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Aflicción, duelo y manejo de la pérdida (PDQ®)

  • Actualizado: 16 de octubre de 2014

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Los niños y la aflicción

Aflicción y estadios de desarrollo
        Lactantes
        2 a 3 tres años de edad
        3 a 6 años de edad
        6 a 9 años de edad
        9 años de edad y más
        Temas de los niños afligidos
Intervenciones para los niños afligidos
        Explicación de la muerte
        Lenguaje correcto
        Planificación de rituales
        Referencias y recursos para niños afligidos

Hace tiempo se consideraba que los niños eran adultos en miniatura y se esperaba que se comportaran como tales.[1] Hoy en día, hay mayor conciencia de las diferencias entre el desarrollo infantil y otras etapas de desarrollo en el ciclo de la vida humana. Se reconocen las diferencias entre el proceso de aflicción en los niños y el proceso de la aflicción en los adultos. Lo primordial no es si los niños experimentan la aflicción, sino la manera en que la manifiestan.[1]

La principal diferencia entre el duelo en los adultos y el duelo de los niños es que las intensas expresiones emocionales y de comportamiento no son continuas en los niños. La aflicción en el niño puede aparecer de una manera más intermitente y corta que en los adultos, pero en realidad la aflicción de un niño generalmente dura más tiempo.[1-3]

Es necesario abordar el trabajo de duelo en la niñez de forma repetida a la altura de diferentes hitos de desarrollo y cronológicos. Dado que el duelo es un proceso que continúa con el transcurso del tiempo, los niños analizarán la pérdida reiteradamente, especialmente durante situaciones vitales significativas (por ejemplo, ir de campamento, graduarse en la escuela, casarse y experimentar los nacimientos de sus propios hijos). Los niños deben completar el proceso de aflicción y lograr resolverla a medida que pasa el tiempo.

A pesar de que la experiencia de la pérdida es única y altamente individualizada, varios factores afectan la manera en que el niño experimenta la aflicción:[2-4]

  • Edad.
  • Personalidad.
  • Estadio de desarrollo.
  • Experiencias previas relacionadas con la muerte.
  • Relaciones previas con el difunto.
  • Medio ambiente.
  • Causa de la muerte.
  • Estructuras de interacción y comunicación en el seno de la familia.
  • Estabilidad de la vida familiar después de la pérdida.
  • Formas en que se satisfacen las necesidades de atención sostenida del niño.
  • Disponibilidad de oportunidades para compartir y expresar los sentimientos y los recuerdos.
  • Estilos de los padres para enfrentar la tensión.
  • Disponibilidad de relaciones constantes con otros adultos.

Los niños no reaccionan ante la pérdida de la misma forma que los adultos y pueden no demostrar sus sentimientos tan abiertamente como lo hacen los adultos. Además de la comunicación verbal, hay otras formas de comunicación que los niños que están de duelo pueden emplear; por ejemplo, el juego, el teatro, el arte, los deberes escolares y los cuentos.[5] Los niños que ha perdido a un ser querido pueden no retirarse para sobre la persona difunta; a menudo se sumergen en actividades (por ejemplo, pueden estar tristes un momento y al siguiente seguir jugando afuera con sus amigos). A menudo, las familias interpretan erróneamente este comportamiento creyendo que el niño no entiende realmente la muerte o que ya la superó. Ninguna interpretación puede ser cierta; la mente de los niños los protege de pensamientos y sentimientos que son demasiado fuertes para poder manejarlos.

Las reacciones de aflicción de los niños son intermitentes porque no pueden explorar de manera racional todos sus pensamientos y sentimientos tal como lo hacen los adultos. Además, los niños tienen a menudo dificultad para expresar sus sentimientos acerca de la aflicción. El comportamiento de un niño afligido dice más que las palabras que puede expresar. Los sentimientos fuertes de rabia y el miedo al abandono y a la muerte pueden ser evidentes en las conductas de los niños afligidos. Los niños tienden a menudo a jugar juegos de muerte para poder desahogar sus sentimientos y ansiedades en un ambiente relativamente seguro. Estos juegos les son familiares y les proporcionan oportunidades seguras para expresar sus sentimientos.[1,2]

Aflicción y estadios de desarrollo

La muerte y las circunstancias que la rodean se interpretan de diferentes según la edad de un niño y su estadio de desarrollo (consultar el Cuadro 2).

Lactantes

Aunque los lactantes no reconocen la muerte, los sentimientos de pérdida y separación son parte del proceso de crear una conciencia de la muerte. Los niños que han sido separados de sus madres y privados de crianza pueden presentar cambios tales como languidez, silencio, incapacidad de respuesta a una sonrisa o un arrullo, cambios físicos (incluso pérdida de peso), disminución de la actividad y falta de sueño.[6]

2 a 3 tres años de edad

En esta gama de edades, los niños confunden a menudo la muerte con el dormir y pueden sentir ansiedad. En las fases tempranas de la aflicción, los niños que perdieron a un ser querido pueden exhibir pérdida del habla y sufrimiento generalizado.[3,6]

3 a 6 años de edad

En esta gama de edades, los niños consideran que la muerte es una especie de sueño: la persona está viva, pero de modo limitado. No separan plenamente la muerte de la vida y pueden creer que el difunto sigue vivo (por ejemplo, en el lugar donde fue enterrado) y a menudo hacen preguntas acerca de las actividades de la persona difunta (por ejemplo, ¿cómo va a comer?, ¿cómo va a ir al baño?, ¿cómo va a respirar o a jugar?). Los niños pequeños pueden reconocer la muerte física pero considerarla una situación temporaria o gradual, reversible y no definitiva (como irse y regresar, o como jugar a las escondidas). El concepto que tiene un niño de la muerte puede incluir el pensamiento mágico; es decir, la idea de que sus pensamientos pueden causar acciones. Los niños pueden sentir que deben haber hecho o pensado algo malo para enfermar o que la muerte de un ser querido ocurrió por algún pensamiento o deseo personal. En respuesta a la muerte, los niños menores de 5 años a menudo presentarán trastornos para comer, dormir, y controlar la vejiga o el intestino.[3,6]

6 a 9 años de edad

No es extraño que los niños en este intervalo de edades se vuelvan muy curiosos acerca de la muerte, haciendo preguntas muy concretas acerca de lo que le sucede al cuerpo de uno cuando deja de funcionar. La muerte se personifica como una persona o espíritu separado: un esqueleto, un fantasma, un ángel de la muerte o un cuco. Aunque la muerte se percibe como final y amenazadora, no es universal. Los niños en esta gama de edades empiezan a transigir, reconocen que la muerte es final y real, pero que les sucede principalmente a las personas mayores (no a ellos mismos). Los niños afligidos pueden contraer fobias escolares, presentar dificultades de aprendizaje y comportamientos antisociales o agresivos; pueden exhibir inquietudes hipocondríacas o pueden aislarse de otros. En sentido contrario, los niños en esta gama de edades se pueden volver excesivamente atentos y pegotearse. Los varones pueden exhibir un aumento del comportamiento agresivo y destructor (por ejemplo, pasar al acto en la escuela), expresando sus sentimientos de este modo en lugar de mostrar su tristeza abiertamente. Cuando un padre muere, los hijos se pueden sentir abandonados tanto por el padre difunto como por el padre sobreviviente, ya que el padre sobreviviente está con frecuencia preocupado con su propia aflicción y es menos capaz apoyar emocionalmente al niño.[3,6]

9 años de edad y más

Cuando el niño cumple los 9 años de edad, la muerte se entiende como inevitable y ya no se considera como un castigo. Al cumplir los 12 de edad, el niño ve a la muerte como irreversible y universal.[3,6]

Cuadro2. Aflicción y estadios de desarrollo
Edad  Comprensión de la muerte  Manifestaciones de aflicción 
Lactancia hasta los 2 añosTodavía no es capaz de comprender la muerte.Quietud, irritabilidad, disminución de la actividad, sueño precario y pérdida de peso.
La separación de la madre produce cambios.
2 a 6 añosLa muerte es como dormir.Hace muchas preguntas (¿Cómo va al baño? ¿Cómo come?).
Problemas para alimentarse, dormir y controlar la vejiga y los intestinos.
Miedo al abandono.
Rabietas.
La persona muerta continúa viva y funciona de alguna forma.Pensamiento mágico (¿Pensé o hice algo que causó la muerte? ¿Como cuando dije te odio y deseo que te mueras?).
La muerte es temporaria, no final.
La persona muerta puede revivir.
6–9 añosSe piensa que la muerte es una persona o un espíritu (esqueleto fantasma o cuco).Curiosidad sobre la muerte.
Hace preguntas específicas.
Puede tener miedos exagerados en relación con la escuela.
La muerte es final y atemorizante.Puede tener comportamientos agresivos (especialmente si es varón).
Algunas preocupaciones sobre enfermedades imaginarias.
La muerte les ocurre a los otros; no me va a pasar a MÍ.Se puede sentir abandonado.
9 años y másTodos morirán.Emociones intensas, culpa, rabia y vergüenza.
Ansiedad más fuerte sobre la propia muerte.
Cambios de humor.
La muerte es final y no se puede alterar.Miedo al rechazo; no querer ser diferente de los compañeros.
Hasta yo moriré.Cambios en los hábitos alimentarios.
Trastornos del sueño.
Conductas regresivas (pérdida de interés por las actividades al aire libre).
Conductas impulsivas.
Se siente culpable de estar vivo (especialmente cuando se trata de la muerte de un hermano, una hermana o un compañero).

En la sociedad estadounidense, muchos adultos afligidos se retiran en sí mismos y limitan la comunicación. Por el contrario, los niños a menudo conversan con las personas que los rodean (hasta con desconocidos) como una manera de estar atento a las reacciones y buscar indicios que los ayuden a guiar sus propias respuestas. No es poco común que los niños hagan reiteradamente preguntas desconcertantes. Por ejemplo, un niño puede preguntar, "sé que el abuelo murió, pero ¿cuándo va a volver a casa?" Se cree que esta es una manera mediante la que el niño pone a prueba la realidad y confirma la historia de la muerte.

Temas de los niños afligidos

Hay tres temas prominentes en las expresiones afligidos por la pérdida de un ser querido:

  1. ¿Yo causé la muerte?
  2. ¿Me va a pasar a mí?
  3. ¿Quién me va a cuidar?[2,7]

¿Yo causé la muerte?

Los niños a menudo se absorben en el pensamiento mágico y creen que tienen poderes mágicos. Si una madre dice en un momento de exasperación, "Me vas a matar" y posteriormente muere, su hijo se puede preguntar si en realidad él causó la muerte. Asimismo, cuando dos hermanos se pelean, no es extraño que uno diga (o piense), "Ojalá estuvieras muerto". Si ese hermano muriera, el hermano sobreviviente podría pensar que sus pensamientos o sus palabras realmente causaron la muerte.

¿Me va a pasar a mí?

La muerte de un hermano u otro niño puede ser especialmente difícil de aceptar porque toca demasiado de cerca al propio grupo de edad del niño. Si el niño también percibe que la muerte se pudo evitar (ya sea por los padres o el médico), el niño puede pensar que él también podría morir.

¿Quién me va a cuidar?

Debido a que los niños dependen de los padres y otros adultos para su seguridad y bienestar, el niño que está afligido por la muerte de una persona importante en su vida puede empezar a preguntarse quién se hará cargo de lo que necesita ahora que la persona se fue.

Intervenciones para los niños afligidos

Algunas intervenciones pueden ayudar a facilitar y apoyar el proceso de aflicción de los niños.

Explicación de la muerte

El guardar silencio acerca de la muerte (lo cual indica que el tema es tabú) no ayuda al niño a lidiar con la pérdida. Cuando se habla de la muerte con un niño, las explicaciones se deben mantener tan simples y directas como sea posible. Cada niño necesita que se le diga la verdad con suficientes detalles para su edad y su estadio de desarrollo. Las preguntas se deben abordar honesta y directamente. Los niños necesitan que se reasegure su propia seguridad (frecuentemente se preocupan de que también se van a morir o de que el padre que sobrevivió se irá). Se debe responder a las preguntas de los niños y se debe confirmar que el niño procesa la información.

Lenguaje correcto

A pesar de lo difícil que es iniciar una conversación con los niños, cualquier conversación sobre la muerte debe incluir las palabras apropiadas (por ejemplo, cáncer, murió o muerte). Nunca se deben usar eufemismos (como se fue al más allá, duerme o lo perdimos) porque pueden confundir a los niños y conducir a interpretaciones equivocadas.[3,8]

Planificación de rituales

Después de que ocurre la muerte, los niños pueden y deben ser incluidos en la planificación de los rituales del luto y participar en ellos. De la misma manera que a los adultos en proceso de duelo, estos rituales ayudan a los niños a recordar a los seres queridos. A pesar de que nunca no se debe forzar los niños a estar presentes o participar de los rituales del luto, se los debe animar a participar en aquellos aspectos con los que se sientan cómodos. Si el niño desea atender el funeral (la vigilia o el servicio conmemorativo), es importante que se le brinde una explicación completa por anticipado. Esta preparación debe incluir la disposición del salón, quienes estarán presentes (por ejemplo, amigos y familiares), qué va a ver (un féretro y gente llorando) y qué va a pasar. Los padres que sobreviven pueden estar muy absorbidos por su propia aflicción como para darles a los hijos la atención que necesitan. Por lo tanto, a menudo es útil identificar a un amigo adulto de la familia o un miembro de la familia para que atienda al niño afligido durante el funeral.[8]

Referencias y recursos para niños afligidos

Hay una gran riqueza y variedad de recursos en inglés (libros y vídeos) que se pueden compartir con los niños que perdieron a un ser querido.

  1. Worden JW: Children and Grief: When a Parent Dies. New York, NY: The Guilford Press, 1996.

  2. Doka KJ, ed.: Children Mourning, Mourning Children. Washington, DC: Hospice Foundation of America, 1995.

  3. Wass H, Corr CA: Childhood and Death. Washington, DC: Hemisphere Publishing Corporation, 1984.

  4. Corr CA, McNeil JN: Adolescence and Death. New York, NY: Springer Publishing Company, 1986.

  5. Corr CA, Nabe CM, Corr DM: Death and Dying, Life and Living. 2nd ed., Pacific Grove: Brooks/Cole Publishing Company, 1997.

  6. Grollman EA: Talking About Death: A Dialogue Between Parent and Child. 3rd ed., Boston, Mass: Beacon Press, 1990.

  7. Schaefer D, Lyons C: How Do We Tell the Children?: Helping Children Understand and Cope When Someone Dies. New York, NY: Newmarket Press, 1988.

  8. Wolfelt A: Helping Children Cope with Grief. Muncie: Accelerated Development, 1983.

  9. Walker A: To Hell with Dying. San Diego, Ca: Harcourt Brace Jovanovich, 1988.

  10. Williams M: Velveteen Rabbit. Garden City: Doubleday, 1922.

  11. Viorst J: The Tenth Good Thing About Barney. New York, NY: Atheneum, 1971.

  12. Tiffault BW: A Quilt for Elizabeth. Omaha, Neb: Centering Corporation, 1992.

  13. Levine JR: Forever in My Heart: a Story to Help Children Participate in Life as a Parent Dies. Burnsville, NC: Mountain Rainbow Publications, 1992.

  14. Knoderer K: Memory Book: a Special Way to Remember Someone You Love. Warminster,Pa: Mar-Co Products, 1995.

  15. de Paola T: Nana Upstairs and Nana Downstairs. New York, NY: GP Putnam's Sons, 1973.

Bibliografía
  1. O'Toole D, Cory J: Helping Children Grieve and Grow: a Guide for Those Who Care. Burnsville, NC: Compassion Books, 1998. 

  2. Corr CA, Nabe CM, Corr DM: Death and Dying, Life and Living. 2nd ed. Pacific Grove, Calif: Brooks/Cole Publishing Company, 1997. 

  3. Fitzgerald H: The Grieving Child: A Parent's Guide. New York: Fireside, 1992. 

  4. DeSpelder LA, Strickland AL: The Last Dance: Encountering Death and Dying. 4th ed. Palo Alto, Calif: Mayfield Publishing Company, 1996. 

  5. Goldman A: ABC of palliative care. Special problems of children. BMJ 316 (7124): 49-52, 1998.  [PUBMED Abstract]

  6. Burnell GM, Burnell AL: Clinical Management of Bereavement: A Handbook for Healthcare Professionals. New York: Human Sciences Press, Inc., 1989. 

  7. Worden JW: Children and Grief: When a Parent Dies. New York: The Guilford Press, 1996. 

  8. Kastenbaum R: Death, Society, and Human Experience. Boston: Allyn and Bacon, 1995.