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  • Revisión: 24 de junio de 2013

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El alcohol y el riesgo de cáncer

Puntos clave

  • El consumo pesado o regular de alcohol aumenta el riesgo de presentar cánceres de la cavidad oral (excluyendo los labios), de faringe (garganta), de laringe, esófago, hígado, seno, de colon y recto.
  • El riesgo de padecer cáncer aumenta con la cantidad de alcohol que bebe la persona.
  1. ¿Qué es el alcohol?

    Alcohol es el término común que se usa para etanol o alcohol etílico, una sustancia química que se encuentra en la cerveza, en el vino y el licor, así como en medicinas, en enjuagues bucales, en productos para el hogar y en aceites esenciales (líquidos aromáticos que se extraen de las plantas). El alcohol se produce cuando la levadura fermenta azúcares y almidones.

    Los tipos principales de bebidas alcohólicas y sus contenidos en alcohol son los siguientes:

    • Cervezas y cidras con alto contenido alcohólico: 3 a 7% de alcohol 
    • Vinos, incluido el sake: 9 a 15% de alcohol
    • Vinos generosos (con licor agregado), como el oporto: 16 a 20% de alcohol
    • Licor, o alcoholes destilados, como la ginebra, el ron, el vodka y el whisky, los cuales se producen al destilar el alcohol de granos, frutas o verduras fermentados: en general, de 35 a 40% de alcohol (en Estados Unidos, 70 a 80 proof), pero puede ser mayor.

    Según el Instituto Nacional del Abuso de Alcohol y el Alcoholismo, una bebida alcohólica en los Estados Unidos contiene 14,0 gramos (0,6 onzas) de alcohol puro. En general, esta cantidad de alcohol puro se encuentra en:

    • 12 onzas (354,8 ml) de cerveza
    • 8 onzas (236,5 ml) de licor de malta
    • 5 onzas (147,8 ml) de vino
    • 1,5 onzas (44,3 ml), o un "trago", de licor con 40% (80 proof) de contenido de alcohol.

    Las Pautas de Dieta para los Estadounidenses en 2010, del gobierno federal, establecen que el consumo moderado de alcohol se considera tomar hasta una bebida diaria para las mujeres y hasta dos bebidas diarias para los hombres. El beber demasiado alcohol se define como tomar más de tres bebidas al día o más de siete bebidas a la semana para las mujeres y más de cuatro bebidas al día o más de 14 bebidas a la semana para los hombres.

  2. ¿Cuál es la prueba de que beber alcohol causa cáncer?

    Con base en revisiones extensas de estudios de investigación, hay un fuerte consenso científico de la asociación que hay entre beber alcohol y varios tipos de cáncer (1, 2).  En su Informe sobre Carcinógenos, el Programa Nacional de Toxicología del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos incluye en la lista el consumo de bebidas alcohólicas como conocido carcinógeno humano.  La comprobación de la investigación indica que en cuanto más alcohol bebe una persona, en especial, en cuanto más alcohol bebe una persona regularmente con el tiempo, mayor será su riesgo de presentar un cáncer asociado con el alcohol. Con base en los datos de 2009, se calcula que 3,5% de todas las muertes por cáncer en los Estados Unidos (cerca de 19 500) están relacionadas con el alcohol (3).

    Han surgido patrones claros entre el consumo de alcohol y el padecimiento de los siguientes tipos de cáncer:

    • Cánceres de cabeza y cuello: El consumo de alcohol es un factor principal de riesgo de algunos cánceres de cabeza y cuello, en especial de los cánceres de la cavidad oral (sin incluir los labios), de faringe (garganta) y de laringe (4). Las personas que consumen 50 gramos de alcohol o más al día (aproximadamente 3,5 bebidas o más al día) tienen al menos un riesgo dos o tres veces mayor de padecer estos cánceres que quienes no beben (4). Más aún, los riesgos de estos cánceres son substancialmente mayores en personas que consumen esta cantidad de alcohol y también usan tabaco (5).
    • Cáncer de esófago: El consumo de alcohol es un factor principal de riesgo para un tipo determinado de cáncer de esófago que se llama carcinoma de células escamosas de esófago (2). Además, se ha descubierto que las personas que heredan una deficiencia en una enzima que procesa el alcohol tienen riesgos substancialmente mayores de carcinoma de células escamosas de esófago asociado con el alcohol (ver la pregunta 5).
    • Cáncer de seno: Más de 100 estudios epidemiológicos han considerado la asociación entre el consumo de alcohol y el riesgo de cáncer de seno en las mujeres. Estos estudios han encontrado invariablemente un riesgo mayor de cáncer de seno asociado con un consumo mayor de alcohol. Un metanálisis de 53 de estos estudios (que incluyeron a un total de 58 000 mujeres con cáncer de seno) indicó que las mujeres que bebieron más de 45 gramos de alcohol diarios (casi tres bebidas) tuvieron 1,5 veces el riesgo de padecer cáncer de seno que quienes no lo hicieron, (un riesgo modestamente mayor) (7). El riesgo de cáncer de seno fue mayor en todos los niveles de consumo de alcohol: por cada 10 gramos de alcohol consumido al día (un poco menos de una bebida), los investigadores observaron un pequeño (7%) aumento en el riesgo del cáncer de seno.

      El Estudio del Millón de Mujeres en el Reino Unido (el cual incluyó a más de 28 000 mujeres con cáncer de seno) proporcionó un cálculo más reciente, y ligeramente más alto, del riesgo de cáncer de seno en niveles bajos y moderados de consumo de alcohol: cada 10 gramos de alcohol consumidos en un día estuvieron asociados a un aumento de 12% en el riesgo de cáncer de seno (8).

    • Cáncer colorrectal: El consumo de alcohol está asociado con un riesgo modestamente mayor de cánceres de colon y de recto. Un metanálisis de 57 estudios de control de casos y de cohortes, que examinaron la asociación entre el consumo de alcohol y el riesgo de cáncer colorrectal, indicó que las personas que bebieron regularmente 50 gramos de alcohol o más diarios (aproximadamente 3,5 bebidas) tenían 1,5 veces el riesgo de presentar cáncer colorrectal que quienes no bebían o que eran bebedores ocasionales (9). Por cada 10 gramos de alcohol consumidos al día, había un pequeño aumento (7%) en el riesgo de cáncer colorrectal.

     Investigación acerca del consumo de alcohol y otros cánceres: 

    Numerosos estudios han analizado la asociación entre el consumo de alcohol y el riesgo de otros cánceres, incluidos los cánceres de páncreas, de ovarios, próstata, estómago, útero y de vejiga. Para estos cánceres, ya sea que no se encontró una asociación con el uso del alcohol o la confirmación de una asociación no fue constante.  

    Sin embargo, en dos cánceres —cáncer de células renales (riñón) y linfoma no de Hodgkin (LNH)— muchos estudios han indicado que un consumo mayor de alcohol está asociado con un riesgo menor de cáncer (10, 11). Un metanálisis de los estudios de LNH (los cuales incluyeron a 18 759 individuos con LNH) encontró un riesgo 15% más bajo entre quienes bebían alcohol comparados con quienes no lo hacían (11). No se han podido entender los mecanismos por los cuales el consumo de alcohol haría disminuir los riesgos de cáncer de células renales o de LNH.

  3. ¿Cómo aumenta el alcohol el riesgo de cáncer?

    Los investigadores han identificado numerosas formas por las que el alcohol podría aumentar el riesgo de cáncer:

    • el metabolismo (descomposición) del etanol de las bebidas alcohólicas en acetaldehído, el cual es una sustancia química tóxica y probablemente carcinógeno humano; el acetaldehído puede dañar tanto el ADN (el material genético que compone los genes) como las proteínas (ver pregunta 5)
    • la generación de especies de oxígeno reactivo (moléculas químicamente reactivas que contienen oxígeno), las cuales pueden dañar el ADN, las proteínas y lípidos (grasas) por un proceso que se llama oxidación
    • el deterioro de la capacidad del cuerpo para disolver y absorber una variedad de nutrientes que pueden estar asociados con el riesgo del cáncer, incluso la vitamina A; nutrientes del complejo B, como el folato; vitamina C; vitamina D; vitamina E; y carotenoides
    • las concentraciones crecientes de estrógeno en la sangre; el estrógeno es una hormona sexual que está relacionada con el riesgo de cáncer de seno.

    Las bebidas alcohólicas pueden contener también una variedad de contaminantes cancerígenos que se introducen durante la fermentación y la producción, como son las nitrosaminas, fibras de asbesto, fenoles e hidrocarburos.

  4. ¿Cómo afecta la combinación de alcohol y de tabaco el riesgo de cáncer?

    La investigación epidemiológica indica que la gente que usa alcohol y tabaco tiene riesgos mucho mayores de padecer cánceres de la cavidad oral, de faringe (garganta), laringe y de esófago que la gente que usa solo tabaco o solo alcohol.  De hecho, los riesgos que están asociados con el uso del alcohol y del tabaco se multiplican en los cánceres de boca y de faringe; es decir, si se juntan los riesgos asociados con el alcohol a los riesgos asociados con el tabaco, los riesgos resultantes son mayores que lo que podría esperarse de añadir los riesgos individuales que están asociados con el alcohol y con el tabaco juntos (5, 12).

  5. ¿Pueden los genes de una persona afectar su riesgo de cánceres relacionados con el alcohol?

    Los genes tienen un influjo en el riesgo de una persona para los cánceres relacionados con el alcohol; específicamente los genes que codifican las enzimas implicadas en la metabolización (descomposición) del alcohol (13). 

    Por ejemplo, una forma como el cuerpo metaboliza el alcohol es por medio de la acción de una enzima llamada deshidrogenasa alcohólica, o ADH, en inglés. Muchos individuos de ascendencia china, coreana y especialmente japonesa llevan una versión del gen para ADH que codifica una forma "hiperactiva" de la enzima.  Esta enzima ADH hiperactiva precipita la conversión de alcohol (etanol) en el tóxico acetaldehído.  Como resultado, cuando la gente que tiene la enzima hiperactiva bebe alcohol, el acetaldehído se acumula.  Entre los individuos de ascendencia japonesa, quienes tienen esa ADH hiperactiva tienen un riesgo mayor de cáncer de páncreas que quienes tienen la forma más común de ADH (14). 

    Otra enzima, llamada aldehído deshidrogenasa 2 (ALDH2), metaboliza el acetaldehído tóxico en sustancias no tóxicas. Algunas personas, especialmente de ascendencia asiática del lejano oriente, llevan una variante del gen para ALDH2 que codifica una forma defectuosa de la enzima. En personas que tienen la enzima defectuosa, el acetaldehído se acumula cuando beben alcohol. La acumulación de acetaldehído tiene tales efectos desagradables (incluso rubor y palpitaciones del corazón) que la mayoría de la gente que ha heredado la variante de ALDH2 no puede consumir grandes cantidades de alcohol. Por esto, la mayoría de la gente que tiene la forma defectuosa de ALDH2 tienen un riesgo bajo de presentar cánceres relacionados con el alcohol.

    Sin embargo, algunos individuos con la forma defectuosa de ALDH2 pueden lograr tolerar los efectos desagradables del acetaldehído y consumir grandes cantidades de alcohol. Estudios epidemiológicos han indicado que tales individuos tienen un riesgo mayor de cáncer de esófago relacionado con el alcohol, así como de cánceres de cabeza y cuello, que los individuos que tienen la enzima completamente activa y que beben cantidades comparables de alcohol (15). Estos riesgos mayores se ven solo en personas que llevan la variante de ALDH2 y que beben alcohol; no se observan en personas que llevan la variante pero que no beben alcohol.

  6. ¿Puede el beber vino tinto ayudar a prevenir el cáncer?

    Los investigadores que llevaron a cabo estudios en los que se usaron proteínas purificadas, células humanas y animales de laboratorio han encontrado que ciertas sustancias en el vino tinto, como el resveratrol, tienen propiedades contra el cáncer (16). Las uvas, las frambuesas, los cacahuates y algunas otras plantas contienen también resveratrol. Sin embargo, estudios clínicos en humanos no han proporcionado una prueba de que el resveratrol es efectivo para prevenir o tratar el cáncer (17). Pocos estudios epidemiológicos han estudiado específicamente la asociación entre el consumo de vino tinto y el riesgo de cáncer en humanos.

  7. ¿Qué sucede al riesgo de cáncer después de que una persona deja de beber alcohol?

    La mayoría de los estudios que han examinado si el riesgo de cáncer disminuye después de que una persona deja de beber alcohol se han concentrado en los cánceres de cabeza y cuello y en el cáncer de esófago. En general, estos estudios han encontrado que el cese del consumo de alcohol no está asociado con una reducción inmediata del riesgo de cáncer; en cambio, puede llevarse años para que los riesgos de cáncer regresen a los que tienen quienes nunca bebieron. 

    Por ejemplo, un análisis conjunto de 13 estudios de casos y controles de cáncer de la cavidad oral y de faringe combinados encontró que el riesgo de cáncer asociado con el alcohol no empezó a disminuir sino hasta al menos 10 años de haberse dejado de beber alcohol. Hasta 16 años después de haber dejado de beber alcohol, el riesgo de cáncer era todavía mayor en quienes habían dejado de beber que en quienes no habían bebido nunca (18).  

    En varios estudios, se encontró también que el riesgo de cáncer de esófago disminuyó lentamente con el paso del tiempo desde que se había dejado de beber alcohol. Un análisis de cinco estudios de casos y controles encontró que el riesgo de cáncer de esófago no se acercó al de quienes no bebieron jamás por lo menos 15 años después de haber dejado de beber (18).

  8. ¿Hay algún peligro si uno bebe alcohol mientras recibe quimioterapia?

    Como sucede con la mayoría de las preguntas relacionadas con el tratamiento del cáncer de un individuo en particular, es mejor que el paciente pregunte a su equipo de atención médica si hay algún peligro por beber alcohol durante el tratamiento de quimioterapia o inmediatamente después de este. Los doctores y las enfermeras que supervisan el tratamiento podrán dar consejos específicos de si hay algún peligro por beber alcohol con determinados fármacos de quimioterapia o con otros medicamentos recetados junto con la quimioterapia.

Bibliografía selecta
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