¿Prequntas sobre el cáncer?

Prevención del cáncer de endometrio (PDQ®)

Versión para profesionales de salud

Descripción de las pruebas

Antecedentes

Incidencia y mortalidad

El cáncer de endometrio es el cáncer ginecológico invasivo más común en las mujeres estadounidenses; se prevén 49.560 casos nuevos en 2013.[1] Esta enfermedad afecta principalmente a mujeres posmenopáusicas de 60 años en promedio en el momento del diagnóstico.[2] En Estados Unidos se estima que aproximadamente 8.190 mujeres morirán por cáncer de endometrio en 2013.[1] Las tasas de incidencia del cáncer de endometrio han estado en aumento en un promedio de 1,1% por año de 2004 a 2008.[3] Las tasas de mortalidad por cáncer de cuerpo uterino han estado en aumento en un promedio de 0,3% por año de 1998 a 2007.[3]

A mediados de los años 70, el diagnóstico de aproximadamente 15.000 casos de cáncer de endometrio posmenopáusico en exceso de los previstos sobre la base de la tendencia temporal subyacente, se relacionó con el uso de terapia de estrógeno posmenopáusica.[4] Los factores de riesgo adicionales se pueden relacionar con los efectos del estrógeno, como la obesidad, la alimentación alta en grasas, el síndrome de ovario poliquístico, el uso del tamoxifeno y los factores reproductivos, como la nuliparidad, la menarquía prematura y la menopausia tardía.

Las mujeres con síndrome de cáncer colorrectal sin poliposis hereditario (CCSPH) tienen un notable aumento de riesgo de cáncer de endometrio en comparación con aquellas de la población general. En las mujeres portadoras de la mutación CCSPH, la incidencia acumulada calculada de cáncer de endometrio oscila entre 20 y 60%.[5,6]

En comparación con las mujeres blancas estadounidenses, la incidencia de cáncer de endometrio es menor en las mujeres estadounidenses de ascendencia japonesa (riesgo relativo [RR] = 0,6; intervalo de confianza [IC] 95%, 0,46–0,83) y en mujeres latinas (RR = 0,63; IC 95%, 0,46–0,87), pero no en las mujeres estadounidenses de ascendencia africana (RR = 0,76; IC 95%, 0,53–1,08) o en las mujeres hawaianas nativas (RR = 0,92; IC 95%, 0,58–1,46).[7] La mayor mortalidad por cáncer de endometrio en las mujeres estadounidenses de ascendencia africana se debe, al menos en parte, a condiciones socioeconómicas más precarias que dificultan el acceso a la atención médica.[8]

Los factores relacionados con una disminución de la incidencia de cáncer de endometrio son el número de partos, la lactancia, el uso de anticonceptivos orales combinados, la alimentación baja en grasas y alta en vegetales, y la actividad física.

Intervenciones relacionadas con la disminución de riesgo

Anticonceptivos orales

El uso de anticonceptivos orales combinados (AOC) al menos por 1 año reduce el riesgo de cáncer de endometrio en aproximadamente 40%, como se demostró en estudios de casos y controles, y en estudios prospectivos de cohortes.[9-11] Esta disminución de riesgo persiste al menos por 15 años después de la descontinuación de los AOC. En un metanálisis de 10 estudios de casos y controles, y de un estudio prospectivo, se encontró una relación entre la reducción del riesgo y la duración del uso. En general, 4 años de uso de AOC se relacionan con una reducción de riesgo de aproximadamente 56%; 8 años, de 67% y 12 años, de 72%. En el único estudio prospectivo no se observó una respuesta duradera, pero se redujo el riesgo en 80% después de 9 años de seguimiento.[12]

Estos hallazgos se confirman en un estudio sueco de casos y controles con base en la población. Las mujeres que usaron cualquier tipo de anticonceptivo oral tuvieron una reducción de riesgo de 30% (oportunidad relativa [OR] = 0,7; IC 95%, 0,5–0,9) y aquellas que tomaron píldoras de progestina sola tuvieron una reducción de riesgo de 60% (OR = 0,4; IC 95%, 0,2–1,4). Las mujeres que usaron AOC al menos por 3 años tuvieron una reducción de riesgo de 50% (OR = 0,5; IC 95%, 0,3–0,7) y aquellas que usaron AOC al menos por 10 años tuvieron una reducción de riesgo de 80% (OR = 0,2; IC 95%, 0,1–0,4). En general, el riesgo disminuyó en 10% por año de uso de AOC y se verificó la presencia de hiperplasias atípicas, así como tumores invasivos de todos los grados.[13]

Actividad física

En varios estudios de cohortes,[14,15] y de casos y controles [16-24] de actividad física y cáncer de endometrio, se observa una relación inversa de débil a moderada, a pesar de los diferentes métodos de evaluación de los grados de actividad física. Se notificó una reducción del riesgo de cáncer de endometrio de 46% (RR = 0,54; IC 95%, 0,34–0,85; P = 0,002) en las mujeres posmenopáusicas inscritas en The Netherlands Cohort Study on Diet and Cancer que practicaban una actividad física por 90 minutos diarios o más en comparación con las que lo hicieron por menos de 30 minutos diarios.[25] En un estudio de casos y controles de 822 casos de cáncer de endometrio y 1.111 controles de la población, se observó que el ejercicio regular se relaciona con una disminución de riesgo de 38% (OR = 0,62; IC 95%, 0,51–0,76) sin una tendencia de aumento de duración o intensidad de la actividad física.[26] En el Breast Cancer Detection Project Follow-up Study, en el que se usó una cohorte prospectiva, no se confirmó una relación entre los grados de actividad física reciente y el riesgo.[27] Se desconoce si la actividad física disminuye el riesgo de cáncer de endometrio al reducir la obesidad y las concentraciones séricas de estrona o mediante otro mecanismo.[28]

Factores relacionados con la disminución de riesgo

Aumento del número de partos y lactancia

La disminución del riesgo del cáncer de endometrio se relaciona con el número de partos y la lactancia, tal vez al inhibir la ovulación. En un estudio de casos y controles realizado en Ciudad de México con mujeres de riesgo bajo, se indica una reducción de riesgo del cáncer de endometrio de 58 a 72%, relacionado con la prolongación de la lactancia. Se observó una tendencia significativa por la duración de la lactancia y el número de hijos lactados.[29] Un estudio de casos y controles con base en la población en el que se compararon mujeres en Wisconsin que lactaron al menos por dos semanas con aquellas que no lo hicieron fue negativo (OR = 0,90; IC 95%, 0,72–1,13). La prolongación de la lactancia no se relacionó con una disminución del riesgo de enfermedad, pero la lactancia en los tres últimos decenios se relacionó con una disminución de riesgo (OR = 0,58; IC 95%, 0,36–0,96), así como la primera lactancia después de los 30 años de edad (IC 95% 0,28–0,90).[30] En la European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition, se observó una disminución de riesgo relacionada con el número de partos en comparación con mujeres nulíparas (cociente de riesgos instantáneos = 0,65; IC 95%, 0,54–0,77) con una tendencia hacia la disminución del riesgo al aumentar el número de embarazos a término (P < 0,0001). Si bien la lactancia por más de 18 meses se relacionó con una disminución de riesgo, la relación se atenuó y dejó de tener importancia estadística después de hacer un ajuste por los números de embarazos a término.[31]

Factores relacionados con el aumento de riesgo

Estrógeno endógeno

Los factores reproductivos que prolongan la exposición a estrógeno endógeno, como la menarquía prematura, la nuliparidad y la menopausia tardía, se relacionan con un aumento de riesgo de cáncer de endometrio. Hay otros factores relacionados con el aumento de riesgo, como la obesidad y el síndrome de ovario poliquístico, que también pueden obedecer a la exposición más prolongada al estrógeno.

La primera investigación prospectiva de estrógeno endógeno y el riesgo de cáncer de endometrio fue un estudio de casos y controles anidado en el New York University Women’s Health Study.[32] Los resultados indican un aumento de riesgo de cáncer de endometrio relacionado con concentraciones posmenopáusicas de hormonas endógenas, como estradiol, estradiol libre y estrona. Por el contrario, el riesgo disminuyó con concentraciones más altas del porcentaje de estradiol ligado a la globulina de fijación de las hormonas sexuales (SHBG) y la SHBG. En análisis realizados antes del ajuste de las concentraciones hormonales, se indicó una relación positiva con el índice de masa corporal (IMC). Después del ajuste por concentraciones de estrona, se atenuó la relación positiva del IMC con el riesgo de cáncer de endometrio, lo que indica que las concentraciones hormonales pueden ser un efecto intermedio del peso corporal.[33]

Estrógeno exógeno

Terapia con hormonas (TH) posmenopáusica

En 1975, se informó sobre una relación entre la terapia de remplazo de estrógenos y el cáncer de endometrio [34] que se confirmó poco después.[35,36] En estos tres estudios, el cociente de riesgo general osciló entre 4,5 y 8,0. En otros estudios se documentó una relación con la duración del uso (de 10 a 30 veces mayor con 5 años de uso o más) [37-40] y un efecto persistente que dura más de 10 años después de 1 año de uso.[41] Cuando se publicaron estos hallazgos, hubo una reducción drástica de las prescripciones de estrógeno, seguida de un rápido descenso de la incidencia de cáncer de endometrio.[42]

Terapia de remplazo de estrógeno y progestina combinados

Por mucho tiempo se consideró que el estrógeno posmenopáusico estaba relacionado con el riesgo de hiperplasia adenomatosa, a menudo, precursora de cáncer de endometrio.[43] Asimismo, los gestágenos se reconocían por su eficacia en el tratamiento de neoplasias malignas de útero.[44-46] Por consiguiente, se propuso una TH posmenopáusica mejorada, que combinaba estrógeno y progestina para evitar el riesgo de cáncer de endometrio relacionado con estrógeno sin oposición.[47,48]

En el Postmenopausal Estrogen Progestin Interventions Trial,[49] se inscribieron cerca de 600 participantes en un ensayo controlado con placebo, doble ciego, multicéntrico de 3 años. Hubo cinco grupos a los que se les administró placebo, estrógenos equinos conjugados (EEC) diarios, EEC con progestina (acetato de medroxiprogesterona [MPA] por 12 días, en un ciclo de 28 días), EEC con progesterona micronizada (PM) por 12 días, en un ciclo de 28 días o EEC con PM diarios. Se obtuvieron biopsias de endometrio al comienzo, al año y según se indicaba clínicamente. Las mujeres que recibieron EEC presentaron más anomalías patológicas que aquellas que recibieron placebo (hiperplasia simple: 27,7 vs. 0,8%, hiperplasia adenomatosa: 22,7 vs. 0,8% e hiperplasia atípica: 11,8 vs. 0%, respectivamente), pero las mujeres que recibieron EEC con progestina no las presentaron.

Se llevó a cabo un estudio prospectivo de cohortes con mujeres suecas a las que se les prescribió TH. En las mujeres que recibieron estrógenos sin oposición de potencia media por 6 años o más, el RR de cáncer de endometrio invasivo fue de 4,2 (IC 95%, 2,5–8,4), mientras que el riesgo para las mujeres que recibieron tratamiento combinado con progestina por el mismo período no se afectó (RR = 1,4; IC 95%, 0,6–3,3).[50]

Moduladores selectivos de los receptores de estrógenos (MSRE): tamoxifeno y raloxifeno

El tamoxifeno y el raloxifeno son MSRE, fármacos con efectos agonistas y antagonistas de estrógenos divergentes en diferentes órganos afectados. La relación entre el cáncer de endometrio y el tamoxifeno se reconoció por primera vez en 1985, cuando se describieron tres casos de este cáncer en mujeres que habían recibido tamoxifeno para el cáncer de mama.[51] Desde entonces, se ha confirmado esta relación por medio de ensayos clínicos aleatorizados en los que se usa tamoxifeno para el tratamiento y la prevención del cáncer de mama,[52-55] y de estudios de casos y controles, de observación y de laboratorio.

En el Breast Cancer Prevention Trial P-1 Study del National Surgical Adjuvant Breast and Bowel Project de mujeres con riesgo alto de cáncer de mama invasivo, se demostró que el tamoxifeno disminuyó la incidencia de cáncer de mama en 49%, pero se confirmó un aumento de la incidencia de cáncer de endometrio. La tasa anual fue de 2,3 por 1.000 en mujeres que recibieron tamoxifeno en comparación con 0,91 en aquellas que recibieron placebo. El mayor efecto se presentó en mujeres mayores de 50 años. De los 51 casos de cáncer invasivo que se diagnosticaron en este ensayo, 50 estaban en estadio I.[56]

El raloxifeno es un MSRE de segunda generación aprobado para la profilaxis contra la osteoporosis posmenopáusica. A diferencia del tamoxifeno, este no tiene un efecto estrogénico en el útero. Después de 40 meses de seguimiento, en el ensayo aleatorizado Multiple Outcomes of Raloxifene, se observó que el raloxifeno redujo el riesgo de cáncer de mama positivo para el receptor de estrógeno, sin aumentar el de cáncer de endometrio (RR = 0,8; IC 95%, 0,2–2,7).[57] Se realizó un estudio con base en la población de 547 mujeres con cáncer de endometrio y 1.410 controles en Filadelfia (Pensilvania). De estos casos, 18 (3,3%) habían recibido raloxifeno y 34 (6,2%) habían recibido tamoxifeno (OR= 3,0; IC 95%, 1,3–6,9).[58]

Obesidad

El IMC elevado y la obesidad se relacionan con un aumento de riesgo de cáncer de endometrio. Uno de los posibles mecanismos de la relación observada es la concentración elevada de estrógeno sérico en mujeres obesas como resultado de la aromatización de la androstenediona en el tejido adiposo, lo cual aumenta la producción de estrógeno.[59] De otra forma, la obesidad se relaciona con una reducción de las concentraciones de SHBG, lo que puede proteger contra el cáncer de endometrio al disminuir el estrógeno biodisponible.[60] La obesidad se relaciona con muchos factores conocidos por aumentar el riesgo de cáncer de endometrio, como adiposidad en la parte superior o central del cuerpo, síndrome de ovario poliquístico, inactividad física y alimentación alta en grasas saturadas.[61]

Presuntamente, el peso corporal es un factor de riesgo modificable, lo que representa una proporción importante de casos de cáncer de endometrio en el mundo. En un estudio realizado en países europeos, se calculó que entre 26 y 47% de los casos de cáncer de endometrio se pueden atribuir al sobrepeso y a la obesidad. El mismo grupo llevó a cabo un metanálisis de 12 estudios (5 de cohortes, y 7 de casos y controles), en el cual se examinó la relación entre la obesidad y el cáncer de endometrio. En 11 de 12 estudios se concluyó que hay una relación positiva entre el cáncer de endometrio y el exceso de peso.[62]

Los RR relacionados con la obesidad oscilan entre 2 y 10. En algunos estudios se observa que el peso de la parte superior y central del cuerpo confiere un riesgo más alto que el peso corporal periférico, incluso tras considerar el IMC.[63-65] No obstante, en otros estudios no se ha logrado confirmar dicha relación. En varios estudios se observó que hay una relación más estrecha entre el cáncer de endometrio y la obesidad cerca del momento del diagnóstico en comparación con la obesidad más temprano en la vida.[66-69]

Aumento de edad

El cáncer de endometrio afecta principalmente a las mujeres posmenopáusicas, con una mediana de edad en el momento del diagnóstico de 60 años.[2]

Predisposición genética

Las mujeres con afecciones hereditarias, como síndrome de Lynch, síndrome de Cowden y síndrome de ovario poliquístico, tienen un aumento de riesgo de cáncer de endometrio. (Para mayor información en inglés, consultar los sumarios del PDQ sobre Características genéticas de los cánceres ginecológicos y de mama y Características genéticas del cáncer colorrectal).

Intervenciones de efectos en el riesgo sin confirmar o refutadas

Pérdida de peso

Si bien se sabe que la obesidad se relaciona con un aumento de riesgo de cáncer de endometrio, solo en un estudio se examina el posible beneficio de la pérdida de peso intencional. En el Iowa Women’s Health Study de 21.707 mujeres posmenopáusicas,[70] las participantes completaron un cuestionario autonotificado sobre pérdida de peso intencional entre los 18 y 39 años, entre los 40 y 54 años, y después de los 55 años. En modelos multifactoriales ajustados por edad, IMC e IMC2 , no se encontró ninguna relación entre la incidencia del cáncer de endometrio y la pérdida de peso intencional de al menos 20 lb (RR = 0,93; IC 95%, 0,60–1,44). La limitación obvia de este estudio es la dependencia en los datos retrospectivos autonotificados.[70]

Frutas, vegetales y vitaminas

Se ha evaluado la relación entre los factores alimentarios, en particular, la ingesta de frutas y vegetales, y el cáncer de endometrio, principalmente en estudios de casos y controles. Se llevó a cabo una revisión sistemática de las pruebas como parte del informe World Cancer Research Fund’s Food, Nutrition, Physical Activity and Cancer: A Global Perspective (2006) report. La OR conjunta en 10 estudios de casos y controles de mayor vs. menor consumo de vegetales fue de 0,71 (IC 95%, 0,55–0,91).[71] Esta relación fue similar a la que se notificó de manera previa en un informe de la International Agency for Research on Cancer,[72] el cual se basó en resultados de cinco estudios de casos y controles. En ningún informe se observaron pruebas de una relación entre el consumo de frutas y el cáncer de endometrio.

Hay pruebas de casos y controles que indican que el consumo regular de productos de soja reduce el riesgo de cáncer de endometrio.[73,74]

En una agrupación de siete estudios prospectivos de cohortes, se examinó la relación entre las concentraciones séricas de vitamina D y el cáncer de endometrio. Después de controlar el IMC, no hubo pruebas de una relación entre la vitamina D circulante y el riesgo de cáncer de endometrio.[75]

El uso de multivitamínicos tiene poca o ninguna influencia en el riesgo de cánceres comunes, como el cáncer de endometrio, o en la mortalidad total de las mujeres posmenopáusicas.[76]

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  • Actualización: 4 de diciembre de 2014