Irradiación con radio en la nasofaringe y cáncer

  • Control de tamaño de fuente
  • Imprimir
  • Enviar por correo electrónico
  • Facebook
  • Twitter
  • Google+
  • Pinterest

Antecedentes

La irradiación con radio en la nasofaringe (NRI) se comenzó a usar por primera vez en Estados Unidos en 1926 como un tratamiento para reducir la inflamación del tejido linfoide en el área de la cabeza, cerca de la parte anterior de la nariz, especialmente en los niños. En la década de los sesenta se consideraba la NRI como un buen método médico y un tratamiento eficaz para numerosos problemas de salud de la cabeza y del cuello, como la sordera y las infecciones de oído crónicas, y para reducir el tamaño de las amígdalas y de las adenoides. Las alteraciones del oído medio causadas por cambios de presión del aire en aviadores o en personal de submarinos también se trataban con NRI.

El tratamiento con NRI consistía en insertar por cortos períodos de tiempo dos cilindros de sulfato de radio por los orificios nasales para llegar al área nasofaríngea (el espacio detrás de la nariz y de la boca). Generalmente, cada cilindro contenía 25 miligramos de sulfato de radio, y los pacientes eran sometidos a la exposición por tres sesiones de 8,5 minutos cada una.

El implante de radio emitía tres tipos de radiación ionizante: partículas alfa, rayos beta y rayos gamma. Las partículas alfa eran bloqueadas por el aplicador y no penetraban en el tejido. La radiación beta, que se transporta por distancias cortas, se dirigía al tejido cercano a la nasofaringe con crecimiento mayor al normal. No obstante, la radiación gamma, que penetra más en profundidad en el tejido que los rayos beta, era un subproducto indeseable del implante de radio y posiblemente la fuente de efectos adversos en la salud, incluido el cáncer. Se administraban dosis bajas de radiación gamma a la hipófisis, a las glándulas tiroides y salivales, y al cerebro.

Debido a la proximidad al área de tratamiento, la hipófisis recibía mayor radiación que la tiroides o el cerebro (cerca de seis a siete veces más), pero la dosis era menor que la que recibía la nasofaringe (25 veces menor). Algunos científicos han conjeturado que el daño a la hipófisis por el tratamiento con la NRI podría afectar los niveles hormonales en la circulación, el crecimiento y las características de reproducción como la fecundiddad y la menopausia temprana. Dichos efectos se han observado en niños expuestos a dosis de radiación mucho mayores que las que se recibían con la NRI.

En 1960, los informes del Comité de la Academia Nacional de Ciencias sobre los Efectos Biológicos de la Radiación Atómica (National Academy of Sciences Committee on the Biological Effects of Atomic Radiation [1956 y 1960]) y del Consejo de Investigación Médica Británico (Britain´s Medical Research Council [1960]) despertaron la inquietud general de que el uso de la radioterapia podría tener efectos adversos a largo plazo, incluso un mayor riesgo de cáncer. Además, la dosificación eficaz de antibióticos y mejores métodos quirúrgicos redujeron la necesidad de todo tipo de tratamiento con radiación para enfermedades de la cabeza y el cuello. Los tratamientos con NRI se dejaron de usar a principios de la década de los setenta.

Es posible que al menos 8000 militares y hasta 2,5 millones de civiles hayan recibido tratamiento con NRI en Estados Unidos. La terapia con NRI se usó también en Canadá y en varios países europeos, entre ellos los Países Bajos, donde se estima que al menos 24 500 pacientes recibieron tratamiento.

Indicios científicos de un estudio inicial de observación

En varios estudios epidemiológicos se ha evaluado si en poblaciones específicas de pacientes tratados con NRI existe un mayor riesgo de cáncer en comparación con grupos de control que no recibieron este tratamiento.

En uno de los primeros estudios realizados, Hazen y colaboradores (1966) compararon el riesgo de cáncer en 417 niños que recibieron tratamiento con NRI, en 971 niños que recibieron tratamiento con rayos X y en un grupo de control de 2746 participantes que no recibieron ningún tratamiento. Durante períodos de seguimiento de 14,6 años en promedio, no se observó un mayor riesgo significativo de cáncer en los grupos tratados frente al grupo de control.

Estudio del personal militar

Combatientes de la Segunda Guerra Mundial como pilotos, buzos y personal de submarinos en entrenamiento (submarinistas) que fueron sujetos a presión de aire diferencial entre el oído medio y la atmósfera circundante recibieron generalmente terapia de irradiación con radio en la nasofaringe (NRI) para las disfunciones en el oído medio. En el primer estudio de personal militar que recibió tratamiento con NRI, el Departamento de Asuntos de Veteranos (Department of Veterans Affairs) evaluó si 1214 submarinistas de la Segunda Guerra Mundial con exposición a la NRI tenían un mayor riesgo de muerte en comparación con 3176 submarinistas que no recibieron tratamiento (Kang y colaboradores, 2000).

Las historias clínicas indicaron que el grupo tratado presentaba una mayor probabilidad de muerte por todas las causas y todas las enfermedades del sistema circulatorio. Si bien los investigadores descubrieron también un pequeño aumento del riesgo de muerte debido a todos los cánceres combinados, así como de cánceres de cabeza y cuello, estos hallazgos no fueron estadísticamente significativos.

No se esperaba encontrar un índice de mortalidad más alto debido a enfermedades circulatorias. Los autores conjeturaron que el mayor riesgo de muerte relacionado con problemas circulatorios y cáncer en los veteranos que recibieron tratamiento podría estar relacionado al hecho de que este grupo fue reclutado durante la guerra, mientras que el grupo de control de veteranos no tratados fue reclutado durante el período de posguerra. Los investigadores plantearon que es posible que los requisitos de elegibilidad de estado físico hayan sido menos exigentes durante la guerra, o que los soldados fumaron más durante la guerra que el grupo de posguerra. Sin embargo, basándose en la comparación de muertes relacionadas con el consumo de tabaco (p. ej., enfermedades respiratorias, cáncer de pulmón y enfisema), pareciera improbable que hubiese una diferencia entre ambos grupos en lo que respecta al consumo de tabaco. El estudio tuvo limitaciones debido a la falta de datos sobre otros factores de riesgo además de la exposición al radio.

Estudio en el condado de Washington, Maryland

En otro estudio sobre la exposición a la NRI en niños, investigadores de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland, evaluaron si 904 personas expuestas a la NRI presentaban un riesgo mayor de tumores de cabeza y de cuello que 2021 pacientes no expuestos a la irradiación (Yeh y colaboradores, 2001). Los pacientes fueron tratados en un centro de atención para el oído en el condado de Washington, Maryland, entre 1943 y 1960. La mediana de edad de los participantes fue 46 años de edad al momento del estudio.

Los investigadores encontraron un riesgo elevado, aunque no estadísticamente significativo, de cáncer de cerebro: se identificaron tres tumores malignos en el grupo tratado frente a ninguno en el grupo que no recibió tratamiento. También se informó de la presencia de cuatro tumores benignos en el grupo que tuvo exposición frente a ninguno en los participantes del grupo de control. A su vez, se detectó un exceso de riesgo no significativo de cáncer de tiroides: dos casos en el grupo que tuvo exposición y un caso en el grupo que no estuvo expuesto.

Los investigadores encontraron también que los índices de cánceres de seno (mama), endometrio, ovario y próstata fueron más bajos en la población expuesta que en la población no expuesta. Ninguno de estos hallazgos fue estadísticamente significativo. De todas maneras, estos resultados, sumados a los hallazgos de otros estudios, llevaron a conjeturas de que la irradiación en la hipófisis podría causar alteraciones hormonales que generarían índices menores de cáncer en los órganos sensibles a las hormonas.

Pacientes holandeses

Otra población que se ha estudiado muy bien fue un grupo de niños que fueron tratados con irradiación con radio en la nasofaringe (NRI) en nueve centros médicos para oído, nariz y garganta en los Países Bajos, entre 1945 y 1981.

Los investigadores evaluaron si la mortalidad por cáncer de la cohorte de los Países Bajos era mayor entre las 5358 personas expuestas a la NRI en comparación con 5265 pacientes no expuestos (Ronckers y colaboradores, 2001). Al momento del estudio, el seguimiento de estos pacientes había sido de 31,6 años en promedio. Los investigadores no encontraron ningún riesgo mayor de muerte por cánceres de cabeza y cuello, ni tampoco por tumores cerebrales. Pero sí encontraron evidencia científica de un aumento estadísticamente significativo en forma marginal en la muerte por linfoma no Hodgkin. (Los linfomas son cánceres del sistema linfático, el cual se encarga de combatir infecciones y otras enfermedades). Los autores señalaron que este riesgo mayor no se había observado en otros estudios con pacientes expuestos a la NRI y que podría deberse a una ocurrencia al azar. Concluyeron que el estudio no indicaba que la exposición a la NRI durante la infancia estuviese relacionada con un riesgo mayor de mortalidad por cáncer.

En un análisis de la incidencia de cáncer entre 4339 pacientes holandeses tratados con NRI en la misma cohorte de los Países Bajos (Ronckers y colaboradores, 2002b), los investigadores no encontraron ningún riesgo mayor de cáncer en general, ni de tumores de cabeza y cuello en particular, en comparación con 4109 participantes no tratados. El estudio no confirmó los hallazgos del estudio del condado de Washington (Yeh y colaboradores, 2001) que planteaban que la NRI tenía como consecuencia un riesgo menor de cáncer de seno o de otros cánceres relacionados con las hormonas. Pero los autores informaron de un aumento tres veces mayor del riesgo de cáncer de tiroides (cuatro casos en el grupo con exposición frente a un caso en el grupo sin exposición). Este resultado se compara con un aumento cuatro veces mayor del riesgo de cáncer de tiroides observado en el estudio del condado de Washington (dos casos de cáncer de tiroides en el grupo con exposición frente a un caso en el grupo de control), en el que los pacientes recibieron una dosis de radiación en la tiroides aproximadamente seis veces mayor. Los resultados sobre la tiroides en el condado de Washington y en los Países Bajos no son estadísticamente significativos, pero en conjunto podrían indicar un posible efecto.

Recientemente, los mismos investigadores (Ronckers y colaboradores, 2002a) evaluaron la ocurrencia de cáncer de piel no melanoma, tumores benignos y trastornos hormonales en la misma cohorte holandesa. Encontraron que la población expuesta (3440 pacientes) no presentaba un riesgo mayor de trastornos de tiroides o tumores benignos de cabeza y cuello, incluidos adenomas de la hipófisis y tumores de las glándulas salivales. Si bien la población expuesta pareció tener un riesgo mayor marginal estadísticamente significativo de carcinoma de células basales en la piel del área de la cabeza y del cuello, los autores piensan que los resultados podrían reflejar, por el contrario, un índice inusualmente bajo de la enfermedad entre el grupo no tratado. También encontraron un riesgo mayor marginal estadísticamente significativo de infecundidad en los hombres con exposición frente a los hombres sin exposición.

Comparación de los grupos tratados cuando eran niños

La mayoría de los participantes del estudio que recibieron tratamiento durante la infancia (estudio Hazen, condado de Washington y la cohorte holandesa) han recibido un seguimiento hasta los primeros años de la edad adulta a fin de evaluar el riesgo de cáncer. El número de casos de cáncer y de muertes en estos grupos del estudio es aún muy pequeño, en la mayoría de los casos, para que los resultados puedan llegar a ser estadísticamente significativos. Aquellos que son estadísticamente significativos en forma marginal pueden no representar un verdadero riesgo mayor. No obstante, en 10 a 15 años, cuando la mayoría de los participantes con exposición a la NRI cumplan los 40 a 60 años de edad, que es cuando los índices de cáncer tienden a aumentar, los análisis de patrones de cáncer permitirán a los investigadores llegar a conclusiones más definitivas.

Si bien cada uno de estos tres estudios identifica posibles relaciones entre el tratamiento con la irradiación con radio en la nasofaringe y las enfermedades posteriores, los hallazgos no son constantes en todos los estudios. Por lo tanto, no se ha determinado si existe un vínculo claro entre la exposición a la NRI y el riesgo de cáncer.

Bibliografía selecta
  1. Block MA, Miller MJ, Horn RC. Carcinoma of the thyroid after external radiation to the neck in adults. Am J Surg 1969;118:764–9.

  2. Boice JD Jr, Land CE, Preston DL. Ionizing radiation. In: Schottenfeld D, Fraumeni JF Jr, editors. Cancer Epidemiology and Prevention. 2nd ed. Philadelphia: J.F. Saunders; 1996. p. 319–54.

  3. Clark DE. Association of irradiation with cancer of the thyroid in children and adolescents. JAMA 1955;159:1007–9.

  4. Committee on the Biological Effects of Ionizing Radiation, National Research Council. Health Effects of Exposure to Low Levels of Ionizing Radiation: BEIR V., Washington, D.C.: National Academies Press; 1990.

  5. Crowe SJ, Baylor JW. The prevention of deafness. JAMA 1939;112:585–90.

  6. Ducatman AM, Farber SA. Radium exposure in U.S. military personnel. NEJM 1992;326:71.

  7. Hazen RW, Pifer JW, Toyooka ET, Livingood J, Hempelmann LH. Neoplasms following irradiation of the head. Cancer Res 1966;26:305–11.

  8. Kang HK, Bullman TA, Mahan CM. A mortality follow-up study of World War II submariners who received nasopharyngeal radium irradiation treatment. Am J Ind Med 2000;38:441–6.

  9. Katz AD, Preston-Martin S. Salivary gland tumors and previous radiotherapy to the head or neck. Report on a clinical series. Am J Surg 1984;147:345–8.

  10. Lindsay S, Chaikoff IL. The effects of irradiation in the thyroid gland with particular reference to the induction of thyroid neoplasms: a review. Cancer Res 1964;24:1099.

  11. Medical Research Council. The hazards to man of nuclear and allied radiations. London: Her Majesty's Stationary Office; 1956.

  12. Committees on Biological Effects of Atomic Radiation. Summary Reports. Washington, D.C.: National Academy of Sciences; 1956.

  13. Committees on Biological Effects of Atomic Radiation. Summary Reports. Washington, D.C.: National Academy of Sciences; 1960.

  14. Ronckers CM, Land CE, Hayes RB, Verduijm PG, Stovall M, van Leeuwen FE. Late health effects of childhood nasopharyngeal radium irradiation: nonmelanoma skin cancer, benign tumors, and hormonal disorders. Pediatr Res 2002a;52:850–8.

  15. Ronckers CM, Land CE, Verduijn PG, Hayes RB, Stovall M, van Leeuwen FE. Cancer mortality after nasopharyngeal irradiation in the Netherlands: a cohort study. J Natl Cancer Inst 2001;93:1021–7.

  16. Ronckers CM, van Leeuwen FE, Hayes RB, Verduijn PG, Stovall M, Land CE. Cancer incidence after nasopharyngeal radium irradiation. Epidemiology 2002b;13:552–60.

  17. Sandler DP, Comstock GW, Matanoski GM. Neoplasms following childhood radium irradiation of the nasopharynx. J Natl Cancer Inst 1982;68:3–8.

  18. Shy C, editor. Summary report of the panel. Panel of the Workshop on Public Health Response to Nasopharyngeal Radium Irradiation. Otolaryngol Head Neck Surgery 1996;115:442–6.

  19. Skolnick AA. Government is in no rush to study thousands of veterans who received nasal radiation therapy. JAMA 1995;274:858–9.

  20. Soffermann RA, Heisse JW. Adenoid cystic carcinoma of the nasopharynx after previous adenoid radiation. Laryngoscope 1985;95:458–61.

  21. United Nations Scientific Committee on the Effects of Atomic Radiation. Sources and Effects of Ionizing Radiation. Volume II: Effects; Annex I. Epidemiological Evaluation of Radiation-Induced Cancer. E.00.IX.4; New York: United Nations; 2000.

  22. Verduijn PG, Hayes RB, Habbema JDF, Looman C, van der Maas PJ. Mortality after nasopharyngeal radium irradiation for eustachian tube dysfunction. Ann Otol Rhinol Laryngol 1989;98:839–43.

  23. Wilson EH, Asper SP. The role of X-ray therapy to the neck region in the production of thyroid cancer in young people. Arch Intern Med 1960;105:244–51.

  24. Yeh H-C, Matanoski GM, Wang N-Y, Sandler DP, Comstock GW. Cancer incidence after childhood nasopharyngeal radium irradiation: A follow-up study in Washington County, Maryland. Am J Epidemiol 2001;153:749–56.

  • Revisión: 10 de enero de 2003

La mayor parte del texto que se encuentra en el sitio web del Instituto Nacional del Cáncer puede copiarse o usarse con toda libertad. Se deberá dar crédito al Instituto Nacional del Cáncer como fuente de esta información e incluir un enlace a esta página, p. ej., “Irradiación con radio en la nasofaringe y cáncer fue publicado originalmente por el Instituto Nacional del Cáncer”.

Por favor, tenga en cuenta que los artículos del blog que están escritos por individuos fuera del gobierno pueden pertenecer al escritor, y el material gráfico puede pertenecer a su creador. En tales casos, es necesario ponerse en contacto con el escritor, con los artistas o con el editor para obtener su autorización para poder usarlo.

Agradecemos sus comentarios sobre este artículo. Todos los comentarios deberán satisfacer nuestra política de comentarios.