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Depresión (PDQ®)

  • Actualizado: 10 de marzo de 2014

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Consideraciones pediátricas sobre la depresión

Evaluación y diagnóstico de la depresión pediátrica
        Evaluación
        Diagnóstico
Manejo de la depresión pediátrica
        Manejo farmacológico

La información concerniente a la incidencia de la depresión entre niños saludables es de carácter limitada. Un estudio en niños que asisten a la consulta pediátrica, mostró que 38% tuvieron problemas que requirieron de una intervención mayor por parte del psiquiatra. Otro estudio que constó con la presencia de niños entre las edades de 7 a 12 años mostró una incidencia de depresión de 1,9%. Si esto se aplica a la población general de los Estados Unidos, los resultados muestran que 40.000 niños de 12 años están deprimidos. Los maestros han estimado que entre 10% a 15% de sus estudiantes están deprimidos. La Comisión Conjunta sobre Salud Mental Pediátrica indica que 1,4 millones de niños por debajo de los 18 años de edad, necesitan de ayuda inmediata por trastornos como la depresión; solo una tercera parte de estos niños recibe ayuda por estos trastornos.[1]

La mayoría de los niños pueden lidiar con el caos emocional ocasionado por el cáncer y no solo dar muestras de adaptación, sino también de crecimiento y desarrollo psicosocial positivo. Sin embargo, una minoría de estos presenta problemas psicológicos tales como depresión, ansiedad, trastornos del sueño y dificultad en las relaciones interpersonales, así como no querer seguir el tratamiento indicado. Estos niños requieren ser referidos a un especialista en salud mental para ser tratados.[2]

En uno de los primeros estudios sobre la depresión en niños con cáncer, 114 niños y adolescentes fueron estudiados, y en un 59% se encontró que tenían problemas psiquiátricos ligeros.[3] Un estudio realizado que contó con 17 adolescentes y 21 pacientes de pediatría oncológica, en los que a todos se le suministró un inventario para que mediante un informe personal registrasen los acontecimientos psicosociales de su vida, mostró que las muestras de los adolescentes tenían un grado medio de síntomas depresivos, similar a los de la población general. La muestra de pediatría oncológica mostró un índice marcado de síntomas depresivos mucho más bajo comparados a los de la población general.[4][Grado de comprobación: II] Se evaluó a 41 sobrevivientes adolescentes de cáncer infantil mediante el uso de cuestionarios y entrevistas para determinar el estatus psicosocial de los sobrevivientes; la mayoría de los sobrevivientes funcionaban bien y los casos de depresión eran raros.[5] Un estudio mostró datos interesantes acerca de pacientes sobrevivientes al cáncer por largo tiempo y sus respectivas madres, en el que se comparó a los sobrevivientes con un total de 92 niños saludables. Los resultados indicaron que la mayoría de los antiguos pacientes funcionaban dentro de los límites normales. No era de sorprender que los niños que experimentaron efectos severos hacia el final, mostraban más síntomas depresivos.[6][Grado de comprobación: II] Un investigador analizó las características de las consultas psiquiátricos en un centro de oncología pediátrica y encontró que los trastornos del ajuste era el principal diagnóstico psicosocial. Estos resultados son similares a los obtenidos en pacientes de cáncer adulto. Este estudio también encontró que las reacciones de ansiedad eran más comunes en los pacientes pediátricos más jóvenes; los trastornos depresivos fueron más comunes en los pacientes de mayor edad.[7] En un estudio que se condujo en 1988 con una muestra de 30 pacientes de cáncer adolescentes, se encontró que la tasa de depresión mayor no fue superior a la de la población en general.[8][Grado de comprobación: II] En una revisión, se encontró una incidencia de depresión del 17% al usar el criterio del Manual de Diagnóstico y Estadística de Trastornos Mentales, 3ra edición según se informó.[9]

La mayoría de los sobrevivientes de cáncer mostraron una mayor capacidad de recuperación y un éxito mayor en su reajuste psicológico tanto al tratamiento como a la enfermedad. A pesar de las pruebas de adaptaciones exitosas, la mayor parte de los estudios nos muestran documentación sobre un importante subgrupo de pacientes sobrevivientes que experimentan dificultades psicológicas.

Evaluación y diagnóstico de la depresión pediátrica

Evaluación

El término depresión hace referencia a un síntoma, un síndrome, un grupo de respuestas psicológicas o a una enfermedad.[1] La duración e intensidad de la manifestación conductual (por ejemplo, tristeza) determinará la diferencia entre síntomas y trastornos. Por ejemplo, una actitud de tristeza puede ser la respuesta que un niño tiene ante el trauma y, normalmente, es de corta duración. Sin embargo, una enfermedad depresiva, se caracteriza por una duración prolongada y viene acompañada de insomnio, irritabilidad, cambio en los hábitos alimenticios y un deterioro en el ajuste escolar y social. Siempre que un problema conductual se muestre persistente, hay que pensar en la depresión. La depresión no se refiere a los períodos transitorios de tristeza, sino más bien a un trastorno que afecta el desarrollo e interfiere con el logro de obtener el máximo desarrollo del potencial innato en el niño.[1]

Algunas de las manifestaciones de depresión en el niño de edad escolar, incluyen la anorexia, letargo, conducta triste, agresividad, sollozos, hiperactividad, somatización, miedo a la muerte, frustración, sentimientos de tristeza o desesperanza, autocrítica, soñar despierto con frecuencia, baja estima propia, rehusar ir a la escuela, problemas de aprendizaje, movimientos taciturnos, hostilidad vacilante hacia padres y maestros y pérdida de interés en actividades que antes le resultaban placenteras. El diferenciar estos síntomas de las respuestas conductuales a estadios normales del desarrollo es muy importante.[1]

La evaluación de la depresión incluye la determinación de la situación familiar del niño, madurez emocional, capacidad para lidiar con la enfermedad y el tratamiento, edad, grado de desarrollo del niño, experiencia previa con otras enfermedades y fortaleza del ego.[10]

Una evaluación exhaustiva de la depresión infantil es la base para un diagnóstico y tratamiento certero. La evaluación de la situación del niño, así como de la situación familiar de este, se enfoca en los antecedentes pediátricos de salud, conducta del niño observada por el profesional mismo, o por otros (como los padres o maestros), entrevista con el niño y el uso juicioso de pruebas tales como la del Inventario de la Depresión de Beck o el Listado de la Conducta Infantil.[10]

Diagnóstico

Al discutir el diagnóstico de la depresión infantil, los expertos normalmente hacen hincapié en la importancia de entender la depresión infantil como un ente aparte. Esto debido al hecho de que hay asuntos relacionados con el desarrollo pediátrico que difiere del de los adultos.[11]

En un modelo de trastornos afectivos infantiles se utiliza explícitamente los siguientes criterios:[12]

  • Humor disfórico (con niños menores de 6 años de edad deberán tener una expresión facial triste).
  • Por lo menos cuatro de las siguientes señales o síntomas presentes cada día durante por lo menos 2 semanas:
    • Problemas de apetito.
    • Insomnio o hipersomnia.
    • Agitación o retardo psicomotor.
    • Pérdida de interés o placer en sus actividades cotidianas (los niños menores de 6 años deben mostrar también señal de apatía).
    • Fatiga o pérdida de energía.
    • Sentimientos de inutilidad o de no valer nada, autorreproche o sentimientos de culpa excesivos o inapropiados.
    • Reducción en la capacidad de pensar o concentrarse.
    • Pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio.
Manejo de la depresión pediátrica

Los regímenes de tratamiento implementados en la depresión pediátrica reflejan modelos teóricos, etiología y manifestaciones del trastorno.[1] Generalmente, se utiliza psicoterapia de grupo e individual como la modalidad de tratamiento primario y están dirigidas a ayudar al niño a dominar sus dificultades y hacer que el niño se desarrolle de forma óptima. La terapia de juego se puede usar como una forma de explorar la visión que el niño o niña tiene de sí mismo(a), de la enfermedad y de su tratamiento. El niño necesita recibir ayuda desde el principio para explorar y entender, en un grado apropiado para su edad de desarrollo, el diagnóstico de cáncer y el tratamiento correspondiente.[1]

Manejo farmacológico

Como en el caso de la depresión de adultos con cáncer, hay muy pocos estudios, si es que hay alguno, que revelen el uso de antidepresivos en niños con cáncer. Un autor describió los que fueron respuestas clínicas rápidas a dosis bajas de (<2 mg por kg/día) imipramina o amitriptilina usadas en ocho niños depresivos con cáncer.[13][Grado de comprobación: III] Otro autor describió el uso de las benzodiacepinas como lorazepam, diazepam, alprazolam y clonazepam para el tratamiento de los trastornos ansiolíticos. Los ensayos con benzodiacepinas deben ser de curso breve. Este tipo de medicamentos deben ser reducidos de manera gradual antes de interrumpirse completamente.[14]

Se ha rendido un informe sobre el uso combinado de antidepresivos tricíclicos y neurolépticos en el manejo de tres niños con síntomas severos de depresión y ansiedad. Los niños estudiados se encontraban ya en la fase terminal de su enfermedad y se le trato con una combinación de amitriptilina y haloperidol en dosis baja. Los grados de ansiedad y depresión disminuyeron, y este tipo de intervenciones permitió al paciente y sus familiares lidiar con la idea de la muerte.[15][Grado de comprobación: III]

Para mayor información sobre las consideraciones pediátricas para el suicido y precauciones sobre el uso de inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, consultar la subsección sobre Depresión y suicidio en el sumario del PDQ sobre Cuidados médicos de apoyo en niños.

Bibliografía
  1. Deuber CM: Depression in the school-aged child: implications for primary care. Nurse Pract 7 (8): 26-30, 68, 1982.  [PUBMED Abstract]

  2. Kazak AE: Psychological issues in childhood cancer survivors. J Assoc Pediatr Oncol Nurses 6 (1): 15-6, 1989.  [PUBMED Abstract]

  3. O'Malley JE, Koocher G, Foster D, et al.: Psychiatric sequelae of surviving childhood cancer. Am J Orthopsychiatry 49 (4): 608-16, 1979.  [PUBMED Abstract]

  4. Kaplan SL, Busner J, Weinhold C, et al.: Depressive symptoms in children and adolescents with cancer: a longitudinal study. J Am Acad Child Adolesc Psychiatry 26 (5): 782-7, 1987.  [PUBMED Abstract]

  5. Fritz GK, Williams JR, Amylon M: After treatment ends: psychosocial sequelae in pediatric cancer survivors. Am J Orthopsychiatry 58 (4): 552-61, 1988.  [PUBMED Abstract]

  6. Greenberg HS, Kazak AE, Meadows AT: Psychologic functioning in 8- to 16-year-old cancer survivors and their parents. J Pediatr 114 (3): 488-93, 1989.  [PUBMED Abstract]

  7. Rait DS, Jacobsen PB, Lederberg MS, et al.: Characteristics of psychiatric consultations in a pediatric cancer center. Am J Psychiatry 145 (3): 363-4, 1988.  [PUBMED Abstract]

  8. Tebbi CK, Bromberg C, Mallon JC: Self-reported depression in adolescent cancer patients. Am J Pediatr Hematol Oncol 10 (3): 185-90, 1988 Fall.  [PUBMED Abstract]

  9. Kashani J, Hakami N: Depression in children and adolescents with malignancy. Can J Psychiatry 27 (6): 474-7, 1982.  [PUBMED Abstract]

  10. Archenbach TM, ed.: Manual for the Child Behavior Checklist and Revised Child Behavior Profile. Burlington, Vt: T.M. Achenbach, 1983. 

  11. American Psychiatric Association: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders: DSM-IV-TR. 4th rev. ed. Washington, DC: American Psychiatric Association, 2000. 

  12. Malmquist CP: Major depression in childhood: why don't we know more? Am J Orthopsychiatry 53 (2): 262-8, 1983. 

  13. Pfefferbaum-Levine B, Kumor K, Cangir A, et al.: Tricyclic antidepressants for children with cancer. Am J Psychiatry 140 (8): 1074-6, 1983.  [PUBMED Abstract]

  14. Coffey BJ: Review and update: benzodiazepines in childhood and adolescence. Psychiatr Ann 23 (6): 332-9, 1993. 

  15. Maisami M, Sohmer BH, Coyle JT: Combined use of tricyclic antidepressants and neuroleptics in the management of terminally ill children: a report on three cases. J Am Acad Child Psychiatry 24 (4): 487-9, 1985.  [PUBMED Abstract]