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¿Prequntas sobre el cáncer?

Aflicción, duelo y manejo de la pérdida (PDQ®)

Versión Profesional De Salud
Actualizado: 6 de julio de 2011

Factores de riesgo para la aflicción complicada y otros desenlaces negativos del duelo

Situacional: muerte esperada o inesperada
Personal: características de personalidad
Personal: creencias religiosas
Personal: género
Personal: edad
Contexto interpersonal: apoyo social

En un estudio [1] de 248 personas que atendían a pacientes de cáncer en estadio terminal, se investigó la presencia de aflicción complicada antes de la muerte y sus factores relacionados. Los resultados revelaron las siguientes variables relacionadas con niveles más altos de aflicción complicada antes de la muerte:

  • Menos de 60 años de edad.
  • Falta de apoyo social disponible percibido.
  • Antecedentes de depresión y depresión actual.
  • Ingreso bajo.
  • Pensamientos pesimistas.
  • Gravedad de las situaciones vitales que causan tensión.

De estos factores relacionados, los pensamientos pesimistas y la gravedad de las situaciones vitales que causan tensión fueron los factores predictivos independientes de la aflicción complicada antes de la muerte.

En otra investigación, se enfocaron factores predictivos de desenlaces tales como síntomas de depresión y consecuencias generales negativas para la salud. Se investigaron tres categorías de variables:

  • Situacional (por ejemplo, circunstancias de la muerte).
  • Personal (por ejemplo, características de personalidad y género).
  • Contexto interpersonal (por ejemplo, apoyo social, parentesco).

La mayor parte de las investigaciones se enfocó en la pérdida de un esposo o pareja, y no se centró únicamente en la muerte por cáncer.

Situacional: muerte esperada o inesperada

Aunque la teoría indica que una pérdida súbita e inesperada debe conducir a una situación difícil de aflicción, los hallazgos empíricos han sido mixtos.[2] La repercusión de una pérdida inesperada parece moderarse por la autoestima y el control percibido: Las personas de duelo con autoestima baja o un sentido de que la vida es incontrolable parecen padecer más depresión y quejarse de problemas somáticos después de una muerte inesperada que los que padecen las personas con mayor autoestima o mayor sentido de control.[2]

Personal: características de personalidad

En la teoría del apego [3] se indicó que la naturaleza de los afectos más tempranos (normalmente, por los padres) predice cómo cada uno reaccionaría ante la pérdida. Las personas que perdieron a un ser querido con estilos de apego seguros tendrían menos probabilidades de presentar aflicción complicada, mientras aquellos con o estilos inseguros o estilos ansiosos y ambivalentes tendrían grandes probabilidades de experimentar resultados negativos.[4]

En un estudio de 59 personas que cuidaban a sus cónyuges en el estadio terminal de su enfermedad, se evaluaron la naturaleza de sus estilos de afecto y la calidad de su matrimonio. Los resultados indicaron que los cuidadores con estilos de apego inseguros o en matrimonios que proveían un "aumento de la seguridad" tuvieron mayores probabilidades de experimentar síntomas de aflicción complicada.[5] Se observó que las personas con una tendencia a "rumiar ante un problema", una estructura de enfoque excesivo en los síntomas propios, también experimentaron una depresión prolongada después de una pérdida.[6]

Personal: creencias religiosas

La teoría ha propuesto que las creencias religiosas fuertes y la participación en actividades religiosas podrían amortiguar el sufrimiento de la pérdida mediante dos mecanismos diferentes:

  • Un sistema de creencias que ayuda a la persona a enfrentar la muerte.
  • Una red de apoyo social que se obtiene a través de la participación religiosa.

Sin embargo, los resultados empíricos acerca de los beneficios de la religión para hacer frente a la muerte tienden a ser mixtos: algunos muestran un beneficio positivo y otros no muestran ningún beneficio e incluso mayor sufrimiento entre los religiosos.[7] Los estudios que revelan un beneficio positivo de la religión tienden a medir la participación religiosa como la asistencia regular a la iglesia y a encontrar que el beneficio de la participación tiende a relacionarse con un mayor nivel del apoyo social. Por lo tanto, parece que la participación religiosa mediante la asistencia regular a la iglesia y el aumento resultante de apoyo social pueden ser los mecanismos por los que la religión se relaciona con desenlaces positivos de la aflicción.

Personal: género

En general, los hombres experimentan más consecuencias negativas que las mujeres después de perder un cónyuge. Las tasas de mortalidad de los hombres y las mujeres que perdieron a un ser querido son más altas tanto para hombres como para mujeres en comparación con las personas no privadas de un ser querido; sin embargo, el aumento relativo de la mortalidad es más alto en los hombres que en las mujeres. Los hombres también tienden a presentar mayores grados de depresión y mayores grados de consecuencias generales negativas para la salud que las mujeres después de la muerte de un cónyuge.[2] Algunos investigadores han indicado que el mecanismo que justifica esta diferencia es que el nivel de apoyo social que se proporciona a los hombres que están de duelo es más bajo que el que se provee a las mujeres que perdieron a un ser querido.

Personal: edad

En general, las personas jóvenes que están de duelo experimentan más dificultades después de una pérdida que las de más edad que están de duelo. Estas dificultades incluyen consecuencias para la salud, síntomas de aflicción y síntomas psicológicos y físicos más graves.[2] La razón de esta diferencia relacionada con la edad puede ser el hecho de que las personas más jóvenes que perdieron a un ser querido tienen mayores probabilidades de haber sufrido una pérdida inesperada y súbita. Sin embargo, también se piensa que las personas más jóvenes que perdieron a un ser querido pueden pasar por más dificultades durante el período inicial después de la pérdida, pero se pueden recuperar más rápidamente porque tienen más acceso a diversos tipos de recursos (por ejemplo, apoyo social) que las personas de más edad que perdieron a un ser querido.[2]

Contexto interpersonal: apoyo social

El apoyo social es un concepto sumamente complejo que consta de una variedad de componentes (disponibilidad percibida, redes sociales, clima o ambiente propicio, búsqueda de apoyo) y que se mide de diversas maneras. Sin embargo, como se mencionó anteriormente, la falta de apoyo social es un factor de riesgo para los desenlaces negativos del duelo. Es tanto un factor de riesgo general de resultados negativos para la salud como un factor de riesgo específico de resultados negativos del duelo después de la pérdida.[2] Por ejemplo, después de la muerte de un familiar cercano (por ejemplo, un cónyuge), muchas personas dan cuenta de algunas pérdidas relacionadas (a menudo no anticipadas), tales como la pérdida de ingresos, modo de vida y rutina diaria, que son todos aspectos importantes del apoyo social.

Bibliografía
  1. Tomarken A, Holland J, Schachter S, et al.: Factors of complicated grief pre-death in caregivers of cancer patients. Psychooncology 17 (2): 105-11, 2008.  [PUBMED Abstract]

  2. Stroebe W, Schut H: Risk factors in bereavement outcome: a methodological and empirical review. In: Stroebe MS, Hansson RO, Stroebe W, et al., eds.: Handbook of Bereavement Research: Consequences, Coping, and Care. Washington, DC: American Psychological Association, 2001, 349-71. 

  3. Bowlby J: Attachment and Loss. Volume III: Loss: Sadness and Depression. New York, NY: Basic Books, Inc., 1980. 

  4. Parkes CM, Weiss RS: Recovery from Bereavement. New York, NY: Basic Books, 1983. 

  5. van Doorn C, Kasl SV, Beery LC, et al.: The influence of marital quality and attachment styles on traumatic grief and depressive symptoms. J Nerv Ment Dis 186 (9): 566-73, 1998.  [PUBMED Abstract]

  6. Nolen-Hoeksema S, McBride A, Larson J: Rumination and psychological distress among bereaved partners. J Pers Soc Psychol 72 (4): 855-62, 1997.  [PUBMED Abstract]

  7. Shuchter SR, Zisook S: The course of normal grief. In: Stroebe MS, Stroebe W, Hansson RO, eds.: Handbook of Bereavement: Theory, Research, and Intervention. Cambridge, United Kingdom: Cambridge University Press, 1993, pp 23-43.