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Propósito de este sumario del PDQ
Este sumario del PDQ con información sobre el cáncer para profesionales de la salud, provee información integral con base en la información científica disponible que ha sido revisada por expertos sobre la fisiopatología y el tratamiento de la fatiga. El Consejo Editorial del PDQ sobre Cuidados Médicos de Apoyo examina regularmente este sumario y lo actualiza según sea necesario.
Este sumario contiene información sobre los siguientes aspectos:
- Etiología.
- Evaluación.
- Manejo.
El propósito de este sumario es servir como fuente de información y ayuda para los médicos y otros profesionales de la salud que atienden a pacientes de cáncer durante el tratamiento y después del mismo. No provee pautas o recomendaciones formales para la toma de decisiones relacionados con la atención de la salud. La información provista en este sumario no debe tomarse como base para determinar reembolsos.
Este sumario está disponible en inglés y también en una versión para pacientes escrita en lenguaje menos técnico.
Volver Arriba Descripción
La fatiga es una de las quejas más comunes entre las personas diagnosticadas
con cáncer y también aumenta en algunos de los sobrevivientes del cáncer.[1,2] La fatiga está presente en 14% a 96% de las personas con cáncer,
especialmente entre los individuos que se encuentran bajo tratamiento.[3-7]
La fatiga es difícil de describir y, al tratar de hacerlo, los pacientes se
expresan de diversas formas, utilizando términos como cansado, débil,
extenuado, agotado, harto, pesado o lento. Los profesionales de la
salud también se esfuerzan por describir la fatiga, empleando términos como
astenia, lasitud, postración, intolerancia al ejercicio, falta de
energía y debilidad.
Definir la fatiga ha puesto a prueba durante muchos años el ingenio de
clínicos e investigadores. Por lo general, la fatiga puede ser definida como
un trastorno caracterizado por aflicción y disminución del funcionamiento
relacionado con una disminución de energía.[8,9] Las manifestaciones
específicas pueden ser de naturaleza física, mental o emocional. Para fines
clínicos y de investigación, es útil tratar de distinguir la fatiga
significativa relacionada con el cáncer de los otros tipos de fatiga para
orientar terapias específicas hacia la etiología subyacente.
La fatiga aguda es un cansancio normal o esperado caracterizado por síntomas
intermitentes localizados, inicio rápido y duración corta. Mientras que el
descanso restaura completamente al individuo saludable, llevándolo a su estado
normal de funcionamiento, la presencia de la enfermedad neoplásica disminuye
esta capacidad restauradora. La fatiga crónica describe una fatiga prolongada y debilitante que es persistente o recidivante, dura semanas y
no se anticipa que termine pronto.[2] La enfermedad se
diagnostica a veces en la población médica general.[10] Aunque una variedad
de factores relacionados con el tratamiento y la enfermedad pueden contribuir
al desarrollo de la fatiga, los mecanismos bioquímicos, fisiológicos,
psicológicos y conductuales de este complejo de síntomas no se entienden bien. No hay un
procedimiento médico estándar para la evaluación y el tratamiento de la fatiga
en los pacientes de cáncer.
Para muchos pacientes diagnosticados con cáncer, la fatiga puede convertirse
en un asunto crítico en sus vidas. Puede afectar la sensación de bienestar
personal, la productividad diaria, actividades de la vida cotidiana,
relaciones con parientes y amigos, y el cumplimiento del tratamiento.[8,11,12]
Los recursos económicos pueden verse limitados cuando las personas que sufren
de fatiga se ven forzados a entrar en programas de incapacidad o se quedan sin
trabajo. Los resultados del tratamiento pueden entonces verse comprometidos
debido a las dificultades de mantener seguros de salud, los problemas de
acceso a la atención médica o frente a las barreras económicas para obtener un
tratamiento intensivo.[13]
Por lo tanto, conocer a fondo la fatiga puede conducir a la iniciación de
intervenciones eficaces. Se han validado varios instrumentos para medir la
fatiga en los pacientes de cáncer y se están utilizando para caracterizar el
síntoma de fatiga y su efecto en la calidad de vida.[14-20]
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Volver Arriba Patogénesis de la fatiga
El mecanismo preciso que causa o que fomenta la fatiga en los pacientes de
cáncer se desconoce. Es probable que muchos mecanismos diferentes desempeñen
esta función.[1,2] Se ha propuesto varios modelos para el estudio de la fatiga.
La tensión nerviosa prolongada que produce una respuesta de estrés puede usarse como modelo para la fatiga.[3] Las personas con cáncer
frecuentemente padecen de tensión nerviosa extraordinaria por un largo período
de tiempo, lo que les hace gastar energía y sentir un alto índice de fatiga.
En contraste, un estudio mostró que las necesidades energéticas varían en esta
población.[4] Lo que indica que, además de estos, hay otros factores que
contribuyen a la fatiga.
Se ha propuesto un modelo neurofisiológico para estudiar la fatiga. Este
modelo tiene componentes tanto centrales como periféricos. El componente
central consiste en la psiquis, el cerebro y la médula espinal. El sistema
periférico consiste en nervios periféricos, sarcolema muscular, sistema
tubular transverso, liberación de calcio, acción recíproca de la actina y la
miosina, calor y tensión de puente cruzado y rendimiento de fuerza y energía.
El trastorno de los componentes centrales provoca falta de motivación,
deterioro en la transmisión de la médula espinal y el mal funcionamiento o
agotamiento de las células cerebrales en la región hipotalámica. El deterioro
del componente periférico puede causar deterioro en la transmisión de la
función nerviosa periférica en la unión neuromuscular, afectando así la
activación de la fibra. Ambos tipos de deterioro desempeñan una
función en la fatiga crónica. El mecanismo central puede ser la clave para
explicar la fatiga extrema de pacientes tratados con bioterapia.[5] Aún está
por establecerse si los regímenes quimioterapéuticos potencialmente
neurotóxicos causan fatiga a través de este mecanismo. Además, muchos
individuos con cáncer pueden estar recibiendo al mismo tiempo fármacos
analgésicos, hipnóticos, antidepresivos, antieméticos o anticonvulsivos.
Debido a que muchos de estos fármacos ejercen su efecto en el sistema nervioso
central, pueden agravar significativamente el problema de la fatiga.
Otra perspectiva en el estudio de la fatiga se concentra en la reducción de
depósitos de proteínas en el músculo esquelético que pueden ser el resultado
del factor endógeno de necrosis tumoral (TNF, por sus siglas en inglés) o del
TNF administrado como terapia antineoplásica. Esta debilidad muscular
requeriría que los individuos usen una cantidad de energía extraordinaria para
generar la fuerza contráctil adecuada al hacer ejercicio o al sentarse o
pararse durante períodos prolongados de tiempo.[6]
Por último, se ha propuesto un esquema conceptual de la fatiga que abarca
factores bioquímicos, fisiológicos y de conducta que causan manifestaciones de
fatiga. Estos factores son modificados por la percepción de fatiga. Se
cree que hay trece modalidades que influyen en la fatiga:[7]
- Acumulación de
metabolitos.
- Cambios en la energía y energética fundamental.
- Actividad y descanso.
- Sueño y vigilia.
- Enfermedad y tratamiento.
- Síntomas.
- Psicología.
- Oxigenación.
- Cambios en regulación
y transmisión.
- Medio ambiente.
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Volver Arriba Factores contribuyentes
Aunque resulta claro que la fatiga es frecuente entre los pacientes de cáncer,
ha resultado difícil identificar variables correlacionadas consistentes en esta
población de pacientes. Los factores implicados con mayor frecuencia son los
siguientes:[1-8]
- Tratamiento del cáncer.
- Anemia.
- Fármacos.
- Caquexia y anorexia.
- Trastornos metabólicos.
- Deficiencia hormonal.
- Aflicción psicológica.
- Trastornos del sueño.
- Inactividad excesiva.
- Deterioro pulmonar.
- Disfunción
neuromuscular.
- Dolor.
- Infección.
- Enfermedad médica concomitante.
Terapias del cáncer
La fatiga es un síntoma común en la cirugía, la quimioterapia, la
radioterapia y a la terapia mediante modificadores de la respuesta biológica.
La fatiga relacionada con la quimioterapia y la radioterapia puede estar
vinculada con la anemia o con una acumulación de los desechos que resultan de la
destrucción de las células.[9] En el caso de la radiación, la fatiga puede
estar relacionada a una mayor demanda de energía para reparar el tejido epitelial
dañado.[10]
Se ha relacionado una serie de factores patológicos, medioambientales,
psicológicos y nutricionales con la fatiga relacionada con la quimioterapia.
Algunas respuestas psicológicas al diagnóstico y tratamiento del cáncer son
los cambios de estado de ánimo y trastorno de la modalidad del sueño. Las
respuestas fisiológicas, entre ellas náusea, vómito, dolor crónico y caquexia,
también han sido citadas como factores que causan fatiga.[11]
Hace mucho tiempo que la fatiga se asocia con la exposición a la radiación;
sin embargo, el fenómeno de la fatiga que acompaña la radioterapia no se
entiende bien.[11] Una serie de estudios de investigación documentan la
presencia de un síndrome de fatiga que no es específico al tipo de enfermedad
ni al sitio de radiación, y que muestra una reducción paulatina de la fatiga
una vez que el paciente termina su tratamiento.[10,12-15] No obstante,
algunos de estos estudios indican que no todos los pacientes recuperan el
grado de energía que tenían antes del tratamiento. No se han identificado
factores etiológicos específicos ni correlaciones de la fatiga asociada a la
radioterapia.[11] Entre los factores de riesgo relacionados con la
persistencia de bajos índices de energía en los pacientes de cáncer se
encuentran mayor edad, enfermedad avanzada y terapia de modalidad
combinada.[16]
La fatiga es un efecto tóxico del tratamiento con una variedad de agentes
bioterapéuticos que limita la dosis de ese tratamiento. La terapéutica
biológica expone a los pacientes con cáncer a citosinas exógenas y
endógenas.[17] La fatiga relacionada con la terapéutica biológica ocurre por
lo general como parte de una constelación de síntomas llamados síndrome
parecido a la influenza. Este síndrome incluye fatiga, fiebre, escalofríos,
mialgias, cefaleas e indisposición.[18] La fatiga mental y el
déficit cognoscitivo también han sido identificados como efectos secundarios
de la terapia biológica.[19] La clase de agente bioterapéutico utilizado puede
influir en el tipo de fatiga y su modalidad.
Muchas personas con cáncer se someten a cirugía para determinar el diagnóstico
o seleccionar el tratamiento. A pesar de la alta incidencia de fatiga
postoperatoria observada en la medicina clínica, hay pocos proyectos de
investigación que examinen las causas y correlaciones de la fatiga
postoperatoria en las personas con cáncer.[11] Está claro, sin embargo, que
la fatiga es un problema postoperatorio que mejora con el tiempo y se agrava
con la fatiga producida por otros tratamientos de cáncer.[11]
Anemia
Los datos indican que la anemia puede ser un factor importante en la fatiga
relacionada con el cáncer (CRF, por sus siglas en inglés) y en la calidad de vida de los pacientes de
cáncer.[9,20,21] La anemia puede estar relacionada a la enfermedad misma o
deberse a la terapia. De vez en cuando la anemia no es más que una dolencia
que ocurre al mismo tiempo sin estar relacionada ni a la enfermedad ni a la
terapia. A menudo la anemia contribuye significativamente a los síntomas de
las personas con cáncer. Para cada paciente en particular, puede ser difícil
discernir cuál es el efecto actual de la anemia, ya que suelen haber otros
problemas que confunden la habilidad de sopesar las repercusiones específicas
de la anemia. Estas repercusiones varían de acuerdo a factores como la
rapidez con que comienza, la edad del paciente, el estado del volumen
plasmático y el número y severidad de las enfermedades concomitantes.[22] Se llevó a cabo una revisión retrospectiva con el fin
de entender el problema de la anemia en los pacientes que reciben
radioterapia. Inicialmente, la anemia era prevalente en el 48% de los
pacientes y luego aumentó a 57% durante la terapia. El aumento fue más común
en la mujeres que en los hombres (64% vs. 51%); sin embargo, los hombres con
cáncer de la próstata, fueron quienes tuvieron el mayor aumento de anemia
durante la radioterapia.[23] En algunos cánceres como el del cuello uterino y el de
la cabeza y el cuello, la anemia es uno de los indicadores que predice que tanto
la supervivencia como la calidad de vida de los pacientes bajo radioterapia,
será precaria.[24-27]
Factores de nutrición
La fatiga a menudo ocurre cuando los requisitos energéticos del cuerpo exceden
el abastecimiento de las fuentes de energía.[28,29] En las personas con
cáncer, puede haber tres mecanismos principales implicados: alteración de la
capacidad corporal para procesar nutrientes eficazmente, aumento de los
requisitos energéticos del cuerpo y disminución de la ingestión de nutrientes
energéticos. Las causas de las alteraciones nutricionales se enumeran en el cuadro siguiente:
Factores de nutrición y energía
|
Mecanismos
|
Causas
|
| Capacidad alterada para procesar
nutrientes
|
Metabolismo defectuoso de glucosa, lípidos y proteínas |
| Mayores requisitos de energía |
Consumo de nutrientes por el tumor y
competencia del tumor por esos
nutrientes |
| Estado hipermetabólico debido al
crecimiento del tumor
|
| Infección/fiebre |
| Disnea |
| Reducción de la ingestión de nutrientes
energéticos |
Anorexia |
| Náusea/vómitos |
| Diarrea |
| Obstrucción intestinal |
Factores psicológicos
Se cree que numerosos factores relacionados con el estado de ánimo, las
creencias, actitudes y reacciones a la tensión nerviosa de las personas con
cáncer contribuyen al desarrollo de la fatiga crónica. Las causas no
orgánicas comprenden aproximadamente entre 40% y 60% de los casos de fatiga en
las poblaciones médicas generales. La ansiedad y la depresión son los
trastornos psiquiátricos más comunes.[30]
La depresión puede ser un síndrome morboso capaz de incapacitar, que afecta
aproximadamente de 15% a 25% de las personas que padecen de cáncer.[31] La
presencia de la depresión, manifestada como pérdida de interés, dificultad de
concentración, letargo y pérdida de la esperanza, puede agravar las causas
físicas de la fatiga en estos individuos y persistir incluso después de
resueltas las causas físicas.[32] La ansiedad y el temor relacionado con el
diagnóstico de cáncer como también su impacto en el bienestar físico,
psicosocial y económico de la persona, son fuentes de tensión emocional. Solo
la ansiedad asociada con el diagnóstico del cáncer puede ocasionar fatiga. Un
estudio con 74 pacientes de cáncer de seno en etapa temprana, sin historial
médico de trastornos afectivos, evaluó varios síntomas que tenían que ver con
el reajuste a su nueva condición, aproximadamente dos semanas después del
diagnóstico; cerca del 45% notaron índices de fatiga que variaba de altos a
moderados. Esta fatiga pudo ser el resultado secundario del aumento en la
tensión cognoscitiva de tener que lidiar con el diagnóstico o el insomnio, el
cual el 60% de los pacientes definieron como moderado o grave. Por lo tanto,
la fatiga puede comenzar antes del tratamiento debido a las preocupaciones u
otros factores cognoscitivos, tanto primarios como secundarios al insomnio. Varias formas de tratamiento pueden agravar esta fatiga.[33] La fatiga también puede aumentar en los sobrevivientes de cáncer por encima de la que se observa en la población en general.[34,35] En los sobrevivientes de cáncer de testículo, la ansiedad y la depresión son factores pronósticos de la fatiga, indicando la posibilidad de intervención psiquiátrica en el manejo de la fatiga.[36] (Para
mayor información, consultar los sumarios del PDQ sobre la Depresión y el Trastorno por ansiedad.)
Los factores cognoscitivos
El deterioro de las funciones cognoscitivas, incluso la disminución de la
atención y el deterioro de la percepción y el pensamiento, se relaciona por lo
general con la fatiga.[37,38] Aunque la fatiga y el deterioro cognoscitivo están
conectados, el mecanismo implícito de esta relación no es claro. Las
exigencias mentales inherentes en el diagnóstico y tratamiento del cáncer se
han documentado bien; sin embargo, poco se sabe acerca del problema
concomitante de la fatiga de atención en las personas con cáncer. Los
problemas de atención son comunes durante el tratamiento de cáncer y después
de él. Algunos de los problemas de atención observados pueden ser causados
por la fatiga de atención.[39,40] La fatiga de atención puede ser aliviada
con actividades que promuevan descanso y recuperación de la atención dirigida.
Aunque el sueño es necesario para aliviar la fatiga de atención y restaurar
esa función, éste resulta insuficiente cuando hay altos requisitos de
atención. La literatura empírica indica que el medio ambiente natural
contiene las propiedades para restaurar la atención y aliviar la fatiga de
atención.
Trastornos del sueño e inactividad
Las interrupciones del sueño, malos hábitos al dormir, reducción de las horas
de descanso nocturno y grandes períodos de inactividad o sueño diurno son
algunos de relacionada con
el cáncer CRF. Los pacientes que desarrollaban
menos actividad durante el día a la vez que despertaban con mayor frecuencia
durante las noches, fueron quienes informaron de manera consistente, de un
mayor grado de CRF. Aquellos pacientes con una actividad pico más baja, según
las medidas tomadas por un monitor de actividad estilo reloj pulsera,
experimentaron los grados más altos de fatiga.[6]
Medicamentos
Algunos medicamentos además de los que se usan durante la quimioterapia pueden
contribuir a la fatiga. Con frecuencia los opioides que se utilizan en el
tratamiento del dolor relacionado con el cáncer, causan somnolencia y esta
varía dependiendo del individuo. Otros tipos de medicamentos como los
antidepresivos tricíclicos, neurolépticos, bloqueadores beta, benzodiacepinas y
antihistaminas pueden también producir como efecto secundario un estado
de somnolencia. El tomar varios medicamentos a la vez puede aumentar estos
efectos.
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Volver Arriba Evaluación
La evaluación de la fatiga es multidimensional en su naturaleza.[1] La
literatura ambigua y la carencia que había de medios específicos para medir la
fatiga han creado dificultades en el establecimiento de pautas de evaluación y
control. La evaluación completa del paciente con fatiga comienza con la
obtención de una historia concienzuda para describir la modalidad de la fatiga
del individuo e identificar todos los factores que contribuyen a su
desarrollo. Los siguientes aspectos deben ser incluidos en la evaluación
inicial:
- La modalidad de la fatiga, incluso su principio, duración e intensidad,
así como los factores que la agravan y alivian.
- Tipo y grado de la enfermedad y de los síntomas y los efectos secundarios
relacionados con el tratamiento.
- La historia clínica del tratamiento.
- Los fármacos actuales.
- La modalidad de reposo, descanso, hábitos de relajación, costumbres y
ritos.
- Ingesta de alimentos y cualquier cambio de apetito o de peso.
- Los efectos de la fatiga en las actividades cotidianas y el estilo de
vida.
- Evaluación psiquiátrica, incluso evaluación de la depresión.
- Reconocimiento físico completo, que incluya el modo de caminar, postura y
variación del movimiento.
- Cumplimiento del tratamiento.
- Desempeño en el trabajo.
- Recursos económicos.
- Otros factores contribuyentes (por ejemplo, anemia, disnea, debilidad muscular).
Debe prestarse atención específica a los factores subyacentes que contribuyen
a la fatiga y pueden ser corregibles. Estos incluyen anemia, depresión,
ansiedad, dolor, deshidratación, deficiencias nutricionales (por ejemplo, proteínas,
calorías, vitaminas), fármacos sedantes (por ejemplo, opioides, benzodiacepinas),
terapias neurotóxicas, infección, fiebre, trastornos del sueño e
inmovilidad.[2,3]
Los criterios propuestos para la fatiga relacionada con el cáncer se enumeran
más adelante. Dichos criterios han sido adoptados para incluirse en la
Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud,
Décima edición, Modificación Clínica (CIE-10-CM).[4] El definir la fatiga relacionada con
el cáncer como un síndrome de diagnóstico tiene algunas ventajas y desventajas
potenciales.[5] Una de las posibles ventajas es que permitiría a los clínicos
documentar la presencia o ausencia de fatiga en un patrón reproducible.
También puede resultar útil para establecer el reembolso apropiado para el
manejo de estos descubrimientos. La desventaja potencial de este enfoque es
que puede disuadir el manejo de la fatiga que no cubre el umbral para el
diagnóstico dentro de la CIE-10. La alternativa para el enfoque basado en el
síndrome, es el enfoque basado en el síntoma. Este enfoque basado en el
síntoma se usa comúnmente para fenómenos como el dolor y la náusea. El
enfoque basado en el síndrome se usa con frecuencia para la depresión. La
utilidad de los criterios de la CIE-10 para la fatiga relacionada con el
cáncer que se mencionan abajo, aún no han sido validados.
Criterio de la CIE-10 para la fatiga relacionada con el cáncer
Los siguientes síntomas han estado presentes cada día o casi todos los días
durante el mismo período de dos semanas en el último mes:
- Fatiga significativa, disminución de la energía o aumento de la necesidad
de descansar, fuera de proporción con cualquier modificación reciente del
grado de actividad; además de cinco o más de los siguientes:
- Quejas de debilidad general, extremidades pesadas.
- Concentración o atención disminuida.
- Disminución de la motivación o del interés en las actividades.
- Insomnio o hipersomnia.
- Sueño que no refresca ni restaura.
- Percepción de que se necesita luchar para superar la inactividad.
- Reactividad emocional marcada (por ejemplo, tristeza, frustración o irritabilidad) al sentimiento de fatiga.
- La dificultad de llevar a cabo tareas cotidianas se le atribuye al
sentimiento de fatiga.
- Percepción de que hay problemas con la memoria a corto plazo.
- La fatiga después del ejercicio extenuante dura varias horas.
- Los síntomas ocasionan una aflicción clínica significativa o un deterioro
en el funcionamiento social, profesional o de otras áreas importantes del
comportamiento.
- Hay signos en la historia clínica, el reconocimiento médico o el resultado
de análisis de que los síntomas surgen como consecuencia del cáncer o de la
terapia contra el cáncer.
- Los síntomas no surgen principalmente como consecuencia de trastornos
psiquiátricos concomitantes como una depresión intensa, trastorno de
somatización, trastorno somatoforme o delirio.
Al igual que en el caso de otros síntomas puramente subjetivos como el dolor,
puede ser necesario alentar al paciente y a otros miembros de la familia a
mencionarle al personal médico los síntomas de fatiga. Debe darse a todos los
pacientes, al comienzo de su tratamiento, información sobre la posibilidad de
que la enfermedad subyacente o los tratamientos le produzcan fatiga, sobre las
opciones para controlarla y sobre la importancia de informar al médico de
estos síntomas.[2] Los pacientes pueden no mencionar su fatiga, a
menos que el médico saque a relucir el tema en la conversación.
Aunque no hay un estándar universalmente aceptado para medir la fatiga, se
ha desarrollado una variedad de instrumentos para evaluarla.[6-14] La fatiga
también se suele evaluar mediante instrumentos multidimensionales de calidad
de vida. Los instrumentos seleccionados para evaluar la fatiga se mencionan a
continuación:
- Breve inventario de la fatiga.[12]
- La evaluación funcional de la anemia por terapia de cáncer.[6]
- Evaluación funcional de la fatiga por terapia de cáncer.[7]
- Escala Piper de autoinforme de la fatiga.[8]
- Escala de fatiga por cáncer de Schwartz.[9]
- Inventario de síntomas de la fatiga.[14]
- El perfil de los estados de ánimo, subescala de fatiga e inercia.[10]
- Escala visual análoga de Lee para la fatiga.[11]
- Escala para la fatiga del cáncer.[13]
Evaluación de la anemia
La evaluación apropiada de la anemia en el paciente de cáncer abarca historia
clínica y reconocimiento médico cuidadosos, evaluación del conteo de sangre
completo y de los índices de glóbulos rojos, y análisis de frotis sanguíneo
periférico. En combinación, la información obtenida de estas investigaciones
suele dar un diagnóstico.
Un método que se usa comúnmente para clasificar la anemia es categorizar la
anemia por el tamaño de los glóbulos rojos medidos por el volumen corpuscular
medio (VCM). Las anemias microcíticas se relacionan
con un VCM de 79 femtolitros o menos e incluyen la anemia por
deficiencia de hierro, la talasemia y la anemia crónica. Las anemias
macrocíticas se asocian con un VCM mayor de 101 femtolitros e incluyen las
anemias relacionadas con la deficiencia de vitamina B12 o de folato, la
mielodisplasia y la enfermedad hepática. La mayoría de las anemias son
normocíticas, lo que significa que el VCM se encuentra dentro de su estado
normal. Esta categoría de anemias incluye la anemia mielotísica (anemia
debida al reemplazo neoplásico de la médula ósea), casi todas las anemia
relacionadas con la quimioterapia, la anemia debida a disfunción renal o
hepática, la anemia hemolítica y la aplásica.[15] Una población mixta de
glóbulos rojos que consista en células microcíticas y macrocíticas
(anisocitosis), sin embargo, puede indicar una etiología combinada, por
ejemplo, pérdida crónica de sangre (microcítica) que da como resultado
reticulocitosis (macrocítica). En esta situación, el VCM puede estar dentro
de su estado normal, pero la amplitud de distribución del tamaño de los
glóbulos rojos estaría elevada.
El análisis del frotis sanguíneo periférico, aunque suele pasarse por alto,
sigue siendo un paso importante en la evaluación de la anemia. Por ejemplo,
las células sanguíneas nucleadas y las de forma de lágrima indican anemia
mielotísica. Los macroovalocitos y neutrófilos hipersegmentados suelen
indicar anemia megaloblástica. Los eritrocitos pequeños en diana y
basofílicos puntiformes se relacionan con la talasemia.
Otros estudios que a veces se requieren para caracterizar la anemia en un
paciente dado incluyen pruebas de las concentraciones de vitamina B12 o folato, de
hierro sérico, de transferrina y de ferritina, la concentración de eritropoyetina,
prueba directa e indirecta de Coombs y examen de aspirado y biopsia de la
médula ósea. En los pacientes de cáncer, la etiología subyacente suele ser
multifactorial.
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Volver Arriba Intervención
Gran parte de la información sobre las intervenciones para aliviar la fatiga
está relacionada ya sea con sujetos saludables o personas cuya fatiga muscular
es la etiología primaria del problema o donde la fatiga es secundaria a la
anemia relacionada con el tratamiento.[1-4] Sin una determinación de los
mecanismos de la fatiga en los pacientes de oncología, las intervenciones
deben orientarse al control de síntomas y apoyo emocional. Aunque se han
hecho algunas recomendaciones para el control de la fatiga en los pacientes de
oncología, éstas son de naturaleza teórica o anecdótica y, en general, no han
sido el foco de la evaluación científica.
Como la etiología y los mecanismos de la fatiga y astenia en el paciente de
cáncer no se han podido determinar, hay una variación considerable en las
pautas habituales respecto al manejo de este síntoma. El enfoque del manejo
médico suele orientarse hacia la identificación de síntomas específicos y
síntomas correlacionados posiblemente reversibles. Por ejemplo, los pacientes
con fatiga y dolor pueden tener titulación de los fármacos analgésicos; los
pacientes con fatiga y anemia pueden recibir una transfusión de eritrocitos
concentrados, intervenciones nutricionales que incluyen alimentos ricos en
hierro, suplementos de hierro o vitaminas para corregir una deficiencia
subyacente o inyecciones de epoetina α; y los pacientes deprimidos y con
fatiga pueden tratarse con agentes antidepresivos y psicoestimulantes. Suele
ser útil pensar en la posibilidad de suspender los fármacos que puedan
retirarse sin peligro. No hay un modo reconocido de evaluar y tratar la
fatiga, pero hay una serie creciente de ensayos clínicos que han sido ideados
para atender este problema en el paciente de cáncer.
Psicoestimulantes
Aunque la fatiga es uno de los síntomas más generalizados en el cáncer,
hay hasta la fecha pocos ensayos publicados sobre el uso de psicoestimulantes en
el tratamiento de la fatiga.[5] Las recomendaciones para su uso surgen
generalmente de la experiencia clínica anecdótica.[6] Los
psicoestimulantes (cafeína, metilfenidato, modafinila y
dextroanfetamina) administrados en dosis bajas son útiles para los pacientes
que están sufriendo de depresión, apatía, disminución de energía, mala
concentración y debilidad.[5] Una vasta experiencia clínica con personas que
padecen de cáncer indica que los psicoestimulantes fomentan sensación de
bienestar, disminución de la fatiga y aumento del apetito. También son útiles
para contrarrestar los efectos sedantes de la morfina y, en comparación con
otros antidepresivos, producen un efecto rápido. Entre los efectos
secundarios más comúnmente descritos de los psicoestimulantes se encuentran
insomnio, euforia y labilidad. Las dosis elevadas y el uso prolongado pueden
producir anorexia, pesadillas, insomnio, euforia, paranoia y complicaciones
cardíacas. Estos fármacos deben administrarse en dos dosis a las 8 a.m. y al
mediodía, y pueden utilizarse como adyuvantes analgésicos y para contrarrestar
la sedación producida por los opiáceos. Las dosis iniciales de metilfenidato y
dextroanfetamina son de 2,5 a 5,0 mg a las 8 a.m. y al mediodía para evitar los
desvelos y lograr que el paciente obtenga un absoluto descanso. La modafinila
es una no-anfetamina que actúa de manera central como estimulante del sistema nervioso central, aprobada por la Administración de Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos para el tratamiento de la narcolepsia. Se desconoce su
mecanismo de acción exacto. A pesar de que aun no se ha estudiado de manera
empírica para tratar la fatiga relacionada con el cáncer o la sedación (por ejemplo, sedación inducida por opioides) informes anecdóticos muestran que éste es útil
en el tratamiento de estos problemas. El tratamiento de modafinila se
comienza de 50 a 100 mg en las mañanas y puede escalonarse hasta 200 mg de
forma oral cada mañana. En el paciente de cáncer que tiene fatiga y que
también sufre de depresión, estos fármacos pueden comenzar a administrarse
junto con un antidepresivo no estimulante; se puede pensar en suspenderlos
cuando el antidepresivo haga efecto.[7,8]
Psicoestimulantes para los pacientes de cáncer adultos
|
Fármaco/dosis
|
Efectos secundarios principales/comentarios
|
| d-anfetamina (Dexedrina) |
Ansiedad, desasosiego |
| Dosis: |
2,5 mg/día (inicial) |
|
|
5–30 mg/día |
|
| metilfenidato (Ritalín) |
Ansiedad, desasosiego |
| Dosis: |
2,5 mg/día (inicial) |
|
|
5–30 mg/día |
|
| modafinil (Provigil) |
Ansiedad, desasosiego |
| Dosis: |
50–100 mg (inicial) |
|
|
100–200 mg cada mañana |
|
Sobre la base de la experiencia limitada, es razonable tratar un psicoestimulante como el metilfenidato o un corticosteroide para el tratamiento de la fatiga severa. La
terapia de esteroides a largo plazo se reserva generalmente para pacientes con
enfermedad avanzada.
Tratamiento de la anemia
La mejor forma de manejar la anemia en los pacientes con cáncer es tratando
la causa subyacente. Cuando ésta es obscura o no hay un remedio específico,
entonces el tratamiento es paliativo. Las intervenciones nutricionales,
incluso la ingesta suplementos alimenticios y de alimentos ricos en nutrientes,
debe ser tomadas en cuenta, además de otras modalidades de tratamiento. La
transfusión de glóbulos rojos concentrados es el tratamiento que más se usa y
la forma más rápida de aliviar los síntomas en los pacientes de cáncer con
anemia sintomática. Con la transfusión hay una probabilidad muy alta de
aumentar con éxito la concentración de hemoglobina y hay poco riesgo de
complicaciones. No obstante, realizar repetidas transfusiones puede ser
incómodo y el riesgo de contraer una infección llevada por la sangre puede
preocupar a los pacientes. Otros riesgos incluyen una reacción aguda a la
transfusión, enfermedad de injerto contra huésped asociada con la transfusión,
modulación inmunitaria sutil que ocurre con la transfusión y exceso de hierro
para aquellos que reciben muchas transfusiones.[9]
Varios estudios comunitarios grandes han examinado la eficacia del epoetina α
en el tratamiento de la anemia relacionada con el cáncer en aquellos pacientes
que se encuentran bajo tratamiento quimioterapéutico.[4,10,11] Cada uno de estos
estudios empleó un diseño abierto no aleatorio e incluía como objetivos
finales de estos estudios (respuesta de la hemoglobina, requisitos de
transfusión) y una evaluación subjetiva de los testimonios personales sobre
los grados de actividad, y de la calidad de vida en sentido general. En estas
circunstancias, el epoetina α ha sido eficaz en aumentar las concentraciones de
hemoglobina y disminuir las necesidades de transfusión. Además el epoetina
α ha estado relacionado con una mejora en lo funcional y la calidad de vida
independientemente de la respuesta tumoral. La dosis empleada en estos
estudios fue de 10.000 unidades subcutáneas tres veces por semana. Es uso de
dosis de 40.000 unidades por semana, se ha convertido en algo común tanto en
el ambiente académico como en centros oncológicos.[12] Si después de cuatro semanas la
hemoglobina tiene un incremento menor de 1 g/dl, la dosis debe ser
aumentada a 60.000 unidades cada semana. El tratamiento debe cesar si la
hemoglobina sube por encima de 12 g/dl o si la hemoglobina tiene un aumento mayor de 1,3 g/dl durante cualquier periodo de dos semanas. Un aumento excesivo en la concentración de hemoglobina aumenta el riesgo de tromboembolismo venoso. A pesar de que las características que se
toman como punto de comparación, parecen tener poco valor a la hora de
predecir la respuesta del paciente al tratamiento con epoetina humana
recombinante α, los índices de suero de ferritín al principio del
tratamiento pudieran resultar útiles. Estudios retrospectivos sobre el
tratamiento con epoetina α han indicado que los pacientes que tienen un
índice reducido de suero de ferritina (con relación al punto de comparación) o
sea (<400 ng/mL) tienen probabilidades de responder al tratamiento
con epoetina α, mientras que los pacientes con un índice mayor de suero de
ferritina (con relación al punto de comparación) mayor de 400 ng/mL pueden no
responder.[13] Un estudio evaluó retrospectivamente las características
marginales entre 2.289 pacientes para identificar los factores que pudiesen
predecir la respuesta a la terapia con epoetina α. En este estudio no se
encontró diferencia alguna entre los diversos tipos de tumores o sobre si el
paciente había recibido quimioterapia previa.[10] Expertos independientes de dos sociedades profesionales revisaron una extensa colección de pruebas recopiladas por el centro de evaluación de una compañía nacional de seguros quien publicó las pautas.[14] A continuación se detallan los aspectos mayores de estas pautas:
-
La Administración de Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos ha revisado la información sobre el uso de las sustancias estimulantes de la eritropoyesis (ESAs, por sus siglas en inglés) en la anemia inducida por la quimioterapia en los pacientes de cáncer y ha revisado los datos sobre inocuidad. Nota: la información contenida en este enlace solo está disponible en inglés.
- Las pruebas favorecen el uso de epoetina α para el tratamiento de la anemia inducida por quimioterapia (Hgb <10 g/dl). Esta recomendación se basa en el mejoramiento de la concentración de hemoglobina (variación de 1,6–3,1 g/dl) y menores requisitos de transfusión.
- Otra opción es la transfusión de glóbulos rojos.
- Debe observarse el resultado hematológico antes de tomarse la decisión de comenzar con epoetina α en pacientes con mieloma múltiple, linfoma no Hodgkin y leucemia linfocítica crónica.
- No se ha establecido una mejora sintomática con el uso de epoetina α y esto requerirá de mayores estudios. Los datos disponibles sobre la calidad de vida ha mostrado resultados inconsistentes, calidad metodológica variable y tasas de abandono del 10% a 40%.
Ejercicio
Estudios preliminares [15-22] indican que el ejercicio
(incluso caminar lenta o rápidamente) tiene beneficios potenciales para las
personas con cáncer. Entre los beneficios que se observaron en estos estudios
en un entorno clínico tenemos el mejoramiento de la energía física, estímulo
del apetito o de la capacidad de funcionamiento o ambos, con mejoramientos de
la calidad de vida y mejora de muchos aspectos del estado psicológico (tales
como mejor concepto de la vida, sentimiento de bienestar, sentido realzado de
participación y habilidad para enfrentarse a los obstáculos del cáncer y su
tratamiento). La mayoría de los ensayos clínicos de ejercicio se han enfocado
en las mujeres con cáncer de la mama y sobre la validez de generalizar los
resultados para aplicarlos a otros tipos de cáncer. Estos estudios presentan
muchas dificultades metodológicas, entre ellas errores sistemáticos y
selección de muestras que no son representativas, inscripción de pacientes en ensayos aleatorios mal seguimiento a los ejercicios de intervención del programa y evaluaciones muy variadas de
las variables de la investigación y de la medida de los resultados.[23] Las
conclusiones a las que se lleguen basadas en estos estudios deben considerarse
como preliminares.
Un estudio en pacientes sometidos a trasplante de células madre de
sangre periférica encontró beneficios sintomáticos y una mejoría en el humor
de los pacientes que participaron en el programa de adiestramiento a
intervalos versus el grupo de control.[24,25] Los grupos de gimnasia supervisada proveen beneficios funcionales así como en la calidad de vida en las mujeres durante el tratamiento del cáncer del seno.[26] El hacer ejercicio mejoró la capacidad de alcanzar logros en las pacientes bajo tratamiento del cáncer del seno.[27,28]
Es difícil estudiar el ejercicio en los pacientes con enfermedad avanzada o
terminal, pero puede tener beneficios similares. En un estudio se observó un
mejoramiento en la habilidad de los pacientes con cáncer avanzado que estaban
bajo atención médica en asilos y que seguían un régimen de fisioterapia para
realizar sus actividades cotidianas.[29] Además, se observó mayor
satisfacción con el régimen fisioterapéutico cuando aumentaba la
participación familiar en el programa. Un estuido aleatorio indicó que el ejercicio mejoró la fatiga durante el tratamiento del cáncer de mama.[30]
Psicoterapia conductista cognitiva
La psicoterapia conductista cognitiva (CBT, por sus siglas en inglés) se ha usado por mucho tiempo para tratar una variedad de problemas psicológicos; la psicoterapia se enfoca en los pensamientos (cogniciones) y las conductas funcionales pertinentes para los problemas que se presentan. En un ensayo clínico aleatorio, a 98 sobrevivientes de diferentes tipos de cáncer (grupo de intervención = 50, control en lista de espera = 48) que presentaban fatiga grave no atribuible a una causa somática específica se les proporcionó CBT individual.[31] La CBT se enfocó en el modelo único de cada participante relacionado con seis factores posibles que pueden servir para perpetuar su fatiga después del tratamiento del cáncer: enfrentar en forma insuficiente la experiencia del cáncer, temor a la recurrencia de la enfermedad, cogniciones disfuncionales con respecto a la fatiga, desregulación del sueño, desregulación de la actividad y bajo apoyo social o interacciones sociales negativas. El número de sesiones de psicoterapia varió según el número de factores que se perpetúan (rango: 5–26 sesiones de una hora; media: 12,5 las sesiones); los resultados mostraron una disminución clínicamente significativa en la gravedad de la fatiga y la deficiencia funcional.
Actividad y descanso
Los profesionales de la salud pueden asesorar a las personas con cáncer para
desarrollar un programa de actividad y descanso que, basándose en la
evaluación de su modalidad de fatiga, les permitan utilizar mucho mejor la
energía. Cualquier cambio en la rutina diaria requiere un consumo adicional de
energía. Debe aconsejarse a los individuos con cáncer que establezcan
prioridades y mantengan un horario razonable. Los profesionales de la salud
pueden ayudar a los pacientes suministrándoles información sobre los servicios
complementarios disponibles para ayudarles con sus actividades y
responsabilidades diarias. Una consulta de terapia ocupacional puede ser útil
en la evaluación de métodos de conservación de energía. Unos buenos hábitos de
dormir, que incluyan el evitar acostarse en la cama a menos que no sea para
dormir, reducir las siestas a no más de una hora, evitar los ruidos que
distraigan (como el de la radio o la televisión) al dormir, puede ayudar a
mejorar el sueño y los ciclos de actividad.
Educación del paciente
Gran parte del control de la fatiga crónica en el paciente de cáncer implica
fomentar la adaptación y el ajuste del paciente a su estado. Se debe discutir
con el paciente la posibilidad de que la fatiga sea una incapacidad crónica.
Aunque suele ser un efecto secundario temporal esperado del tratamiento, el
problema puede persistir si otros factores siguen estando presentes.
Una meta importante del tratamiento es facilitar la autoayuda de la persona
con cáncer. Como la fatiga es el síntoma que se observa con más frecuencia
(81% de los pacientes de cáncer se quejan de fatiga),[32] es importante
transferir la responsabilidad de controlar los efectos secundarios del
profesional de la salud al paciente. Es imprescindible que los individuos con
cáncer se eduquen para que puedan desarrollar las habilidades de autocuidado
necesarias para lidiar con la fatiga.
Entre las técnicas específicas para el control de la fatiga se encuentran las
siguientes:
- Diferenciar entre la fatiga y la depresión.
- Evaluar la presencia de correlaciones corregibles o causas de la fatiga (por ejemplo, deshidratación, desequilibrio electrolítico, disnea y anemia).
- Evaluar los patrones de descanso y actividad durante el día al igual que
durante un período de tiempo.
- Determinar el grado de la fatiga de atención y estimular el uso de un plan
de actividades que restaure la atención (tales como caminar, cuidar el jardín
o mirar los pájaros).
- Orientar al paciente con anticipación sobre la posibilidad de desarrollar
fatiga y sobre la modalidad de la fatiga que se asocia a cada tratamiento en
particular.
- Estimular actividades y programas planificados de ejercicio según las
limitaciones individuales; hacer que las metas sean realistas teniendo
presente el estado de la enfermedad y los regímenes de tratamiento.
- Educar a los individuos y las familias acerca de la fatiga relacionada con
el cáncer y su tratamiento.
- Ayudar a que las personas con cáncer y sus familias identifiquen las
actividades que producen la fatiga y desarrollen estrategias específicas para
modificarlas.
- Sugerir cambios individualizados del medio ambiente o de actividad que
puedan contrarrestar la fatiga.
- Mantener la hidratación y nutrición adecuadas.
- Recomendar fisioterapia para las personas con déficit
neuromusculoesquelético.
- Recomendar terapia respiratoria a las personas cuya disnea sea un factor
contribuyente a la fatiga.
- Programar las actividades cotidianas importantes durante las horas de menos
fatiga y eliminar las actividades no esenciales que produzcan tensión nerviosa.
- Atender el efecto negativo de los factores psicológicos y sociales que
producen tensión nerviosa y pensar cómo evitarlos o modificarlos.
- Evaluar la eficacia de las intervenciones para la fatiga de manera regular y
sistemática.[33]
En un ensayo controlado, con pacientes que dieron cuenta de síntomas tales como grupos de dolores y fatiga mientras recibían quimioterapia, una intervención conductual de enfermería produjo mejorías en la calidad de vida y disminuyó la carga de síntomas en relación al cuidado en general.[34,35] Estos intrigantes resultados necesitan de una mayor exploración en otras poblaciones de pacientes que no sean mujeres con cánceres ginecológicos o de las mamas.
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