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¿Prequntas sobre el cáncer?

Prevención del cáncer de ovario (PDQ®)

Versión Profesional De Salud
Actualizado: 5 de agosto de 2014

Descripción de las pruebas

Antecedentes
Características histológicas y patogenia del cáncer de ovario
Predisposición heredada al cáncer de ovario
Factores con pruebas suficientes de un aumento de riesgo de cáncer de ovario
        Terapia de remplazo hormonal/terapia hormonal
        Exposición al talco
        Obesidad, aumento de peso y estatura
Factores con pruebas suficientes de una disminución del riesgo de cáncer de ovario
        Anticonceptivos orales
        Acetato de medroxiprogesterona de liberación prolongada
        Ligadura de trompas
        Lactancia
        Salpingooforectomía profiláctica
Factores con pruebas suficientes de disminución del riesgo de cáncer de ovario
        Factores alimentarios
        Aspirina y medicamentos antinflamatorios no esteroides
        Tabaquismo
Aspectos inciertos
        Hiperestimulación ovárica debida a tratamientos para la esterilidad



Antecedentes

Se estima que en 2014 se diagnosticarán 21.980 casos nuevos de cáncer de ovario y se producirán 14.270 defunciones por este cáncer.[1] Las tasas de incidencia y mortalidad son más altas en las mujeres blancas que en las mujeres negras, pero se han observado disminuciones estadísticamente significativas en las tasas de incidencia y mortalidad en ambos grupos raciales.[2] Se ha observado una disminución estadísticamente significativa de 0,9% en la incidencia diferida ajustada en las mujeres blancas desde 1987 hasta 2010 y de 0,4% en las mujeres negras desde 1997 hasta 2010. Se observó una disminución estadísticamente significativa de 1,9% anual de las tasas de mortalidad en las mujeres blancas desde 2002 hasta 2010 y de 0,9% anual en las mujeres negras desde 1992 hasta 2010. El riesgo poblacional de por vida de cáncer de ovario es de 1,37%; el riesgo poblacional de por vida de morir por cáncer de ovario es de 0,99%.[2]

El riesgo subyacente de cáncer de ovario se puede evaluar mediante linajes exactos o marcadores genéticos de riesgo. Debido a la incertidumbre sobre los riesgos de cáncer relacionados con mutaciones genéticas específicas, puede ser difícil interpretar la información genética fuera de las familias con una incidencia alta de cáncer de ovario. Se describieron tres síndromes hereditarios de predisposición al cáncer de ovario: 1) cáncer de ovario familiar de sitio específico, 2) cáncer de mama u ovario familiar y 3) síndrome de Lynch II, que es una combinación de cáncer de mama, ovario, endometrio, cáncer gastrointestinal y genitourinario.[3,4] Dados los antecedentes familiares en ausencia de información específica sobre el estado de la mutación enBRCA1/2, las mujeres no afectadas con 2 o 3 familiares con cáncer de ovario tienen un riesgo acumulado de este tipo de cáncer de alrededor de 7%.[3,5] Las mujeres con la madre o una hermana con cáncer de ovario presentan un riesgo acumulado de por vida de cáncer de ovario de alrededor de 5%.

Características histológicas y patogenia del cáncer de ovario

El origen del cáncer de ovario puede estar en las células germinales de origen estromal o epitelial.[6] El tema principal de este sumario es el cáncer de ovario epitelial, el tipo más común. El término cáncer de ovario epitelial abarca un grupo heterogéneo de tumores. Tradicionalmente, los tumores de ovario se han clasificado como de células serosas, mucinosas, endometrioides y claras. Sin embargo, se ha propuesto un sistema de clasificación doble de tumores tipo I y tipo II, que incorpora el perfil molecular de los tumores, así como las características histológicas y el comportamiento clínico.[7] Los tumores de tipo I habitualmente se presentan en un estadio bajo y se relacionan con un pronóstico clínico excelente; abarcan los tumores de escasa malignidad. Los tumores de tipo II son más dinámicos, habitualmente se presentan en un estadio avanzado y exhiben una variedad de características histológicas. Los tumores de tipo I tienden a ser más estables que los tumores de tipo II desde el punto de vista genético; los tumores de tipo II también presentan una prevalencia alta de mutaciones en TP53. Alrededor de 75% de los cánceres epiteliales son tumores de tipo II e incluyen el cáncer de ovario que se presenta como tumores serosos, endometrioides y mesodérmicos mixtos. Cada vez hay más pruebas de que los dos tipos de cáncer son genéticamente diferentes y, por lo tanto, pueden tener diferentes vías moleculares de desarrollo. Las pruebas también indican que estos dos tipos se desarrollan fuera del ovario y luego, secundariamente, comprometen el ovario, con la mayoría de los tumores de tipo II de origen tubárico.[7] Esta es la hipótesis en el caso de ambos tipos de cáncer de origen genético (cánceres relacionados con las mutaciones en BRCA1/2) y de la mayoría de las formas no hereditarias de cáncer de ovario.

La heterogeneidad del cáncer de ovario y la indicación de diferentes vías moleculares de origen de los subtipos de cáncer presentan desafíos y oportunidades para la investigación e interpretación de los factores etiológicos del cáncer de ovario. La relación etiológica puede variar por la mezcla de subtipos en las poblaciones incluidas en los estudios epidemiológicos. Como el cáncer de ovario es poco frecuente, el tamaño de la muestra y el poder de los estudios para detectar una relación moderada por subtipo de cáncer son limitados. Sin embargo, una subtipificación más clara de los cánceres puede ayudar a mejorar nuestra comprensión de la etiología de las neoplasias malignas de ovario en estudios futuros.

Predisposición heredada al cáncer de ovario

Algunas mujeres tienen un aumento de riesgo debido a una predisposición hereditaria al cáncer de ovario; la magnitud de ese riesgo depende de los genes afectados y la mutación específica. El riesgo subyacente de cáncer de ovario se puede evaluar mediante estudios genealógicos exactos o marcadores genéticos de riesgo. Debido a las incertidumbres sobre los riesgos de cáncer relacionados con mutaciones genéticas específicas, la información genética puede ser difícil de interpretar fuera de las familias con una incidencia alta de cáncer de ovario. Se han descrito tres síndromes de predisposición al cáncer de ovario hereditario: 1) cáncer de ovario familiar de sitio específico, 2) cáncer de mama u ovario familiar y 3) síndrome de Lynch II, que es una combinación de cáncer de mama, ovario, endometrio, cáncer gastrointestinal y genitourinario.[3,4] Si se tienen en cuenta los antecedentes familiares en ausencia de información específica sobre el estado de las mutaciones en BRCA1/2, las mujeres que no están afectadas con 2 o 3 familiares con cáncer de ovario tienen un riesgo acumulado de cáncer de ovario de alrededor de 7%.[3,5] Las mujeres con la madre o una hermana con cáncer de ovario tienen un riesgo acumulado de cáncer de ovario de aproximadamente 5%.

En este sumario no se tratan los síndromes genéticos múltiples ni el caso de las mujeres con riesgo alto debido a factores genéticos hereditarios. (Para información específica en inglés vinculada con el riesgo de cáncer de ovario relacionado con múltiples síndromes genéticos y con el cáncer de ovario en portadoras de la mutación en BRCA1/2, consultar la sección Anticonceptivos orales en el sumario del PDQ sobre Características genéticas del cáncer de mama y ovario y el sumario del PDQ sobre Características genéticas del cáncer colorrectal).

Factores con pruebas suficientes de un aumento de riesgo de cáncer de ovario

Terapia de remplazo hormonal/terapia hormonal

En el Million Women Study, se observó una relación moderada entre el uso actual, pero no previo de la terapia hormonal posmenopáusica y la presentación de cáncer de ovario.[8] En este estudio, se notificaron 2.273 casos de cáncer de ovario en mujeres que recibieron seguimiento por un promedio de 5,3 años. El riesgo relativo (RR) en las usuarias actuales de terapia hormonal en comparación con las mujeres que nunca la utilizaron fue de 1,20 (intervalo de confianza [IC] 95%, 1,9–1,32). Se observó una relación dosis-respuesta con aumento de riesgo, que se notó con el aumento de la duración del uso. Los RR observados fueron más altos para la terapia con estrógenos solos que para la terapia de estrógeno-progesterona combinados (RR, 1,34, IC 95%, 1,13–1,60 vs. RR, 1,14; IC 95%, 1,01–1,28, respectivamente). No se observó exceso de riesgo de cáncer de ovario en quienes habían usado la terapia en el pasado.

Al igual que en el Million Women Study, en un estudio de casos y controles con base en la población realizado en el estado de Washington, se observó una relación entre el cáncer de ovario y el uso exclusivo actual o reciente (en los últimos 3 años) de terapia con estrógeno solo durante por lo menos 5 años (uso actual: oportunidad relativa [OR] = 1,6; IC 95%, 1,1–2,5, uso reciente: OR, 1,8; IC 95%, 0,8–3,7). Sin embargo, no se observó aumento de riesgo en las usuarias de terapia combinada de estrógeno y progesterona.[9]

En el ensayo aleatorizado Women’s Health Initiative de estrógeno-progestina, se observó un exceso de riesgo de cáncer de ovario sin significación estadística, con base en 32 casos de cáncer de ovario en el momento de una mediana de seguimiento de 5,6 años (cociente de riesgos instantáneos, 1,58; IC 95%, 0,77–3,24).[10] Una disminución acelerada de las tasas de incidencia del cáncer de ovario después de 2002 —después del informe del Women’s Health Initiative y la posterior disminución en el uso de la terapia hormonal— respalda, pero no prueba, una relación causal entre la terapia hormonal y el riesgo de cáncer de ovario.[11]

Exposición al talco

En un estudio de cohortes de enfermeras, no se observó un riesgo de cáncer de ovario relacionado con el uso perineal de talco (RR = 1,09; IC 95%, 0,86–1,37).[12] En un metanálisis de 16 estudios, se observó un aumento de riesgo con el uso de talco (RR, 1,33; IC 95%, 1,16–1,45); sin embargo, no hubo pruebas de una respuesta a la dosis. En un análisis conjunto del Ovarian Cancer Association Consortium, en el que se incluyeron 8.525 casos y 9.859 controles, se observó un aumento moderado del riesgo de cáncer de ovario epitelial relacionado con el uso de genital de polvo (OR, 1,24; IC 95%, 1,15–1,33). Los riesgos evaluados mediante los cuartiles de número de aplicaciones de por vida, en comparación con las mujeres que nunca usaron talco, fueron de 1,18 (1,02–1,36), 1,22 (1,06–1,41), 1,22 (1,06–1,41) y 1,37 (1,19–1,58) (tendencia de P = 0,17). La aplicación perineal de talco se relaciona con un aumento leve del riesgo de cáncer de ovario. La International Agency for Research on Cancer (IARC) concluyó que el talco aplicado en el área perineal es un posible carcinógeno.[13,14]

Obesidad, aumento de peso y estatura

La obesidad se relaciona con un aumento de la mortalidad por cáncer de ovario.[15] En los estudios de cohortes, la estatura y el índice de masa corporal (IMC),[16,17] incluso el IMC alto en la adolescencia,[17] se relacionaron con un aumento del riesgo del cáncer de ovario, lo que indica un efecto de la alimentación y la nutrición en el período de la adolescencia. En el California Teachers Study Cohort (277 casos de cáncer de ovario), se observó un mayor riesgo de cáncer de ovario relacionado con un aumento de peso mayor de 40 libras (pero no de IMC) (RR, 1,8; IC 95%, 1,0–3,0) en comparación con las mujeres con un peso adulto estable y que nunca utilizaron terapia hormonal.[18]

Factores con pruebas suficientes de una disminución del riesgo de cáncer de ovario

Anticonceptivos orales

Se realizó una análisis de colaboración con datos individuales de 23.257 mujeres con cáncer de ovario y 87.303 mujeres sin este tipo de cáncer tomados de 45 estudios llevados a cabo en 21 países.[19] Los estudios incluyeron 13 estudios prospectivos, 19 estudios de casos y controles con base en la población y 12 estudios hospitalarios de casos y controles. El uso de anticonceptivos orales se relacionó con un efecto dosis-respuesta según la duración, sin cambios observados en la reducción del riesgo por decenio de uso desde la década de 1960 a la de 1980, tiempo durante el cual la cantidad de estrógeno de los anticonceptivos orales se redujo aproximadamente a la mitad. No se observó una reducción del riesgo en las mujeres que utilizan anticonceptivos orales por menos de 1 año. La reducción del riesgo relacionado con el uso de 1 a 4 años, de 5 a 9 años, de 10 a 14 años y 15 años o más fue de 0,78 (IC 99%, 0,73–0,893), 0,64 (IC 99%, 0,59–0,69), 0,56 (IC 99%, 0,50–0,62) y 0,42 (IC 99%, 0,36–0,49), respectivamente. La reducción del riesgo observada persistió después del cese de la terapia anticonceptiva oral, pero se atenuó con el tiempo transcurrido desde el último uso. La reducción proporcional del riesgo por cada 5 años de uso fue de 29% (IC 95%, 23–34%) en las mujeres que habían interrumpido su uso en los últimos 10 años; la reducción del riesgo fue de 15% (IC 95%, 9–21%) en las mujeres que suspendieron el uso desde hace 20 a 29 años.

En un metanálisis que se restringió a 24 estudios de casos y controles, y de cohortes publicados desde el año 2000 para el análisis primario —para reflejar preparaciones más recientes de anticonceptivos orales—, también se observó un efecto dosis-respuesta según la duración del uso.[20] La reducción del riesgo en las mujeres que usan anticonceptivos orales por más de 1 año, pero por menos de 5 años, fue de 0,77 (IC 95%, 0,66–0,89) y en las mujeres que usaron anticonceptivos orales por más de 10 años, la reducción del riesgo fue de 0,43 (IC 95%, 0,37–0,51). Los autores calcularon que era necesario tratar a 185 mujeres durante 5 años para prevenir un caso de cáncer de ovario. Con base en un riesgo de por vida estimado de 1,38% y la prevalencia de uso de anticonceptivos orales alguna vez de 83%, los autores calcularon una reducción de por vida de cáncer de ovario de 0,54% atribuible a los anticonceptivos orales.

(Para información específica en inglés relacionada con el riesgo de cáncer de ovario en portadoras de la mutación BRCA1/2, consultar el sumario del PDQ sobre Características genéticas del cáncer de mama y ovario).

Acetato de medroxiprogesterona de liberación prolongada

Hay poca información disponible sobre el uso de los anticonceptivos gestágenos inyectables (acetato de medroxiprogesterona de liberación prolongada [AMPLP] y sobre el riesgo de cáncer de ovario; los estudios se frustran por el uso de otros métodos anticonceptivos, en particular, los anticonceptivos orales. En un estudio hospitalario realizado en México y Tailandia de 224 casos y 1.781 controles (estudio de colaboración de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre neoplasias y anticonceptivos esteroides), no se observó ninguna relación entre el AMPLP y el cáncer de ovario (RR, 1,07; IC 95%, 0,6–1,8).[21] No obstante, en solo 22 de los casos nunca se había usado AMPLP y en nueve de ellos se había durante seis meses o menos.

En un estudio multicéntrico posterior realizado en 12 hospitales de Tailandia, en el que se incluyeron 330 casos y 982 controles emparejados, se observó una disminución estadísticamente significativa del riesgo de cáncer de ovario relacionado con el uso de AMPLP, con control del uso de anticonceptivos orales y de otros factores relacionados (OR, 0,52, IC 95%, 0,33–0,88). Se observó una relación dosis-respuesta, pero el tamaño de la muestra fue limitado en las categorías de uso a más largo plazo.[22]

Ligadura de trompas

En un metanálisis de 16 estudios de casos y controles, tres estudios retrospectivos y dos estudios prospectivos de cohortes, se observó una disminución del riesgo de cáncer de ovario con la ligadura de trompas (RR, 0,66; IC 95%, 0,60–0,73).[23] Se observó una reducción del riesgo hasta 14 años después de la ligadura de trompas. En un estudio de casos y controles con base en la población de 902 casos y 1.802 controles publicado después del metanálisis, se observó una OR ajustada de 0,62 (IC 95%, 0,51–0,75) relacionada con antecedentes de una ligadura de trompas.[24] La relación se ajustó para el uso de anticonceptivos orales, que también se vincula con un riesgo más bajo de cáncer de ovario (OR, 0,62; IC 95%, 0,47–0,85) y otros factores de riesgo.[24]

En otro proyecto conjunto con datos primarios procedentes de 13 estudios de casos y controles con base en la población, se examinó la relación entre la ligadura de trompas y el riesgo de cáncer de ovario. Se incluyeron 7.942 cánceres de ovario epiteliales, 2.215 tumores de escasa malignidad y 13.904 controles.[25] En general, la ligadura de trompas se relacionó con una reducción de riesgo de 29% (OR, 0,71; IC 95%, 0,66–0,77). La reducción del riesgo observada varió según el subtipo de cáncer invasivo y fue de 52% (OR, 0,48; IC 95%, 0,40–49) para el cáncer endometrioide; 48% (OR, 0,52; IC 95%, 0,40–0,67) para el cáncer de células claras; 32% (OR, 0,68; IC 95%, 0,52–89) para el cáncer mucinoso y 19% (OR, 0,81; IC 95%, 0,74–0,89) para el cáncer seroso. No se observó una relación significativa entre la ligadura de trompas y el riesgo de tumores de ovario de escasa malignidad.

En la United States Collaborative Review of Sterilization se incluyen datos de 15 instituciones participantes recogidos en nueve ciudades desde 1978 a 1987.[26] La tasa de cirugía mayor no intencional fue de 0,9 por cada 100 procedimientos. Otras complicaciones notificadas incluyeron rehospitalización (0,6 por cada 100 procedimientos), morbilidad febril (0,1 por cada 100 procedimientos) y trasfusión (<0,01 por cada 100 procedimientos). No se notificaron muertes en 9.475 mujeres sometidas a cirugía laparoscópica. Se describió un episodio de anafilaxia potencialmente mortal, que se presume que se debió a la anestesia. Las tasas generales no variaron significativamente desde el punto de vista estadístico según el tipo de métodos (aplicación de goma de silicona, grapa de resorte, o de la coagulación unipolar o bipolar).

Lactancia

En un metanálisis,[27] en el que se incluyeron cinco estudios prospectivos y 30 estudios de casos y controles, se examinó la relación entre la lactancia y el riesgo de cáncer de ovario. Cualquier período de lactancia se relacionó con una disminución del riesgo de cáncer de ovario (RR, 0,76; IC 95%, 0,69–0,83). El riesgo de cáncer de ovario disminuyó 8% por cada cinco meses de aumento de duración de la lactancia (IC 95%, 0,90–0,95).

Salpingooforectomía profiláctica

La salpingooforectomía profiláctica es una opción considerada por mujeres con riesgo alto de cáncer de ovario, como aquellas con predisposición hereditaria al cáncer. (Para mayor información en inglés sobre una intervención profiláctica, consultar la sección Anticonceptivos orales en el sumario del PDQ sobre Características genéticas del cáncer de mama y ovario).

Factores con pruebas suficientes de disminución del riesgo de cáncer de ovario

Factores alimentarios

No se ha observado una relación constante entre una variedad de factores alimentarios y el riesgo de cáncer de ovario.

En una revisión sistemática y un metanálisis, en el que se incluyeron 23 estudios de casos y controles, y tres estudios de cohortes, no se encontraron pruebas de una relación entre el consumo de alcohol y el cáncer de ovario epitelial.[28]

En un estudio de casos y controles del Healthy Eating Index (HEI), que se basa en las recomendaciones actuales de alimentación del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, no se encontró una relación entre el puntaje más alto del HEI y el riesgo de cáncer de ovario vinculado a un grupo específico de alimentos.[29] En una revisión sistemática del efecto de la alimentación en el cáncer de ovario, solo se incluyeron estudios prospectivos con, por lo menos, 200 casos notificados en las publicaciones.[30] Se revisaron 24 publicaciones de 10 estudios de cohortes y no hubo factores alimentarios relacionados de modo constante con el riesgo de cáncer de ovario. En esta revisión no se abordó específicamente el consumo de té, pero en otra revisión sistemática en la que se incluyeron 16 artículos, en nueve no se notificó una relación con el consumo de té, cinco notificaron una disminución del riesgo, uno notificó una disminución limítrofe y otro un aumento del riesgo relacionado con el consumo de té.[31] En un estudio de casos y controles realizado en el sur de China (500 casos y 500 controles), publicado después de la revisión, se notificó una relación protectora entre el consumo regular de té verde, té negro o té oolong, con una OR de 0,29 (IC 95%, 0,22–0,39).[32]

En un estudio anidado de casos y controles (516 casos y 770 controles emparejados) realizado con siete cohortes prospectivas, se examinaron las concentraciones circulantes de vitamina D y la relación con el cáncer de ovario.[33] No se observó una relación entre las concentraciones circulantes de 25-hidroxivitamina D [25(OH)D] y el cáncer de ovario. En un estudio anidado de casos y controles realizado en Finlandia (172 casos de cáncer de ovario y 172 controles emparejados), se observó una disminución del riesgo de cáncer de ovario en las mujeres con concentraciones de 25(OH)D de más de 75 nmol/l (que se consideran suficientes) en comparación con las mujeres con concentraciones más bajas (OR, 0,32; IC 95%, 0,12–0,91).[34]

En el Australian Ovarian Cancer Study (1.366 casos y 1.414 controles de la población),[35] no se encontró ninguna relación entre la ingesta de ácidos grasos omega-3 y el riesgo de cáncer de ovario. La ingesta alta de ácidos grasos omega-6 del aguacate, los vegetales o los frutos secos, pero no de otras fuentes, se relacionó con una disminución moderada del riesgo (OR, 0,78, IC 95%, 0,60–1,00). En general, los autores concluyeron que el beneficio de los ácidos grasos omega-6 se debió más a las propiedades generales de la fuente alimentaria que al ácido graso omega-6 por sí mismo.

Aspirina y medicamentos antinflamatorios no esteroides

En una revisión sistemática y un metanálisis de 21 estudios de observación, se encontró una disminución del riesgo de cáncer de ovario invasivo relacionada con la Aspirina (RR, 0,88; IC 95%, 0,79–0,98), pero no una relación estadísticamente significativa con los antinflamatorios no esteroides (AINE).[36] En un estudio publicado después de esa revisión, se examinó el uso de AINE y el riesgo de cáncer de ovario en el National Institutes of Health-AARP Diet and Health Study. No se observó una relación entre el cáncer de ovario y el uso regular de Aspirina (RR, 1,06; IC 95%, 0,87–1,29) o el uso de AINE (RR, 0,93; IC 95%, 0,74–1,15).[37] En un estudio de casos y controles con base en la población [38] de 902 casos y 1.802 controles de la población, se observó una disminución del riesgo de cáncer de ovario relacionado con el uso continuo (0,71; IC 95%, 0,53–0,97) o el uso diario de dosis bajas (0,72; IC 95%, 0,53–0,97). En ese estudio, los AINE selectivos de la cicloxigenasa 2, pero no los AINE no selectivos, se relacionaron con una disminución del riesgo de cáncer de ovario (OR, 0,60; IC 95%, 0,39–0,94).

Tabaquismo

En un metanálisis de participantes individuales de 51 estudios en el que se incluyeron 28.114 mujeres con cáncer de ovario, se encontró un pequeño aumento del riesgo de cáncer de ovario en las fumadoras actuales en comparación con las mujeres que nunca habían fumado (RR, 1,06; IC 95%, 1,01–1,11).[39] El riesgo del tabaquismo varió por subtipo, pero no se observó una relación con el cáncer de ovario seroso (RR, 0,99; IC 95%, 0,93–1,06), un exceso de riesgo para cánceres mucinosos (RR, 1,79; IC 95%, 1,60–2,00) y una disminución de riesgo para el cáncer endometrioide (RR, 0,81; IC 95%, 0,72–0,92) y el cáncer de ovario de células claras (RR, 0,80; IC 95%, 0,65–0,97).

Aspectos inciertos

Hiperestimulación ovárica debida a tratamientos para la esterilidad

Continúa la controversia sobre la relación entre la hiperestimulación ovárica y el cáncer de ovario. En una revisión sistemática y un metanálisis de nueve estudios de cohortes compuestos por 109.969 mujeres que estuvieron expuestas a hiperestimulación ovárica para el tratamiento de la esterilidad (es decir, fertilización in vitro [FIV]), se observaron 76 casos de cáncer de ovario.[40] Se observó un aumento del riesgo de cáncer de ovario cuando en el grupo de comparación, se incluyeron mujeres de la población general (RR, 1,50; IC 95%, 1,17–1,92), pero se observó un aumento de riesgo sin significación estadística cuando el grupo de referencia se compuso de mujeres infecundas no expuestas al procedimiento (RR, 1,26; IC 95%, 0,62–2,55). Una limitación importante es que solo uno de los estudios de cohortes incluidos en el metanálisis tuvo un período de seguimiento mayor de 10 años que las mujeres sometidas a FIV.

En una revisión sistemática de Cochrane, se incluyeron 11 estudios de casos y controles, y 14 estudios de cohortes, para un total de 186.972 mujeres; sin embargo, no se calculó el resumen estadístico debido a la heterogeneidad metodológica y clínica. En los siete estudios de cohortes en los que se comparó a mujeres que recibieron tratamiento con mujeres subfecundas que no lo recibieron, no se observó un exceso de riesgo vinculado a fármacos hiperestimulantes. En dos cohortes, cuando se comparó a las mujeres tratadas con aquellas de la población general, se notó un aumento de 2 a 5 veces del riesgo. En tres estudios de casos y controles, y dos estudios de cohortes, se observó un aumento del riesgo de tumores de ovario de escasa malignidad. En general, los autores concluyeron que no había pruebas convincentes de que un aumento del riesgo de tumores ováricos invasivos se relacionara con los tratamientos farmacológicos para la fecundidad, pero puede haber un aumento de riesgo de tumores de ovario de escasa malignidad.[41]

Después de la revisión de Cochrane mencionada, se publicó un estudio de seguimiento de una cohorte de mujeres estériles.[42] Se realizó el seguimiento hasta el año 2010 de una cohorte retrospectiva de 9.825 mujeres inscritas entre 1965 y 1988; se presentó cáncer de ovario en 85 de las mujeres. En general, no hubo relación entre el cáncer de ovario y el citrato de clomifeno (RR, 1,34; IC 95%, 0,86–2,07) o las gonadotropinas (RR, 1,00; IC 95%, 0,48–2,08). En el subgrupo de mujeres que permanecieron nuligrávidas después del tratamiento, un aumento del riesgo de cáncer de ovario se relacionó con el citrato de clomifeno (RR, 3,63; IC 95%, 1,36–9,72); no se observó un aumento del riesgo en las mujeres que quedaron embarazadas después del tratamiento en comparación con aquellas que no recibieron tratamiento.

Bibliografía
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