In English | En español
¿Prequntas sobre el cáncer?

La nutrición en el tratamiento del cáncer (PDQ®)

Versión Profesional De Salud
Actualizado: 1 de noviembre de 2013

Otros aspectos de la nutrición

La nutrición en el cáncer avanzado
Interacciones entre medicamentos y nutrientes
Nutrición y supervivencia
        Estilos de comportamiento en adultos y niños supervivientes de cáncer
        Ensayos de intervención entre los supervivientes de cáncer
        Recomendaciones para los pacientes/aplicaciones clínicas
Pautas para una alimentación saludable
Pautas alimentarias para la prevención del cáncer
Soya



La nutrición en el cáncer avanzado

El cáncer en estadio avanzado se relaciona frecuentemente con caquexia.[1-4] Las personas diagnosticadas con cáncer pueden presentar efectos secundarios nuevos o que empeoran relacionados con la nutrición a medida que evoluciona el cáncer. Los síntomas que más prevalecen en esta población son los siguientes:[1-3]

  • Pérdida de peso.
  • Saciedad temprana.
  • Hinchazón.
  • Anorexia.
  • Estreñimiento.
  • Xerostomía.
  • Cambios en el gusto.
  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Disfagia.

Según lo define en inglés la Organización Mundial de la Salud, el cuidado paliativo es un enfoque que mejora la calidad de vida de los pacientes y sus familiares que enfrentan los problemas relacionados con enfermedades que ponen la vida en riesgo, mediante la prevención y alivio del sufrimiento a través de la identificación temprana y una evaluación y tratamiento impecables del dolor y otros problemas, físicos, sicosociales y espirituales. La meta de la atención paliativa es aliviar los síntomas que son molestos para el paciente. A pesar de que algunos de los síntomas antes mencionados pueden tratarse eficazmente, la anorexia, si bien es común, es un síntoma que usualmente no se identifica como problemático para la mayoría de los pacientes en estadio terminal pero que preocupa a la mayoría de los miembros de la familia; esta angustia puede variar conforme a los factores culturales. Varios estudios han revelado que los pacientes en estadio terminal no tienen hambre y, en el caso de los que sienten hambre, el síntoma se alivia con cantidades pequeñas de ingestión oral.[5]

El consumo reducido, especialmente de alimentos sólidos, es común con la inminencia de la muerte. Las personas generalmente prefieren y toleran alimentos blandos y humedecidos y líquidos refrescantes (líquidos con cuerpo y claros). Aquellos individuos con dificultad incrementada para tragar tienen menos incidencia de aspiración con líquidos espesos que con líquidos de poco cuerpo.

La restricción alimentaria no es generalmente necesaria, dado que la ingesta de alimentos prohibidos (por ejemplo, dulces en el paciente diabético) no es suficiente para constituir motivo de preocupación.[6] Como siempre, los alimentos deben continuar tratándose y considerándose como una fuente de goce y placer. Comer no debe ser solo sobre calorías, proteínas y otras necesidades de macronutrientes y micronutrientes.

No obstante, las restricciones alimentarias suelen ser adecuadas.[6,7] Por ejemplo, pacientes con cáncer pancreático, cáncer ginecológico, carcinomatosis abdominal, masas pélvicas o masas de ganglios linfáticos retroperitoneales pueden tener obstrucción intestinal con menos frecuencia cuando se adhieren a un régimen con alimentos blandos de carácter profiláctico (es decir, sin frutas y verduras crudas, sin frutas secas, sin piel, sin semillas). Toda restricción debe considerarse en términos de la calidad de vida y los deseos del paciente.

Las decisiones que se tomen relacionadas con el apoyo nutricional, debe hacerse tomando en cuenta las siguientes consideraciones:

  • ¿Mejorará la calidad de vida?
  • ¿Pesan más los beneficios potenciales que los riesgos o costos?
  • ¿Hay algún documento legal con instrucciones previas?
  • ¿Cuáles son los deseos y necesidades de la familia?

Con frecuencia, se debaten los beneficios de la nutrición parentérica en el hogar para pacientes de cáncer avanzado y se carece de datos probatorios con relación a su uso. En aquellos pacientes que todavía cuentan con una buena calidad de vida, pero que tienen impedimentos fisiológicos o psicológicos para lograr una alimentación e hidratación oral adecuada (por ejemplo, cáncer de cabeza y cuello), se puede obtener una supervivencia más prolongada mediante el uso de una nutrición entérica o parentérica.[5] En un estudio cualitativo, 13 pacientes y 11 miembros de la familia, percibieron algunos beneficios con la nutrición parentérica en el hogar.[8] La característica positiva más relevante de la nutrición parentérica en el hogar, fue el sentimiento de alivio y seguridad de que las necesidades de nutrición fueron satisfechas. En este estudio, los pacientes también pudieron obtener nutrición por vía oral y la administración de nutrición parentérica total se describió con frecuencia como un complemento de la ingesta oral del paciente. Esto contradice las indicaciones tradicionales para la NPT, es decir, que su uso se reserve para las ocasiones en que la alimentación por medio de las vías digestivas no es posible. Los pacientes participantes en este estudio también recibieron visitas regulares por parte del personal de atención domiciliaria, lo que pudo haber tenido un impacto positivo en su bienestar físico, social y psicológico.

Si bien la mayoría de los pacientes con cáncer en estadio avanzado no se beneficiarán con la nutrición artificial, para algunos que todavía tienen buena calidad de vida pero que también presentan barreras mecánicas y fisiológicas para lograr alimentación e hidratación oral adecuadas (por ejemplo, cáncer de cabeza y cuello), la supervivencia prolongada se logra con la nutrición entérica o parentérica.[5]

Todas las personas con cáncer y las personas a cargo de su atención tienen el derecho de tomar decisiones informadas. El equipo de atención de la salud, con la orientación del dietista certificado, debe informar a los pacientes y a las personas a cargo de la atención sobre las ventajas y las desventajas de usar el soporte nutricional en la enfermedad en estadio avanzado. A pesar de la falta de un beneficio comprobado, la nutrición artificial al final de la vida seguirá siendo un tema sensible para algunos pacientes y familias.[5] En la mayoría de los casos, las desventajas superan las ventajas. A continuación se enumeran las ventajas y las desventajas del uso de soporte nutricional en la enfermedad de estadio avanzado:[6,7,9]

Ventajas y desventajas del apoyo nutricional entérico

  • Ventajas:
    • Puede mejorar el estado de alerta.
    • Puede suministrar comodidad a la familia.
    • Puede disminuir las náuseas.
    • Puede disminuir la sensación de desesperanza y temor al abandono.

  • Desventajas:
    • Puede aumentar las secreciones.
    • Diarrea/estreñimiento.
    • Puede aumentar las náuseas.
    • Cirugía con gastrostomía o yeyunostomía.
    • Riesgo de aspiración o neumonía.
    • Riesgo de infección.
    • Mayor carga para la persona a cargo del cuidado.

Interacciones entre medicamentos y nutrientes

Las personas en tratamiento por cáncer tal vez requieran el uso de una serie de medicamentos curativos o de apoyo durante la atención; también pueden recibir asesoramiento sobre el uso de complementos dietéticos o pueden autodiagnosticarse y autorrecetar el uso de complementos dietéticos. Las interacciones de los medicamentos y los nutrientes o los complementos dietéticos, los medicamentos y los nutrientes pueden comprometer la inocuidad y la eficacia del plan de tratamiento en contra del cáncer. Una revisión de los medicamentos antineoplásicos mencionados en bibliografía variada reveló las interacciones que se incluyen en el Cuadro 2.[10]

Cuadro 2. Interacciones antineoplásicos entre medicamentos y nutrientes
Nombre comercial  Nombre genérico Interacciones con los alimentos 
TargretinbexarotenoEl jugo de pomelo o toronjas puede aumentar la concentración de medicamentos y toxicidades.
FolexmetotrexatoEl alcohol puede aumentar la hepatotoxicidad.
Reumatrex
MitracinaplicamicinaComplementos que contienen calcio o vitamina D pueden disminuir el efecto.
MatulanoprocarbazinaEsta quimioterapia es un IMAO ligero, y se debe seguir una dieta baja en tiramina.
TemodartemozolomidaEl alimento puede disminuir la tasa y la absorción del medicamento.
IMAO = inhibidor de la monoamina oxidasa

Nutrición y supervivencia

Los supervivientes de cáncer representan una población en riesgo de muchas morbilidades relacionadas con la nutrición indicando que los programas dirigidos a la modificación de la conducta pueden ser clínicamente ejecutables y beneficiosos.[11] Las investigaciones entre los supervivientes se han enfocado en las etapas y las barreras relacionadas con la modificación de conducta y han incluido intervenciones multidisciplinarias sobre el estilo de vida. Las conductas que son parte de un abordaje multidisciplinario que incluye guías dietéticas, ejercicio y control del estrés, cuentan con mayores probabilidades de obtener resultados positivos a largo plazo.

Estilos de comportamiento en adultos y niños supervivientes de cáncer

Se han publicado varias encuestas que evalúan las prácticas conductuales entre los supervivientes de cáncer adultos y niños. Uno de los primeros estudios exploró los hábitos de 978 individuos que habían sido diagnosticado con cáncer de mama o de próstata.[12] Cuarenta y siete por ciento de los supervivientes de cáncer de mama y 35% de los supervivientes de cáncer de próstata informaron que consumían las recomendaciones diarias de frutas y vegetales. Las personas blancas estuvieron más inclinadas a comer la cantidad recomendada de frutas y vegetales en comparación con las personas de raza negra (P = 0,006). Sesenta y un por ciento de los participantes siguió una dieta baja en grasa.[12]

En un segundo estudio prospectivo de cohorte, las variaciones de los patrones dietéticos entre 1.901 mujeres con cáncer de mama en estadio temprano se evaluaron a fin de ver los efectos de la recidiva en el cáncer de mama y en la supervivencia.[13] Se encuestaron a mujeres entre los 18 y los 79 años de edad que fueron diagnosticadas con cáncer de mama dentro de los 11 a 39 meses previos. La ingesta dietética se evaluó mediante el uso del Fred Hutchinson Cancer Research Center Food Questionnaire y cuestionando a los participantes sobre la ingesta dietética durante el año anterior. Los patrones dietéticos saludables se redefinieron como la ingesta de alimentos que se usan por lo general para evitar el cáncer e incluyó la evaluación de vegetales crucíferos, frutas, legumbres, cebollas y carnes magras.[13]

Se observó una relación estadísticamente significativa en aquellas mujeres físicamente activas (P < 0,0001) y que ganaron menos peso 1 año antes del diagnóstico (P = 0,04).[13] Un patrón dietético menos saludable que incluía el consumo de carnes rojas, carnes procesadas, sopas cremosas, mantequilla, granos refinados y dulces fue el que probablemente siguieron las mujeres que:

  • Presentaron un mayor índice de masa corporal (IMC) en el momento de inscribirse (P < 0,0001).
  • Tuvieron antecedentes de tabaquismo (P = 0,04).
  • Aumentaron de peso el año previo al diagnóstico (P = 0,0002).

Entre las mujeres que siguieron hábitos alimentarios más saludables se observó una disminución en el riesgo de defunción general tendencia (P = 0,05) y de muerte por causas no relacionadas con el cáncer, tendencia (P = 0,02) No se observó relación alguna entre los patrones dietéticos y defunción por cáncer de mama o recidiva de cáncer de mama.[13]

Finalmente, un estudio más pequeño exploró los efectos de los hábitos dietéticos y patrones de ejercicios en los efectos tardíos relacionados con el cáncer, el apoyo social y los acontecimientos tensionantes en los supervivientes a largo plazo de cáncer de mama.[14] De las 227 mujeres encuestadas:

  • 58% informaron haber adoptado un estilo de vida más saludable luego del diagnóstico de cáncer.
  • 32% informaron haber aumentado sus ejercicios.
  • 44% informaron haber reducido la ingesta de grasas.
  • 42% informaron haber aumentado la ingesta de fibras.
  • 43% informaron haber aumentado la ingesta de frutas y vegetales.

Las supervivientes que adoptaron un régimen de ejercicios, dijeron presentar una disminución de la fatiga (P = 0,03). Las mujeres que aumentaron la ingesta de frutas y vegetales también dieron cuenta de una reducción en la fatiga (P = 0,08). No se informó de efectos importantes o síntomas de depresión, ansiedad sobre el cáncer de mama, satisfacción sexual o satisfacción corporal. Las supervivientes que tuvieron un sistema de apoyo social se vieron más inclinadas a adoptar un régimen de ejercicios (P = 0,06).[14]

Pocos estudios han explorado los hábitos de comportamiento entre los niños supervivientes de cáncer. Una encuesta (N = 380) informó lo siguiente:[15]

  • 79% de los niños supervivientes de cáncer no cumplieron con las pautas sobre consumo de frutas y vegetales.
  • 84% obtuvieron más de 30% de sus calorías a partir de la grasa.
  • 48% cumplieron con las metas de ejercicios.

Una encuesta subsiguiente con 144 niños supervivientes de cáncer, exploró los impedimentos para consumir alimentos saludables.[16] Entre los impedimentos para adoptar hábitos de comportamientos más saludables están:

  • Sentirse demasiado cansado (57%).
  • Estar muy ocupado (53%).
  • No pertenecer a un gimnasio (48%).
  • Lo atractivas que se ven las comidas más grasosas (58%).
  • El consumo regular de alimentos altos en grasa en situaciones sociales (50%).
  • Carencia de conocimientos sobre cómo escoger opciones más saludables (un impedimento importante).

Una encuesta llevada a cabo entre 72 niños supervivientes de cáncer obtuvo resultados similares.[17] En esta encuesta, ninguno de los participantes informó haberse adherido a las pautas de prevención del cáncer.

Los resultados de la encuesta descrita anteriormente, indican que los supervivientes de cáncer no se están adhiriendo a las pautas de prevención del cáncer y están adoptando hábitos que pueden aumentar el riesgo de presentar efectos tardíos. Los supervivientes que incorporan un comportamiento riesgoso en su estilo de vida tienen probabilidades de acelerar el avance de algunos efectos tardíos. Dada la gran vulnerabilidad a la enfermedad que existe entre los supervivientes de cáncer, este grupo representa de forma típica, a una población con un riesgo alto en quienes se puede aplicar y probar estrategias de intervención que eduquen a los supervivientes sobre la modificación de una conducta riesgosa y que promueva la autoeficacia estas podrían ser estrategias eficaces para disminuir el riesgo de presentar efectos tardíos.

Ensayos de intervención entre los supervivientes de cáncer

La creciente población de supervivientes ha promovido la autoconciencia sobre las necesidades particulares de programas de intervención que sean eficaces y diseñados especialmente para los supervivientes de cáncer. Según resalta la literatura médica, la mayoría de los supervivientes de cáncer no siguen las pautas de prevención. Varios ensayos han intentado modificar estos hábitos, con la meta de disminuir los riesgos de presentar efectos tardíos o disminuir las probabilidades de recidiva. A continuación se presenta un resumen de los estudios específicos de intervención.

Cáncer de mama

La relación entre el aumento en la ingesta de grasas y el aumento en la recidiva de cáncer de mama, unido con un aumento en la población de supervivientes entre las pacientes de cáncer de mama, condujo a la presentación de dos ensayos con fondos del Instituto Nacional del Cáncer donde se evaluaron los patrones dietéticos y los efectos de la ingesta de grasa en la recurrencia del cáncer de mama.

El Women’s Intervention Nutrition Study (WINS) (N = 2,437) fue el primer ensayo a gran escala que exploró los efectos de una intervención dietética en la supervivencia, recaída o recidiva en mujeres con cáncer de mama.[18] El objetivo principal de este ensayo fue medir el efecto de una dieta baja en grasa sobre una supervivencia sin recaída entre mujeres que se encontraban dentro del primer año a partir del diagnóstico de cáncer de mama. En este estudio, se aconsejó a los participantes que redujeran la ingesta de grasa a 15% de su ingesta total de energía a la vez que mantenían una dieta nutritivamente balanceada. El ejercicio físico no era un componente de esta intervención.

Los participantes de WINS mantuvieron una tasa de respuesta favorable en el primer año 1: 86% en el grupo de intervención y 91% en el grupo de control. Sin embargo, en el 5to año la tasa de respuesta fue de 39% en el grupo de intervención y 44% en el grupo de control. A los 12, 24, 36, 48 y 60 meses, se observó una reducción de peso significativa en comparación con el valor inicial (P < 0,0001).[18]

El estudio no encontró que la adopción de una dieta baja en grasa tuviese efecto alguno en cuanto a la supervivencia general, recaída o recidiva. Un análisis exploratorio reveló un efecto beneficioso entre las mujeres con cáncer de mama con receptor negativo al estrógeno. En este grupo, el adherirse a una dieta baja en grasa aumentó la supervivencia sin recaída en el grupo de intervención, en comparación con los controles (P < 0,034).[18] El estudio WINS estuvo limitado por depender únicamente de los datos autonotificados y porque la mayoría de los pacientes eran blancos con títulos avanzados, lo que por tanto limitaba la universalización del estudio.

El estudio Women's Healthy Eating and Living (WHEL) (N = 3,088) exploró el efecto de una intervención dietética que promoviera el consumo diario de 5 porciones de vegetales más 16 onzas de jugo vegetal, tres porciones de frutas y 30 gramos de fibras, donde la grasa constituía del 15 al 20% de la ingesta calórica.[19] Los resultados principales que se intentaban medir eran la recidiva de cáncer, un nuevo cáncer de mama primario o defunción por cualquier causa.

El grupo de intervención incluyó una serie de sesiones de consejería mediante llamadas telefónicas combinadas con 12 clases para cocinar que se llevaron a cabo durante el primer año del estudio, esto junto con boletines mensuales individualizados. El grupo de control recibió un adiestramiento sobre la dieta "5-al-día", el promedio de participación fue de una de cuatro clases de cocina durante el primer año y recibieron 24 boletines específicamente para ellos. En este estudio también se recopilaron datos objetivos. En los meses 12, 48 y 72 se obtuvieron concentraciones plásmicas de nutrientes. Los participantes fueron monitoreados por 7 años, con tasas de respuesta de 77,9% en el grupo de intervención y 86,2% en el grupo de control a los 72 meses.[19]

Los participantes en el grupo de intervención del estudio de WHEL aumentaron significativamente el consumo de vegetales, desde 3,9 porciones por día en el inicio a 5,8 porciones por día a los 72 meses. La ingesta de frutas varió de 3,5 a 3,4 porciones por día. El grupo de control informó de una disminución en la ingesta de frutas de 3,4 a 2,6 porciones por día y la ingesta de vegetales de 3,8 a 3,6 por día. En el grupo de intervención no se observó un efecto significativo en cuanto al aumento en la ingesta de grasas como porcentaje total de calorías o de fibras.[19] De acuerdo con WINS, no se observó efecto alguno en cuanto a la supervivencia en general o la recidiva. Un análisis intercalado sobre controles y casos reveló que las mujeres negativas a la rubefacción al momento de inscribirse presentaron una disminución significativa en el riesgo de recidiva del cáncer (P = 0,002).[20]

Si bien ambos estudios, el WINS y el WHEL, encontraron que la educación del paciente en cuanto a nutrición produce cambios alimentarios sostenidos entre las supervivientes de cáncer, ninguno de los ensayos encontró efectos significativos en los resultados primarios del estudio. Es importante reconocer que estos estudios evaluaron cuestiones ligeramente diferentes.[21] WINS se concentró más en los efectos de una dieta baja en grasas fundamentada en los datos que vinculaban el cáncer de mama con las grasas e índices de estrógeno circulantes, mientras que el estudio WHEL evaluó un cambio alimentario integral que incluyó frutas, vegetales, disminución de la grasa y aumento de las fibras.

Estos estudios mostraron que un adiestramiento sobre nutrición con base en la medicina a distancia, resulta eficaz en la adopción de cambios. Sin embargo, los beneficios clínicos de estos estudios están aún por verse. Los estudios WINS y WHEL difieren ligeramente en las siguientes formas:

  • El estudio WHEL inscribió a mujeres con un espectro de edad más amplio (18 a 70 años contra 48 a 79 años en WINS) e incluyó más mujeres con cargas tumorales mayores y actividad ganglionar mayor.

  • El estudio WHEL excluyó mujeres con cánceres que recidivaron dentro de los dos primeros años del diagnóstico, mientras que las mujeres participantes en el WINS estaban sometidas a tratamiento convencional a la vez que adoptaban cambios dietéticos.

  • El estudio WHEL inscribió mujeres dentro de los 4 años del diagnóstico, mientras que el WINS inscribió mujeres en un plazo de un año a partir del diagnóstico.

Como lo enfatiza el autor, el estudio WHEL no contó con muestras suficientes de individuos que presentaron recidiva en un plazo de 4 años a partir del diagnóstico.[21]

Los estudios WINS y WHEL se vieron limitados en su universalidad debido a que la mayoría de los participantes eran blancos y presentaron mayores índices de educación formal. Se desconoce si las intervenciones con enseñanzas sobre nutrición serían eficaces en poblaciones étnicamente diversas, hogares con ingresos bajos o individuos con un índice de escolaridad bajo.

Solo un estudio ha explorado los efectos de una intervención educacional sobre dieta más espiritualidad, en una población no blanca de supervivientes con cáncer de mama.[22] Los investigadores pensaron de manera hipotética que el añadir un componente espiritual proveería un mayor sustento de los cambios alimentarios. Los participantes eran obesos (IMC 30–45) mujeres negras entre los 18 y 70 años de edad que habían sido diagnosticadas con cáncer de mama durante los 10 años previos a su inscripción. La consejería alimentaria específicamente para estas fue provista por un nutricionista graduado (bromatólogo) durante 18 meses. Las sesiones de consejería fueron provistas en persona al momento del inicio, luego a los 6 meses y 12 meses, con consejería telefónica en el interín. Los participantes también recibieron cupones para asistir gratis a las reuniones de Weight Watchers entre las visitas a una nutricionista graduada.[22]

Las metas alimentarias y de ejercicios de las participantes incluían las siguientes:

  • Disminución de la grasa del 20% al 25% de las calorías.
  • Mantener las proteínas en 20% de las calorías.
  • Escoger granos enteros para por lo menos la mitad de su ingesta diaria de granos.
  • Ingerir de 6 a 8 porciones de frutas y vegetales diariamente.
  • Hacer ejercicios por al menos 30 minutos diarios, por lo menos 5 días por semana.

La consejería espiritual enfocada en asuntos relacionados con la pérdida de peso y ejercicios se llevó a cabo de forma semanal por teléfono durante tres meses, quincenalmente por tres meses y luego mensualmente. Los objetivos de la evaluación se tomaron al inicio, a los 6 meses, 12 meses y 18 meses. Se inscribieron treinta y un participantes en el estudio; sin embargo, cinco individuos no cumplieron con el requisito de los 6 meses. En el sexto mes, 24 individuos se asignaron de forma aleatorizada para recibir consejería por parte de un nutricionista con consejería espiritual o sin esta. De las 24 mujeres, 11 individuos en cada grupo completaron el estudio.

No se observaron diferencias significativas en cuanto a la pérdida de peso entre los dos grupos. El grupo bajo espiritualidad informó haber consumido más frutas (2,5 porciones por día) en oposición al grupo únicamente en dieta (1,1 porciones por día) y una mejor calidad de vida.[22]

Cáncer del endometrio

Un estudio pequeño ha investigado un programa de modificación de conducta que incluía instrucción sobre ejercicio y nutrición para 45 mujeres con cáncer de endometrio obesas o con sobrepeso.[23] Las participantes se asignaron de manera aleatorizada a una intervención de 6 meses o al tratamiento regular. El grupo de intervención se reunió semanalmente durante 6 semanas, quincenalmente durante un mes y luego mensualmente.

El criterio de valoración fundamental del estudio fue la variabilidad de peso. Los criterios de valoración secundarios fueron actividades recreativas y análisis nutricional, lo cual se midió llevando un diario de alimentos por tres días. La erosión general del estudio fue 16%: 10% en el grupo de tratamiento regular en comparación con 22% en el grupo de intervención. A los 12 meses, el grupo de intervención había perdido 3.5 kg, en comparación con una ganancia de 1,4 kg en el grupo de tratamiento regular (P = 0,018). Los puntajes de recreo aumentaron en el grupo de intervención, en comparación con el grupo de control (P = 0,002).[23]

Aunque estos resultados parezcan alentadores, este estudio se ve limitado por lo pequeño de la muestra y un número alto de bajas en el grupo de intervención. Esta tasa alta de erosión en el grupo de intervención llama a preguntarse sobre la factibilidad de esta intervención en un entorno mayor.

Cánceres de mama y próstata

En otro estudio grande (N = 543), FRESH START exploró los efectos de la enseñanza sobre nutrición mediante una intervención con ejercicios para los individuos con cáncer de mama o próstata.[24] FRESH START inscribió a participantes que se encontraban en el plazo de 9 meses a partir del diagnóstico de cáncer de mama o de próstata. El ensayo de intervención de 10 meses incluyó materiales educativos específicos impresos con un enfoque en conductas para:

  • Consumir cinco o más porciones de frutas y vegetales por día.
  • Reducir la ingesta total de grasa a 30% del total de ingesta calórica.
  • Aumentar los ejercicios al menos 150 minutos por semana.

La medida del resultado fundamental fue el porcentaje de pacientes que lograron un comportamiento meta en por lo menos dos de los tres aspectos conductuales.

Luego de 1 año, se observó una diferencia significativa entre los dos grupos en cuanto a las metas conductuales, donde 34% de los individuos adoptaron dos o más conductas en FRESH START (P < 0,001) y 18% de los individuos en el grupo de atención y control adoptaron un cambio. La mejoría en la dieta y los ejercicios resultaron en una pérdida de peso significativa.[24] El estudio no exploró los efectos de cambio dietético sobre la recidiva del cáncer o la mortalidad en general.

FRESH START fue uno de los primeros estudios en documentar mejorías significativas en el consumo de frutas y vegetales a través de un programa médico educativo a distancia. Uno de los fuertes de FRESH START fue que era un programa de intervención específico; dichas intervenciones podrían ser particularmente eficaces en alcanzar una población geográficamente dispersa, ya que la tasa de erosión de este estudio fue particularmente baja.

Como se vio en los otros estudios conductuales descritos en esta sección, FRESH START se vio limitado en el sentido de que la mayoría de los supervivientes eran blancos y contaban con más años de educación formal. Se desconoce si estos tipos de intervenciones conductuales serían eficaces en otras poblaciones de pacientes,

Cáncer mixto

El Reach out to ENhancE Wellness (RENEW) es un ensayo fundamentado en un programa de intervención que incluye nutrición y ejercicios con base en la medicina a distancia que consistió en una libreta de trabajo personalizada y específica y una serie de boletines informativos trimestrales, junto con un programa de consejería telefónica y prontuarios automáticos (15 sesiones y 8 prontuarios durante un período de 12 meses).[25] Los participantes aptos consistían en supervivientes por 5 años o más, de cáncer de mama, próstata o colorrectal que presentaron un IMC entre 25 y 39,9 y tenían por lo menos 65 años de edad.

La medida para el resultado primario fue la variabilidad del estado funcional entre el inicio y los 12 meses. Las metas de la intervención incluyó el contar con individuos que:

  • Dedicaron 15 minutos de entrenamiento interdiario para fortalecerse.
  • Dedicaron 30 minutos diarios a los ejercicios de resistencia.
  • Consumieron por lo menos siete porciones (para las mujeres o nueve porciones (para los hombres) de frutas y vegetales por día.
  • Limitar el consumo de grasas saturadas a menos de 10% de la ingesta calórica total.
  • Lograr una pérdida de 10% durante un período de 12 meses.

A los 12 meses, se observaron diferencias significativas en la variabilidad de los puntajes entre los grupos de intervención y de control en los siguientes resultados:[25]

  • Entrenamiento para el fortalecimiento (P < 0,001).
  • Duración del entrenamiento de resistencia (P = 0,003).
  • Frecuencia del entrenamiento de fortalecimiento (P < 0,001).
  • Cantidad de porciones diarias de frutas y vegetales (P < 0,001).
  • Ingesta diaria de grasas saturadas (P < 0,001).

A los 12 meses, más participantes en los grupos de intervención cumplieron con las recomendaciones con los siguientes resultados:

  • Entrenamiento para el fortalecimiento (P < 0,001).
  • Ejercicios de resistencia (P = 0,07).
  • Porciones de frutas y vegetales (P < 0,001).
  • Pautas sobre las grasas saturadas (P = 0,001).

Al igual que con la mayoría de los estudios descritos en esta sección, el ensayo RENEW estaba limitado en su universalidad. La población era principalmente blanca y contaban con por lo menos alguna educación universitaria. También se observaron diferencias significativas tanto en los que respondieron como en los que no.

  • Los participantes fueron más jóvenes.
  • Participaron más mujeres que hombres.
  • Hubieron menos casos de cáncer colorrectal.
  • El momento de inscripción estuvo más cerca del momento del diagnóstico.

Al igual que en WINS, todas las evaluaciones de los resultados se fundamentaron en el autoinforme; no se recopilaron mediciones objetivas en el RENEW.

Cáncer infantil

La única intervención con miras a los supervivientes de cáncer infantil, ha sido un pequeño estudio piloto con 13 niños entre los 4 y los 10 años de edad que se encontraban en la fase terapéutica de mantenimiento contra la leucemia linfoblástica aguda.[26] Este estudio exploró la factibilidad de un programa de intervención de tipo domiciliario por 12 meses para el ejercicio y la nutrición. A los niños se les asignó de manera aleatorizada al grupo de intervención o al grupo de control. Los objetivos primarios del programa fueron el aumentar la actividad física y mejorar los patrones alimentarios.

Una pirámide sobre la actividad física de la juventud y la Pirámide que sirve de guía sobre la alimentación del Ministerio de Agricultura de los EE.UU. (USDA) proveen los fundamentos para las recomendaciones sobre ejercicios y nutrición. El grupo de control recibió recomendaciones estándares para ingerir una dieta bien balanceada y llevar a cabo actividades según la tolerancia individual (esencialmente el estándar de tratamiento).

Mensualmente, los padres completaron una agenda de tres días de actividad y 2 días de alimentación. Las mediciones objetivas de progreso se obtuvieron mediante a través de pruebas de condiciones físicas las que se llevaron a cabo al inicio y luego a los 3, 6, 9 y 12 meses. Las mediciones antropométricas y de IMC se obtuvieron al inicio y cada tres meses.

No se observaron diferencias significativas a los 3, 6 y 12 meses en ninguno de los parámetros relacionados con la nutrición. En el grupo de intervención se notó una mejoría en la capacidad física y cardiovascular en comparación con los controles. Los índices de actividad fueron más altos en el grupo de intervención que en el de los controles (P = 0,05); sin embargo, no hubo diferencia en cuanto a la mejoría en la evaluación de la forma física entre grupos a los 6 o 12 meses.[26]

Recomendaciones para los pacientes/aplicaciones clínicas

Entre los supervivientes de cáncer, el foco debe centrarse en la atención especial así como la investigación en los hábitos de nutrición y el estilo de vida ya que estos se encuentran en un mayor riesgo de efectos tardíos relacionados con los hábitos de nutrición y estilo de vida.

Los estudios descritos en esta sección proveen una constancia clara de que los programas educativos para un estilo de vida con base en la medicina a distancia, incluyen consejería nutricional con consejería sobre ejercicio o sin esta, y que estos resultan eficaces en promover modificaciones conductuales entre los supervivientes de cáncer. Sobre la base de dos estudios grandes con supervivientes de cáncer de mama, parece prudente recomendar una dieta baja en grasas a aquellos supervivientes que presentan cáncer de mama con receptores negativos al estrógeno o que presentan síntomas durante el diagnóstico.

Con base en las pruebas disponibles, aún no se tiene una conclusión definitiva sobre los efectos de una dieta baja en grasas o los efectos de una dieta saludable en la recidiva de cáncer de mama entre mujeres diagnosticadas con otros estadios de cáncer de mama. Sin embargo, aunque la dieta podría no prevenir la recidiva del cáncer, los datos no contradicen la importancia de una dieta saludable a fin de disminuir las probabilidades de presentar efectos tardíos relacionados con la nutrición tales como la obesidad, enfermedad del corazón y síndromes metabólicos. Cuando se les provee consejería a los supervivientes de cáncer de mama, los instructores de nutrición deben enfatizar los beneficios globales y la importancia de una dieta saludable. En la medida en que más supervivientes ingresan a los protocolos de investigaciones en curso, los estudios futuros pueden revelar que los cambios alimentarios podrían desempeñar una función más prominente en la prevención de los efectos tardíos cuando se comparan con la prevención de las recidivas o de las segundas neoplasias.

Pautas para una alimentación saludable

Las organizaciones relacionadas con la salud y prevención de enfermedades han diseñado pautas sobre la dieta y el estilo de vida para el público en general. Estas recomendaciones han sido creadas para individuos saludables y no se fundamentan en las necesidades particulares de los supervivientes de cáncer. El USDA cuenta con información detallada en inglés sobre estas pautas En mi plato y en el USDA and U.S. Department of Health and Human Services Dietary Guidelines for Americans, 2010.[27]

Pautas alimentarias para la prevención del cáncer

La American Cancer Society (ACS) Guidelines on Nutrition and Physical Activity for Cancer Prevention,[28] publicadas inicialmente en 1996, suministran consejos más detallados sobre la dieta con un enfoque en la prevención del cáncer. Estas pautas, actualizadas en 2006, son congruentes en principio con aquellas recomendadas por el USDA y otras organizaciones.

Las Pautas de la ACS conforman el comienzo de un informe que contiene la información más actualizada disponible sobre temas de nutrición vinculados con enfermedades neoplásicas. Se incluyen respuestas detalladas sobre cómo los diferentes alimentos, métodos para la preparación de alimentos, tamaños de las porciones, variedad y calorías generales pueden reducir o aumentar el riesgo de cánceres específicos. Estas pautas suministran asesoramiento racional sobre el consumo saludable de alimentos para la prevención del cáncer en todas las persona, incluidos los supervivientes de cáncer.[29]

Las pautas de la ACS incluyen lo siguiente:

  • Escoger la mayoría de los alimentos para consumo de fuentes vegetales. Consuma al menos cinco porciones de frutas y vegetales diarias, así como granos enteros, tales como cereales, panes y pasta más frijoles varias veces al día.

  • Limitar el consumo de alimentos con alto contenido de grasas, especialmente de fuentes animales. Esto se logra al escoger alimentos con bajo contenido de grasa y reducir el consumo de carne.

  • Mantenerse físicamente activo: lograr y mantener un peso saludable. Mantener una actividad moderada por lo menos durante 30 minutos la mayor parte de los días de la semana. Mantenerse dentro de un peso saludable.

  • Si usted bebe, limitar el consumo de bebidas alcohólicas.

El American Institute for Cancer Research (AICR) publicó un informe en 1997 [30] que incluye una revisión por un panel de científicos expertos y evaluación de más de 4.500 estudios sobre régimen alimentario y cáncer. Las Pautas sobre Régimen Alimentario y Salud para la Prevención del Cáncer del AICR se formularon a partir de estas recomendaciones, las que se actualizaron en 2007.[31] El AICR también tiene un sitio en la Internet que incluye folletos con recetas saludables que siguen estas pautas alimentarias.[32] Las pautas del AICR y la ACS son similares.

Las pautas de la AIRC incluyen lo siguiente:

  • Elegir una dieta con variedad de alimentos de origen vegetal.

  • Consumir gran cantidad de verduras y frutas.

  • Mantener un peso saludable y actividad física.

  • Si toma alcohol, tomar con moderación.

  • Escoger alimentos con bajo contenido de grasas y sal.

  • Preparar y almacenar los alimentos de manera apropiada.

  • No consumir tabaco en ninguna de sus formas.

Soya

El uso de alimentos de soya en los supervivientes de cáncer de mama ha conducido a investigaciones significativas en esta área. Varios estudios indican que el consumo de soya puede reducir el riesgo de contraer cáncer de mama y mejorar la supervivencia; sin embargo, el efecto estrogénico de las isoflavonas que se encuentran en forma natural en los productos de soya ha conducido a cierta polémica entre los profesionales de la salud sobre el uso de la soya en las pacientes con cáncer de mama, sobre todo en aquellas con tumores positivos a los receptores del estrógeno.

Las investigaciones sobre la genisteína y la daidzeína, las dos principales isoflavonas en la soya, han mostrado que estos fitoquímicos pueden unirse a los receptores de estrógeno y disminuir la concentración de estrógeno en el plasma de la mujer y, por lo tanto, actuar de manera preventiva.[33] Los estudios animales sin embargo, encontraron que la genisteína inhibe la eficacia del tamoxifeno, un fármaco que se utiliza para impedir el estrógeno circulante en el cuerpo.[34]

Un estudio [35] analizó la literatura pertinente y no encontró datos convincentes que probaran que la soya protege contra el cáncer de mama o que la soya es dañina para las mujeres con antecedentes de cáncer de mama o en alto riesgo de contraer este tipo de cáncer. Un estudio de seguimiento en el que se utilizaron los datos recopilados en un numeroso cohorte de pacientes con cáncer de mama como parte del Shanghai Breast Cancer Study también concluyó que los alimentos con soya no tienen un efecto adverso en cuanto a la supervivencia en las pacientes con cáncer de mama.[36]

Los investigadores de estos estudios concluyeron que los alimentos con soya, como parte de una dieta saludable y en cantidades moderadas son inocuos para el consumo; sin embargo, no se dispone de suficientes pruebas como para recomendar que las pacientes de cáncer comiencen a consumir soya específicamente para prevenir la presentación de un tumor secundario y mejorar la supervivencia.[33] El añadir soya a la dieta luego de un diagnóstico de cáncer de mama no ha mostrado proteger contra la recidiva. Del mismo modo, el consumo de suplementos concentrados de isoflavonas aisladas en forma de polvo o píldoras, no ha mostrado efectos congruentes con una reducción en el riesgo de contraer cáncer mama y, por lo tanto, no se recomienda.[35,37]

En la medida en que se llevan a cabo más investigaciones sobre los mecanismos biológicos relacionados con la ingesta de isoflavonas de la soya, los científicos pueden clarificar la exposición óptima, duración y momento oportuno para la ingesta. Las recomendaciones para incluir soya en las dietas de las supervivientes de cáncer, deben ser sobre la base de las pruebas (más recientes) disponibles.[38]

Bibliografía
  1. Donnelly S, Walsh D: The symptoms of advanced cancer. Semin Oncol 22 (2 Suppl 3): 67-72, 1995.  [PUBMED Abstract]

  2. Donnelly S, Walsh D, Rybicki L: The symptoms of advanced cancer: identification of clinical and research priorities by assessment of prevalence and severity. J Palliat Care 11 (1): 27-32, 1995 Spring.  [PUBMED Abstract]

  3. Fearon KC, Barber MD, Moses AG: The cancer cachexia syndrome. Surg Oncol Clin N Am 10 (1): 109-26, 2001.  [PUBMED Abstract]

  4. Gallagher-Allred CR: Nutritional Care of the Terminally Ill. Rockville, Md: Aspen Publishers, 1989. 

  5. Moynihan T, Kelly DG, Fisch MJ: To feed or not to feed: is that the right question? J Clin Oncol 23 (25): 6256-9, 2005.  [PUBMED Abstract]

  6. Cox A, McCallum PD: Medical nutrition therapy in palliative care. In: McCallum PD, Polisena CG, eds.: The Clinical Guide to Oncology Nutrition. Chicago, Ill: The American Dietetic Association, 2000, pp 143-9. 

  7. Piazza-Barnett R, Matarese LE: Enteral nutrition in adult medical/surgical oncology. In: McCallum PD, Polisena CG, eds.: The Clinical Guide to Oncology Nutrition. Chicago, Ill: The American Dietetic Association, 2000, pp 106-18. 

  8. Orrevall Y, Tishelman C, Permert J: Home parenteral nutrition: a qualitative interview study of the experiences of advanced cancer patients and their families. Clin Nutr 24 (6): 961-70, 2005.  [PUBMED Abstract]

  9. Position of The American Dietetic Association: issues in feeding the terminally ill adult. J Am Diet Assoc 92 (8): 996-1002, 1005, 1992.  [PUBMED Abstract]

  10. Hodgson B, Kizior RJ: Saunders Nursing Drug Handbook 2002. Philadelphia, Pa: WB Saunders, 2002. 

  11. Robien K, Demark-Wahnefried W, Rock CL: Evidence-based nutrition guidelines for cancer survivors: current guidelines, knowledge gaps, and future research directions. J Am Diet Assoc 111 (3): 368-75, 2011.  [PUBMED Abstract]

  12. Demark-Wahnefried W, Peterson B, McBride C, et al.: Current health behaviors and readiness to pursue life-style changes among men and women diagnosed with early stage prostate and breast carcinomas. Cancer 88 (3): 674-84, 2000.  [PUBMED Abstract]

  13. Kwan ML, Weltzien E, Kushi LH, et al.: Dietary patterns and breast cancer recurrence and survival among women with early-stage breast cancer. J Clin Oncol 27 (6): 919-26, 2009.  [PUBMED Abstract]

  14. Alfano CM, Day JM, Katz ML, et al.: Exercise and dietary change after diagnosis and cancer-related symptoms in long-term survivors of breast cancer: CALGB 79804. Psychooncology 18 (2): 128-33, 2009.  [PUBMED Abstract]

  15. Demark-Wahnefried W, Werner C, Clipp EC, et al.: Survivors of childhood cancer and their guardians. Cancer 103 (10): 2171-80, 2005.  [PUBMED Abstract]

  16. Arroyave WD, Clipp EC, Miller PE, et al.: Childhood cancer survivors' perceived barriers to improving exercise and dietary behaviors. Oncol Nurs Forum 35 (1): 121-30, 2008.  [PUBMED Abstract]

  17. Robien K, Ness KK, Klesges LM, et al.: Poor adherence to dietary guidelines among adult survivors of childhood acute lymphoblastic leukemia. J Pediatr Hematol Oncol 30 (11): 815-22, 2008.  [PUBMED Abstract]

  18. Chlebowski RT, Blackburn GL, Thomson CA, et al.: Dietary fat reduction and breast cancer outcome: interim efficacy results from the Women's Intervention Nutrition Study. J Natl Cancer Inst 98 (24): 1767-76, 2006.  [PUBMED Abstract]

  19. Pierce JP, Natarajan L, Caan BJ, et al.: Influence of a diet very high in vegetables, fruit, and fiber and low in fat on prognosis following treatment for breast cancer: the Women's Healthy Eating and Living (WHEL) randomized trial. JAMA 298 (3): 289-98, 2007.  [PUBMED Abstract]

  20. Gold EB, Pierce JP, Natarajan L, et al.: Dietary pattern influences breast cancer prognosis in women without hot flashes: the women's healthy eating and living trial. J Clin Oncol 27 (3): 352-9, 2009.  [PUBMED Abstract]

  21. Pierce JP: Diet and breast cancer prognosis: making sense of the Women's Healthy Eating and Living and Women's Intervention Nutrition Study trials. Curr Opin Obstet Gynecol 21 (1): 86-91, 2009.  [PUBMED Abstract]

  22. Djuric Z, Mirasolo J, Kimbrough L, et al.: A pilot trial of spirituality counseling for weight loss maintenance in African American breast cancer survivors. J Natl Med Assoc 101 (6): 552-64, 2009.  [PUBMED Abstract]

  23. von Gruenigen VE, Courneya KS, Gibbons HE, et al.: Feasibility and effectiveness of a lifestyle intervention program in obese endometrial cancer patients: a randomized trial. Gynecol Oncol 109 (1): 19-26, 2008.  [PUBMED Abstract]

  24. Demark-Wahnefried W, Clipp EC, Lipkus IM, et al.: Main outcomes of the FRESH START trial: a sequentially tailored, diet and exercise mailed print intervention among breast and prostate cancer survivors. J Clin Oncol 25 (19): 2709-18, 2007.  [PUBMED Abstract]

  25. Morey MC, Snyder DC, Sloane R, et al.: Effects of home-based diet and exercise on functional outcomes among older, overweight long-term cancer survivors: RENEW: a randomized controlled trial. JAMA 301 (18): 1883-91, 2009.  [PUBMED Abstract]

  26. Moyer-Mileur LJ, Ransdell L, Bruggers CS: Fitness of children with standard-risk acute lymphoblastic leukemia during maintenance therapy: response to a home-based exercise and nutrition program. J Pediatr Hematol Oncol 31 (4): 259-66, 2009.  [PUBMED Abstract]

  27. U.S. Department of Agriculture., U.S. Department of Health and Human Services.: Dietary Guidelines for Americans, 2010. 7th ed. Washington, DC: U.S. Government Printing Office, 2010. Also available online. Last accessed October 16, 2013. 

  28. Byers T, Nestle M, McTiernan A, et al.: American Cancer Society guidelines on nutrition and physical activity for cancer prevention: Reducing the risk of cancer with healthy food choices and physical activity. CA Cancer J Clin 52 (2): 92-119, 2002 Mar-Apr.  [PUBMED Abstract]

  29. Brown J, Byers T, Thompson K, et al.: Nutrition during and after cancer treatment: a guide for informed choices by cancer survivors. CA Cancer J Clin 51 (3): 153-87; quiz 189-92, 2001 May-Jun.  [PUBMED Abstract]

  30. World Cancer Research Fund., American Institute for Cancer Research.: Food, Nutrition and the Prevention of Cancer: A Global Perspective. Washington, DC: The Institute, 1997. 

  31. Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Cancer: A Global Perspective. Washington, DC: World Cancer Research Fund/American Institute for Cancer Research, 2007. Also available online. Last accessed January 24, 2014. 

  32. American Institute for Cancer Research.: AICR Brochures. Washington, DC: AICR, 2010. Available online. Last accessed October 9, 2013. 

  33. Messina M: Soy intake and breast cancer risk: a review of the animal, epidemiologic and clinical data. Oncology Nutrition Connection 11 (4): 1-10, 2003. 

  34. Ju YH, Doerge DR, Allred KF, et al.: Dietary genistein negates the inhibitory effect of tamoxifen on growth of estrogen-dependent human breast cancer (MCF-7) cells implanted in athymic mice. Cancer Res 62 (9): 2474-7, 2002.  [PUBMED Abstract]

  35. Messina MJ, Loprinzi CL: Soy for breast cancer survivors: a critical review of the literature. J Nutr 131 (11 Suppl): 3095S-108S, 2001.  [PUBMED Abstract]

  36. Boyapati SM, Shu XO, Ruan ZX, et al.: Soyfood intake and breast cancer survival: a followup of the Shanghai Breast Cancer Study. Breast Cancer Res Treat 92 (1): 11-7, 2005.  [PUBMED Abstract]

  37. Touillaud MS, Pillow PC, Jakovljevic J, et al.: Effect of dietary intake of phytoestrogens on estrogen receptor status in premenopausal women with breast cancer. Nutr Cancer 51 (2): 162-9, 2005.  [PUBMED Abstract]

  38. Fletcher DM, Hayward MC: Breast cancer. In: Kogut VJ, Luthringer SL, eds.: Nutritional Issues in Cancer Care. Pittsburgh, Pa: Oncology Nursing Society, 2005, pp 15-28.