Exámenes de detección del cáncer de tiroides (PDQ®)–Versión para profesionales de salud

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Aspectos generales

Nota: También se dispone por separado de un sumario del PDQ Tratamiento del cáncer de tiroides.

Beneficios

Sobre la base de datos probatorios sólidos, los exámenes de detección del cáncer de tiroides no producen disminución de la mortalidad por cáncer de tiroides.

Magnitud del efecto: no hay datos probatorios de beneficio.

  • Diseño del estudio: estudios ecológicos y análisis de los cambios en la incidencia y mortalidad del cáncer de tiroides después de adoptar los exámenes de detección.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Perjuicios

Sobre la base de datos probatorios sólidos, los exámenes de detección del cáncer de tiroides producen sobrediagnóstico y sobretratamiento. El tratamiento del cáncer de tiroides por lo general produce secuelas a largo plazo importantes desde el punto de vista clínico. Otros perjuicios que se sabe se relacionan con los exámenes de detección del cáncer de tiroides son las consecuencias psicológicas de los resultados positivos falsos de las pruebas y los diagnósticos innecesarios.

Magnitud del efecto: moderado.

  • Diseño del estudio: estudios ecológicos, análisis de los cambios en la incidencia y mortalidad del cáncer de tiroides después de adoptar los exámenes de detección y estudios de observación.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Descripción de los datos probatorios

Antecedentes

Incidencia y mortalidad

Se calculó que en 2017 se diagnosticarán 56 870 casos de cáncer de tiroides en los Estados Unidos y que 2010 personas morirán por la enfermedad.[1] Los datos de la Surveillance, Epidemiology, and End Results (SEER) indican que la incidencia de cáncer de tiroides en mujeres es cerca de 3 veces más alta que la incidencia en varones (21,0 vs. 7,1 por 100 000 por año), aunque la tasa de mortalidad no difiere según el sexo (0,5 por 100 000 por año en ambos sexos).[2] Casi todos los casos se diagnostican en estadio local (68 %) o estadio regional (27 %).[2] La supervivencia relativa a 10 años es de 97 %.[2]

El cáncer de tiroides representa menos de 5 % de todos los diagnósticos de cáncer en los Estados Unidos y menos de 1 % de todas las muertes por cáncer.[2] El cáncer de tiroides se diagnostica con mayor frecuencia en personas de 45 a 54 años,[2] aunque es el cáncer que se diagnostica con mayor frecuencia en las mujeres de 20 a 34 años.[1] En 2014, se calculó que más de 750 000 personas en los Estados Unidos recibieron un diagnóstico de cáncer de tiroides en algún momento de su vida.[2]

Cerca de 95 % de los cánceres de tiroides están bien diferenciados.[3] Los cánceres de tiroides bien diferenciados incluyen los cánceres de tiroides papilares y los cánceres de tiroides foliculares, que representan 84 y 11 % de todos los cánceres de tiroides, respectivamente.[3] Los cánceres de tiroides medulares y anaplásicos representan 2 y 1 % de los cánceres de tiroides, respectivamente.[3] Los tumores bien diferenciados son muy tratables y habitualmente se curan. (Para obtener más información, consultar el sumario del PDQ Tratamiento del cáncer de tiroides). La supervivencia a 10 años de los cánceres papilares y foliculares es de 99 y 95 %, respectivamente.[2] La supervivencia relativa a 10 años para el cáncer de tiroides medular es de 82 %.[2] Aunque son poco frecuentes, los tumores anaplásicos tienen un pronóstico precario: la supervivencia relativa a 10 años es de 8 %, y representan cerca de 20 % de las muertes por cáncer de tiroides.[3]

Las tasas de incidencia del cáncer de tiroides en los Estados Unidos han aumentado durante los últimos 40 años. Entre 1974 y 2013, el aumento anual promedio de la incidencia fue de 3,6 % (intervalo de confianza [IC] 95 %, 3,2–3,9), que es un cambio derivado principalmente del aumento en la incidencia del cáncer de tiroides papilar (cambio porcentual anual promedio, 4,4 %; IC 95 %, 4,0–4,7).[3] También se observó un aumento de la incidencia en otros países, incluso en el Reino Unido [4] y los países nórdicos.[5] El aumento más alto se observó en Corea del Sur, en donde la incidencia de cáncer de tiroides en 2011 fue 15 veces más alta que la incidencia en 1993.[6] El aumento de la incidencia sigue de cerca la trayectoria de utilización de los exámenes de detección del cáncer de tiroides en Corea.[6]

Factores de riesgo

La radioterapia administrada durante la lactancia o la niñez por afecciones benignas de la cabeza y el cuello (como agrandamiento del timo, las amígdalas o adenoides; o el acné) aumenta el riesgo de cáncer de tiroides; el diagnóstico se hace ya a los 5 años después de la exposición.[7] También se estableció una relación entre la exposición a la radiación durante una lluvia radiactiva y un riesgo alto de presentar cáncer de tiroides; en especial, en los niños.[8-10] Otros factores de riesgo son los antecedentes familiares de enfermedad de la tiroides (incluso cáncer de tiroides), antecedentes de aumento de tamaño de la tiroides (bocio), sexo femenino y raza de origen asiático.[11] Una afección hereditaria, el tumor endocrino múltiple tipo 2 (NEM2), aumenta el riesgo de cáncer de tiroides medular por mutaciones del gen RET. (Para obtener más información en inglés, consultar el sumario del PDQ Genetics of Endocrine and Neuroendocrine Neoplasias).[1,12]

Datos probatorios de ausencia de beneficio relacionado con los exámenes de detección

La detección del cáncer de tiroides se obtiene principalmente mediante la palpación del cuello y las imágenes por ecografía. Si no se hace un examen de detección formal, los cánceres de tiroides asintomáticos se suelen detectar de manera fortuita en una imagen transversal realizada por otras afecciones o en piezas quirúrgicas de enfermedades benignas como el bocio.[13]

La eficacia de los exámenes de detección del cáncer de tiroides no se ha evaluado en un ensayo clínico aleatorizado (ECA).[14] No se han llevado a cabo ECA con criterios de valoración intermedios (por ejemplo, cambios en el estadio en el momento del diagnóstico). No hay programas poblacionales de exámenes de detección para el cáncer de tiroides en los Estados Unidos, el Reino Unido o Europa, aunque la detección con palpación del cuello produce la detección fortuita de cánceres asintomáticos. Con el paso del tiempo, la incidencia en los Estados Unidos y el Reino Unido ha aumentado, pero la mortalidad por cáncer de tiroides permanece invariable o ha disminuido un poco.[3,4] Esta tendencia es compatible con la detección de cánceres que no producirán síntomas ni causarán la muerte (sobrediagnóstico).

En Corea del Sur, la cantidad de exámenes de detección del cáncer de tiroides aumentó de manera notable al mismo tiempo que, en 1999, se inició un programa nacional gratuito de detección del cáncer. Aunque no se ofrecieron como parte del programa de detección gratuito, en la mayoría de consultorios se ofrecieron simultáneamente exámenes de detección del cáncer de tiroides con ecografía a un costo bajo; por ello, muchas personas en Corea del Sur eligieron someterse a ellos.[15] La incidencia de cáncer de tiroides en Corea del Sur aumentó 15 veces desde 1993 hasta 2011; sin embargo, no se presentó cambio simultáneo de la mortalidad por cáncer.[16] En 2011, el número de personas con diagnóstico de cáncer de tiroides (40 000) fue más de 100 veces más alto que el número de muertes por cáncer de tiroides (por lo general, 300 a 400 cada año, con cambio mínimo en las tasas de mortalidad desde 1999).[16,17] La práctica de los exámenes de detección del cáncer de tiroides en Corea del Sur comenzó a disminuir en 2013 debido a las preocupaciones sobre el sobrediagnóstico y el sobretratamiento; en 2015, en las Korean Committee for National Cancer Screening Guidelines se emitió una recomendación contra la detección del cáncer de tiroides con ecografía en personas sanas.[17]

En 2017, la United States Preventive Services Task Force recomendó evitar los exámenes de detección del cáncer de tiroides; la conclusión de la Task Force se fundamentó en datos probatorios observacionales y en que “el beneficio neto de los examen de detección del cáncer de tiroides es negativo”.[14,18] El American College of Radiology no recomienda hacer exámenes de detección del cáncer de tiroides con imágenes y, en un informe oficial se describió el abordaje de los nódulos esporádicos detectados por imaginología debida a otros problemas clínicos.[19] El American College of Radiology indicó que no se necesita una evaluación diagnóstica de los nódulos tiroideos esporádicos detectados por imaginología si el tamaño de los nódulos es menor de 1 cm en pacientes menores de 35 años, o si son menores de 1,5 cm en pacientes de 35 años o más.

Gran parte del conocimiento sobre los efectos de los exámenes de detección del cáncer de tiroides proviene de la experiencia de Corea del Sur. Los investigadores examinaron las tendencias de cáncer de tiroides en Corea del Sur mediante las tres fuentes de datos siguientes:[15]

  • La 2010 Korea Community Health Survey.
  • El Korea Cancer Registry.
  • Datos de mortalidad de Statistics Korea.

En la Korea Community Health Survey se preguntó a más de 200 000 personas si se habían sometido a exámenes de detección del cáncer de tiroides en los últimos 2 años. En 16 unidades administrativas de Corea se calcularon y se establecieron las correlaciones entre la incidencia de cáncer de tiroides desde 2008 hasta 2010, la mortalidad desde 2007 hasta 2010 y el porcentaje de personas que informó someterse a los exámenes de detección del cáncer de tiroides. Los autores identificaron una correlación positiva fuerte entre las tasas de informes de exámenes de detección del cáncer de tiroides y la incidencia de cáncer de tiroides en las 16 áreas (coeficiente de correlación [r] = 0,77; IC 95 %, 0,70–0,82); la correlación fue mayor en las mujeres (r = 0,88; IC 95 %, 0,83–0,92) que en los hombres (r = 0,76; IC 95 %, 0,67–0,84). No obstante, no hubo correlación entre la incidencia de cáncer de tiroides y la mortalidad (r = -0,08; IC 95 %, -0,59 a -0,63). Los exámenes de detección del cáncer de tiroides se correlacionaron con aumento de la detección del cáncer de tiroides papilar (r = 0,74; IC 95 %, 0,59–0,88), pero no con otros subtipos histológicos.[15]

Los datos de Corea del Sur son limitados porque no son experimentales, pero ofrecen un argumento convincente contra los exámenes de detección del cáncer de tiroides en entornos comunitarios. En otras naciones desarrolladas se observaron tendencias similares de aumento de la incidencia sin disminución de la mortalidad que apoyan la interpretación de los resultados de Corea del Sur.[20]

Datos probatorios de los perjuicios relacionados con los exámenes de detección

Aunque la palpación del cuello y la ecografía de la tiroides conllevan un riesgo muy bajo, un resultado de detección sospechoso puede desencadenar una cadena de situaciones que quizás conduzcan a oportunidades de causar perjuicios.[14,18] El siguiente paso después de la detección de un nódulo sospechoso es la evaluación diagnóstica por aspiración con aguja fina de la lesión. Los riesgos de la aspiración con aguja fina son hospitalización, hematoma posterior al procedimiento e implantación del tumor en el tracto de la aguja, aunque en 2 estudios de observación se indica que la tasa de cada uno de los 3 desenlaces es menor de 1 %.[14] Lo más destacado son los resultados de los análisis citológicos que llevan a otras pruebas y cirugía. En un metanálisis de 23 445 nódulos sometidos a biopsias, se encontró que 60 % de los nódulos eran benignos y 5 % de los nódulos eran malignos; sin embargo, para 35 % de los nódulos restantes se necesitó repetir la biopsia o la cirugía.[21] En los pacientes sometidos a lobectomía diagnóstica o escisión, 64 % de los nódulos eran benignos en la evaluación histológica final.[21]

La cirugía de tiroides para una enfermedad benigna acarrea el mismo riesgo que una cirugía para una enfermedad maligna, aunque el riesgo es menor para la lobectomía que para la tiroidectomía total. Además de los riesgos generales de la cirugía, los riesgos específicos de la cirugía de tiroides incluyen la lesión del nervio laríngeo recurrente y el hipoparatiroidismo. La lesión del nervio laríngeo recurrente causa paresia de las cuerdas vocales, que produce dificultad para hablar, disfagia y ronquera. Es posible que se produzcan dificultades respiratorias si se afectan ambos nervios laríngeos.[22,23] El hipoparatiroidismo produce hipocalcemia. En un análisis de los reclamos de seguro en Corea del Sur de más de 15 000 pacientes sometidos a tiroidectomías totales o subtotales se encontró que 11 % tenía hipoparatiroidismo y 2 % parálisis de cuerdas vocales.[16]

En un metanálisis de hipoparatiroidismo de más de 6 meses después de la tiroidectomía, se obtuvo una medición resumida de episodios de 3,57 por 100 procedimientos (IC 95 %, 2,12–5,93), así como mediciones resumidas de episodios de 1,86 por 100 procedimientos (IC 95 %, 0,84–4,04) y 3,46 por 100 procedimientos (IC 95 %, 1,20–9,56) para la disección de ganglios linfáticos unilateral y bilateral, respectivamente. La medición de episodios de los estudios individuales fue muy variable y, en la mayoría de los casos, se basó en cantidades muy bajas de episodios; no obstante, las mediciones resumidas no variaron mucho según el grado de la resección de la tiroides o los ganglios linfáticos.[14]

En un metanálisis sobre parálisis del nervio laríngeo (una causa de parálisis unilateral de cuerda vocal y ronquera) de más de 6 meses de duración, se obtuvo a una medición resumida de episodio de 1,46 por 100 procedimientos. Aunque las mediciones de los estudios individuales fueron menos variables que las de hipoparatiroidismo, las mediciones se basaron en cantidades muy bajas de episodios. Los pacientes sometidos a tiroidectomía total también necesitan terapia de reemplazo de hormona tiroidea y vigilancia correspondiente de las concentraciones sanguíneas.[22,23] En los pacientes sometidos a tiroidectomía total, el proceso de optimizar la terapia de reemplazo hormonal y los cambios resultantes en otros medicamentos, el peso o el estado estrogénico quizás causen hipotiroidismo o hipertiroidismo yatrogénico.

Los pacientes con nódulos tiroideos tienen riesgos adicionales si reciben terapia con yodo radiactivo. Los estudios sobre los perjuicios del tratamiento con yodo radiactivo se dirigen a evaluar el riesgo de una segunda neoplasia maligna y las lesiones permanentes de las glándulas salivares. Los autores concluyeron que, a partir de los 8 estudios disponibles, hay un incremento pequeño de segundas neoplasia malignas, del orden de 12 a 13 casos de cáncer en exceso por cada 10 000 pacientes.[14] Los autores expresaron cierta preocupación sobre este cálculo, debido a las diferencias en el diseño de los estudios, las dosis administradas notificadas y el hecho de que los cambios en la indicación y la dosis se produjeron con el paso del tiempo.[14] El efecto adverso permanente más común en la glándula salival es la xerostomía (boca seca) que, a su vez, es un factor de riesgo para caries dental; el porcentaje de personas afectadas oscila entre 2,3 y 35 %.[14] La xerostomía aumenta la probabilidad de caries dental, desmineralización de los dientes, sensibilidad dental e infecciones orales.[24]

Los perjuicios de la cirugía y los tratamientos con yodo radiactivo suscitan preocupación porque muchos de los cánceres tratados no progresan a causar morbilidad y mortalidad. No hay ningún ECA sobre los exámenes de detección del cáncer de tiroides que sirva para calcular el sobrediagnóstico, pero de los datos de los estudios ecológicos queda claro que los exámenes de detección del cáncer de tiroides producen la detección de casos que de otra forma no se hubieran diagnosticado.[19] El aumento en la incidencia del cáncer sin cambios en la mortalidad en Corea del Sur y otros países en donde se realizan exámenes circunstanciales para la detección del cáncer de tiroides, no se logra explicar por los cambios en el tratamiento o la prevalencia de factores de riesgo en el tiempo. Los investigadores miden el sobrediagnóstico del cáncer mediante el estudio de los datos de los registros de cáncer de países con ingresos altos, el cálculo de las tendencias específicas por edad de la incidencia de cáncer de tiroides en la década de 1960 (antes de la introducción de la ecografía) y, luego, la comparación de la forma de las curvas específicas por edad desde la década de 1980.[19] Los investigadores notificaron que la tasa de sobrediagnóstico en los Estados Unidos está aumentando y calculan que representa 77 % de los casos de cáncer de tiroides. El cálculo del sobrediagnóstico en Corea de Sur fue de 90 % de los casos de cáncer de tiroides.

Los estudios de necropsias también dan credibilidad al sobrediagnóstico derivado de los exámenes de detección del cáncer de tiroides.[14] En 2014, en una revisión de 15 estudios de necropsias se notificó que se encontraron 12 % de casos de cáncer de tiroides papilar, aunque el intervalo entre los estudios fue amplio (1–36 %). En los estudios sobre la evolución natural se demostraron las características de crecimiento lento de los tumores de tiroides, estabilidad del tumor y potencial bajo de recidiva.[14,25]

Bibliografía
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Modificaciones a este sumario (10/05/2017)

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Cada mes, los miembros de este Consejo examinan artículos publicados recientemente para determinar si se deben:

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Se sugiere citar la referencia bibliográfica de este sumario del PDQ de la siguiente forma:

PDQ® sobre los exámenes de detección y la prevención. PDQ Exámenes de detección del cáncer de tiroides. Bethesda, MD: National Cancer Institute. Actualización: <MM/DD/YYYY>. Disponible en: https://www.cancer.gov/espanol/tipos/tiroides/pro/deteccion-tiroides-pdq. Fecha de acceso: <MM/DD/YYYY>.

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  • Actualización: 5 de octubre de 2017

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