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Las náuseas y los vómitos son efectos secundarios graves del tratamiento del cáncer.
Las náuseas son una sensación desagradable en forma honda en la parte posterior de la garganta o el estómago que puede conducir a vomitar. Vomitar es arrojar el contenido del estómago a través de la boca. La arcada es el movimiento del estómago y el esófago sin vomitar y también se llama vómito seco. A pesar de que los tratamientos han mejorado, las náuseas y los vómitos continúan siendo efectos secundarios graves del tratamiento del cáncer. Algunos pacientes se molestan más por las náuseas que por los vómitos.
Las náuseas y los vómitos se deben controlar para mantener el tratamiento y la calidad de vida del paciente.
Es muy importante prevenir y controlar las náuseas y los vómitos de los pacientes de cáncer de modo que puedan continuar con el tratamiento y realizar las actividades de la vida diaria. Las náuseas y los vómitos descontrolados pueden causar los siguientes problemas:
- Cambios químicos en el cuerpo.
- Cambios mentales.
- Pérdida del apetito.
- Desnutrición.
- Deshidratación.
- Desgarro en el esófago.
- Huesos rotos.
- Reapertura de heridas quirúrgicas.
Hay cuatro tipos de náuseas y vómitos causados por el tratamiento del cáncer:
Náuseas y vómitos anticipatorios: si el paciente sufrió de náuseas y vómitos después de tres o cuatro tratamientos de quimioterapia, puede tener náuseas y vómitos anticipatorios. Los olores, visiones y sonidos de la sala de tratamiento le pueden recordar las ocasiones anteriores y pueden desencadenar náuseas y vómitos antes de que un nuevo ciclo de quimioterapia haya comenzado.
Náuseas y vómitos agudos: habitualmente se presentan 24 horas después de empezar la quimioterapia.
Náuseas y vómitos demorados: se presentan más de 24 horas después de la quimioterapia. También se llaman náuseas y vómitos tardíos.
Náuseas y vómitos crónicos: en los pacientes de cáncer avanzado, las náuseas y vómitos crónicos pueden ser causados por los siguientes factores:
- Tumores cerebrales o presión en el cerebro.
- Tumores en el colon.
- Úlceras en el estómago.
- Deshidratación.
- Concentraciones altas o bajas de ciertas sustancias en la sangre.
- Medicinas, como los opioides o antidepresivos.
- Radioterapia.

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