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Sudores y sofocos (PDQ®)

  • Actualizado: 18 de noviembre de 2013

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Sudores y sofocos

Descripción
Etiología
Intervenciones
Intervenciones primarias
        Sudores
        Sofocos
Otras intervenciones farmacológicas



Descripción

La fiebre y los sofocos son comunes en los supervivientes de cáncer, desde los que se encuentran en un entorno adyuvante hasta los que viven con enfermedad avanzada. Los mecanismos fisiopatológicos son complejos. Las opciones de tratamiento cuentan con una base amplia como fármacos hormonales, farmacoterapias no hormonales y diversas modalidades de medicina integral.[1]

Fisiológicamente, el sudor regula la temperatura central del cuerpo provocando la pérdida de calor por evaporación transcutánea.[2,3] Los sudores se presentan en estados patológicos como la fiebre y en otros no patológicos como los ambientes cálidos, el ejercicio y la menopausia. Se dispone de datos limitados que indican que entre 14 y 16% de los pacientes con cánceres avanzados que reciben cuidados paliativos sudan de forma moderada a fuerte.[4-6]

El sudor es parte del complejo de calor repentino que caracteriza la inestabilidad vasomotora de la menopausia. Aproximadamente dos tercios de las mujeres posmenopáusicas con historial de cáncer de mama padecen sofocos y éstas están relacionadas con sudores nocturnos en 44% de los casos.[7,8] En la mayoría de estas pacientes y en los pacientes con cáncer de la próstata, la intensidad de estas crisis es de moderada a fuerte. Los sofocos molestos parecen ser menos frecuentes entre las mujeres posmenopáusicas sin antecedentes de cáncer de mama.

Aproximadamente 20% de las mujeres sin cáncer de mama acuden al médico por padecer síntomas posmenopáusicos, como aquellos relacionados con la inestabilidad vasomotora.[9] Los síntomas vasomotores se resuelven espontáneamente en la mayoría de las pacientes de esta población y solo 20% de las mujeres afectadas dan cuenta de padecer molestias significativas cuatro años después de su última menstruación.[9] No se dispone de datos comparables para las mujeres con cáncer de mama metastásico. Tres cuartos de los hombres con cáncer de la próstata metastásico o localmente avanzado tratados con orquiectomía médica o quirúrgica padecen de sofocos.[10]

Etiología

Los sudores de los pacientes con cáncer pueden estar relacionadas con el tumor, su tratamiento o con otras afecciones no relacionadas (comórbidas). Este síntoma es característico de ciertos tipos de tumores primarios, como el linfoma de Hodgkin, el feocromocitoma, y los tumores neuroendocrinos funcionales (es decir, los tumores carcinoides secretores). Entre otras causas están la fiebre, la menopausia, la castración (para los hombres), los fármacos, los trastornos hipotalámicos y los trastornos primarios de sudación. La menopausia puede ser natural, quirúrgica o química, la cual se puede deber en las pacientes con cáncer a la quimioterapia citotóxica, la radiación o el tratamiento andrógeno. Entre las causas de la "menopausia masculina" se encuentra la orquiectomía, el uso de hormonas que despiden gonadotropina y el uso de estrógeno. Algunos fármacos relacionados con los sudores son el tamoxifeno, los inhibidores de la aromatasa, los opioides, los antidepresivos tricíclicos y los esteroides. Las mujeres que metabolizan el tamoxifeno relacionado con el CYP2D6 podrían presentar sofocos más graves que aquellas que metabolizan de modo precario.[11] Sin relacionarse con los efectos de la menopausia, las terapias con hormonas, los modificadores de la respuesta biológica y los fármacos citotóxicos relacionados con la fiebre provocan sudores como resultado secundario.

Intervenciones

La base del manejo de los sudores y los sofocos son las intervenciones primarias enfocadas en la causa subyacente. En el caso de no existir una terapia eficaz o de comenzarse tarde, son importantes las intervenciones paliativas inespecíficas.

Intervenciones primarias

Sudores

Las intervenciones primarias para los sudores relacionadas con la fiebre son las enfocadas en la causa subyacente de la misma. Las terapias antineoplásicas eficaces controlan los sudores relacionados con la recidiva o evolución del tumor. Los análogos de la somatostatina son el tratamiento primario para los rubores y sudores relacionados con algunos tumores neuroendocrinos.

Sofocos

Terapia de reemplazo hormonal

La terapia de reemplazo hormonal controla eficazmente los sofocos relacionados con estados posmenopáusicos biológicos o relacionadas con el tratamiento en la mujer. El mecanismo de acción propuesto para la restitución de estrógeno en el mejoramiento de los sofocos, es mediante el aumento del umbral temperatura-sudor de la temperatura corporal base;[12][Grado de comprobación: I] sin embargo, muchas mujeres tienen contraindicaciones relativas o absolutas a dicha terapia. Los supervivientes del cáncer de mama y sus médicos suelen creer que hay un riesgo mayor de sufrir recidivas o cáncer de mama de novo cuando se utiliza el tratamiento de restitución hormonal, y difieren el manejo hormonal de los síntomas posmenopáusicos. Solo hay una cantidad mínima de información metodológica sólida que evalúa el riesgo de cáncer de mama relacionado con el tratamiento de restitución hormonal en la mujer saludable, a pesar de que hay consideraciones científicas básicas contundentes que indican un posible vínculo con dicho riesgo.[13]

En mayo de 2002, la Iniciativa de Salud de la Mujer (WHI), un amplio ensayo aleatorizado controlado mediante placebo sobre los riesgos y beneficios del estrógeno y la progestina en la mujer posmenopáusica saludable, finalizó prematuramente después de un seguimiento promedio de 5,2 años (±1,3) a causa de la detección de un aumento de 1,26 veces en el riesgo de cáncer de mama (intervalo de confianza [IC] de 95% 1,00–1,59) en las mujeres que estaban recibiendo tratamiento de restitución hormonal. Los tumores de las integrantes del grupo que recibían tratamiento de restitución hormonal eran ligeramente mayores y estaban en estadios más avanzados que los de las mujeres que recibían un placebo, observándose un aumento considerable y estadísticamente significativo en el porcentaje de mamografías anómalas durante el primer examen sistemático anual; un aumento como éste puede dificultar el diagnóstico de cáncer de mama y ser la causa de diagnósticos en estadios más avanzados.[14,15][Grado de comprobación: I] Estos resultados están respaldados por un estudio de control de casos con base en la población que indica un riesgo mayor de cáncer de mama de 1,7 veces (IC de 95%; 1,3–2,2) en las mujeres que utilizan tratamiento de restitución a base de una combinación de hormonas. El riesgo de padecer de carcinoma lobular invasor aumentó 2,7 veces (IC de 95%; 1,7–4,3), el riesgo de carcinoma ductal invasor, 1,5 veces (IC de 95%; 1,1–2,0), y el riesgo de cáncer de mama con receptor estrogénico positivo y receptor de progesterona positivo aumentó 2,0 veces (IC 95%; 1,5–2,7). Este riesgo más alto es mayor en los tumores lobulares invasores y en las mujeres que usaron tratamiento de restitución hormonal durante períodos más largos. No se observó aumento del riesgo con la terapia de estrógeno sin oposición.[16]

Los datos disponibles son sumamente limitados y no indican un aumento del riesgo de recidiva del cáncer de mama con el uso de estrógeno como fármaco único en los pacientes con antecedentes de cáncer de mama.[17,18] Una serie de estudios doble ciego controlados mediante placebo indica que las dosis bajas de acetato de megestrol (es decir, 20 mg por vía oral dos veces por día) y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son algunos de los fármacos más prometedores para el manejo de los sofocos en esta población. Datos limitados indican que cursos breves de acetato de medroxiprogesterona intramuscular pueden tener cierta incidencia en el tratamiento de los sofocos.[19][Grado de comprobación: I] Se desconoce el riesgo relacionado con el uso de la progestina.[13]

Otras intervenciones farmacológicas

Se han evaluado numerosas intervenciones de tratamientos farmacológicos sin estrógeno para el manejo de sofocos en mujeres con antecedentes de cáncer de mama y en algunos hombres que se han sometido a tratamiento de privación del andrógeno. Entre las opciones con eficacia probada están los andrógenos, los fármacos progestacionales, gabapentina, los ISRS, los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina norepinefrina, los agonistas α-adrenérgicos (por ejemplo, metildopa, clonidina ), los bloqueadores β, la veraliprida (una sustancia antidopaminérgica). El uso de mucho de estos fármacos se ve limitado debido a una eficacia inferior, una carencia de estudios definitorios grandes y a sus efectos secundarios potenciales.[20-22][Grado de comprobación: I]

Entre los fármacos que han resultado útiles en ensayos clínicos numerosos, aleatorizados, controlados mediante placebo tenemos la venlafaxina, paroxetina, citalopram, fluoxetina, gabapentina, pregabalina y clonidina.[20-22] Estos fármacos mostraron lograr una reducción de 40 a 60% en la frecuencia y grado de intensidad (una medida que combina la gravedad y frecuencia) de los sofocos.[23] Los fármacos que logran una reducción de 55 a 60% de los sofocos son la venlafaxina de acción prolongada, 75 mg diario;[24] paroxetina, 12,5 mg de acción prolongada [25] o 10 mg diarios;[26] gabapentina, 300 mg tres veces por día;[27,28][Grado de comprobación: I];[29][Grado de comprobación: II] y pregabalina, 75 mg dos veces por día.[30][Grado de comprobación: I] Otros fármacos eficaces en la reducción de los sofocos en alrededor de 50% son citalopram, de 10 a 20 mg por día, que se estudió en el ensayo clínico NCCTG-N05C9;[31][Grado de comprobación: I] y fluoxetina, 20 mg por día,[21] Clonidina, 0,1 mg diario de forma transcutánea [32] u oral diariamente,[33][Grado de comprobación: I] pueden reducir los sofocos en cerca de 40%.

En un estudio se comparó la eficacia y la preferencia del paciente de la venlafaxina, 75 mg una vez por día, con gabapentina, 300 mg 3 veces por día para reducir los sofocos. En un estudio abierto, se asignó al azar a 66 mujeres con antecedentes de cáncer de mama a recibir venlafaxina o gabapentina por cuatro semanas; después de un periodo de reposo farmacológico de dos semanas, recibieron el tratamiento opuesto por cuatro semanas adicionales. Ambos tratamientos redujeron los sofocos (gravedad multiplicada por la frecuencia) en alrededor de 66%. Sin embargo, un número significativamente más alto de mujeres prefirieron la venlafaxina sobre la gabapentina (68 contra 32%, respectivamente).[34]

En un estudio en el que se utilizó citalopram para evaluar los sofocos, se analizó cuánta reducción de los sofocos era necesaria para obtener un efecto positivo sobre la calidad de vida relacionada con las actividades de la vida diaria y la salud general.[35] Los autores notificaron que los sofocos debían reducirse al menos 46% para que las mujeres informaran sobre mejoras significativas del grado de molestia que experimentaban en las actividades de la vida diaria.

Los fármacos que han sido evaluados en ensayos en fase II pero que no han mostrado ser eficaces son el bupropión,[36] aprepitant,[37] y desipramina.[38][Grado de comprobación: II] De manera interesante, estas sustancias no modulan principalmente la serotonina. Además, ensayos clínicos con sertralina no han logrado mostrar pruebas fehacientes de su eficacia en el manejo de los sofocos.[39-41][Grado de comprobación: I]

Si los sofocos o los sudores nocturnos son un problema particular sin causar mucha molestia durante el día, se deben utilizar estrategias para mejorar simultáneamente el sueño y los sofocos. Hay datos limitados relacionados con los tratamientos eficaces que se pueden administrar para ambos síntomas. En un ensayo piloto se evaluó la mirtazapina (un antidepresivo tetracíclico que afecta principalmente la serotonina) para los sofocos porque se receta a menudo para las dificultades de sueño. Se trató a 22 mujeres con hasta 30 mg por día de mirtazapina a la hora de acostarse durante un período de tres semanas; a continuación, podían elegir 15 o 30 mg diarios a la hora de acostarse durante la cuarta semana. Los sofocos se redujeron cerca de 53% en este ensayo no aleatorizado, y las mujeres tuvieron una satisfacción estadísticamente significativa con su control de los sofocos.[42] Sin embargo, solo 16 de las 22 mujeres tomaron la sustancia durante todo el período del estudio debido al excesivo atontamiento. Por lo tanto, aunque se podría seguir estudiando esta sustancia en un ensayo amplio aleatorizado, sería particularmente importante evaluar la razón de riesgo en función del beneficio.

Sobre la base de la experiencia clínica, la trazodona es otra sustancia que es posible usar para los sofocos nocturnos. La trazodona, un antidepresivo atípico que a menudo se emplea para ayudar a dormir, anecdóticamente mostró ser particularmente útil para pacientes con sofocos nocturnos. Las dosis oscilan entre 50 mg y 300 mg. La experiencia clínica indica que la trazodona puede ayudar a que los pacientes concilien el sueño y puede controlar los sofocos nocturnos, ayudándoles a permanecer dormidos. La trazodona es un antidepresivo tricíclico y, como tal, no se esperaría que tuviera un gran efecto sobre los sofocos: en un ensayo piloto no enmascarado realizado con un antidepresivo tricíclico, desipramina, como estudio preliminar de eficacia no mostró ningún beneficio.[38] Sin embargo, este estudio no se repitió. El efecto de la trazodona sobre el sueño puede ser tan profundo que los sofocos no resultan molestos; esta hipótesis necesita ser más estudiada.

Los efectos secundarios del tratamiento con antidepresivos en las dosis que se usan para el tratamiento de los sofocos son mínimos a corto plazo y principalmente incluyen náusea, sedación, sequedad bucal, y supresión y estímulo del apetito. A largo plazo, se desconoce la prevalencia o disminución de la función sexual con los SSRI en las dosis usadas para el tratamiento de los sofocos. Los anticonvulsivos gabapentina y pregabalina pueden ocasionar sedación, mareos y dificultad en la concentración mientras que la clonidina puede causar sequedad bucal, sedación, estreñimiento e insomnio.[27,28,30][Grado de comprobación: I] Los pacientes responden como individuos tanto a la eficacia como ante los efectos tóxicos de varios medicamentos. Por tanto, se necesita una evaluación cuidadosa y un tratamiento personalizado escogido en colaboración entre el proveedor y el consumidor de medicamentos.

Los datos indican que si un medicamento no está ayudando a la persona, el cambiar a otro medicamento (sea este un antidepresivo diferente o gabapentina) valdría la pena. En un ensayo aleatorizado en fase III (NCCTG-N03C5) con gabapentina solamente contra gabapentina conjuntamente con un antidepresivo en mujeres cuyos sofocos no han sido controlados de forma adecuada solamente con antidepresivos,[43][Grado de comprobación: I] el uso de gabapentina dio como resultado una mediana de reducción en la frecuencia y grado de intensidad de los sofocos de aproximadamente 50%, independientemente de si se continuó con el antidepresivo. En otras palabras, en las mujeres que estuvieron usando antidepresivos exclusivamente para el manejo de los sofocos y cuyo manejo no era adecuado, la iniciación de gabapentina con la descontinuación del antidepresivo no proveyó resultados inferiores a aquellos obtenidos con la terapia combinada, lo cual resultó en la necesidad de menos medicación. De forma similar, en un estudio piloto con mujeres que no obtuvieron un beneficio adecuado con la venlafaxina para la reducción de sus sofocos, el cambiarse a citalopram (en uso extraoficial), de 20 mg por día, resultó en una reducción de 50% de los sofocos tanto en frecuencia como en el grado de intensidad.[44]

Interacciones farmacológicas

Muchos de los ISRS pueden inhibir las enzimas del citocromo P450 involucradas en el metabolismo del tamoxifeno, fármaco que se utiliza comúnmente en el tratamiento del cáncer de mama. Cuando se usan los ISRS, se toma en consideración las interacciones entre fármacos. El tamoxifeno, que se usa en el manejo del cáncer de mama, se metaboliza mediante el sistema enzimático del citocromo P450, específicamente el CYP2D6. El CYP2D6 de tipo natural, metaboliza el tamoxifeno a un metabolito activo, 4-hidroxi-N-desmetil-tamoxifeno, también llamado endoxifeno. Un ensayo que evaluó los efectos de la administración conjunta de tamoxifeno y paroxetina, un inhibidor del CYP2D6, sobre el metabolismo del tamoxifeno encontró que la administración conjunta con paroxetina produjo concentraciones reducidas del endoxifeno. La magnitud de la reducción fue mayor en las mujeres con el genotipo de tipo salvaje CYP2D6 que en las que tenían un genotipo variante (P = 0,03).[45][Grado de comprobación: II]

En un estudio prospectivo de observación con 80 mujeres que se iniciaban en la terapia con tamoxifeno adyuvante para cáncer de mama recién diagnosticado, los genotipos variantes CYP2D6 al igual que el uso simultáneo de los inhibidores ISRS CYP2D6 dieron como resultado una reducción en las concentraciones de endoxifeno. Los genotipos variantes CYP2D6 no producen enzimas CYP2D6 funcionales.[46][Grado de comprobación: II] Desde que se publicó este estudio varios investigadores están evaluando las implicaciones clínicas de este hallazgo.[47];[48-50][Grado de comprobación: II] Un estudio dio seguimiento a más de 1.300 mujeres durante una mediana de 6,3 años y concluyó que las mujeres que fueron metabolizadoras precarias o metabolizadoras heterocigóticas extensivas o intermedias (por tanto, con menor actividad CYP2D6) presentaron tasas de recidiva más altas, una supervivencia sin complicaciones más precaria y una supervivencia sin enfermedad peor que las mujeres que metabolizaban de manera extensa.[49] De forma similar, un estudio de cohorte retrospectivo de más de 2.400 mujeres en Ontario bajo tratamiento con tamoxifeno y cuyo tratamiento estaba superpuesto con SSRI ya finalizó. Los autores concluyeron que las mujeres que usaron paroxetina y tamoxifeno a la vez presentaron un aumento en el riesgo de defunción proporcional al tiempo durante el cual usaron estos fármacos juntos.[50][Grado de comprobación: II] Las implicaciones clínicas de estos cambios y de otros genotipos CYP2D6 [51] no han sido dilucidadas, pero las interacciones farmacocinéticas entre el tamoxifeno y los antidepresivos más recientes utilizados en el tratamiento de los sofocos, ameritan estudios ulteriores.[52] De la misma forma, el riesgo del uso del fitoestrógeno de soya en la recidiva o evolución del cáncer de mama aún no ha sido clarificado. Los fitoestrógenos de soya constituyen estrógenos débiles que se encuentran en los alimentos vegetales. Los modelos in vitro indican que estos compuestos tienen un efecto bifásico en la proliferación de células mamarias que depende de la concentración intracelular de fitoestrógeno y estradiol.[53]

Métodos conductuales

Las intervenciones de modificación de conducta como modalidad primaria o adjunta también pueden desempeñar una función en el manejo de los sofocos. Se ha mostrado que la temperatura central del cuerpo aumenta antes de un sofoco;[54] por tanto las intervenciones con el fin de mantener una temperatura corporal baja podrían mejorar el manejo de los sofocos. Entre los métodos para controlar la temperatura corporal se incluye el uso de prendas de vestir de algodón holgadas, así como el uso de ventiladores y la apertura de ventanas para ventilar el aire. Con base en la teoría de que la serotonina puede participar como factor desencadenante central del sofoco, las intervenciones conductuales como el manejo del estrés pueden modular la serotonina y causar una disminución de los sofocos. Se ha determinado que las técnicas de relajación y el respirar lento y profundamente [55,56] disminuyen la intensidad de los sofocos en hasta 30 y 40% en ensayos pilotos controlados. Se necesita de más investigaciones con grupos de control bien diseñados a fin de aclarar aún más el efecto principal de tales tratamientos conductuales al igual que la adición y efectos sinérgicos de otros tratamientos. Un estudio piloto también encontró que la autohipnosis, que utiliza la autosugestión para refrescarse, puede reducir el grado de intensidad de los sofocos en un promedio de 68%.[57][Grado de comprobación: I] La autohipnosis está siendo estudiada en detalle en ensayos controlados al igual que en combinación con antidepresivos de dosis bajas.

Las investigaciones futuras sobre el manejo de los sofocos, pueden recibir ayuda del desarrollo de herramientas de evaluación psicométricamente sólidas, como la Escala de Interferencia Diaria Relacionada con el Sofoco la cual evalúa la incidencia de los sofocos en una gama amplia de actividades diarias.[58]

Enfoques integrales

Complementos herbarios o alimentarios

Popularmente, se usan varias hierbas y complementos alimentarios para reducir los sofocos. Varias de estas sustancias no han sido bien estudiadas en ensayos clínicos rigurosos. Más aún, la actividad biológica de varios complementos que se venden sin receta está aún por determinarse y están lejos de ser estandarizados. Entre los más estudiados están el fitoestrógeno de soya, la hierba sonajero y la vitamina E.

La vitamina E, 400 IU dos veces por día, parece ofrecer una reducción modesta de los sofocos que es solo un poco mejor que con el placebo. La reducción de los sofocos es de aproximadamente 35 a 40%.[59,60][Grado de comprobación: I]

La soja ha sido un complemento alimentario de interés para reducir los síntomas menopáusicos y el cáncer de mama durante algún tiempo. El interés se origina principalmente en estudios de asociación de un régimen alimentario alto en soja con síntomas reducidos de cáncer de mama o menopáusicos en Asia. La soja es una isoflavona, que forma parte de una clase mucho más grande de compuestos vegetales llamados flavonoides. En los productos de la soja se encuentran los tres tipos siguientes de isoflavonas:

  • Genisteína.
  • Daidzeína
  • Gliciteína.

Las isoflavonas a menudo se denominan fitoestrógenos o estrógenos basados en plantas porque, en estudiosos de líneas celulares y de animales, se observó que pueden unirse con el receptor de estrógeno.[61]

Hay confusión con respecto a la inocuidad de estos estrógenos basados en plantas porque estas sustancias pueden tener propiedades que causan efectos similares al estrógeno en algunas células, haciendo que estas proliferen (se multipliquen y crezcan); mientras que, en otras células, las isoflavonas pueden detener o bloquear los efectos del estrógeno, haciendo que las células indeseables no se multipliquen o que hasta se destruyan. Hay un debate permanente sobre los siguientes cuestionamientos:[62]

  • ¿Cuáles son las dosis y tipos de soja que inhiben el estrógeno como factor de crecimiento?
  • ¿En qué circunstancias la soya inhibe el estrógeno como factor de crecimiento?
  • ¿En qué dosis o circunstancias la soja promueve el crecimiento relacionado con el estrógeno?

Si bien no se conocen las respuestas definitivas a estas preguntas, los fitoestrógenos se siguen investigando por sus propiedades quimiopreventivas. Por otra parte, la soja se ha estudiado bien en numerosos ensayos aleatorizados controlados por placebo, por sus efectos en la reducción de los sofocos.[63-67][Grado de comprobación: I] La mayoría de estos ensayos muestran que la soja no es mejor que un placebo para reducir los sofocos.[68][Grado de comprobación: I]; [69] Actualmente, no hay datos precisos que inspiren el uso de la soja para el manejo de los sofocos.

Del mismo modo, los ensayos con hierba sonajero diseñados en un grupo aleatorizado, controlado con placebo también hallaron que la hierba sonajero no es mejor que el placebo para reducir los sofocos.[67,70,71][Grado de comprobación: I] Se solía pensar que la hierba sonajero tiene propiedades estrogénicas, pero ahora se sabe que actúa sobre los receptores de serotonina. Este tema se trató en el Workshop on the Safety of Black Cohosh in Clinical Studies. Un estudio evaluó la hierba sonajero, trébol rojo, estrógeno y progesterona, y un placebo en un ensayo doble ciego y aleatorizado.[72][Grado de comprobación: I] Cada grupo de tratamiento era pequeño (n = 22); sin embargo, en un período de 12 meses, los sofocos se redujeron en 34% con la hierba sonajero, 57% con el clavo rojo, 63% con un placebo y 94% con hormonoterapia. Es de notar, que las tasas de apego al tratamiento fueron de 89% en los cuatro grupos durante este prolongado estudio. A los 12 meses, los marcadores fisiológicos como el grosor del endometrio, estradiol, estrona, hormona estimuladora de los folículos, globulina adherida a las hormonas sexuales, y análisis de la función renal no fueron estadísticamente diferente de aquellos bajo la hierba sonajero o el clavo rojo, en comparación con lo que estuvieron bajo placebo. Sin embargo, debido a que estos grupos fueron pequeños, no se informó de la potencia de este análisis secundario y posiblemente fueron subpotenciados como para detectar alguna diferencia importante.

La linaza es una planta que pertenece parcialmente al género Linum, nativo del área que rodea el Mediterráneo Oriental y la India. La linaza es una fuente rica de lignanos y ácidos grasos omega 3. Los lignanos que se encuentran en la linaza se denominan secoisolariciresinol diglucósido (SDG) y ácido linolénico-α (ALA). La linaza es también una fuente de fibra. Los lignanos son un tipo de fitoestrógeno (estrógeno vegetal) de los que, como la soja, se cree que tiene efectos agonista-antagonistas del estrógeno, así como propiedades antioxidantes. Las bacterias del colon convierten a los lignanos en enterodiol y enterolactona, que son metabolitos de los que se cree que tienen importantes propiedades fisiológicas tales como la reducción de la proliferación de células, la inhibición de la acción de la aromatasa, la 5-α reductasa y la 17-β hidroxisteroide. Los estudios de la línea celular revelaron propiedades de inhibición de la aromatasa con la enterolactona, pero menos estas propiedades con el enterodiol.[73] Se piensa que estas propiedades pueden reducir el riesgo de cánceres sensibles a las hormonas.[74-76] Además, hay estudios que mostraron que la linaza puede reducir las concentraciones de estrógeno a través de su excreción urinaria.[77,78]

Sobre la base de datos preliminares de pruebas del efecto de la linaza sobre los sofocos y los criterios de valoración relacionados,[79,80][Grado de comprobación: I] se realizó un estudio experimental no ciego para evaluar si 40 g de linaza reducen los sofocos. En este estudio de 30 mujeres se observó una reducción de 57% de los puntajes de sofocos y una reducción de 50% de la frecuencia de sofocos en un período de 6 semanas.[81] Sin embargo, un ensayo controlado, aleatorizado de seguimiento en fase lll, llevado a cabo por el North Central Cancer Treatment Group con 188 mujeres, no logró mostrar beneficio alguno en una barra de linasa con 410 mg de lignanos frente a un placebo.[82][Grado de comprobación: I]

Muchas plantas y productos naturales se patrocinan como remedios maravillosos para los sofocos. Algunos de estos productos son fitoestrógenos vegetales y tienen propiedades desconocidas. Entre ellos se incluyen el dong quai, el cardo lechero, el trébol rojo, el regaliz, y la baya del árbol casto. Hay una comprensión incompleta de la biología de estas sustancias y de si tomarlas afectaría el riesgo de cáncer de mama o la recidiva de manera negativa o positiva. Los datos indican que estas plantas tienen diferentes efectos, que dependen no solo de la dosis usada sino, también, del estado hormonal de una mujer cuando los toma. Poco se sabe acerca de estas sustancias y se necesita ejercer cautela con respecto a su administración si una mujer debe evitar los suplementos de estrógeno.[83-86]

Acupuntura

Hay estudios piloto y simulados que han evaluado la acupuntura para tratar los sofocos.[87-91][Grado de comprobación: I] La investigación de la acupuntura es difícil, debido a la carencia de una metodología novedosa, específicamente la interrogante sobre lo que sirve como grupo de control adecuado. Además la filosofía que rodea la práctica de la acupuntura es bastante personalizada, en cuanto al hecho de que dos mujeres que presenten sofocos no necesariamente recibirían el mismo tratamiento. Sería importante estudiar la acupuntura usando procedimientos clínicos relevantes; hasta la fecha, no hay métodos de investigación aceptables que logren esto. Por tanto los datos con respecto a los efectos de la acupuntura en los sofocos son mixtos, en los que muchos estudios carecen de un grupo de control inadecuado. Por tanto, como se concluyó en al menos una revisión, no hay un grupo de pruebas que permitan delinear de manera definitiva el desempeño de la acupuntura en los sofocos.[92] (Para mayor información, consultar la sección Síntomas vasomotores en el sumario del PDQ en inglés sobre Acupuntura).

Cáncer de próstata

Los datos relacionados con el manejo de la fisiopatología de los sofocos en hombres con cáncer de la próstata resultan escasos. Lo exiguo de estos datos indica que los sofocos se relacionan con las concentraciones de hormonas masculinas, lo cual ocasiona inestabilidad en el centro hipotalámico termorregulador de forma análoga a los mecanismos propuestos sobre los sofocos que se presentan en las mujeres. Al igual que las mujeres con cáncer de mama, los sofocos afectan la calidad de vida de los hombres con cáncer de la próstata que reciben terapia antiandrogénica. Con la excepción de la clonidina, los fármacos mencionados previamente (Consultar la sección Otras intervenciones farmacológicas para los sofocos en este sumario) que han sido eficaces para los sofocos han mostrado tasas similares de eficacia cuando fueron estudiados con hombres. El neuropéptido vasodilator, péptido relacionado con el gen de la calcitonina, puede ser un instrumento en el origen de los sofocos. Entre las formas de tratamiento tenemos estrógenos, progesterona, ISRS, gabapentina 300 mg tres veces al día como opción para los hombres,[93] y el acetato de ciproterona el cual es un antiandrógeno. Este último no está disponible en los Estados Unidos.

Un estudio grande llevado a cabo en múltiples lugares de Francia,[94] asignó al azar a hombres que tomaban leuprorelina por un cáncer de próstata, cuando notificaron 14 sofocos por semana, para recibir 75 mg de venlafaxina, 100 mg de acetato de ciproterona (un antiandrógeno) o 20 mg de acetato de medroxiprogesterona. Los tres tratamientos redujeron en forma significativa los sofocos: la ciproterona resultó en una mediana de reducción de 100%, la medroxiprogesterona resultó en una reducción de 97%, y la venlafaxina resultó en una reducción de 57% a las ocho semanas. Se notificaron más episodios adversos con el acetato de ciproterona, incluso un episodio adverso (disnea) atribuible al fármaco. La venlafaxina no se relacionó con ningún episodio adverso grave y, en general, tuvo una tasa de efectos secundarios adversos de 20% atribuibles al fármaco. La medroxiprogesterona fue el fármaco mejor tolerado, con una tasa de episodios adversos de 12%, pero con un episodio grave de urticaria. Los efectos secundarios más frecuentes para todos los fármacos se relacionaron con problemas gastrointestinales: náusea, estreñimiento, diarrea y dolor abdominal.[94]

Los estudios pilotos sobre la eficacia de los ISRS paroxetina y fluvoxamina indican que estos fármacos disminuyen la frecuencia e intensidad de los sofocos en hombres con cáncer de la próstata.[95,96] Al igual que en el caso de las mujeres con tumores sensibles a las hormonas, hay preocupación sobre los efectos del uso de hormonas en los resultados del cáncer de próstata, además de otros efectos secundarios que han sido descritos en forma detallada.[97]

Otras intervenciones farmacológicas

La experiencia clínica indica que el bloqueador de H2 cimetidina puede ser útil en el manejo de los sudores relacionados con el cáncer. Dada la acción vascular del 5-hidroxitriptamina, los análogos de la somatostatina pueden desempeñar una función en el manejo inespecífico de los sudores. Ya no se recomienda el uso de dosis bajas de tioridazina para el manejo de los sudores en pacientes con cáncer avanzado debido a informes sobre arritmias, taquicardias ventriculares polimorfas en entorchado [98] y muerte súbita.[99]

Bibliografía
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