¿Prequntas sobre el cáncer?

Adaptación al cáncer: ansiedad y sufrimiento (PDQ®)

Versión para profesionales de salud

Adaptación normal

El ajuste o la adaptación psicosocial al cáncer se definió [1-5] como un proceso constante durante el que cada paciente trata de manejar el sufrimiento emocional, solucionar problemas específicos relacionados con el cáncer, y lograr dominar o controlar los acontecimientos vitales relacionados con el cáncer. La adaptación al cáncer no es una situación unitaria y simple sino, más bien, una serie de respuestas constantes para enfrentar las múltiples tareas que impone el hecho de vivir con cáncer. Los pacientes se enfrentan con muchos retos que varían según el curso clínico de la enfermedad. Los períodos comunes de crisis y reto significativo incluyen los siguientes:

  • Diagnóstico.
  • Tratamiento (cirugía, radiación y quimioterapia).
  • Postratamiento y remisión.
  • Recidiva y cuidados paliativos.[6]
  • Supervivencia.[3]

Cada una de estas situaciones supone ciertas tareas destinadas a enfrentar situaciones difíciles, preguntas existenciales particulares, muchas respuestas emocionales comunes y problemas específicos.

La adaptación normal o exitosa se señala en pacientes capaces de reducir a un mínimo los trastornos en los funciones vitales, regular el sufrimiento emocional y continuar participando activamente en los aspectos de la vida que aún tienen sentido e importancia.[5]

La adaptación a situaciones difíciles se refiere a los pensamientos y comportamientos específicos que una persona utiliza en sus esfuerzos por ajustarse a sus circunstancias.[2] El estilo de enfrentar dificultades se refiere a los comportamientos más comunes, más frecuentes y más duraderos que una persona tiende a usar a través de una variedad de situaciones vitales. Con frecuencia, ese estilo individual de hacer frente a situaciones difíciles se relaciona estrechamente con la disposición general y la personalidad de un individuo (por ejemplo, optimismo, pesimismo, introversión, extroversión).[7]

Las estrategias para enfrentar situaciones difíciles se refieren a aquellas utilizadas con menor frecuencia y se relacionan con situaciones específicas que una persona debe resolver, como readaptar la rutina diaria o el horario de trabajo para ajustarse a los efectos secundarios del tratamiento del cáncer. Las estrategias para hacer frente a situaciones difíciles comprenden esfuerzos para adaptarse. Aunque hay muchas estrategias de excelentes resultados para enfrentar dificultades, se han puntualizado tres categorías amplias:[2,8-10]

  1. Enfocadas en los problemas.
  2. Enfocadas en las emociones.
  3. Enfocadas en el significado.

Las estrategias enfocadas en los problemas ayudan a los pacientes a manejar problemas específicos al tratar de modificar directamente situaciones problemáticas. Las estrategias enfocadas en las emociones ayudan a la persona a regular su grado de sufrimiento emocional. Las estrategias enfocadas en el significado ayudan a los pacientes a entender por qué ha sucedido esto así como el efecto que el cáncer tendrá en su vida. En general, las personas que se adaptan bien típicamente continúan comprometidas y participan activamente en el proceso de enfrentar el cáncer, y siguen encontrando sentido e importancia en sus vidas. Por el contrario, las personas que no se adaptan bien a menudo se desconectan, retraen y se sienten sin esperanzas. De esta manera, evaluar el grado de participación en comparación con darse por vencido puede ser una manera de distinguir entre la adaptación exitosa y no exitosa.[5]

Por ejemplo, en un estudio de correlación con pacientes de cáncer adolescentes y sus padres, cuando el adolescente recurrió a hacer frente a su situación (incluso a la reestructuración cognoscitiva, la búsqueda de apoyo social, la expresión de las emociones y la solución de problemas) se relacionó con grados más bajos de tensión. Por el contrario, la desconexión en los padres como una forma de hacer frente a la situación (incluso el evitar los problemas, el pensamiento ilusorio, el retraimiento social y la autocrítica) se relacionó con una mayor sufrimiento.[11]

En una investigación prospectiva de diferentes tipos de estrategias para enfrentar los problemas, se estudió a 146 mujeres con cáncer de mama en estadio temprano. Los resultados del estudio mostraron que una estrategia para concentrarse en los síntomas, medida al final del tratamiento, predijo menos mejora de la calidad de vida física y mental luego de un seguimiento de seis meses, mientras que una estrategia de búsqueda de información se relacionó con una mayor mejora de la calidad de vida física. Estos hallazgos indican que la adaptación enfocada en el problema consiste en una variedad de estrategias específicas para enfrentar situaciones difíciles; solo algunas de ellas pueden ser beneficiosas para la calidad de vida.[12]

Una de las críticas a la literatura médica que versa sobre cómo lidiar con el cáncer se enfoca en la suposición de que "hacer frente al cáncer" es un acontecimiento único e independiente. En realidad, el hacer frente al cáncer impone estilos y estrategias que pueden diferir y que varían dependiendo de la naturaleza de la causa que provoca la tensión. Por ejemplo, en un estudio de 52 adultos que recibían cuidados paliativos por su cáncer,[13] los pacientes participaron en una entrevista semiestructurada en la que se les preguntó cómo lidiaban con los elementos que les producían más tensión. Se identificaron tres ámbitos de tensión principales:

  • Social
  • Físico
  • Existencial

También se identificaron tres categorías de hacer frente a situaciones difíciles:

  • Enfocadas en los problemas.
  • Enfocadas en las emociones.
  • Enfocadas en la evitación de emociones.

Los resultados indicaron que la mayoría de los participantes utilizaron una variedad de estrategias para hacer frente a la dificultad; sin embargo, hubo interacciones entre los ámbitos principales de tensión y las categorías de enfrentar las situaciones difíciles. Las estrategias enfocadas en los problemas se usaron con menos frecuencia para abordar factores de ansiedad existenciales, mientras que las estrategias enfocadas en las emociones se utilizaron con menos frecuencia para abordar factores físicos que causan tensión.[13]

Teoría de la adaptación a situaciones difíciles

Una teoría cognitiva de la adaptación a situaciones difíciles [14] afirma que en respuesta a acontecimientos significativos de la vida, la persona se formula dos preguntas importantes:

  • ¿Esta situación es personalmente significativa para mí?
  • ¿Qué recursos tengo para manejar o controlar esta situación?

Cuando se considera que una situación tiene significado personal (casi todas las situaciones vitales relacionadas con el cáncer podrían tenerlo) y cuando los recursos propios se consideran insuficientes para la exigencia que supone el manejo de la situación, se puede presentar el sufrimiento. Una manera de conceptualizar la cantidad de sufrimiento que sienten los pacientes es el equilibrio o la proporción entre la percepción de las exigencias que una situación presenta (por ejemplo, quimioterapia) y la percepción de los recursos que poseen (por ejemplo, antieméticos eficaces) para manejar eficazmente estas exigencias:

Sufrimiento = demandas percibidas y recursos percibidos

Las personas con el mismo diagnóstico o régimen de tratamiento pueden presentar grados muy diferentes de sufrimiento. Un grado alto de sufrimiento puede resultar en que una persona perciba que las demandas de una situación son demasiado altas o que sus recursos son muy pocos (o ambos). A la inversa, un grado bajo de sufrimiento es el resultado de percibir que las demandas de una situación son muy bajas o que los recursos individuales son muchos.[15] Por lo tanto, para disminuir el sufrimiento, las demandas percibidas de la situación se deben reducir o bien los recursos percibidos deben aumentar.

Factores generales que influyen en la adaptación

A pesar de que hay algunos puntos comunes en la adaptación normal a los variados factores de tensión que presenta el cáncer, también hay muchas diferencias individuales. Es difícil predecir la manera en que las personas harán frente al cáncer, de manera que es importante reconocer los factores que influyen en la adaptación al cáncer. En un estudio de mujeres con cáncer de mama en estadio II o III,[16] se informó que los grados más altos de tensión medidos después de la cirugía en el momento del diagnóstico pronosticaron una calidad de vida psicológica y física más baja. Las medidas de tensión incluyen las siguientes:

  • Número de acontecimientos vitales que produjeron tensión durante el año anterior.
  • Síntomas de tensión traumáticos relacionados con el cáncer.
  • Tensión general percibida.

Todas las medidas fueron pronósticas.[16]

En otro estudio, se evaluó a mujeres con cáncer de mama en estadios 0 a III (N = 89) en tres momentos específicos, durante el tratamiento, tres semanas después de terminado el tratamiento y tres meses después de terminado el tratamiento. La mayoría de las sobrevivientes mostraron una buena adaptación en los índices de sufrimiento general. Los factores que pronosticaron sufrimiento continuo incluyeron una edad temprana, antecedentes de depresión o ansiedad, y los tratamientos más extensos. El único factor que predijo un sufrimiento mayor entre todas las medidas evaluadas fue el ser joven de edad.[17]

Se determinó que el ajuste o la adaptación psicosocial están influidos por tres grandes categorías de factores: derivados del cáncer, derivados del paciente y derivados de la sociedad.[4,18] Los factores derivados del cáncer incluyen los siguientes:

  • Tipo de cáncer.
  • Estadio del cáncer.
  • Pronóstico.
  • Ubicación del paciente en el continuo de diagnóstico, tratamiento y recidiva del cáncer.

Los factores derivados de los pacientes incluyen dos tipos de recursos:[19,20]

  • Recursos intrapersonales para enfrentar situaciones difíciles.
  • Apoyo social interpersonal (es decir, apoyo familiar).[21]

Los factores derivados del paciente también incluyen consideraciones sobre la etapa de la vida [22] (es decir, tareas del desarrollo —los adultos jóvenes pueden responder de manera bastante diferente en comparación con los adultos de más edad—).

Los factores derivados de la sociedad incluyen las opiniones de la sociedad general sobre el cáncer (es decir, estigmas), así como la influencia que tiene la sociedad en cuestiones como disponibilidad de tratamientos, una discusión abierta en comparación con una discusión cerrada sobre la enfermedad y las creencias populares sobre su causa.

Los rasgos de personalidad de optimismo y pesimismo podrían desempeñar una función crucial en el bienestar psicológico de los pacientes de cáncer. En un estudio alemán se investigó el efecto del optimismo y el pesimismo en el bienestar psicológico de 161 pacientes de distintos cánceres recién diagnosticados.[23] Se evaluó a los pacientes con respecto al optimismo o el pesimismo, y las emociones positivas o negativas antes del comienzo de su primera sesión de quimioterapia y durante el seguimiento realizado a los nueve meses. Antes del comienzo de la quimioterapia, el bienestar psicológico se relacionó con mayor optimismo y menor pesimismo. Solo el pesimismo predijo un cambio negativo en el bienestar psicológico durante el seguimiento a los nueve meses. Además, solo el pesimismo predijo una percepción más aguda de los efectos secundarios relacionados con la quimioterapia.

Se ha encontrado que la disponibilidad de apoyo social como parte de la red social se relaciona con la mortalidad por cáncer de mama. En un estudio longitudinal de 2.835 enfermeras con cáncer de mama, aquellas que antes del diagnóstico informaron no haber tenido una relación cercana (por ejemplo, familiares, amigos o hijos vivos) presentaron un aumento del riesgo de mortalidad por cáncer de mama dos veces más alto que aquellas que tuvieron más contactos sociales (por ejemplo, diez o más familiares cercanos). Este aumento de la mortalidad solo se observó cuando se compararon estos dos extremos relacionados con los lazos sociales, indicando que las mujeres con relativamente pocos contactos sociales o con un número intermedio de contactos pueden no tener un aumento del riesgo. En general, estos resultados indican la importancia de la función de los familiares cercanos dispuestos a comprometerse y proporcionar el cuidado necesario.[19]

Influencias de una situación específica en la adaptación

Escuchar el diagnóstico

El proceso de adaptarse al cáncer puede comenzar incluso antes de un diagnóstico. Los pacientes pueden responder con grados normales de temor, preocupación e inquietud cuando tienen síntomas inexplicables o cuando se dan cuenta de que son sometidos a pruebas para determinar la presencia de cáncer. Cuando escuchan el diagnóstico, sus temores se tornan realidad, con lo cual se genera una situación psicológica y existencial difícil (crisis).[24] Muchas personas se preguntan, “¿Puedo morir por esto?”

Recibir un diagnóstico de cáncer provoca una crisis que incluye sufrimiento emocional previsto y normal. Un autor [25] describió que las respuestas normales a la crisis del cáncer consisten de tres fases:

  1. Respuesta inicial.
  2. Disforia.
  3. Adaptación.

La fase I, respuesta inicial, consta de incredulidad, negación y conmoción por la veracidad de la noticia. Algunos pacientes intentarán probar que el diagnóstico no es cierto ("¿Está seguro de tener los resultados correctos de la prueba?). La mayoría de los pacientes informarán sobre un período de incredulidad acompañado de incapacidad de procesar claramente la información. Se puede sentir aturdidos o en estado de shock, o como si" Esto no me puede estar pasando a mí ".

Un nivel tan alto de sufrimiento puede resultar problemático porque muchas veces, inmediatamente después de informar el diagnóstico a un paciente los médicos describen las opciones de tratamiento. En estas circunstancias emocionales, muchos pacientes pueden ser incapaces de entender o recordar esta importante información. En consecuencia, la presencia de otras personas u otros medios para poder analizar la información puede ser extremadamente importante (por ejemplo, la grabación de la conversación sobre el plan de tratamiento o la realización de una segunda visita en una fecha posterior, especialmente para revisar el plan de tratamiento). A pesar de que hay muchas diferencias individuales, esta respuesta inicial de incredulidad, rechazo y choque habitualmente dura aproximadamente una semana en pacientes que se adaptan bien.

La fase II, disforia, consta de un período variable de tiempo (pero habitualmente se prolonga de 1 a 2 semanas) durante el cual el paciente acepta lentamente la realidad del diagnóstico. Durante este período, los pacientes generalmente empezarán a sentir un grado considerable de sufrimiento en forma de depresión, ansiedad, insomnio, anorexia, falta de concentración y varios grados de incapacidad para funcionar en sus actividades cotidianas. Los pensamientos molestos sobre la enfermedad y la muerte se presentan con mucha frecuencia y parecen ser incontrolables.

A medida que se proporciona más información sobre las opciones de tratamiento, se procesa y entiende correctamente, empiezan a surgir sentimientos de esperanza y optimismo más a menudo durante la disforia. En los pacientes recién diagnosticados que esperan una cirugía, pueden aumentar los grados de sufrimiento. Durante este período, puede resultar beneficioso un apoyo profesional adicional para considerar problemas como la fatiga, el insomnio y la depresión.[26]

La fase III, adaptación a largo plazo, consta de un período prolongado de tiempo durante el que aparece una adaptación más duradera y permanente. Este período se extiende durante semanas y meses. Durante el mismo, los pacientes utilizan una variedad de estrategias y estilos para enfrentar una situación difícil.[9] Los estilos para enfrentar una situación difícil son formas de responder a situaciones difíciles enfrentar muchas situaciones vitales previas; las estrategias para enfrentar situaciones difíciles consisten en esfuerzos específicos para resolver situaciones particulares relacionadas con el cáncer. Esta combinación de estilos duraderos para enfrentar la adversidad y las estrategias de adaptación a corto plazo habitualmente les resultan útiles a los pacientes que hacen esfuerzos por adaptarse. No hay una manera única y mejor para enfrentar una situación difícil. Las diferencias individuales que los pacientes manifiestan cuando se enferman de cáncer darán lugar a estilos de enfrentar una situación difícil y a estrategias variadas.[5]

Tratamientos activos para el cáncer

Durante la fase de tratamiento activo de la enfermedad, la adaptación de un paciente se centra primordialmente en hacer frente a los muchos y variados factores de tensión que trae consigo el tratamiento. Estos pueden incluir aprensión y temores sobre las siguientes situaciones:

  • Procedimientos dolorosos.
  • Efectos secundarios indeseados (pérdida del cabello, náuseas o vómitos, fatiga y dolor).
  • Perturbaciones de la vida cotidiana (incluso cambios en los roles vitales —por ejemplo, ser el sostén de la familia y ya no poder trabajar— son difíciles para muchos pacientes).

Los pacientes que se adaptan bien pueden tolerar estos factores de tensión de corto plazo mediante un enfoque de beneficio en función del costo por el cual ponderan las molestias de la pérdida a corto plazo contra los beneficios en términos de ganancias a largo plazo (por ejemplo, aumento en la supervivencia) y concluyen, “Vale la pena”.[25] Las preguntas que a menudo surgen durante el tratamiento activo incluyen las siguientes:

  • ¿Sobreviviré a esto?
  • ¿Extirparán todo el cáncer?
  • ¿Qué efectos secundarios sufriré?

A medida que surgen estas y otras preguntas conexas, los pacientes utilizan estilos y estrategias para enfrentar la situación y adaptarse. Si bien muchas estrategias para enfrentar una situación difícil son útiles durante esta fase, se utilizan a menudo las estrategias para superar situaciones difíciles centradas en los problemas —estrategias diseñadas para manejar situaciones problemáticas específicas (por ejemplo, fatiga, transporte al lugar de los tratamientos, alteración de los horarios de trabajo, cambios en las funciones).

Postratamiento

Antes de finalizar el tratamiento activo, la mayoría de los pacientes esperan la conclusión del tratamiento con expectativas y esperanzas positivas de poder volver a la normalidad. No obstante, la finalización del tratamiento activo puede ser un momento de gran ambivalencia para los pacientes de cáncer y sus familias. La finalización del tratamiento indica un momento de celebración y alivio, pero también puede ser un momento de acentuado sufrimiento y una sensación renovada de vulnerabilidad que aparece al cesar los esfuerzos médicos activos para luchar contra la enfermedad.[27]

Quienes se adaptan bien pueden equilibrar sus expectativas positivas con la realidad de los temores y las aprensiones constantes. Muchos pacientes dan cuenta de tener mayor ansiedad y preocupación relacionadas con los miedos a la recidiva y la reducción en la frecuencia del seguimiento médico por tener contactos menos frecuentes con el médico. Otros aspectos de la adaptación incluyen vivir con incertidumbre, reasumir las funciones vitales previas y ser vigilantes de sus preocupaciones relacionadas con la salud.[6]

Durante la remisión, los pacientes comienzan una secuencia de citas regulares de seguimiento con su oncólogo. La ansiedad y la preocupación normales a menudo se intensifican a medida que se acercan las fechas para las visitas de seguimiento. Se genera una ansiedad normal relacionada con inquietudes sobre una recidiva y las consecuencias emocionales relacionadas (por ejemplo, retomar el papel de paciente y sensaciones renovadas de pérdida de control).[28] Muchos pacientes consideran que la espera de los resultados de los exámenes es una experiencia particularmente angustiosa.

En uno de los pocos estudios empíricos sobre la adaptación postratamiento, se evaluó a 94 mujeres con cáncer de mama en estadios 0, l, ll o lll que estaban por terminar su tratamiento de radiación, mediante mediciones de depresión, ansiedad y calidad de vida en el último día de tratamiento y luego a las 2 semanas, 4 a 6 semanas; y a los 3 y 6 meses después del tratamiento. Los resultados indicaron síntomas de depresión elevados, ansiedad de intensidad baja y disminución de la calidad de vida el último día de tratamiento; sin embargo, dos semanas después, los síntomas de depresión disminuyeron de manera significativa y la calidad de vida mejoró significativamente. No se encontraron otros cambios importantes en los demás períodos posteriores al tratamiento; ello indica que la mayoría de los pacientes experimenta una rápida mejoría en relación con la depresión y la calidad de vida.[29]

La adaptación normal al postratamiento y la remisión incluye la utilización de una variedad de estrategias para enfrentar situaciones difíciles; sin embargo, esta fase a menudo comprende el empleo frecuente de estrategias para enfrentar situaciones difíciles enfocadas en las emociones (diseñadas para ayudar a regular el sufrimiento emocional normal), dada la variedad de reacciones emocionales ambivalentes. Quienes se adaptan bien tienen mayores probabilidades de sentirse cómodos expresando una gama amplia de emociones, tanto positivas como negativas. Las estrategias para enfrentar situaciones difíciles enfocadas en las emociones incluyen las siguientes:

  • Honestidad con las emociones propias.
  • Conciencia de los sentimientos propios.
  • Aceptación libre de prejuicios de los sentimientos propios.
  • Capacidad de expresar estos sentimientos a los otros.
  • Voluntad para abordar la tarea de hacer frente a estas emociones.
  • Disponibilidad de apoyo de otros que deseen escuchar y aceptar.

Recidiva

La transición de un plan de tratamiento curativo a un plan de atención paliativa es extremadamente difícil para los pacientes de cáncer.[25] El sufrimiento extremo a menudo acompaña esta transición, dado que el paciente se enfrenta a un sufrimiento psicológico renovado, síntomas físicos y una crisis existencial ante la muerte, todo lo cual se combina hasta resultar en el sufrimiento relacionado a menudo con el cáncer en estadio avanzado.[30]

La adaptación normal a esta crisis se caracteriza por un impacto inicial, incredulidad y negación seguidos por un período de importante (por ejemplo, estado de ánimo deprimido, problemas para concentrarse, pensamientos molestos frecuentes sobre la muerte). La adaptación normal puede incluir los siguientes aspectos:

  • Períodos significativos de tristeza y llanto.
  • Sentimientos periódicos de rabia contra Dios o el poder superior en el que se crea.
  • Períodos de retraimiento y aislamiento.
  • Pensamientos de darse por vencido.

No obstante, al igual que con el diagnóstico inicial, este sufrimiento es seguida a menudo por una adaptación gradual durante el transcurso de algunas semanas. Es importante observar que estas reacciones comunes no indican necesariamente una psicopatología. Aunque la intensidad de estas emociones puede ser similar a las de psicopatologías más graves, la frecuencia con que se presentan y su duración tienden a ser más breves. Los pacientes que tienen una adaptación normal a la recidiva y la atención paliativa generalmente se recuperarán de estas emociones fuertes más rápidamente que aquellos que presentan un verdadero trastorno mental. (Para mayor información, consultar los sumarios del PDQ sobre Depresión y Trastorno de tensión postraumática).

La adaptación a la recidiva y la atención paliativa a menudo significa cambiar las expectativas de curación a las de sanación. Desde esta perspectiva, la sanación incluye un proceso de recuperar el carácter de totalidad,[31] de transformar la vida propia en una variedad de maneras ante el rostro de la muerte. Este proceso de adaptación incluye mantener la esperanza, que se considera crucial en la adaptación general a la crisis.[32]

El paciente que se adapta con éxito a la crisis de recidiva a menudo cambia expectativas y mantiene la esperanza en una cantidad de actividades vitales significativas. Por ejemplo, un paciente que tiene confianza en que el dolor y el sufrimiento se pueden controlar tendrá esperanza en su futura calidad de vida. Los pacientes que creen que son amados y atendidos tendrán esperanza en sus relaciones futuras. La religión y la espiritualidad desempeñan una función muy importante para ayudar a muchos pacientes a mantener la esperanza. La religión o la espiritualidad pueden proporcionar una estructura de fe que los ayuda a enfrentar la crisis de la recidiva. Durante la recidiva y la atención paliativa, los pacientes posiblemente utilizarán estrategias para enfrentar situaciones difíciles basadas en el significado y probablemente buscarán consuelo en la oración y las prácticas religiosas o rituales, o creencias espirituales. Además, en un estudio se indica que la conciencia del pronóstico combinado con la paz interior se relacionan con un mejor desenlace de salud mental y calidad de muerte en aquellos pacientes de cáncer avanzado, así como para quienes los cuidaron y sobreviven durante el duelo.[33]

En un estudio llevado a cabo con mujeres con cáncer de mama recidivante, se encontraron alteraciones importantes en el bienestar físico, funcional y emocional en un lapso de un mes después de presentarse la recidiva; sin embargo, la autosuficiencia de un paciente (confianza en su capacidad para manejar las demandas de la enfermedad), el apoyo social y la fortaleza familiar (fortaleza interior de la familia y capacidad de manejar el infortunio y el cambio) tuvieron un efecto positivo sobre la calidad de vida. Por el contrario, más sufrimiento en relación con los síntomas físicos, preocupaciones cotidianas adicionales, el sentimiento de desesperanza y una percepción negativa de la enfermedad o de las personas que brindan atención se relacionaron con una calidad de vida más baja.[34]

Supervivencia

La adaptación del postratamiento a la supervivencia a largo plazo es gradual y se extiende durante muchos años. No obstante, la mayoría de los pacientes, a pesar de la variedad de diagnósticos y tratamientos del cáncer, se adaptan bien [3] y algunos informan incluso de los beneficios de un diagnóstico de cáncer (por ejemplo, mayor aprecio por la vida, nueva priorización de los valores vitales, fortalecimiento de las creencias espirituales o religiosas).[35-38] Los pacientes que tienen una adaptación más precaria tienden a tener mayores problemas médicos, menos apoyo social, adaptación psicosocial premórbida más precaria y menos recursos económicos.[3]

A medida que los tratamientos del cáncer mejoraron, el cáncer se está tornando en una enfermedad crónica, especialmente con ciertos tipos de cáncer (por ejemplo, de próstata, de mama). Cada una de las diferentes áreas psicosociales de funcionamiento con los que una persona maneja una enfermedad crónica presenta sus propios aspectos únicos de adaptación. Por ejemplo, la adaptación a largo plazo, que significa pasar a ser un sobreviviente de cáncer, incluye consideraciones sobre la manera en que uno se adapta psicológica, social, sexual, vocacional y, por supuesto, físicamente.

En general, en los estudios sobre sobrevivientes de cáncer y grupos de comparación sanos no encontraron diferencias significativas en las medidas de sufrimiento psicológico, adaptación marital y sexual, funcionamiento social y desempeño psicosocial general.[3] No obstante, hay algunas áreas comunes de sufrimiento que presentan muchos pacientes de cáncer que están por debajo del umbral o no son lo suficientemente serias como para satisfacer los criterios del diagnóstico. Estas pueden incluir las siguientes:[3,39]

  • Ansiedad sobre la recidiva.
  • Mayor sensación de vulnerabilidad.
  • Disminución de la sensación de control.
  • Recuerdos condicionados sobre la quimioterapia (olores, imágenes visuales) que producen ansiedad y náuseas.
  • Síntomas similares a la tensión postraumática (como pensamientos persistentes molestos, imágenes recurrentes relacionadas con los tratamientos del cáncer, sentimientos de distanciamiento de otros).
  • Preocupaciones sobre la imagen corporal y la sexualidad.

En uno de los pocos estudios longitudinales prospectivos de sobrevivientes de cáncer, se les preguntó a 752 pacientes de tres estados de los EUA sobre una variedad de problemas psicosociales. Casi un año después del diagnóstico, 68% estaban preocupados con el retorno de la enfermedad, aproximadamente 60% estaban preocupados por las recidivas y 58% tenían miedo al futuro. Además, aproximadamente dos de cada tres sobrevivientes estaban preocupados por un problema físico de salud como la fatiga y la pérdida de fuerza. Aproximadamente 48% informaron estar preocupados por dificultades para dormir y 48% informaron tener preocupaciones sobre la disfunción sexual. Los sobrevivientes más jóvenes (de 18 a 54 años de edad), las mujeres, quienes no eran blancos, los solteros y aquellos con ingreso más bajo informaron sobre más problemas. En comparaciones de cuatro de los cánceres comunes, la mayoría de las preocupaciones relacionadas con problemas vitales fueron mencionados por aquellos con cáncer de pulmón, seguidos de los sobrevivientes de cánceres de mama, colorrectal y de próstata.[40]

En un estudio longitudinal amplio (N = 660) de mujeres mayores de 65 años sobrevivientes de cáncer de mama, se investigaron los factores relacionados con cambios en el bienestar emocional. Los hallazgos generales indican que la experiencia de sobrevivir a cinco años de la mayoría de las mujeres es relativamente estable, con pocos cambios en el bienestar emocional. Sin embargo, se notó que las mujeres que tenían menos de 12 años de educación formal y las mujeres que se autopercibían como "sin haberse curado" estaban más inclinadas a presentar un declive en el bienestar emocional, mientras que aquellas que tenían mejor funcionamiento físico, buen apoyo emocional y percepción positiva de la comunicación médico-paciente, tuvieron menos probabilidades de tener una salud emocional precaria.[41]

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  • Actualización: 25 de abril de 2014