervivencia de los que dejaron de fumar se acercó a la de los no fumadores. El riesgo relativo de recurrencia en los que dejaron de fumar fue cerca del doble del de los no fumadores; y se cuadriplicó en los que siguieron fumando después del diagnóstico, independientemente de la cantidad fumada. Un estudio no logró encontrar diferencias significativas en el pronóstico de los pacientes de cáncer de pulmón de células no pequeñas, resecado en estadio I sobre la base de su estado como fumador; la recurrencia y las tasas de mortalidad tanto en ex fumadores como en fumadores nuevos no difirieron, pero se duplicaron o triplicaron en comparación con los nuevos fumadores.[14] Sin embargo, estas diferencias no llegaron a alcanzar significación estadística debido al reducido número de nuevos fumadores; además, la ausencia de diferencias entre los ex fumadores y los fumadores nuevos fue difícil de interpretar debido a que no se proporcionaron definiciones.

En otro estudio, se halló una tendencia uniforme en los pacientes de cáncer de células pequeñas: los que seguían fumando en el momento del estudio tuvieron la supervivencia más baja, seguidos por los pacientes que dejaron el hábito de fumar en el momento del diagnóstico y, luego, de los pacientes que dejaron de fumar, en promedio, 2,5 años antes del diagnóstico.[15] Aunque las curvas de supervivencia de los ex fumadores recientes no fueron estadísticamente distintas de las quienes siguieron fumando, quizás debido al número reducido, los ex fumadores (n = 57) sobrevivieron pasadas las 131 semanas, mientras que seis de los que dejaron el hábito en el momento del diagnóstico (n = 35) estaban en remisión completa al cabo de 1 y 2 años.

También se ha examinado las relaciones entre el hábito de fumar, recidiva de la enfermedad y las tasas de cáncer de próstata. Los estudios han encontrado una relación entre el fumar de forma continua y una recidiva temprana [16,17] y un aumento de la mortalidad.[18] En un estudio con 1.416 hombres que se sometieron a prostatectomía radical, la recidiva se presentó luego de una mediana de 7,3 años en 34,3% de los fumadores actuales, 14,8% de los antiguos fumadores y 12,1% de aquellos que nunca habían fumado.[17] Otro estudio encontró tasas de mortalidad a 5 años más altas en pacientes con enfermedad en estadio D2 (88 vs. 63%) y en aquellos cuya enfermedad no estaba en estadio A (39 vs. 17%).[16] En un estudio de observación prospectivo con 5.366 hombres, las tasas de mortalidad específicas al cáncer de la próstata fueron de 15,3 por cada 1.000 personas año para los fumadores actuales versus 9,6 por 1.000 personas año en aquellos que nunca fumaron. Los pacientes de cáncer de la próstata que dejaron de fumar por 10 años o más presentaron tasas de mortalidad similares a la de los no fumadores.[18]

Bibliografía

  1. Des Rochers C, Dische S, Saunders MI: The problem of cigarette smoking in radiotherapy for cancer in the head and neck. Clin Oncol (R Coll Radiol) 4 (4): 214-6, 1992. [PUBMED Abstract]
  2. U.S. Department of Health and Human Services: The Health Benefits of Smoking Cessation. A Report of the Surgeon General. Rockville, Md: 1990. DHHS Publ No. (CDC) 90-8416.
  3. U.S. Department of Health and Human Services: A Report of the Surgeon General: How Tobacco Smoke Causes Disease: What It Means to You. Atlanta, Ga: U.S. Department of Health and Human Services, Centers for Disease Control and Prevention, National Center for Chronic Disease Prevention and Health Promotion, Office on Smoking and Health, 2010. Also available online. Last accessed June 12, 2014.
  4. Tyc VL, Hudson MM, Hinds P, et al.: Tobacco use among pediatric cancer patients: recommendations for developing clinical smoking interventions. J Clin Oncol 15 (6): 2194-204, 1997. [PUBMED Abstract]
  5. Rugg T, Saunders MI, Dische S: Smoking and mucosal reactions to radiotherapy. Br J Radiol 63 (751): 554-6, 1990. [PUBMED Abstract]
  6. Wein RO: Preoperative smoking cessation: impact on perioperative and long-term complications. Arch Otolaryngol Head Neck Surg 135 (6): 597-601, 2009. [PUBMED Abstract]
  7. Chelghoum Y, Danaïla C, Belhabri A, et al.: Influence of cigarette smoking on the presentation and course of acute myeloid leukemia. Ann Oncol 13 (10): 1621-7, 2002. [PUBMED Abstract]
  8. Karim AB, Snow GB, Siek HT, et al.: The quality of voice in patients irradiated for laryngeal carcinoma. Cancer 51 (1): 47-9, 1983. [PUBMED Abstract]
  9. Gritz ER, Kristeller J, Burns DM: Treating nicotine addiction in high-risk groups and patients with medical co-morbidity. In: Orleans CT, Slade J, eds.: Nicotine Addiction: Principles and Management. New York, NY: Oxford University Press, 1993, pp 279-309.
  10. U.S. Department of Health and Human Services: The Health Consequences of Smoking: Cardiovascular Disease. A Report of the Surgeon General. Rockville, Md.: DHHS Publication No. (PHS) 84-50204, 1983.
  11. Kearney DJ, Lee TH, Reilly JJ, et al.: Assessment of operative risk in patients undergoing lung resection. Importance of predicted pulmonary function. Chest 105 (3): 753-9, 1994. [PUBMED Abstract]
  12. Browman GP, Wong G, Hodson I, et al.: Influence of cigarette smoking on the efficacy of radiation therapy in head and neck cancer. N Engl J Med 328 (3): 159-63, 1993. [PUBMED Abstract]
  13. Stevens MH, Gardner JW, Parkin JL, et al.: Head and neck cancer survival and life-style change. Arch Otolaryngol 109 (11): 746-9, 1983. [PUBMED Abstract]
  14. Gail MH, Eagan RT, Feld R, et al.: Prognostic factors in patients with resected stage I non-small cell lung cancer. A report from the Lung Cancer Study Group. Cancer 54 (9): 1802-13, 1984. [PUBMED Abstract]
  15. Johnston-Early A, Cohen MH, Minna JD, et al.: Smoking abstinence and small cell lung cancer survival. An association. JAMA 244 (19): 2175-9, 1980. [PUBMED Abstract]
  16. Daniell HW: A worse prognosis for smokers with prostate cancer. J Urol 154 (1): 153-7, 1995. [PUBMED Abstract]
  17. Joshu CE, Mondul AM, Meinhold CL, et al.: Cigarette smoking and prostate cancer recurrence after prostatectomy. J Natl Cancer Inst 103 (10): 835-8, 2011. [PUBMED Abstract]
  18. Kenfield SA, Stampfer MJ, Chan JM, et al.: Smoking and prostate cancer survival and recurrence. JAMA 305 (24): 2548-55, 2011. [PUBMED Abstract]
  • Actualización: 9 de julio de 2014