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¿Prequntas sobre el cáncer?

Prevención del cáncer de próstata (PDQ®)

Versión Profesional De Salud
Actualizado: 11 de marzo de 2014

Oportunidades para la prevención

Prevención hormonal
Prevención por alimentación con frutas, vegetales y régimen alimentario bajo en grasa
Quimioprevención
        Quimioprevención con selenio y vitamina E
        Quimioprevención con licopeno



Prevención hormonal

EI Prostate Cancer Prevention Trial (PCPT), un ensayo numeroso, aleatorizado, controlado con placebo, de finasterida (un inhibidor de la reductasa α), que contó con la participación de 18.882 hombres de 55 años o más. A los 7 años, la incidencia del cáncer de próstata fue de 18,4% en el grupo de finasterida, comparado con 24,4% en el grupo de placebo, con una reducción relativa del riesgo (RRR) de 24,8% (intervalo de confianza [IC] 95%, 18,6-30,6%; P < 0,001). EI grupo de finasterida contó con más pacientes con puntaje de Gleason 7 a 10, pero la importancia clínica del puntaje de Gleason resulta incierta en condiciones de privación de andrógeno.[1] Se observaron cánceres de grado alto en 6,4 % de los pacientes del grupo de finasterida, en comparación con 5,1% de los hombres que recibieron placebo. EI aumento de tumores de grado alto se presentó en el trascurso de 1 año de exposición a la finasterida y no aumentó durante este período.[2]

La finasterida disminuye el riesgo de cáncer de próstata, pero también puede alterar la detección de la enfermedad a través de los efectos en el antígeno prostático específico (APE), el examen digital del recto y la disminución del volumen prostático (24%), lo que crea un sesgo de detección.[3] EI ajuste del APE en los hombres que toman finasterida preserva las funciones características de la detección del cáncer.[4]

Es posible que la finasterida haya inducido la aparición de una neoplasia epitelial de grado alto, pero esto no se ha demostrado.[3] Con la aparición de cáncer de próstata de grado alto inducido por la finasterida, se hubiese esperado un aumento gradual y progresivo en el número de tumores de grado alto por más de 7 años, en comparación con el placebo; sin embargo, este no fue el caso. EI aumento de tumores de grado alto se vio durante un año de exposición a la finasterida y no aumentó durante ese período.[2] En un análisis de los datos del PCPT ajustados mediante fuentes de sesgo de detección, se encontró que la finasterida redujo la incidencia de cáncer de próstata con puntajes de Gleason 5 a 7 y Gleason 3 a 4, pero no de Gleason 8 a 10. La reducción de la incidencia de Gleason 7 (22%) fue menor que la reducción en la incidencia de Gleason 5 (58%) y Gleason 6 (52%).[5] En un análisis en el que se usaron metodologías diferentes, se encontró una reducción general tanto de los cánceres de grado bajo (Gleason <6) como los de grado alto (Gleason >7).[6]

En eI ensayo Reduction by Dutasteride of Prostate Cancer Events, se asignó al azar a 8.231 hombres entre 50 y 75 años con riesgo alto de cáncer de próstata (es decir, APE 2,5-10,0), con una biopsia negativa reciente de próstata a recibir 0,5 mg diarios de dutasterida o placebo. EI criterio de valoración primario fue el cáncer de próstata diagnosticado mediante biopsia prostática a los 2 y 4 años después de la aleatorización. Luego de 4 años, entre los 6.729 hombres (82% de la población inicial) que se sometieron al menos a una biopsia prostática, 25,1% en el grupo de placebo y 19,9% en el grupo de dutasterida habían sido diagnosticados con cáncer de próstata, una diferencia estadísticamente significativa (reducción absoluta del riesgo = 5,1% y RRR = 22,8% [IC 95%, 15,2-29,8%]). EI RRR entre el tercer y cuarto año fue similar al RRR entre el primer y el segundo año. La diferencia entre los grupos se debió totalmente a una reducción del cáncer de próstata con un puntaje de Gleason 5 a 7. Entre los años 3 y 4 hubo un aumento estadísticamente significativo en el grupo de dutasterida, en comparación con el grupo de placebo de cánceres de próstata con puntaje de Gleason 8 a 10 (12 cánceres en el grupo de dutasterida vs. 1 cáncer el grupo de placebo).[7]

En general, no hubo diferencia estadísticamente significativa entre los tumores de grado alto para los cánceres con puntaje de Gleason 8 a 10 en el primer y cuarto año (29 vs. 19; 0,9 vs. 0,6%; P = 0,15). Sin embargo, en un análisis retrospectivo, hubo una diferencia estadísticamente significativa entre el tercer y cuarto año. Dado que este es un subgrupo retrospectivo pequeño, el hallazgo de un aumento en los cánceres con puntaje de Gleason 8 a 10 es de validez incierta. Sin embargo, el hallazgo de que estos cánceres no se redujeron es más significativo.[7]

Hay varias explicaciones plausibles para la falla de la respuesta a la finasterida o la dutasterida en la reducción de la incidencia de cánceres con puntaje de Gleason 8 a 10. Debido a esta incertidumbre, en la actualidad, las pruebas son insuficientes para determinar el efecto profiláctico de estos medicamentos en la mortalidad por cáncer de próstata.

Los fármacos que se usan en el tratamiento hormonal de los cánceres de próstata actuales resultarían inadecuados para la quimioprevención del cáncer de próstata debido al costo y la amplia gama de efectos secundarios, como disfunción sexual, osteoporosis y síntomas vasomotores (sofocos).[8] Los antiandrógenos más recientes pueden desempeñar una función preventiva en el futuro.[9]

En una revisión sistemática de Cochrane de todos los estudios publicados de las investigaciones de los resultados clínicos de los efectos preventivos para la próstata de los inhibidores de la 5-alfa reductasa (5AR) durante el 2010 que se mantuvieron por lo menos durante un año, se concluyó que la finasterida y la dutasterida reducen el riesgo de recibir un diagnóstico de cáncer de próstata entre los hombres que se someten habitualmente a exámenes de detección del cáncer de próstata. La revisión también concluyó que los efectos en la mortalidad no pudieron evaluarse a partir de estos estudios y que el uso persistente de estos fármacos aumentó la disfunción sexual y eréctil. La revisión se sustentó en las búsquedas computarizadas realizadas en MEDLINE y Cochrane Collaboration Library durante junio de 2010, mediante el uso de términos del Medical Subject Headings y las palabras 'finasterida', 'dutasterida', 'neoplasias', 'azasteroides', 'inhibidores de la reductasa' e 'inhibidores de enzimas', a fin de identificar ensayos aleatorizados. Ocho estudios cumplieron con los criterios de inclusión. Solo el Prostate Cáncer Prevention Trial y el Reduction by Dutasteride of Prostate Cancer Events se diseñaron para evaluar el efecto de los inhibidores de la 5AR en el período de prevalencia del cáncer de próstata. En una revisión de estos ocho estudios, se concluyó que, en comparación con el placebo, los inhibidores de la 5AR redujeron en 25% el riesgo relativo (RR) de los cánceres de próstata detectados "por causa'' (RR = 0,75; IC 95%, 0,67–-0,83 y 1,4% de reducción absoluta del riesgo [3,5 vs. 4,9%]). En seis ensayos de inhibidores de la 5AR versus placebo, se evaluaron los cánceres de próstata detectados en general. Entre estos, hubo una reducción del RR de 26% que favoreció a los inhibidores de 5AR (RR = 0,74; IC 95%, 0,55–1,00 y 2,9% reducción de riesgo absoluto [6,3 vs. 9,2%]). Hubo reducciones que trascendieron la edad, la raza y los antecedentes familiares. En un ensayo controlado con placebo de hombres considerados con un mayor riesgo de cáncer de próstata según la edad, un APE elevado y la presunción previa de cáncer de próstata que conllevó a una biopsia de próstata, se informó que la dutasterida no redujo los cánceres de próstata que se identificaron por causa con base en la biopsia con aguja, pero sí redujo el riesgo general de un incidente de cáncer de próstata detectado por biopsia en 23% (RR = 0,77; IC 95%, 0,7–0,85 y reducción absoluta del riesgo 16,1 vs. 20,8%). Hubo reducciones que trascendieron la edad, los antecedentes familiares de cáncer de próstata, las concentraciones de APE, y los subgrupos de volúmenes prostáticos. La revisión de Cochrane definió los cánceres "por causa" de la siguiente manera:

  1. Presunción clínica a partir de síntomas, examen digital del recto (EDR) anormal, o APE y confirmado por biopsia.
  2. El protocolo del estudio recomendó biopsia, pero no se realizó, y al final del estudio la biopsia mostró cáncer de próstata.
  3. La biopsia al final del estudio con APE menor de 4 ng/ml o EDR sospechoso que mostró cáncer de próstata.[10]
Prevención por alimentación con frutas, vegetales y régimen alimentario bajo en grasa

Los resultados de los estudios sobre la relación entre la ingesta alimentaria de frutas y vegetales y el riesgo de cáncer de próstata no son congruentes. En un estudio, se evaluaron 1.619 casos de cáncer de próstata y 1.618 controles en una población multicéntrica y multiétnica. EI estudio encontró que la ingesta de legumbres y vegetales crucíferos y amarillos anaranjados estaba vinculada con un riesgo menor de cáncer de próstata.[11]

La European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition examinó la relación entre la ingesta de frutas y vegetales y el cáncer de próstata subsiguiente. Tras un promedio de seguimiento de hasta 4,8 años, 1.104 de los 130.544 de los hombres participantes presentaron cáncer de próstata. No se observó una relación estadísticamente significativa entre la ingesta de frutas, vegetales y vegetales crucíferos y la de ingesta de frutas y vegetales combinados.[12]

En un estudio de intervención alimentaria durante un período de 4 años, con reducción de grasas y aumento del consumo de frutas, vegetales y fibra, no tuvo efecto en las concentraciones séricas de APE.[13] Se desconoce si la modificación del régimen alimentario bajo en grasa, compuesto principalmente por alimentos de origen vegetal, reduciría el riesgo de cáncer de próstata. Si bien se desconoce este resultado, se pueden vislumbrar los múltiples beneficios adicionales de este tipo de alimentación, que incluyen un riesgo reducido de hiperlipidemia, un mejor control de la presión arterial, un riesgo menor de enfermedad cardiovascular, los cuales ameritan la adopción de este tipo de régimen alimentario.

Quimioprevención

Si bien varias sustancias, como tocoferol α, selenio, licopeno, difluorometilornitina,[14-18] vitamina D,[19-21] e isoflavonoides,[22,23] han mostrado su potencial, ya sea en estudios clínicos o de laboratorio, para la quimioprevención del cáncer de próstata, la correlación de la prevención del cáncer con estas sustancias son una preocupación creciente, dado el aumento estadístico del riesgo de cáncer de próstata observado con el tocoferol α en el ensayo SELECT y su carencia de efectos preventivos (de hecho, un aumento insignificante del riesgo de cáncer de próstata) con el uso de selenio.

Quimioprevención con selenio y vitamina E

El Selenium and Vitamin E Cancer Prevention Trial (SELECT [NCT00006392]) fue un ensayo numeroso, aleatorizado, controlado con placebo de vitamina E y selenio, en el que no se mostró reducción durante el período de incidencia del cáncer de próstata, más bien, un aumento del riesgo de este cáncer con el uso de la vitamina E sola.[24]

En comparación con el grupo de placebo, en el que 529 hombres presentaron cáncer de próstata, hubo un aumento estadísticamente significativo de cáncer de próstata en el grupo de vitamina E (620 casos), pero no el grupo de selenio más vitamina E (555 casos), o en el grupo de selenio (575 casos). La magnitud del aumento del riesgo del cáncer de próstata con la vitamina E sola fue de 17%. Resulta interesante notar que el aumento estadístico del riesgo de cáncer de próstata entre los hombres que recibieron vitamina E se observe tras la suspensión del complemento en estudio, lo que indica el efecto prolongado de esta sustancia.[24]

Quimioprevención con licopeno

Hay datos probatorios de que una alimentación con contenido alto de frutas y vegetales se relaciona con un menor riesgo de cáncer. Se desconoce cuál micronutriente, si lo hay, es el responsable de esta reducción. Un grupo de nutrientes que con frecuencia se postula como portador de propiedades quimiopreventivas son los carotenoides. El licopeno es el principal carotenoide que consumen los estadounidenses y presenta un número de posibles acciones, como por ejemplo su efecto antioxidante.[25] Este se encuentra en varios vegetales, más notablemente en el tomate, y su mejor forma de absorción es si se consume cocinado y acompañado de grasas y aceites alimenticios.

Los estudios iniciales sobre la relación del licopeno y el riesgo de cáncer de próstata fueron, por lo general, negativos antes de 1995, cuando solo se llevó a cabo un estudio de casos y controles con 180 pacientes que mostró una reducción del riesgo.[26-29] En 1995, en un análisis del Physicians' Health Study, se encontró una reducción de un tercio en el riesgo de cáncer de próstata en el grupo de hombres con el mayor consumo de productos provenientes del tomate, cuando se comparó con el grupo con el consumo más bajo, lo que se atribuyó al contenido de licopeno de estos vegetales.[30] Este análisis numeroso dio lugar a varios estudios posteriores, cuyos resultados fueron mixtos.[31,32] En una revisión de los datos publicados, se concluyó que las pruebas eran débiles en el sentido de que el licopeno estaba vinculado con un riesgo reducido, ya que estudios previos carecieron de un control para la ingesta total de vegetales (es decir, separar el efecto del tomate de los demás vegetales), las evaluaciones sobre la ingesta alimentaria están precariamente diseñadas para cuantificar el consumo de licopeno y otros sesgos posibles.[33] Está por demostrarse que una complementación alimentaria específica con licopeno reduzca el riesgo de cáncer de próstata. En el mayor estudio prospectivo hasta la fecha, el Prostate Cancer Prevention Trial, el licopeno no se relacionó con la reducción del riesgo de cáncer de próstata en 9.559 hombres participantes en el estudio. De manera similar, no se encontró relación entre las concentraciones séricas de licopeno y el riesgo de cáncer de próstata. [34,35]

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