¿Prequntas sobre el cáncer?

Efectos tardíos del tratamiento anticanceroso en la niñez (PDQ®)

Versión para pacientes

Sistema nervioso central

Es más probable que los efectos tardíos en el cerebro y la médula espinal se presenten después del tratamiento de ciertos cánceres infantiles.

El tratamiento de los siguientes cánceres infantiles, entre otros, puede causar efectos tardíos en el cerebro y la médula espinal:

La radiación dirigida al cerebro aumenta el riesgo de efectos tardíos en el cerebro y la médula espinal.

El riesgo de problemas de salud que afectan el cerebro y la médula espinal aumenta después del tratamiento con los siguientes procedimientos:

Cuando se administran al mismo tiempo radiación dirigida al cerebro y quimioterapia intratecal, el riesgo de efectos tardíos es más alto.

Están en estudio maneras nuevas de disminuir la dosis de radiación dirigida al cerebro para reducir el riesgo de efectos tardíos en el cerebro y la médula ósea.

Los siguientes factores también pueden aumentar el riesgo de efectos tardíos en el cerebro y la médula espinal:

  • Ser menor de 5 años en el momento del tratamiento.
  • Ser mujer.
  • Sitio donde se formó el tumor.
  • Sufrir de hidrocefalia y tener colocada una cánula de derivación para extraer el exceso de líquido de los ventrículos.
  • Sufrir de pérdida de audición.
  • Presentar mutismo cerebeloso después de una cirugía para extirpar el tumor cerebral. El mutismo cerebeloso incluye la incapacidad para hablar, pérdida de coordinación y balance, cambios de humor, irritabilidad y llanto agudo.
  • Tener antecedentes personales de derrame cerebral.

Los efectos tardíos que afectan el cerebro y la médula espinal pueden causar ciertos problemas de salud.

Los sobrevivientes de cáncer infantil que recibieron radiación, quimioterapia intratecal, o se sometieron a cirugía del cerebro y la médula espinal tienen riesgo de sufrir de efectos tardíos en el cerebro y la médula espinal. Entre ellos, los siguientes:

  • Dolores de cabeza.
  • Perdida de la coordinación y el equilibrio.
  • Crisis epilépticas.
  • Pérdida de mielina en la vaina que cubre las fibras nerviosas del cerebro.
  • Trastornos del movimiento que afectan las piernas y los ojos, o la capacidad de hablar y tragar.
  • Daño en los nervios de las manos o los pies.
  • Derrame cerebral.
  • Hidrocefalia.
  • Pérdida de control de la vejiga o el intestino.

Los sobrevivientes también pueden sufrir efectos tardíos que afectan el pensamiento, el aprendizaje, la memoria, las emociones y el comportamiento.

Las nuevas formas de administrar dosis dirigidas y más bajas de radiación dirigida al cerebro pueden disminuir el riesgo de efectos tardío en el cerebro y la médula espinal.

Los signos y síntomas posibles de efectos tardíos en el cerebro y la médula espinal incluyen dolores de cabeza, pérdida de coordinación y crisis epilépticas.

Estos signos y síntomas pueden obedecer a efectos tardíos en el cerebro y la médula espinal, o a otras afecciones:

  • Dolor de cabeza que puede desaparecer después de vomitar.
  • Crisis epilépticas.
  • Pérdida de equilibrio, falta de coordinación o dificultad para caminar.
  • Dificultad para hablar, tragar o coordinar los movimientos de los ojos.
  • Adormecimiento, cosquilleo, debilidad en las manos o pies; no poder doblar el tobillo para levantar el pie.
  • Adormecimiento súbito o debilidad en la cara, un brazo o una pierna (especialmente en un lado del cuerpo).
  • Somnolencia no habitual o cambio en nivel de la actividad.
  • Cambios no habituales de personalidad o comportamiento.
  • Cambio en los hábitos intestinales o dificultad para orinar.
  • Aumento del tamaño de la cabeza (en lactantes).
  • Confusión súbita, o dificultad para hablar o entender el habla.
  • Dificultad súbita para ver con uno o ambos ojos.
  • Dolores de cabeza intensos y súbitos sin causa conocida.

Otros signos y síntomas pueden ser los siguientes:

  • Problemas de memoria.
  • Problemas para prestar atención.
  • Dificultad para resolver problemas.
  • Dificultad para organizar los pensamientos y las tareas.
  • Capacidad más lenta de aprender y usar información nueva.
  • Dificultad para aprender a leer, escribir o practicar matemáticas.
  • Dificultad para coordinar los movimientos entre los ojos, las manos y otros músculos.
  • Demoras en el desarrollo normal.
  • Aislamiento social o dificultad para llevarse bien con los demás.

Hable con el médico de su niño si presenta cualquiera de estos problemas.

Para detectar (encontrar) y diagnosticar problemas de salud en el cerebro y la médula espinal, se utilizan ciertas pruebas.

Las siguientes y otras pruebas se pueden usar para detectar o diagnosticar efectos tardíos en el cerebro y la médula espinal.

  • Examen físico y antecedentes : examen del cuerpo para revisar el estado general de salud, incluso el examen de signos de enfermedad, como masas o cualquier otra cosa que no parezca habitual. También se toman datos sobre los hábitos de salud del paciente, así como los antecedentes de enfermedades y los tratamientos aplicados en cada caso.
  • Examen neurológico : serie de preguntas y pruebas para revisar el cerebro, la médula espinal y el funcionamiento de los nervios. El examen verifica el estado mental de la persona, la coordinación y la capacidad de caminar normalmente, así como el funcionamiento normal de los músculos, los sentidos y los reflejos. En algunos casos, un neurólogo o un neurocirujano pueden realizar un examen más detallado.
  • Evaluación neurofisiológica: serie de pruebas para examinar los procesos mentales y el comportamiento del paciente. Las áreas que se examinan incluyen las siguientes:
    • Capacidad de saber quién es y dónde está uno, y qué días es.
    • Capacidad de aprender y recordar información nueva.
    • Inteligencia.
    • Capacidad de resolver problemas.
    • Uso del lenguaje oral y escrito.
    • Coordinación ojos-manos.
    • Capacidad de organizar información y tareas.

Consulte con el médico de su niño si es necesario someterlo a estas pruebas y procedimientos para determinar si hay signos de efectos tardíos en el cerebro y la médula espinal. Si son necesarios, pregunte con qué frecuencia se deben realizar.

Los sobrevivientes de cáncer infantil pueden sufrir de ansiedad y depresión relacionadas con su cáncer.

Los sobrevivientes de cáncer infantil pueden sufrir de ansiedad y depresión relacionadas con cambios físicos, su aspecto o el miedo de que el cáncer vuelva. Esto puede causar problemas en las relaciones personales, educación, empleo y salud. Los supervivientes con estos problemas contarían con menos posibilidades de vivir de manera independiente como adultos.

Los exámenes de seguimiento de los sobrevivientes de cáncer infantil deberán incluir exámenes de detección y tratamiento para un posible sufrimiento psicológico.

Algunos sobrevivientes de cáncer infantil sufren de trastorno por tensión postraumática.

El diagnóstico y el tratamiento de una enfermedad que pone en peligro la vida pueden ser traumáticos. Este trauma puede causar un trastorno por tensión postraumática (TTPT). El TTPT se define como tener ciertos comportamientos después de una situación que provoca tensión porque se relaciona con la muerte o la amenaza de muerte, o una lesión grave para uno mismo o para los demás.

El TTPT puede afectar a los sobrevivientes de cáncer de las siguientes maneras:

  • Se revive el momento del diagnóstico y el tratamiento del cáncer en pesadillas o escenas retrospectivas, y se piensa en ello todo el tiempo.
  • Se evitan lugares, situaciones y personas que recuerdan la experiencia con el cáncer.
  • Se está constantemente sobrexcitado, con miedo, irritabilidad o incapacidad de dormir, o se tiene dificultad para concentrarse.

En general, los sobrevivientes de cáncer infantil tienen niveles bajos de TTPT; ello depende en parte del estilo del paciente y los padres para enfrentar dificultades. Los sobrevivientes que recibieron radioterapia dirigida a la cabeza cuando tenían menos de 4 años o los sobrevivientes que recibieron tratamiento intensivo tienen un riesgo más alto de padecer de TTPT. Los problemas familiares y el apoyo social mínimo o inexistente de familiares o amigos, así como la tensión no relacionada con el cáncer, pueden aumentar las probabilidades de sufrir de un TTPT.

Debido a que el evitar lugares y personas relacionadas con el cáncer puede formar parte del TTPT, los sobrevivientes con un TTPT tal vez no reciban el tratamiento médico que necesitan.

Los adolescentes a quienes se les diagnostica un cáncer pueden tener problemas sociales más tarde en sus vidas.

Los adolescentes a quienes se les diagnostica un cáncer pueden alcanzar menos hitos sociales o alcanzarlos más tarde que los adolescentes no diagnosticados con cáncer. Los hitos sociales incluyen tener el primer novio, casarse y tener un hijo. También pueden tener problemas para llevarse bien con otras personas o sentir que no son del agrado de otras personas de su edad.

Los sobrevivientes de cáncer de este grupo de edad informaron que están menos satisfechos con su salud y sus vidas en general en comparación con otros adolescentes de su edad que no tuvieron cáncer. Los adolescentes y adultos jóvenes que sobrevivieron a un cáncer necesitan programas especiales que les proporcionen apoyo psicológico, educacional y laboral.

  • Actualización: 3 de diciembre de 2014