Teléfonos celulares y el riesgo de cáncer

¿Por qué hay preocupación de que los teléfonos celulares puedan causar cáncer u otros problemas de salud?

Existen tres razones principales por las que la gente se preocupa de que los teléfonos celulares (también llamados teléfonos “inalámbricos” o “móviles”) puedan causar ciertos tipos de cáncer u otros problemas de salud:

  • Los teléfonos celulares emiten radiación de radiofrecuencia (ondas de radio), una forma de radiación no ionizante, desde sus antenas. Partes del cuerpo más cercanas a la antena pueden absorber esta energía.
  • El número de usuarios de teléfonos celulares ha aumentado rápidamente. Había más de 400 millones de abonados a teléfonos celulares en los Estados Unidos en 2017, según la Asociación de Internet y Telecomunicaciones Celulares. Globalmente, hay más de 5 mil millones de usuarios de teléfonos celulares.
  • Con el tiempo, el número de llamadas diarias con teléfonos celulares, la duración de cada llamada y la cantidad de tiempo que las personas usan dichos teléfonos han aumentado. Debido a los cambios de la tecnología de los teléfonos celulares y a los incrementos del número de estaciones base que transmiten señales inalámbricas, la exposición del uso de teléfonos celulares—potencia—ha cambiado, en su mayoría ha bajado, en muchas regiones de los Estados Unidos (1).

La hoja informativa del NCI sobre Campos electromagnéticos y cáncer incluye información sobre redes inalámbricas de área local (conocidas comúnmente como Wi-Fi), estaciones base de teléfonos celulares, y teléfonos inalámbricos.

¿Qué es la radiación de radiofrecuencia y cómo afecta al cuerpo humano?

La radiación de radiofrecuencia es una forma de radiación electromagnética. La radiación electromagnética se puede clasificar en dos tipos: ionizante (p. ej., los rayos X, el radón y los rayos cósmicos), y no ionizante (p. ej., la radiofrecuencia y la frecuencia baja en extremo o la frecuencia de electricidad). La radiación electromagnética se define de acuerdo a su amplitud de onda y a su frecuencia, la cual es el número de ciclos de una onda que pasa un punto de referencia por segundo.  Las frecuencias electromagnéticas se describen en unidades llamadas hercios (Hz).

La energía de la radiación electromagnética se determina por su frecuencia; la radiación ionizante es alta frecuencia y, por lo tanto, alta energía, mientras que la radiación no ionizante es baja frecuencia y, por lo tanto, de baja energía. La hoja informativa del NCI Campos electromagnéticos y el cáncer ofrece una lista de fuentes de radiación de radiofrecuencia. Más información acerca de la radiación ionizante puede encontrarse en la página de Radiación.

La frecuencia de la radiación electromagnética de la radiofrecuencia comprende entre 30 kilohercios (30 kHz o 30,000 Hz) a 300 gigahercios (300 GHz o 300 mil millones Hz). Los campos electromagnéticos en rango de radiofrecuencia se usan para aplicaciones en telecomunicaciones, incluso en teléfonos celulares, en televisiones y transmisiones de radio. El cuerpo humano absorbe energía de aparatos que emiten radiación electromagnética de radiofrecuencia. La dosis de energía absorbida se calcula usando una medida llamada índice de absorción específica (SAR), el cual se expresa en vatios por kilogramo del peso corporal.

La exposición a la radiación ionizante, tal como de rayos X, se sabe que aumenta el riesgo de cáncer.  Sin embargo, aunque muchos estudios han examinado los posibles efectos para la salud de la radiación no ionizante procedente de radares, de hornos de microondas, teléfonos celulares y de otras fuentes, no existe actualmente evidencia firme de que la radiación no ionizante aumente el riesgo de cáncer en humanos (2).

El único efecto biológico reconocido con solidez de la radiación de radiofrecuencia es el calentamiento. La capacidad de los hornos de microondas para calentar los alimentos es un ejemplo de este efecto de la energía de radiofrecuencia. La exposición a la radiofrecuencia por el uso de teléfonos celulares causa calentamiento en el área del cuerpo (p. ej., el oído y la cabeza) en donde se apoya un teléfono celular o algún otro aparato. Sin embargo, no es suficiente para aumentar sensiblemente la temperatura corporal. No hay otros efectos claramente establecidos para el cuerpo humano de la radiación de radiofrecuencia.

¿Cómo se mide la exposición a la radiación de radiofrecuencia en los estudios epidemiológicos?

Los estudios epidemiológicos usan información de varias fuentes, incluso de cuestionarios y datos de proveedores de servicio de teléfonos celulares, para calcular la exposición a la radiación de radiofrecuencia. Todavía no es posible hacer mediciones directas fuera de un entorno de laboratorio. Los cálculos tienen en cuenta lo siguiente:

  • Con qué "regularidad" los participantes del estudio usan teléfonos celulares (el número de llamadas por semana o por mes)
  • La edad y el año cuando los participantes del estudio usaron por primera vez un teléfono celular y la edad y el año que lo usaron por última vez (permite calcular la duración y el tiempo desde el principio del uso)
  • El número promedio de llamadas de teléfono celular por día, por semana o por mes (frecuencia)
  • La duración promedio de una llamada típica del celular
  • El número total de horas de uso en lo que llevan de vida, calculado por la duración de una llamada típica, por la frecuencia del uso y por la duración del uso

¿Qué ha indicado la investigación epidemiológica acerca de la asociación entre el uso del teléfono celular y el riesgo de cáncer?

Los investigadores han llevado a cabo varios tipos de estudios epidemiológicos en humanos para investigar la posibilidad de una relación entre el uso del teléfono celular y el riesgo de tumores malignos (cancerosos) de cerebro, como gliomas, así como tumores benignos (no cancerosos), como neuromas acústicos (tumores en las células de los nervios responsables de la audición que se conocen también como schwannomas vestibulares), meningiomas (generalmente tumores benignos en las membranas que cubren y protegen el cerebro y la médula espinal), y tumores de glándula parótida (tumores en las glándulas salivales) (3).

En un tipo de estudio, llamado estudio de casos y controles, se compara el uso de teléfonos celulares entre personas con estos tipos de tumores y personas que no los tienen. En otro tipo de estudio, llamado estudio de cohortes, se hace el seguimiento a un grupo grande de personas que no tienen cáncer al entrar en el estudio y se compara el índice de estos tumores entre las personas que usaron teléfonos celulares y las que no los usaron. Los datos de incidencia de cáncer pueden también analizarse por un tiempo para ver si los índices de cáncer de cerebro cambiaron en grupos grandes durante el periodo en que el uso de teléfonos celulares aumentó drásticamente. Estos estudios no han mostrado evidencia clara de una relación entre el uso de teléfonos celulares y el cáncer. Sin embargo, los investigadores han informado de algunas asociaciones estadísticamente significativas para ciertos subgrupos de gente.

Tres estudios epidemiológicos grandes han examinado la asociación posible entre el uso de teléfonos celulares y el cáncer. Interphone, un estudio de casos y controles; el Estudio Danés, un estudio de cohortes; y el Estudio del Millón de Mujeres, otro estudio de cohortes.

Interphone

Cómo se efectuó el estudio: Este es el mayor estudio de casos y controles relacionado con la salud sobre el uso de teléfonos celulares y el riesgo de tumores de cabeza y cuello. Un consorcio de investigadores de 13 países efectuó este estudio. Los datos se originaron de cuestionarios que completaron los participantes del estudio.

Lo que mostró el estudio: Los análisis más publicados de este estudio no han revelado aumentos estadísticamente significativos en los cánceres de cerebro o del sistema nervioso central que estén relacionados con números más altos del uso de teléfonos celulares. Un análisis mostró un aumento estadísticamente significativo, aunque moderado, en el riesgo de glioma en la proporción pequeña de participantes del estudio quienes pasaron más tiempo total en llamadas de teléfonos celulares. Sin embargo, los investigadores consideraron este hallazgo como no concluyente porque sintieron que el grado de uso reportado por algunos participantes no era probable y que los participantes que reportaron grados más bajos de uso al parecer tenían un menor riesgo de cáncer de cerebro comparados con gente que no usó teléfonos celulares regularmente (46).

Un análisis de los datos procedentes de los 13 países participantes en el estudio Interphone informaron de una asociación estadísticamente significativa entre la distribución intracraneal de los tumores dentro del cerebro y la ubicación del teléfono reportada (7). Sin embargo, los autores de este estudio señalaron que no es posible sacar conclusiones firmes sobre la causa y efecto basándose en sus hallazgos.

Análisis adicionales de los datos procedentes de los países de Interphone

Un análisis de datos de cinco países del norte de Europa en el estudio Interphone mostró un riesgo mayor de neuroma acústico solo en quienes habían usado un teléfono celular por 10 años o más (8).

En análisis subsiguientes de los datos de Interphone, los investigadores abordaron cuestiones de riesgo según la localización específica del tumor y la estimación de exposiciones.  Un análisis de datos de siete de los países del estudio Interphone no encontró relación entre la localización del tumor cerebral  y las regiones del cerebro que estuvieron expuestas a la concentración más alta de radiación de radiofrecuencia de los teléfonos celulares (9). Sin embargo, otro estudio que usó datos de cinco de los países, reportó sugerencias de un riesgo mayor de glioma y, en menor medida, de meningioma que se formó en áreas del cerebro que experimentaron la mayor exposición (10).

Estudio danés

Cómo se efectuó el estudio: Este estudio de cohortes en Dinamarca relacionó la información de facturación de más de 358 000 suscriptores de teléfono celular con los datos de incidencia de tumores de cerebro del Registro Danés de Cáncer.

Lo que mostró el estudio: No se observó una asociación entre el uso de teléfonos celulares y la incidencia de gliomas, de meningiomas o de neuromas acústicos, ni siquiera entre personas que habían estado suscritos a teléfonos celulares por 13 años o más (1113).

Estudio del Millón de Mujeres

Cómo se efectuó el estudio: Este estudio prospectivo de cohortes llevado a cabo en el Reino Unido usó datos obtenidos de cuestionarios que completaron los participantes del estudio.

Lo que mostró el estudio: El uso reportado por las usuarias no estaba asociado con un riesgo mayor de glioma, de meningioma o de tumores que no eran del sistema nervioso central. Aunque los hallazgos originales publicados reportaron una asociación con un riesgo mayor de neuromas acústicos (14), esta asociación desapareció después de más años de seguimiento de las cohortes (15).

Además de esos tres estudios grandes, otros estudios epidemiológicos más pequeños se han fijado en las asociaciones entre el uso de teléfonos celulares y el cáncer. Estos son:

  • Dos estudios de casos y controles patrocinados por el NCI, cada uno efectuado en muchos centros médicos académicos u hospitales entre 1994 y 1998, que usaron datos de cuestionarios (16) o de entrevistas personales realizadas por computadoras (17).  Ninguno de los dos estudios mostró una relación entre el uso de teléfonos celulares y el riesgo de glioma, de meningioma o de neuroma acústico.
  • El estudio CERENAT, otro estudio de casos y controles efectuado en muchas localidades de Francia de 2004 a 2006, usó datos recolectados en entrevistas en persona usando cuestionarios regulares (18).  Este estudio no encontró una asociación de gliomas o de meningiomas al comparar usuarios regulares de teléfonos celulares con personas que no los usaban.  Sin embargo, las personas que los usaban más tuvieron riesgos significativamente mayores tanto de gliomas como de meningiomas.
  • Un análisis en conjunto de dos estudios de casos y controles llevados a cabo en Suecia que reportó tendencias estadísticamente significativas de un mayor riesgo de cáncer de cerebro por el grado total de uso de teléfonos celulares y los años de uso entre quienes comenzaron a usar esos teléfonos antes de los 20 años de edad (19).
  • Otro estudio de casos y controles en Suecia, parte de los estudios conjuntos de Interphone, no encontró un riesgo mayor de cáncer de cerebro entre los usuarios por largo tiempo de teléfonos celulares de 20 a 69 años de edad (20).
  • El estudio CEFALO, un estudio internacional de casos y controles de niños diagnosticados con cáncer de cerebro de 7 a 19 años de edad, el cual no encontró una relación entre su uso de teléfonos celulares y el riesgo de cáncer de cerebro (21).

Investigadores han llevado a cabo también análisis de tendencias de incidencia para determinar si la incidencia de cáncer de cerebro o de otros cánceres ha cambiado en el tiempo en que el uso de teléfonos celulares aumentó dramáticamente. Estos son:

  • Un análisis de datos del Programa de Vigilancia, Epidemiología y Resultados Finales (SEER) del NCI, evaluó las tendencias de incidencia de cáncer en los Estados Unidos. Este análisis no encontró un aumento de la incidencia de cánceres de cerebro u otros cánceres del sistema nervioso central entre 1992 y 2006, a pesar del aumento dramático del uso de teléfonos celulares en este país durante ese tiempo (22).
  • Dos análisis de los datos de incidencia de Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia para el periodo de 1974 a 2008, revelaron en forma semejante que no había un incremento en la incidencia, ajustada a la edad, de tumores de cerebro (23).
  • Una serie de estudios que probaron diferentes escenarios (llamados simulaciones por los autores del estudio) se llevaron a cabo utilizando datos de incidencia de los países nórdicos para determinar la probabilidad de detectar diferentes niveles de riesgo según lo informado en estudios de uso del teléfono celular y tumores cerebrales entre 1979 y 2008. Los resultados fueron compatibles con ningún aumento de riesgo de los teléfonos celulares, como lo reportaron la mayoría de los estudios epidemiológicos. Los resultados sugirieron que el aumento reportado entre el subconjunto de usuarios regulares más fuertes en el estudio Interphone no pudieron descartarse pero no fue probable. Los riesgos altamente mayores reportados en el análisis sueco de conjunto fueron altamente inconsistentes con los índices de glioma observados en los países nórdicos (24).
  • Un estudio de 2012 por investigadores del NCI (25) comparó los índices observados de incidencia de glioma en los datos de SEER en los Estados Unidos con los índices simulados de riesgos pequeños reportados en el estudio Interphone (6) y el riesgo altamente aumentado de cáncer de cerebro entre los usuarios de teléfonos celulares reportados en el análisis sueco conjunto (19). Los autores concluyeron que, en general, los índices de incidencia de glioma en los Estados Unidos no aumentaron durante el período del estudio. Indicaron que los índices de los Estados Unidos podrían ser consistentes con el riesgo pequeño aumentado visto entre el subconjunto de usuarios más fuertes en el estudio Interphone.  Las tendencias que se observaron de incidencia eran inconsistentes con los riesgos altos reportado en el estudio sueco de conjunto. Estos resultados sugieren que los riesgos mayores observados en el estudio sueco no se reflejan en las tendencias de incidencia en Estados Unidos.
  • Un análisis de los datos principales de incidencia de tumores de cerebro (incluyendo algunos de los primeros datos de tumores cerebrales benignos y del sistema nervioso central que SEER comenzó a reunir en 2004) reportó que la incidencia de neuromas acústicos (también conocidos como schwannomas vestibulares) fue estable (sin cambio) de 2004 a 2010.

¿Cuáles son las conclusiones de los estudios experimentales?

En 2011, se publicaron dos pequeños estudios que examinaron el metabolismo de la glucosa cerebral en gente después de que habían usado teléfonos celulares. Los resultados fueron inconsistentes; mientras que un estudio mostró un mayor metabolismo de la glucosa en la región del cerebro próxima a la antena en comparación con tejidos en el lado opuesto del cerebro (26), el otro estudio (27) encontró un metabolismo menor de glucosa en el lado del cerebro en donde se uso el teléfono. 

Los autores de estos estudios indicaron que los resultados eran preliminares y que se desconocían resultados posibles para la salud de los cambios en el metabolismo de la glucosa en los humanos. Tales conclusiones inconsistentes no son infrecuentes en estudios experimentales de los efectos biológicos de la radiación electromagnética de radiofrecuencia en la gente (4). Algunos de los factores que pueden contribuir a las diferencias a través de estudios son las suposiciones que se usan para calcular las dosis, el no tener en cuenta los efectos de la temperatura, y la falta de ocultar a los investigadores el estado de la exposición. 

Otro estudio investigó el flujo de sangre en el cerebro de personas expuestas a la radiación de radiofrecuencia de teléfonos celulares y no encontró evidencia de un efecto en el flujo de sangre en el cerebro (28).

Estudios iniciales que incluyeron animales de laboratorio no mostraron evidencia de que la radiación de radiofrecuencia aumentó el riesgo de cáncer o que intensificó los efectos que causan cáncer de carcinógenos químicos conocidos (2932).

Debido a la falta de uniformidad en los resultados de estudios epidemiológicos en humanos y a la falta de datos claros de estudios experimentales anteriores en animales, en 1999 la Administración de Alimentos y Medicamentos designó a la exposición a la radiación de radiofrecuencia asociada con los teléfonos celulares para estudiarse en modelos animales en Estados Unidos por el Programa Nacional de Toxicología (NTP), un programa interinstitucional que coordina la investigación y pruebas de toxicología a través del Departamento de Salud y Servicios Humanos y que tiene su sede en el Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental, parte de los NIH.

El NTP estudió la radiación de radiofrecuencia (frecuencias 2G y 3G) en ratas y en ratones (33, 34). Este extenso proyecto se llevó a cabo en laboratorios altamente especializados que especificaron y controlaron las fuentes de radiación y midieron sus efectos. Los roedores experimentaron exposiciones de cuerpo entero de 3, 6, o 9 vatios por kilogramo de peso corporal durante 5 o 7 días a la semana por 18 horas al día en ciclos de 10 minutos encendido y 10 minutos apagado. Un panorama de investigación de los estudios de roedores, con enlaces a los resúmenes revisados por colegas, está disponible en el sitio web del NTP. Los principales resultados observados fueron un pequeño número de cánceres de células de Schwann en el corazón de celulas de Schwann en el corazón y cambios no cancerosos (hiperplasia) de ratas macho pero no en ratas hembras o en ratones en general. 

Estos hallazgos experimentales plantean nuevas preguntas sobre la posibilidad de que la radiación de radiofrecuencia resulte en cambios celulares y presente vías potenciales para futuros estudios de laboratorio. Los cánceres en el corazón son extremadamente raros en humanos, donde la preocupación principales de los resultados con respecto a la exposición a la radiación de radiofrecuencia de los teléfonos celulares son los tumores en el cerebro y el sistema nervioso central. Sin embargo, las células de Schwann del corazón en roedores son semejantes a la clase de células en los humanos que originan los neuromas acústicos (también conocidos como schwannomas vestibulares), los cuales algunos estudios han sugerido son más frecuentes en personas que han reportado un uso más intenso de teléfonos celulares.  El NTP ha declarado que seguirá estudiando esta exposición en modelos animales para avanzar más nuestra comprensión de los fundamentos biológicos de los efectos señalados anteriormente.

Otro estudio en animales, en ratas que fueron expuestas 7 días a la semana por 19 horas al día a radiación de radiofrecuencia en 0,001, 0,03 y 0,1 vatios por kilogramo de peso corporal se reportó por investigadores del Instituto Italiano Ramazzini (35). Entre las ratas con las más altas concentraciones de exposición, los investigadores observaron un aumento de schwannomas cardíacos en ratas macho y crecimiento no maligno de células de Schwann en el corazón de ratas macho y hembras. Sin embargo, faltaron detalles clave necesarios para la interpretación de los resultados: métodos de exposición, otros procedimientos normales de operación y aspectos de alimentación y nutrición. Las brechas en el informe del estudio plantean cuestiones que no se han resuelto.

¿Por qué no concuerdan los resultados de diferentes estudios sobre el uso de teléfonos celulares y el riesgo de cáncer?

Un número limitado de estudios ha mostrado cierta evidencia de asociación estadística del uso de teléfonos celulares y los riesgos de tumores de cerebro en humanos, pero la mayoría de los estudios no han encontrado una asociación. Las razones de estas discrepancias son las siguientes:

  • Sesgo de memoria, el cual ocurre cuando los datos de exposiciones y de hábitos pasados se recogen de los participantes del estudio usando cuestionarios administrados después del diagnóstico de una enfermedad en algunos de los participantes. Es posible que los participantes del estudio que tienen tumores de cerebro recuerden el uso que hicieron de teléfonos celulares de modo diferente a las personas sin esos tumores. Muchos estudios epidemiológicos del uso de teléfonos celulares y del riesgo de cáncer de cerebro carecen de datos verificables acerca del grado total del uso de teléfonos celulares en un determinado tiempo. Además, las personas que presentan tumores de cerebro quizás tengan una tendencia a recordar haber usado su celular en el mismo lado de la cabeza donde se encontró el tumor, independientemente de si realmente usaron su celular de ese lado de la cabeza por mucho tiempo o solo un poco.
  • Reportes inexactos, los cuales pueden suceder cuando la gente dice que algo sucedió con mayor o menor frecuencia de lo que realmente fue. La gente puede no recordar cuánto usó los teléfonos celulares en un periodo determinado de tiempo.
  • Morbilidad y mortalidad entre los participantes del estudio que tienen cáncer de cerebro. Los gliomas son particularmente difíciles de estudiar, por ejemplo, debido a su alto índice de mortalidad y a la corta supervivencia de las personas que presentan estos tumores. Los pacientes que sobreviven al tratamiento inicial quedan frecuentemente incapacitados, lo cual puede afectar sus respuestas a las preguntas.  Además, en el caso de las personas que han muerto, sus parientes más cercanos, por lo general, están menos familiarizados con los patrones de uso del celular de su familiar fallecido, y es probable que no describan con precisión dichos patrones durante una entrevista.
  • Sesgo de participación, lo cual puede ocurrir cuando las personas diagnosticadas con tumores de cerebro tienen más probabilidad que las personas sanas (las cuales son el grupo de control) de inscribirse en un estudio de investigación. Además, los participantes controles que no usaron celulares o que rara vez lo hicieron tenían menos probabilidad de participar en el estudio Interphone que los participantes controles que usaron teléfonos celulares de manera regular. Por ejemplo, el estudio Interphone reportó índices de participación de 78 % para pacientes con meningioma (rango entre los estudios individuales 56 a 92 %), para pacientes con glioma 64 % (rango de 36 a 93 %), y para los sujetos de control 53 % (rango de 42 a 74 %) (6).
  • Tecnología  y métodos de uso en cambio constante. Los estudios más antiguos evaluaron la exposición a la radiación de radiofrecuencia de teléfonos celulares análogos. El día de hoy, los teléfonos celulares usan tecnología digital, la cual opera a una frecuencia diferente y a un nivel menor de electricidad que los teléfonos análogos. Los teléfonos celulares digitales han estado en uso durante más de dos décadas en los Estados Unidos, y la tecnología celular continúa cambiando (3). Enviar mensajes de texto y otras aplicaciones, por ejemplo, son usos comunes de los teléfonos celulares que no necesitan que se acerque el teléfono a la cabeza. Además, el uso de la tecnología de manos libres, como auriculares con cable e inalámbricos, está aumentando y puede reducir la exposición al alejar el teléfono del cuerpo (36,37).

¿Cuáles son los otros posibles efectos para la salud del uso del teléfono celular?

Una amplia gama de efectos para la salud ha sido reportada con el uso del teléfono celular. Los efectos neurológicos son de preocupación especial en gente joven ya que el cerebro es el principal órgano expuesto. Sin embargo, estudios de memoria, de aprendizaje y de función cognitiva en general han producido resultados inconsistentes (3841).

El riesgo más consistente para la salud asociado con el uso de teléfonos celulares es conducir con distracciones y los accidentes de vehículos (42,43).

¿Cuál es la conclusión de las organizaciones de expertos acerca del riesgo de cáncer por el uso de teléfonos celulares?

En 2011, la International Agency for Research on Cancer (IARC), un componente de la Organización Mundial de la Salud, designó a una brigada de trabajo de expertos para revisar toda la evidencia disponible sobre el uso de teléfonos celulares. La brigada de trabajo clasificó el uso de teléfonos celulares como un “posible carcinógeno para humanos”, basándose en limitada evidencia de estudios en humanos, limitada evidencia de estudios de radiación de radiofrecuencia y cáncer en roedores e inconsistente evidencia de estudios mecanísticos (4).

La brigada indicó que, aunque los estudios humanos eran susceptibles a sesgos, los resultados no podían desecharse basándose solamente en que reflejaban sesgos, y que no podía excluirse una interpretación de causalidad. La brigada de trabajo hizo notar que cualquier interpretación de la evidencia deberá considerar también que las asociaciones observadas podrían reflejar suerte, sesgo o un efecto de confusión más que un efecto causal fundamental.  Además, la brigada declaró que la investigación del riesgo de cáncer de cerebro asociado con el uso de teléfonos celulares pone retos metodológicos complejos para llevar a cabo la investigación  y en el análisis e interpretación de los resultados.

En 2011, la Sociedad Americana contra el Cáncer (ACS) declaró que la clasificación de la IARC significa que podría haber algún riesgo de cáncer asociado con la radiación de radiofrecuencia, pero la evidencia no es lo suficientemente sólida para considerarse causal y necesita que se investigue todavía más.  Las personas preocupadas por la exposición a la radiación de radiofrecuencia pueden limitar su exposición, incluso pueden usar auriculares y limitar el uso de teléfonos celulares, especialmente en los niños.

En 2018, la ACS emitió una declaración sobre los informes del NTP señalando que los resultados eran todavía inconclusivos, y que, hasta ahora, no se ha visto un riesgo mayor de cáncer, pero que las personas preocupadas deben usar un auricular cuando usen un teléfono celular.

El Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental, (National Institute of Environmental Health Sciences, NIEHS) afirma que el peso de la evidencia científica actual no ha encontrado una relación concluyente entre el uso de teléfonos celulares y algún problema de salud adverso, pero que es necesario investigar más.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) indica que los estudios que informan acerca de los cambios biológicos asociados con la radiación de radiofrecuencia no han podido ser replicados y que la mayoría de los estudios epidemiológicos humanos han fallado en mostrar una relación entre la exposición a la radiación de radiofrecuencia de los teléfonos celulares y problemas de salud. La FDA, la cual nombró originalmente esta exposición para ser revisada por el NTP, en 1999, emitió una declaración sobre los informes del NPT publicados en febrero de 2018, indicando que “sobre la base de la información actual, creemos que los límites de seguridad actuales de los teléfonos celulares son aceptables para proteger la salud pública”. La FDA y la Comisión Federal de Comunicaciones comparten la responsabilidad de la regulación de tecnologías de teléfonos celulares.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos declaran que no hay evidencia científica que responda definitivamente si el uso de teléfonos celulares causa cáncer.

La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) concluye que en la actualidad no hay evidencia científica que establezca una conexión definitiva entre el uso de aparatos inalámbricos y el cáncer u otras enfermedades.

En 2015, el European Commission Scientific Committee on Emerging and Newly Identified Health Risks concluyó que, en general, los estudios epidemiológicos acerca de la exposición a radiación de radiofrecuencia electromagnética no muestran un riesgo mayor de tumores de cerebro o de otros cánceres de la región de cabeza y cuello (2). El comité declaró también que los estudios epidemiológicos no indican un riesgo mayor de otras enfermedades malignas, incluso de cáncer infantil (2).

¿Qué estudios hay en curso que ayuden a ampliar nuestro entendimiento de los posibles efectos para la salud del uso de teléfonos celulares?

Un estudio prospectivo de cohortes a gran escala del uso de los teléfonos celulares y de sus posibles efectos para la salud a largo plazo comenzó en Europa en marzo de 2010. Este estudio, conocido como COSMOS, ha inscrito hasta la fecha aproximadamente a 290 000 usuarios de teléfonos celulares de 18 años de edad o más y los seguirá observando durante 20 o 30 años (44, 45).

Los participantes en COSMOS completarán un cuestionario sobre su salud, estilo de vida y uso presente y pasado de teléfonos celulares. Esta información será complementada con la información de expedientes de salud y de las compañías de teléfonos celulares.

El desafío de este ambicioso estudio es continuar observando a los participantes en una gama de efectos de salud durante varias décadas. Los investigadores deberán determinar si los participantes que se retiran del estudio son, de alguna manera, diferentes a quienes se quedan por todo el transcurso del periodo de seguimiento.

Aunque el sesgo de memoria es menor en los estudios como COSMOS que conectan a los participantes con los datos de sus teléfonos celulares, dichos estudios se enfrentan a otros problemas. Por ejemplo, es imposible saber quién usa el celular registrado o si esa persona hace también llamadas usando otros celulares. En menor medida, no es claro si varios usuarios de un solo teléfono, por ejemplo miembros de una familia que pueden compartir un teléfono, serán representados en una sola cuenta de la compañía de teléfonos. Además, para muchos estudios de cohortes a largo plazo, la participación tiende a disminuir con el tiempo.

¿Ha sido asociada la radiación de radiofrecuencia por el uso de teléfonos celulares con riesgo de cáncer en niños?

Hay consideraciones teoréticas de por qué se deba investigar por separado el riesgo posible en niños.  Sus sistemas nerviosos están aún en formación y, por consiguiente, son más vulnerables a factores que pueden causar cáncer. Sus cabezas son más pequeñas que las de los adultos y, por consiguiente, tienen una exposición proporcionalmente mayor al campo de radiación de radiofrecuencia emitida por los teléfonos celulares. Y, los niños tienen la posibilidad de acumular más años de exposición a los celulares que los adultos.

Hasta ahora, los datos de estudios en niños con cáncer no apoyan esta teoría. El primer análisis publicado provino de un estudio de casos y controles a gran escala llamado CEFALO, el cual se llevó a cabo en Dinamarca, Suecia, Noruega y Suiza. El estudio incluyó a niños que fueron diagnosticados con tumores de cerebro de 2004 a 2008, cuando sus edades eran de 7 a 19 años. Los investigadores no encontraron asociación entre el uso de teléfonos celulares y el riesgo de tumores de cerebro al tiempo de iniciar el uso, la frecuencia del uso o la ubicación del tumor (21).

Hay en marcha varios estudios que proveerán más información.  Investigadores del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental de España están trabajando en otro estudio internacional de casos y controles Mobi-Kids que incluirá a 2000 jóvenes (de 10 a 24 años) con tumores de cerebro diagnosticados recientemente y a 4000 jóvenes sanos.  La meta del estudio es aprender más acerca de los factores de riesgo de tumores cerebrales de la niñez.

¿Qué pueden hacer los usuarios de teléfonos celulares para reducir su exposición a la radiación de radiofrecuencia?

La FDA ha sugerido algunas medidas que los usuarios preocupados por los teléfonos celulares pueden tomar para reducir su exposición a la radiación de radiofrecuencia (46):

  • Reservar el uso de los teléfonos celulares para conversaciones más cortas o para momentos en que un teléfono fijo no está disponible.
  • Usar un aparato con tecnología que deja las manos libres, como los audífonos alámbricos o inalámbricos, los cuales ponen más distancia entre el teléfono y la cabeza del usuario.

Los dispositivos que dejan libres las manos reducen el grado de exposición de radiación de radiofrecuencia a la cabeza porque la antena, la cual es la fuente de energía, no se pone cerca de la cabeza (37). La exposición disminuye dramáticamente cuando los teléfonos celulares se usan sin necesidad de las manos.

¿En dónde puedo encontrar más información sobre la radiación de radiofrecuencia de mi teléfono celular?

La FCC provee información acerca del índice específico de absorción (SAR) de los teléfonos celulares fabricados y comercializados en los últimos uno o  dos años. El SAR corresponde a la cantidad relativa de radiación de radiofrecuencia que absorbe la cabeza de un usuario de teléfono celular (47). Los consumidores pueden tener acceso a esta información usando el número de identificación de su teléfono asignado por la FCC que se encuentra de ordinario en la caja del teléfono, y por medio del formulario de búsqueda de identificación de la FCC.

¿Qué tan común es el cáncer de cerebro? ¿Ha cambiado la incidencia de cáncer de cerebro con el paso del tiempo?

Los índices de incidencia y de mortalidad por cáncer de cerebro han cambiado poco en la década pasada.

En los Estados Unidos, se calcularon 23 880 diagnósticos nuevos y 16 830 muertes por cáncer de cerebro y otros cánceres del sistema nervioso central para 2018 (48) .

Hay una gran variabilidad en la supervivencia por subtipos de tumores de cerebro y por edad al momento del diagnóstico.  En general, la supervivencia relativa a cinco años de los cánceres de cerebro diagnosticados de 2008 a 2014 fue de 33.2 % (49).  Este es el porcentaje de personas diagnosticadas con cáncer de cerebro que estarán vivas todavía 5 años después del diagnóstico en comparación con la supervivencia de una persona de la misma edad y sexo que no tiene cáncer.

El riesgo de padecer cáncer de cerebro aumenta con la edad. En los Estados Unidos, de 2011 a 2015, hubo menos de 4,5 casos de cáncer de cerebro por cada 100 000 personas menores de 65 años de edad, en comparación con casi 19,1 casos por cada 100 000 personas de 65 años de edad o mayores (49).

Bibliografía selecta
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  • Revisión: 1 de noviembre de 2018

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