No es tarea fácil determinar si la aspirina reduce el riesgo de cáncer

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Tabletas de aspirina

A la par del aumento en el optimismo sobre los aparentes efectos anticancerígenos de la aspirina, muchas preguntas siguen sin respuesta.

Una de las promesas más interesantes en la prevención del cáncer es un medicamento muy conocido y de bajo precio: la aspirina. De hecho, a finales de este año se espera que el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos (U.S. Preventive Services Task Force) dé a conocer sus recomendaciones acerca del uso de la aspirina para reducir el riesgo de cáncer.

La aspirina ya se utiliza ampliamente. Decenas de millones de personas en Estados Unidos la toman diariamente para reducir el riesgo de ataque al corazón o accidente cerebrovascular. Además, los resultados de numerosos estudios realizados durante las últimas dos décadas permiten suponer que tomar aspirina con regularidad podría disminuir en forma considerable el riesgo de padecer cáncer o de morir por la enfermedad.

En 2011, por ejemplo, un metaanálisis de ocho estudios clínicos con distribución al azar en los que se comparó el riesgo de morir de cáncer entre participantes que tomaron aspirina diariamente por 4 años o más con quienes no tomaron aspirina, arrojó como resultado que el consumo de aspirina, en general, redujo el riesgo de morir de cáncer en aproximadamente un 20 por ciento.

Al realizar el análisis de datos de los participantes en estos estudios, los investigadores, dirigidos por el doctor Peter Rothwell PhD, FRCP, de la University of Oxford, encontraron que la reducción del riesgo se debió principalmente a que hubo menos muertes por cáncer entre los participantes que tomaron aspirina durante al menos 5 años. La reducción más grande del riesgo se observó en los cánceres gastrointestinales, en particular en el cáncer colorrectal. El estudio también mostró otras reducciones no tan pronunciadas del riesgo de varios cánceres comunes, incluidos los cánceres de pulmón y de próstata.

Sin embargo, los hallazgos relacionados con la aspirina no están bien definidos. No todos los estudios sobre aspirina y cáncer han mostrado que el medicamento reduce el riesgo de padecer de cáncer o de morir por la enfermedad. Además, la mayoría de las investigaciones que vinculan la aspirina u otros medicamentos antinflamatorios no esteroides (AINE) con un riesgo menor de padecer o morir de cáncer han tenido ciertas limitaciones; la mayoría fueron o bien estudios de observación, que no pueden determinar efectos causales, o análisis de estudios clínicos que tenían el fin de probar los efectos de la aspirina en otras mediciones de salud, con más frecuencia las consecuencias vasculares. Ninguno de los estudios incluidos en el metaanálisis de 2011, por ejemplo, fue diseñado específicamente para determinar si la aspirina reduce la incidencia de cáncer o las muertes por esta enfermedad.

Pero es posible que se vislumbre evidencia más definitiva en el futuro.En particular, los investigadores en busca de respuestas están analizando varios estudios clínicos de gran tamaño que se han iniciado para probar si la aspirina reduce el riesgo de incidencia de cáncer, la muerte debida al cáncer, o ambos. (Véase tabla).

Hallazgos coherentes, opiniones contradictorias

Es difícil ignorar la creciente evidencia del efecto anticancerígeno de la aspirina en algunos cánceres, dijo el doctor Rothwell, quien dirigió varios de los estudios más recientes que refuerzan la postura en favor de la aspirina. Entre los estudios más recientes se encuentra uno llamado metaanálisis 2012, que vinculó la aspirina a un riesgo menor de padecer cáncer metastásico.

"Como mínimo, los datos indican que la aspirina, en combinación con exámenes de detección adecuados, sería altamente eficaz para prevenir el cáncer de esófago y el de colon", dijo el doctor.

El doctor Rothwell no es el único en opinar así. "Creo que los AINE tienen una función subterapéutica para varios tipos de tumores", dijo el doctor Randall Harris, PhD, de Ohio State University. La década pasada, el doctor Harris publicó los resultados de un estudio de observación prospectivo con participantes de la Iniciativa para la Salud de la Mujer (Women's Health Initiative, WHI), el cual halló que las mujeres que tomaron aspirina o ibuprofeno al menos dos veces a la semana durante 5 años o más tuvieron un riesgo menor de padecer cáncer de seno (mama).

Sin embargo, esa opinión no es generalizada. El doctor John Baron, MS, MSc, del Centro Oncológico Lineberger de la University of North Carolina, está de acuerdo en que la evidencia de que la aspirina reduce el riesgo de ciertos cánceres es sólida. No obstante, señaló que aún no es suficiente. "Se deben hacer más estudios formales para determinar con certeza los riesgos y beneficios de la aspirina" expresó el doctor Baron.

Motivos para tener cautela

En su mayoría, las dudas que expresa el doctor Baron y otros profesionales se deben en parte a que se han realizado pocos estudios clínicos con distribución al azar diseñados específicamente para probar el efecto de la aspirina en resultados como el riesgo de cáncer y la mortalidad por la enfermedad. "Solo cuando se hacen estudios clínicos con distribución al azar podemos tener una visión completa de lo que está pasando", explicó Asad Umar, DVM, PhD, de la División de Prevención del Cáncer del NCI.

Se ha progresado en ese ámbito. Tomemos como ejemplo a CAPP2, un estudio con distribución al azar a gran escala, controlado con placebo, que se llevó a cabo en el Reino Unido. En ese estudio, personas con el síndrome de Lynch—una enfermedad hereditaria que aumenta en forma considerable el riesgo de padecer varios cánceres, incluido el cáncer colorrectal—que tomaron una dosis alta de aspirina (600 mg) por al menos 2 años tuvieron una incidencia considerablemente menor de cáncer colorrectal que los participantes que tomaron un placebo.

Los estudios clínicos también pueden poner de manifiesto inquietudes potenciales de seguridad que no siempre son evidentes en estudios de observación u otros estudios en los que participan diferentes poblaciones de pacientes. El doctor Umar citó la experiencia con un AINE distinto, el celecoxib (Celebrex®). La evidencia de un posible efecto cardíaco adverso por el tratamiento regular a largo plazo con celecoxib solo surgió cuando se probó el medicamento en estudios grandes con seguimiento más prolongado de pacientes, incluido un estudio financiado por el NCI sobre la prevención de adenoma con celecoxib.

Los datos disponibles sobre la seguridad de la aspirina son en cierto modo tranquilizadores, señaló el doctor Rothwell. En los estudios incluidos en el metaanálisis 2011, por ejemplo, hubo más incidentes mortales de hemorragia entre los participantes que tomaron el placebo que entre los que tomaron aspirina (60 incidentes frente a 40), aunque la aspirina aumentó el riesgo de hemorragias no mortales. Además, en el estudio CAPP2, la cantidad de casos de hemorragia gastrointestinal en el grupo que recibió aspirina y en el grupo que recibió el placebo fueron muy similares (11 casos frente a 9), de acuerdo con el autor principal del estudio, el doctor John Burn de Newcastle University.

Llenar vacíos de información

De acuerdo con varios investigadores, se deben responder varias preguntas importantes antes de que se pueda considerar el uso de la aspirina como una medida de prevención del cáncer, entre ellas, las siguientes: cuál es la dosis que proporciona la mayor protección contra el cáncer y tiene el menor riesgo de efectos secundarios graves; quiénes se beneficiarán más del uso de la aspirina; cuáles son los cánceres para los que la aspirina ofrece protección; y cuánto tiempo después de haber dejado de tomar aspirina dura el efecto protector anticancerígeno.

"Aún para el cáncer colorrectal, los datos están incompletos o incluso son contradictorios en relación a esas preguntas" dijo el doctor Baron. En un reciente estudio de casos y controles, por ejemplo, los resultados indicaron que la supervivencia no mejoró con el uso de una dosis baja de aspirina después de un diagnóstico de cáncer colorrectal.

La dosis es definitivamente una cuestión crucial, dijo el doctor Umar. "Con una dosis mayor, la posibilidad de efectos secundarios también aumenta", manifestó.

En relación a la pregunta de cuáles son los cánceres para los que la aspirina ofrece protección, varios estudios permiten suponer que es posible que prevenga específicamente los cánceres con ciertas características moleculares. Un estudio del NCI, publicado en abril de 2014, mostró que el uso regular de aspirina redujo el riesgo de cáncer colorrectal en personas cuyos tumores presentaban una sobreexpresión del gen 15-PGDH, pero no en quienes los tumores no tenían la sobreexpresión del gen. Otro estudio realizado por investigadores del Instituto Oncológico Dana-Farber indica que el consumo de aspirina previene la aparición de cánceres que tienen la versión normal de un gen llamado BRAF, que interviene como determinante clave en varios cánceres, pero no de cánceres que tienen una forma mutada del gen. Además, algunos de los mismos investigadores encontraron que el consumo de aspirina después de un diagnóstico de cáncer colorrectal solo redujo la muerte por el cáncer si el tumor del paciente producía grandes cantidades de COX-2, una enzima que interviene en procesos inflamatorios. (Véase recuadro).

Si bien los resultados tienen sentido desde el punto de vista biológico, "estos hallazgos deben ser repetidos antes de que podamos estar seguros de su valor", advirtió el doctor Umar.

Entretanto, los estudios en curso nos deberían dar un mayor conocimiento de cómo la aspirina (y otros AINE) protegen contra el cáncer y es posible que contribuyan al desarrollo de un tipo más seguro y potente de estos medicamentos.

El doctor Dipak Panigrahy y Charles N. Serhan, PhD, de la Facultad de Medicina de Harvard están investigando cómo determinados tipos de resolvinas—moléculas antinflamatorias producidas en el organismo cuando la aspirina interactúa con los ácido graso omega-3—impiden el crecimiento tumoral y la metástasis. Su investigación está financiada a través del programa Provocative Questions (PQ) del NCI. Basándose en investigaciones anteriores sobre medicamentos AINE, otro equipo financiado por el programa Provocative Questions, dirigido por Laurie Hudson, PhD, y Angela Wandinger-Ness, PhD, del Centro Oncológico de la Universidad de Nuevo México, están estudiando cómo los AINE que no funcionan como la aspirina pueden afectar el crecimiento y la diseminación de células cancerosas.

Por lo tanto y a pesar de que es algo prometedor, el doctor Umar advirtió que el uso de la aspirina para prevenir el cáncer es todavía un área de investigación activa y que "se necesitan estudios a largo plazo para responder a varias cuestiones importantes".

"Al igual que con todos los medicamentos, existen riesgos y beneficios potenciales con la aspirina", continuó. Toda persona que esté pensando en tomar aspirina con regularidad "debe consultar antes con su médico de atención primaria".

  • Publicación: 21 de abril de 2014

Este texto puede copiarse o usarse con toda libertad. Sin embargo, agradeceremos que se dé reconocimiento al Instituto Nacional del Cáncer como creador de esta información. El material gráfico puede ser propiedad del artista o del editor por lo que tal vez sea necesaria su autorización para poder usarlo.