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El agua fluorada

Puntos clave

  • El fluoruro en el agua ayuda a prevenir la caries dental e incluso revertir el proceso de deterioro de los dientes.
  • Más de 60 por ciento de la población de EE. UU. tiene acceso al agua fluorada por medio de sistemas públicos de suministro de agua.
  • El nivel óptimo de fluoruro para prevenir las caries es 0,7 miligramos por litro de agua.
  • Muchos estudios, tanto en seres humanos como en animales, han mostrado que no existe una relación entre el agua fluorada y el riesgo de cáncer.
  1. ¿Qué es el fluoruro y dónde se encuentra?

    El fluoruro es el nombre que se le da a un grupo de compuestos que contienen flúor, un elemento que se encuentra en la naturaleza, junto con uno o más elementos. Los fluoruros están presentes de manera natural en el agua y en el suelo a distintas concentraciones.

    En la década de 1940, los científicos descubrieron que las personas que vivían donde los suministros de agua potable tenían niveles de fluoruro en estado natural de aproximadamente 1 parte de fluoruro por partes por millón de agua o más (≥1,0 ppm) tenían menos caries que las personas que vivían en lugares donde los niveles de fluoruro en el agua potable eran más bajos. Muchos estudios más recientes han respaldado este hallazgo (1).

    Posteriormente se descubrió que el fluoruro puede prevenir la caries dental e incluso revertir el proceso de deterioro de los dientes al inhibir las bacterias que producen ácidos en la boca y aumentar la remineralización, el proceso mediante el cual se “reconstruye” el esmalte dental después de que comienza a deteriorarse (1, 2).

    Además de los dientes, el fluoruro ingerido se acumula en los huesos.

  2. ¿Qué es la fluoración del agua?

    La fluoración del agua es el proceso por el cual se agrega fluoruro al suministro de agua hasta que alcance un nivel de aproximadamente 0,7 ppm (partes por millón), o 0,7 miligramos de fluoruro por litro de agua; este es el nivel óptimo para prevenir la caries dental (1).

  3. ¿Cuándo comenzó la fluoración del agua en los Estados Unidos?

    En 1945, Grand Rapids, en el estado de Michigan, ajustó el contenido de fluoruro en su suministro de agua a 1,0 ppm. y así se convirtió en la primera ciudad que implementó la fluoración del agua en la comunidad. Para 2008, más de 72 por ciento de la población de EE. UU. que contaba con un servicio de acueducto público tenía acceso al agua fluorada (3).

    Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) consideran la fluoración del agua como uno de los logros más importantes en materia de salud pública en el siglo XX.

  4. ¿Puede el agua fluorada causar cáncer?

    Durante años se ha debatido la existencia de una posible relación entre el agua fluorada y el riesgo de cáncer. El debate resurgió en 1990 cuando un estudio llevado a cabo por el Programa Nacional de Toxicología, el cual forma parte del Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental (National Institute of Environmental Health Sciences), mostró un aumento en el número de osteosarcomas (tumores óseos) en ratas macho a las que se les suministró agua con alto contenido de fluoruro durante 2 años (4). Sin embargo, otros estudios en seres humanos y en animales no han mostrado que exista una asociación entre el agua fluorada y el cáncer (57).

    En un informe del Servicio de Salud Pública (Public Health Service, PHS) de febrero de 1991, esta dependencia afirmó que no encontró evidencia de una relación entre el flúor y el cáncer en seres humanos. El informe, basado en una revisión de más de 50 estudios epidemiológicos (de población) en seres humanos realizados en los últimos 40 años, concluyó que la fluoración óptima del agua potable “no presenta un riesgo de cáncer detectable para los seres humanos” según lo demuestra una vasta cantidad de datos epidemiológicos conocidos hasta la fecha (5).

    En uno de los estudios revisados en el informe del Servicio de Salud Pública, los científicos del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) evaluaron la relación entre la fluoración del agua potable y el número de muertes por cáncer en Estados Unidos durante un periodo de 36 años, y la relación entre la fluoración del agua y el número de casos nuevos de cáncer en un periodo de 15 años. Después de examinar más de 2,2 millones de actas de defunción por cáncer y 125 000 expedientes de casos de cáncer en condados que usan agua fluorada, los investigadores no encontraron ningún indicio de un aumento del riesgo de cáncer asociado con el agua potable fluorada (6).

    En 1993, el Subcomité para el estudio de los efectos del fluoruro ingerido en la salud del Consejo Nacional de Investigación (National Research Council), que forma parte de la Academia Nacional de las Ciencias (National Academy of Sciences), llevó a cabo una revisión exhaustiva de la bibliografía concerniente a la asociación entre el agua potable fluorada y el aumento del riesgo de cáncer. La revisión incluyó datos de más de 50 estudios epidemiológicos en seres humanos y de seis estudios en animales. El Subcomité concluyó que ninguno de los datos demostró la existencia de una relación entre el agua potable fluorada y el cáncer (6). Un informe de 1999 llevado a cabo por los CDC respaldó estos hallazgos. El informe de los CDC concluyó que los estudios a la fecha no han arrojado “evidencias convincentes” que indiquen una asociación entre el agua potable fluorada y un aumento en el riesgo de cáncer (2). Estudios posteriores de entrevistas de pacientes con osteosarcoma y sus padres produjeron resultados contradictorios; sin embargo, ninguno mostró que exista evidencia clara de una relación causal entre el consumo de fluoruro y el riesgo de padecer este tipo de tumor.

    Recientemente, los investigadores examinaron la posible relación entre la exposición al fluoruro y el osteosarcoma de una manera nueva: midieron la concentración de fluoruro en muestras de hueso normal adyacentes al tumor de la persona. Debido a que el fluoruro se acumula naturalmente en los huesos, este método proporciona una medición más precisa de la exposición acumulativa al fluoruro en vez de depender de la memoria de los participantes del estudio o de los registros municipales sobre el tratamiento del agua. El análisis no mostró diferencias en los niveles de fluoruro en los huesos entre las personas con osteosarcoma y las personas en un grupo de control que tenían otros tumores óseos malignos (7).

  5. ¿Dónde se puede encontrar información adicional sobre el agua fluorada?

    Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, (CDC) cuentan con información sobre las normas y la vigilancia de suministros actuales de agua fluorada en Estados Unidos.

    La Agencia de Protección Ambiental (EPA) tiene más información sobre el agua potable y la salud, así como artículos sobre la calidad del agua potable y las normas de seguridad.

Bibliografía selecta
  1. Centers for Disease Control and Prevention. Public Health Service report on fluoride benefits and risks. JAMA 1991; 266(8):1061–1067. [PubMed Abstract]
  2. Centers for Disease Control and Prevention. Achievements in public health, 1900–1999: fluoridation of drinking water to prevent dental caries. Morbidity and Mortality Weekly Report 1999; 48(41):933–940.
  3. Centers for Disease Control and Prevention (August 2010). 2008 Water Fluoridation Statistics. Retrieved August 10, 2011.

  4. Bucher JR, Hejtmancik MR, Toft JD, et al. Results and conclusions of the National Toxicology Program’s rodent carcinogenicity studies with sodium fluoride. International Journal of Cancer 1991; 48(5):733–737. [PubMed Abstract]
  5. Committee to Coordinate Environmental Health and Related Programs, Ad Hoc Subcommittee on Fluoride (February 1991). Review of Fluoride: Benefits and Risks. Public Health Service, Department of Health and Human Services. Retrieved August 10, 2011.
  6. National Research Council, Subcommittee on Health Effects of Ingested Fluoride. Carcinogenicity of fluoride. In: Health Effects of Ingested Fluoride. Washington, DC: National Academy Press, 1993.
  7. Kim FM, Hayes C, Williams PL, et al. An assessment of bone fluoride and osteosarcoma. Journal of Dental Research 2011; 90(10):1171–1176.

    [PubMed Abstract]
  • Revisión: 21 de febrero de 2012

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