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¿Prequntas sobre el cáncer?

La espiritualidad en el tratamiento del cáncer (PDQ®)

Versión Profesional De Salud
Actualizado: 3 de julio de 2014

Definiciones

Las convicciones y prácticas religiosas específicas deben diferenciarse de la idea de una capacidad universal para experiencias espirituales y religiosas. Si bien esta distinción puede no ser sobresaliente o significativa en el orden individual, es importante conceptualmente para comprender varios aspectos de la evaluación y la función de diferentes convicciones, prácticas y experiencias en la superación del cáncer.

La distinción general más útil que se debe establecer en este contexto es entre religión y espiritualidad. No hay consenso general sobre la definición de cada uno de estos términos, pero se acepta la conveniencia de esta diferenciación. Un grupo de análisis cubre temas de definición.[1-3] La religión puede considerarse como un conjunto específico de convicciones y prácticas relacionadas con un credo o denominación reconocida. La espiritualidad se determina generalmente como abarcadora de aspectos experimentales, bien relacionados con la participación en prácticas religiosas o bien con el reconocimiento de una sensación general de paz y unión. El concepto de espiritualidad se incluye en todas las culturas y suele considerarse marco de una búsqueda de propósito fundamental a través de la religión u otras vías.[4] En el campo de la atención de la salud, los asuntos sobre el bienestar espiritual o religioso se han visto algunas veces como un aspecto de la medicina complementaria y alternativa (CAM), pero esta percepción puede ser más una característica de los proveedores de salud que de los pacientes. En un estudio realizado se vio que [5] casi el 20% de los proveedores de salud dijeron que solicitaron los servicios de CAM con el fin de ayudar con los asuntos espirituales o religiosos; en cambio, pero prácticamente ningún paciente lo hizo. La religión está determinada en gran medida por la cultura; la espiritualidad se establece como una capacidad humana universal, en general, pero no necesariamente relacionada y expresada en la práctica religiosa. La mayoría de las personas se consideran tanto espirituales como religiosas; algunas pueden considerarse religiosas pero no espirituales. Otras, incluidas algunas personas ateas (individuos que no creen en la existencia de Dios) o agnósticas (individuos que creen que no se puede demostrar la existencia de Dios), pueden considerarse espirituales pero no religiosas. En una muestra representativa de 369 pacientes ambulatorios de cáncer de la ciudad de Nueva York (minoría de 33%), mientras solo 6% se identificaron como agnósticos o ateos, solo 29% asistieron a los servicios religiosos semanalmente; 66% se representaron como espirituales pero no religiosos.[6]

Una iniciativa para caracterizar a las personas por tipos de experiencia espiritual y religiosa [7] identificó los tres grupos siguientes, con el uso de técnicas analíticas de conglomerados:

  1. Personas religiosas que valoran en gran medida la fe religiosa, el bienestar espiritual y el significado de la vida.

  2. Personas existenciales que valoran primordialmente el bienestar espiritual, pero no la fe religiosa.

  3. Personas no espirituales que confieren escaso valor a la religiosidad, la espiritualidad o el sentido de la vida.

Los individuos del tercer grupo estaban mucho más angustiados por su enfermedad, con peor adaptación. Aún no se ha llegado a un consenso sobre la cantidad o los tipos de dimensiones básicas de la espiritualidad o el compromiso religioso.

Desde la perspectiva, tanto de la investigación como de la literatura clínica sobre las relaciones entre religión, espiritualidad y salud, es importante considerar la manera en que los investigadores y autores definen y utilizan estos conceptos. Gran parte de la bibliografía epidemiológica que indica una relación entre religión y salud se basa en definiciones de participación religiosa como participación en un grupo religioso o asiduidad con que visita un templo. La evaluación de convicciones o prácticas religiosas específicas como creencia en Dios, frecuencia de la plegaria o lectura de material religioso es más compleja, en cierto modo. Las personas realizan dichas prácticas o creen en Dios sin asistir necesariamente a servicios religiosos. La terminología también conlleva ciertas connotaciones; el término religiosidad, por ejemplo, ha implicado históricamente fervor y quizá dedicación indebida a prácticas o convicciones religiosas específicas. La religiosidad tal vez constituya una manera más neutral de referirse a la dimensión de práctica religiosa.

La espiritualidad y el bienestar espiritual son más difíciles de definir. Algunas definiciones limitan la espiritualidad al significado de experiencias místicas profundas; sin embargo, tomando en cuenta los efectos en el bienestar de la salud y psicológico, las definiciones que más ayudan, se enfocan en los sentimientos accesibles, tales como la sensación de paz interior, significados existenciales y nuestro propósito en la vida, o el sobrecogimiento cuando se camina por la naturaleza. Para los fines de este análisis, se considera un proceso continuo de experiencias espirituales significativas, desde lo común y accesible a lo extraordinario y transformativo. Tanto el tipo como la intensidad de la experiencia pueden variar. Otros aspectos de la espiritualidad que han sido identificados por aquellos que trabajan con pacientes médicos incluyen una sensación de propósito y paz, una sensación de fe y una sensación de unión a otros o a Dios. Índices bajos de estas experiencias pueden relacionarse con adaptación más deficiente (consultar la sección Relación de la religión y la espiritualidad con la adaptación, la calidad de vida y los índices de salud).[3]

La definición de sufrimiento espiritual agudo debe considerarse de manera separada. El sufrimiento espiritual puede desprenderse de la convicción que el cáncer refleja castigo de Dios o acompañar una preocupación con la pregunta “¿Por qué a mí?” Un paciente de cáncer tal vez pierda también la fe.[8] Si bien muchos pueden tener tales pensamientos en algún momento después del diagnóstico, solo unos pocos se obsesionan con estas ideas o alcanzan un alto grado en una medición general de sufrimiento religioso y espiritual (como la subescala negativa de la Escala de Adaptación Religiosa [RCOPE–Negativa, por su nombre en inglés]).[8] Altos grados de angustia espiritual pueden contribuir a resultados sanitarios y psicosociales más deficientes.[9,10] Las herramientas para la medición de estas dimensiones se describen en la sección Detección y evaluación de inquietudes espirituales.

Bibliografía
  1. Halstead MT, Mickley JR: Attempting to fathom the unfathomable: descriptive views of spirituality. Semin Oncol Nurs 13 (4): 225-30, 1997.  [PUBMED Abstract]

  2. Zinnbauer BJ, Pargament KL: Spiritual conversion: a study of religious change among college students. J Sci Study Relig 37 (1): 161-80, 1998. 

  3. Breitbart W, Gibson C, Poppito SR, et al.: Psychotherapeutic interventions at the end of life: a focus on meaning and spirituality. Can J Psychiatry 49 (6): 366-72, 2004.  [PUBMED Abstract]

  4. Task force report: spirituality, cultural issues, and end of life care. In: Association of American Medical Colleges: Report III. Contemporary Issues in Medicine: Communication in Medicine. Washington, DC: Association of American Medical Colleges, 1999, pp 24-9. 

  5. Ben-Arye E, Bar-Sela G, Frenkel M, et al.: Is a biopsychosocial-spiritual approach relevant to cancer treatment? A study of patients and oncology staff members on issues of complementary medicine and spirituality. Support Care Cancer 14 (2): 147-52, 2006.  [PUBMED Abstract]

  6. Astrow AB, Wexler A, Texeira K, et al.: Is failure to meet spiritual needs associated with cancer patients' perceptions of quality of care and their satisfaction with care? J Clin Oncol 25 (36): 5753-7, 2007.  [PUBMED Abstract]

  7. Riley BB, Perna R, Tate DG, et al.: Types of spiritual well-being among persons with chronic illness: their relation to various forms of quality of life. Arch Phys Med Rehabil 79 (3): 258-64, 1998.  [PUBMED Abstract]

  8. Pargament KI: The Psychology of Religion and Coping: Theory, Research, Practice. New York, NY: Guilford Press, 1997. 

  9. Pargament KI, Koenig HG, Tarakeshwar N, et al.: Religious struggle as a predictor of mortality among medically ill elderly patients: a 2-year longitudinal study. Arch Intern Med 161 (15): 1881-5, 2001 Aug 13-27.  [PUBMED Abstract]

  10. Hills J, Paice JA, Cameron JR, et al.: Spirituality and distress in palliative care consultation. J Palliat Med 8 (4): 782-8, 2005.  [PUBMED Abstract]