¿Prequntas sobre el cáncer?

La espiritualidad en el tratamiento del cáncer (PDQ®)

Versión para profesionales de salud

Relación de la religión y la espiritualidad con la adaptación, la calidad de vida y los índices de salud

Se ha mostrado que la religión y la espiritualidad se relacionan significativamente con medidas de adaptación y con el tratamiento de síntomas en pacientes de cáncer. Los mecanismos religiosos y espirituales de adaptación se han relacionado con índices inferiores de incomodidad, así como menor hostilidad, ansiedad y aislamiento social de los pacientes de cáncer [1-4] y de los familiares encargados de su cuidado.[5] Características específicas de creencias religiosas sólidas, como esperanza, optimismo, falta de arrepentimiento y satisfacción por la vida se han relacionado también con mejor adaptación de las personas diagnosticadas con cáncer.[6,7]

La forma en que se manejan los asuntos religiosos puede influir en la calidad de vida. En un estudio cruzado multiinstitucional con 170 pacientes de cáncer avanzado, se relacionó la forma positiva en que se manejan los asuntos religiosos (como la apreciación benevolente de la religión) con una mejor calidad de vida y puntajes más alto en las áreas existenciales y de apoyo en la escala McGill Quality of Life Questionnaire. En contraste, cuando se utilizan métodos negativos para manejar los asuntos religiosos (como el estar enojado con Dios) se relacionó con una menor calidad de vida en sentido general y puntajes más bajos en las áreas existenciales y psicológicas.[8,9] Un estudio con 95 pacientes de cáncer que habían sido diagnosticados en los últimos cinco años, encontró que la espiritualidad estaba relacionada con una menor aflicción y una mejor calidad de vida independientemente de la percepción que se tenga de la gravedad de la enfermedad, a esto, el bienestar existencial, no el religioso, es quien más contribuye.[10]

El bienestar espiritual, especialmente la sensación de que la vida tiene sentido y la paz,[11] se relacionan de manera primordial con la capacidad de los pacientes de cáncer para continuar disfrutando de la vida a pesar de altos grados de dolor o cansancio crónico. El bienestar espiritual y la depresión están inversamente relacionados.[12,13] El aumento de la sensación de propósito interior y paz se ha relacionado también con una menor incidencia de depresión, al tiempo que el grado de religiosidad no guardó relación con la depresión.[14]

Esta relación ha quedado específicamente demostrada en el entorno oncológico. En una encuesta cruzada con 85 pacientes de oncología provenientes de centros paliativos, se vio una correlación negativa entre ansiedad y depresión (según se midió con la escala Hospital Anxiety and Depression Scale) y el bienestar espiritual en general (según se midió con la escala Spiritual Well-Being Scale) (P < 0,0001). También hubo una correlación negativa entre el puntaje de bienestar espiritual y entre el puntaje de ansiedad y depresión, pero no el puntaje de bienestar religioso (P < 0,001).[15] Estos patrones también se encontraron en un estudio numeroso con sobrevivientes de cáncer de próstata; los patrones fueron congruentes independientemente de la etnicidad o de si el cáncer era metastásico.[16]

En un estudio numeroso con pacientes de cáncer de mama (N = 418), un grado mayor de propósito y paz se relacionó con una disminución de la depresión por más de 12 meses, mientras que una mayor religiosidad predijo un aumento en la depresión, particularmente si el factor propósito o paz era menor.[17][Grado de comprobación: II] En un segundo estudio con una mezcla de sobrevivientes de cáncer de ambos géneros (N = 165) observó patrones similares. En ambos estudios, los grados más altos de religiosidad estuvieron relacionados con un aumento en la percepción de crecimiento relacionado con el cáncer.[17][Grado de comprobación: II] En una muestra fiable, se entrevistó a un total de 222 hombres de ingreso bajo con cáncer de próstata, sobre la espiritualidad y la calidad de vida relacionada con su salud. Los puntajes bajos en espiritualidad, según las medidas tomadas por la subescala de paz/significación en la vida y la fe de la Functional Assessment of Chronic Illness Therapy—Spiritual Well-Being (FACIT-Sp), se relacionaron significativamente con salud física y mental más precaria que los puntajes altos de espiritualidad.[18]

Una encuesta nacional en gran escala en que se aparearon sobrevivientes de cáncer con los encargados de su cuidado (entre los encargados del cuidado se incluyó a los cónyuges e hijos adultos) encontró que tanto para los sobrevivientes como para las personas encargadas del cuidado de estos, el factor de paz del FACIT-Sp estuvo fuertemente relacionado con la salud mental pero somera o absolutamente no relacionado con el bienestar físico. El factor fe ("religiosidad") no estaba relacionado con el bienestar físico o mental. Cincuenta y dos por ciento de los sobrevivientes en esta encuesta fueron mujeres.[19] Estos hallazgos sustentan la importancia del FACIT-Sp en separar la religiosidad de las personas de su sentido de bienestar espiritual, y que es este sentido de bienestar espiritual, el que parece estar mejor relacionado con el equilibrio sicológico.

Otro estudio de una encuesta nacional en gran escala estudio amplio de la encuesta nacional con familiares mujeres encargadas del cuidado del paciente (n = 252; 89% blancos) identificó que los grados más altos de espiritualidad, medidos por el FACIT-Sp, se relacionaron con mucho menos sufrimiento psicológico (medido por la Pearlin Stress Scale). Los participantes con grados más altos de espiritualidad en realidad habían mejorado su bienestar incluso cuando aumentó la tensión de los familiares encargados de su cuidado, mientras que aquellos con índices inferiores de espiritualidad mostraron un perfil opuesto; esto indica un fuerte efecto de amortiguación del bienestar espiritual. Esta observación refuerza la necesidad de identificar el bienestar espiritual bajo cuando se evalúa la capacidad de hacer frente a los problemas de los familiares encargados de la atención del paciente, así como la de los pacientes mismos.[5]

Un autor [20] determinó que los sobrevivientes de cáncer que habían empleado recursos espirituales dieron cuenta de un crecimiento personal sustancial como resultado de hacer frente al trauma que representa el cáncer. Esto también fue determinado por un estudio tipo encuesta mediante el cual se entrevistaron 100 mujeres blancas, con buena educación académica, casadas o que tenían sus compañeros y que presentaban cáncer de mama en estadio inicial, las cuales fueron reclutadas para este estudio a través de un portal de Internet, en el que se vio que el mantenerse en una lucha espiritual estaba relacionado con una adaptación emocional precaria, pero no en los otros aspectos de la calidad de vida relacionada con el cáncer.[21] Mediante el uso de un análisis técnico de ruta, un estudio de mujeres con cáncer de mama observó que tanto antes del diagnóstico como a los 6 meses después de una operación, el tener una imagen negativa de Dios constituyó uno de los mayores factores pronósticos de aflicción emocional y menor bienestar social.[22] Sin embargo, los análisis longitudinales no lograron encontrar efectos sostenidos en cuanto a las actitudes negativas o positivas basales hacia Dios ya sea a los 6 o 12 meses. Una explicación posible para estas observaciones es que tales actitudes son un poco inestables durante el período de desconcierto (por ejemplo, antes del diagnóstico).[22]

Hacer uso de la oración suele citarse como un instrumento de adaptación,[23] pero la investigación cualitativa [24] determinó que para casi una tercera parte de los pacientes de cáncer entrevistados, las preocupaciones sobre la manera de orar eficazmente o las preguntas que surgieron sobre la eficacia de la oración también produjeron conflicto interno y angustia leve. En un estudio donde se informó de la sanación espiritual y la oración con una muestra de 123 pacientes hospitalizados en una unidad de cuidados paliativos, 26,8% informó haber usado sanación espiritual y oración con propósitos curativos, 35% con fines de mejorar la supervivencia, y 36,6% para mejorar los síntomas (nota: estos porcentajes se superponen). A mayores índices de fe, en el FACIT-Sp se observó una relación con un mayor uso de técnicas de medicina complementaria y alternativa en general e interés en su uso en el futuro, mientras no fue así con los índices de propósito y paz. El estudio también se fijó en el uso general de la terapia complementaria.[25] Se ha publicado un análisis útil sobre las plegarias y los pacientes de cáncer y cómo los médicos puede conceptualizar la oración.[26]

La etnia y la espiritualidad fueron investigadas en un estudio cualitativo con 161 sobrevivientes de cáncer de mama. En las entrevistas personales, la mayoría de las personas (83%) hablaron de ciertos aspectos de su espiritualidad. Se identificaron siete temas: "Dios como presencia reconfortante", "Cuestionamiento de la fe", "Enojo con Dios", "Autotransformación espiritual y actitud hacia los demás/reconocimiento de la propia mortalidad" "Profundización de la fe", "Aceptación" y "Orar por sí mismo". Un mayor porcentaje de los afroestadounidenses, las latinas y las personas identificadas como cristianos, fueron más propensos a sentirse reconfortados por Dios que otros grupos.[27]

La participación religiosa y espiritualidad positivas parecen relacionarse con mejor salud y expectativa de vida más prolongada, incluso después del control de otras variables como conductas de salud y apoyo social, según se muestra en un metanálisis.[28] Aunque muy poco de esta investigación está dirigida específicamente al paciente de cáncer. Un estudio con 230 pacientes con cáncer avanzado (con pronóstico de <1 de un año de vida) investigó una variedad de relaciones entre la religiosidad y el apoyo espiritual.[29] La mayoría de los participantes en el estudio (88%) consideraron la religión ya sea muy importante (68%) o un poco importante (20%); mucho más afroamericanos e hispanos que blancos, consideraron la religión como algo muy importante. El apoyo espiritual de la comunidad religiosa o el entorno médico, se relacionó con una mejor calidad de vida en el paciente. La edad no mostró relación con la religiosidad. En el momento de inscripción para participar en el estudio, el aumento en los autoinformes de aflicción se relacionó con un aumento en la religiosidad y un gran porcentaje de pacientes llevaron a cabo actividades religiosas y espirituales privadas después de su diagnóstico (61%) versus (47%) anteriormente. En cuanto al apoyo espiritual, 38% informaron que sus necesidades espirituales contaban con el apoyo de una comunidad religiosa ya sea "en gran medida o totalmente," mientras que 47% informaron que recibieron apoyo de la comunidad religiosa "en poca media o nada en lo absoluto." Finalmente, la religiosidad se relacionó con la preferencia del paciente hacia al final de la vida de "querer que se tomen todas las medidas necesarias para prolongar la vida".[30] Otro estudio determinó que recuentos de células T auxiliares y citotóxicas fueron más altos entre mujeres con cáncer de seno metastásico que asignaban mayor importancia a la espiritualidad. Otros investigadores [31] determinaron que la asistencia a servicios religiosos se vinculó con mejor funcionamiento del sistema inmunitario. Un trabajo de investigación [32,33] indica que la angustia religiosa afecta negativamente la condición de salud. No obstante, estas asociaciones se criticaron como deficientes e incongruentes.[34]

Varios ensayos aleatorios con pacientes de cáncer han indicado que las intervenciones con apoyo de grupo contribuyen a la supervivencia.[35,36] No obstante, estos estudios deben interpretarse con cautela. En primer término, los tratamientos se centraron en temas psicoterapéuticos generales y apoyo psicosocial. Si bien indudablemente surgieron temas pertinentes desde el punto de vista espiritual en estos entornos, los grupos no hicieron hincapié en estos. En segundo término, ha sido difícil duplicar estos efectos.[37]

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  • Actualización: 23 de julio de 2014