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Prevención del cáncer de seno (mama) (PDQ®)–Versión para profesionales de salud

¿Quién está en riesgo?

Además del sexo femenino, el envejecimiento es el principal factor de riesgo del cáncer de mama. Los factores reproductivos que aumentan la exposición a los estrógenos endógenos, como la menarquia precoz y la menopausia tardía, aumentan el riesgo, al igual que lo hace el uso de una combinación de las hormonas estrógeno y progesterona después de la menopausia. La nuliparidad y el consumo de bebidas alcohólicas también se relacionan con un mayor riesgo.

Las mujeres con antecedentes familiares o personales de cáncer de mama invasivo, carcinoma ductal in situ o carcinoma lobulillar in situ, o con antecedentes de biopsia de mama que muestra enfermedad proliferativa benigna, tienen un aumento del riesgo de cáncer de mama.[1-4]

La densidad mamaria alta se relaciona con un aumento de riesgo. A menudo, la densidad mamaria alta es una característica hereditaria, pero también se observa con más frecuencia en las mujeres nulíparas, las mujeres cuyo primer embarazo se presenta tarde en la vida, las mujeres que usan hormonas durante la posmenopausia y las que consumen bebidas alcohólicas.

La exposición a la radiación ionizante, particularmente durante la pubertad o a principios de la adultez, y las mutaciones genéticas hereditarias nocivas, aumentan el riesgo de cáncer de mama.

Bibliografía
  1. Kotsopoulos J, Chen WY, Gates MA, et al.: Risk factors for ductal and lobular breast cancer: results from the nurses' health study. Breast Cancer Res 12 (6): R106, 2010. [PUBMED Abstract]
  2. Goldacre MJ, Abisgold JD, Yeates DG, et al.: Benign breast disease and subsequent breast cancer: English record linkage studies. J Public Health (Oxf) 32 (4): 565-71, 2010. [PUBMED Abstract]
  3. Kabat GC, Jones JG, Olson N, et al.: A multi-center prospective cohort study of benign breast disease and risk of subsequent breast cancer. Cancer Causes Control 21 (6): 821-8, 2010. [PUBMED Abstract]
  4. Worsham MJ, Raju U, Lu M, et al.: Risk factors for breast cancer from benign breast disease in a diverse population. Breast Cancer Res Treat 118 (1): 1-7, 2009. [PUBMED Abstract]

Aspectos generales

Nota: También están disponibles otros sumarios del PDQ sobre Exámenes de detección del cáncer de seno (mama); Tratamiento del cáncer de seno (mama) en adultas; Tratamiento del cáncer de seno (mama) masculino; Tratamiento del cáncer de seno (mama) durante el embarazo y Grados de comprobación científica de los estudios de investigación sobre detección y prevención del cáncer.

Factores con evidencia suficiente de aumento en el riesgo de cáncer de mama

Edad y sexo

A partir de evidencia sólida, el sexo femenino y el envejecimiento son los principales factores de riesgo de cáncer de mama.

Magnitud del efecto: las mujeres tienen un riesgo de por vida de cáncer de mama cerca de 100 veces más alto que los hombres. El riesgo a corto plazo de cáncer de mama en una mujer de 70 años es casi 10 veces más alto que el de una mujer de 30 años.

  • Diseño del estudio: muchos ensayos epidemiológicos.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Riesgo heredado

A partir de evidencia sólida, las mujeres que tienen antecedentes familiares de cáncer de mama, sobre todo en un familiar de primer grado, tienen un aumento del riesgo de cáncer de mama.

Magnitud del efecto: el riesgo se duplica si solo un familiar de primer grado está afectado por la enfermedad; el riesgo aumenta 5 veces si se diagnostica cáncer de mama en 2 familiares de primer grado.

  • Diseño del estudio: estudios de población, estudios de cohortes y estudios de casos y controles.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

A partir de evidencia sólida, las mujeres que heredan mutaciones génicas relacionadas con el cáncer de mama tienen un riesgo más alto.

Magnitud del efecto: variable, según la mutación génica, los antecedentes familiares y otros factores de riesgo que afectan a la expresión génica.

  • Diseño del estudio: estudios de cohortes o de casos y controles.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Densidad de la mama

A partir de evidencia sólida, las mujeres con mamas densas tienen un aumento del riesgo de cáncer de mama. A menudo, esta es una característica inherente y hasta cierto punto modificable por la conducta reproductiva, los fármacos y el consumo de bebidas alcohólicas.[1]

Magnitud del efecto: las mujeres con mamas densas tienen un aumento del riesgo que es proporcional al grado de densidad. Este riesgo relativo (RR) elevado oscila entre 1,79 en las mujeres con densidad un poco elevada y 4,64 en las mujeres con mamas muy densas, en comparación con las mujeres con la densidad mamaria más baja.[2]

  • Diseño del estudio: estudios de cohortes, y de casos y controles.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Factores modificables con evidencia suficiente de aumento del riesgo de cáncer de mama

Terapia hormonal para la menopausia

A partir de evidencia sólida, la terapia hormonal para la menopausia (THM) se relaciona con un aumento del riesgo de cáncer de mama, especialmente del cáncer sensible a las hormonas. El uso de las hormonas estrógeno y progesterona aumenta significativamente el riesgo de cáncer de mama a partir de 1 a 4 años de uso y aumenta con la duración del mismo. En el caso del uso de estrógeno solo, el riesgo de cáncer de mama es menor, pero también significativo. El exceso de riesgo persiste tras el cese de la THM.

  • Diseño del estudio: ensayos controlados aleatorizados (ECA), estudios prospectivos y ecológicos observacionales.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Terapia hormonal combinada

A partir de evidencia sólida, la terapia hormonal combinada (estrógeno y progestina) se relaciona con un aumento del riesgo de cáncer de mama.

Magnitud del efecto: aumento de casi 26 % en la incidencia de cáncer de mama invasivo; el número necesario para producir un caso adicional de cáncer de mama es 237.

  • Diseño del estudio: ECA y estudios ecológicos observacionales. Además, en los estudios de cohortes y ecológicos, se muestra que el cese de la TH combinada se relaciona con una disminución de las tasas de cáncer de mama.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Terapia con estrógeno

A partir de evidencia sólida, la terapia con estrógeno que comenzó cerca del momento de la menopausia se relaciona con un mayor riesgo de cáncer de mama. La terapia con estrógeno que comienza durante la menopausia o después ella se relaciona con un mayor riesgo de cáncer de endometrio y de enfermedad cardiovascular total, en especial de ictus.

Magnitud del efecto: el aumento de la incidencia en el cáncer de mama relacionada con la terapia con estrógeno que comenzó en el momento de la menopausia oscila entre 17 y 33 %, dependiendo de la duración del uso. La incidencia del cáncer de mama en mujeres que se sometieron a una histerectomía es 23 % más baja si el uso del estrógeno comenzó muchos años después de la menopausia. Existe un aumento de 39 % en ictus (RR, 1,12; intervalo de confianza [IC] 95 %, 1,1–1,77) y un aumento de 12 % en enfermedades cardiovasculares (RR, 1,12; IC 95 %, 1,01–1,24).

  • Diseño del estudio: ECA y estudios ecológicos observacionales.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena, aunque en las mujeres que se sometieron a una histerectomía, el uso de estrógeno que comenzó muchos años después de la menopausia se relacionó con una disminución en la incidencia del cáncer de mama.
  • Validez externa: buena.

Radiación ionizante

A partir de evidencia sólida, la exposición de la mama a radiación ionizante acarrea un aumento del riesgo de cáncer de mama, que comienza 10 años después de la exposición y dura toda la vida. El riesgo depende de la dosis de radiación y de la edad en el momento de la exposición, y es particularmente alto si ocurre en la pubertad, cuando se desarrollan las mamas.

Magnitud del efecto: variable, pero con un aumento general de casi 6 veces.

  • Diseño del estudio: estudios de cohortes o de casos y controles.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Obesidad

A partir de evidencia sólida, la obesidad se relaciona con un aumento del riesgo de cáncer de mama en las mujeres posmenopáusicas que no han recibido TH. No está claro si bajar de peso disminuye el riesgo de cáncer de mama en las mujeres obesas.

Magnitud del efecto: en el estudio observacional Women's Health Initiative con 85 917 mujeres posmenopáusicas, se observó que el peso corporal se relaciona con el cáncer de mama. Al comparar a mujeres que pesaban más de 82,2 kg con aquellas que pesaban menos de 58,7 kg, el RR fue de 2,85 (IC 95 %, 1,81–4,49).

  • Diseño del estudio: estudios de casos y controles, y de cohortes.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Consumo de bebidas alcohólicas

A partir de evidencia sólida, el consumo de bebidas alcohólicas se relaciona con un aumento del riesgo de cáncer de mama proporcional a la dosis. No está claro si las personas que beben demasiado reducen el riesgo cuando disminuyen el consumo de bebidas alcohólicas.

Magnitud del efecto: el RR de las mujeres que consumen cerca de 4 bebidas alcohólicas al día en comparación con las que no beben es de 1,32 (IC 95 %, 1,19–1,45). El RR aumenta 7 % (IC 95 %, 5,5–8,7 %) por cada bebida al día.

  • Diseño del estudio: estudios de casos y controles, y de cohortes.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Factores con evidencia suficiente de disminución del riesgo de cáncer de mama

Embarazo precoz

A partir de evidencia sólida, las mujeres con un embarazo a término antes de los 20 años de edad tienen una disminución del riesgo de cáncer de mama.

Magnitud del efecto: disminución de 50% del cáncer de mama en comparación con mujeres nulíparas o que dieron a luz después de los 35 años.

  • Diseño del estudio: estudios de casos y controles, y de cohortes.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Lactancia materna

A partir de evidencia sólida, las mujeres que amamantan tienen una disminución del riesgo de cáncer de mama.

Magnitud del efecto: el RR de cáncer de mama disminuye 4,3 % por cada 12 meses de lactancia materna, además de 7 % por cada nacimiento.[3]

  • Diseño del estudio: estudios de casos y controles, y de cohortes.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Actividad física

A partir de evidencia sólida, la actividad física se relaciona con una disminución del riesgo de cáncer de mama.

Magnitud del efecto: la relación con la reducción promedio del RR es 20 % tanto para las mujeres posmenopáusicas como premenopáusicas y afecta el riesgo de cáncer sensible a las hormonas y resistente a las hormonas.

  • Diseño del estudio: estudios observacionales prospectivos y retrospectivos.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Uso de estrógeno en las mujeres con histerectomía: beneficios

A partir de evidencia razonable, las mujeres que se sometieron a una histerectomía y que reciben tratamiento con estrógenos equinos conjugados tienen una menor incidencia de cáncer de mama. Sin embargo, los estudios epidemiológicos arrojan resultados contradictorios.

Magnitud del efecto: luego de 6,8 años, la incidencia fue 23 % más baja en las mujeres que recibieron estrógeno en un ECA (0,27 % por año, con una mediana de 5,9 años de uso, en comparación con 0,35 % por año en aquellas que recibieron un placebo), pero fue 30 % más alta en las mujeres que recibieron estrógeno en un estudio observacional. La diferencia en estos resultados quizás se explique por las diferentes conductas de detección en las mujeres de estos estudios.

  • Diseño del estudio: un ECA y estudios observacionales.
  • Validez interna: razonable.
  • Congruencia: deficiente.
  • Validez externa: deficiente.

Intervenciones con evidencia suficiente de disminución del riesgo de cáncer de mama

Moduladores selectivos del receptor de estrógeno: beneficios

A partir de evidencia sólida, el tamoxifeno y el raloxifeno reducen la incidencia de cáncer de mama en las mujeres posmenopáusicas, y el tamoxifeno reduce el riesgo de cáncer de mama en las mujeres premenopáusicas de riesgo alto. Los efectos que se observan con el tamoxifeno y el raloxifeno permanecen por varios años después de la interrupción del tratamiento activo; se observa una mayor duración del efecto con el tamoxifeno que con el raloxifeno.[4]

Los moduladores selectivos del receptor de estrógeno (MSRE) redujeron todas las fracturas, lo que se observó, sobre todo, con el raloxifeno, pero no con el tamoxifeno. Se observó una reducción de las fracturas vertebrales (34 %) y una pequeña reducción de las fracturas extravertebrales (7 %).[4]

Magnitud del efecto: la incidencia del cáncer de mama positivo para el receptor de estrógeno (positivo para ER) y del carcinoma ductal in situ (CDIS) en mujeres de riesgo alto disminuyó entre 30 y 50 % después de recibir 5 años de tratamiento con tamoxifeno. La reducción en el cáncer de mama invasivo positivo para ER se mantuvo durante por lo menos 16 años después de comenzar el tratamiento (11 años después del cese del tamoxifeno). La mortalidad por cáncer de mama no se modificó.[5]

  • Diseño del estudio: ECA.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Moduladores selectivos del receptor de estrógeno: perjuicios

A partir de evidencia sólida, el tratamiento con tamoxifeno aumenta el riesgo de cáncer de endometrio, episodios vasculares trombóticos (embolia pulmonar, ictus, trombosis venosa profunda) y cataratas. El riesgo de cáncer de endometrio se mantiene durante 5 años después del cese del tamoxifeno, pero no el riesgo de episodios vasculares o cataratas. A partir de evidencia sólida, el raloxifeno también aumenta la embolia pulmonar y la trombosis venosa profunda, pero no el cáncer de endometrio.

Magnitud del efecto: en un metanálisis se observó un RR de 2,4 (IC 95 %, 1,5–4,0) para el cáncer de endometrio y de 1,9 (IC 95 %, 1,4–2,6) para los episodios tromboembólicos venosos. En el metanálisis, se observó que el cociente de riesgos instantáneos (CRI) del cáncer de endometrio fue de 2,18 (IC 95 %, 1,39–3,42) para el tamoxifeno y de 1,09 (IC 95 %, 0,74–1,62) para el raloxifeno. En general, el CRI de episodios tromboembólicos venosos fue de 1,73 (IC 95 %, 1,47–2,05). Los perjuicios fueron mucho más altos para las mujeres mayores de 50 años que para las mujeres más jóvenes.

  • Diseño del estudio: ECA.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Inhibidores o inactivadores de la aromatasa: beneficios

A partir de evidencia sólida, los inhibidores o inactivadores de la aromatasa reducen la incidencia del cáncer de mama en mujeres posmenopáusicas que tienen un aumento del riesgo.

Magnitud del efecto: al cabo de una mediana de seguimiento de 35 meses, las mujeres de 35 años o más con al menos un factor de riesgo (> 60 años, riesgo de Gail a 5 años >1,66 % o CDIS con mastectomía) y que tomaron 25 mg de exemestano diario tuvieron una disminución del riesgo de cáncer de mama invasivo (CRI, 0,35; IC 95 %, 0,18–0,70) en comparación con las mujeres del grupo de control. La reducción del riesgo absoluto consistió en evitar 21 cánceres entre 2280 participantes seguidas durante un periodo de 35 meses. El número necesario a tratar fue de alrededor de 100.[6]

  • Diseño del estudio: un ECA.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: no corresponde, un solo estudio.
  • Validez externa: buena para las mujeres que cumplen con los criterios de inclusión.

Inhibidores o inactivadores de la aromatasa: perjuicios

A partir de evidencia razonable de un solo ECA con 4560 mujeres y con un seguimiento de más de 35 meses, el exemestano se relacionó con sofocos y fatiga en comparación con el placebo.[6,7]

Magnitud del efecto: el aumento absoluto de los sofocos fue de 8 % y el aumento absoluto de la fatiga fue de 2 %.

  • Diseño del estudio: un ECA.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena para las mujeres que cumplen con los criterios de inclusión.

Mastectomía profiláctica: beneficios

A partir de evidencia sólida, la mastectomía profiláctica bilateral reduce el riesgo de cáncer de mama en mujeres con antecedentes familiares marcados, y en la mayoría de las mujeres alivia la ansiedad por el riesgo de cáncer de mama. A partir de evidencia sólida, la mastectomía profiláctica bilateral reduce el riesgo de cáncer de mama en mujeres con antecedentes familiares marcados de cáncer de mama u otros factores que las ponen en riesgo (por ejemplo, ciertos tipos de radiación dirigida a la pared torácica o antecedentes familiares de cáncer de mama). La mayoría de las mujeres obtienen alivio de la ansiedad sobre el riesgo de cáncer de mama después de someterse a la mastectomía profiláctica. Aunque en algunos estudios se indicó un beneficio de supervivencia con la mastectomía profiláctica contralateral, estos resultados se atribuyen por lo general a un sesgo de selección, y no hay estudios de gran calidad que demuestren una clara ventaja de supervivencia.

Magnitud del efecto: el riesgo de cáncer de mama luego de una mastectomía profiláctica bilateral en mujeres con riesgo alto se reduce hasta en 90 %.

  • Diseño del estudio: evidencia a partir de estudios de casos y controles, y de cohortes.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Ooforectomía profiláctica o ablación ovárica: beneficios

A partir de evidencia sólida, la ooforectomía profiláctica en las mujeres con una mutación génica en BRCA se relaciona con una reducción en la incidencia de cáncer de mama. Se observaron resultados similares para la ooforectomía o ablación ovárica en mujeres premenopáusicas normales y en aquellas con aumento del riesgo de cáncer de mama como consecuencia de irradiación torácica.

Magnitud del efecto: la incidencia del cáncer de mama se redujo hasta en 50 %.

  • Diseño del estudio: estudios observacionales, de casos y controles, y de cohortes.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.

Ooforectomía profiláctica o ablación ovárica: perjuicios

A partir de evidencia sólida, la castración tal vez cause el inicio repentino de síntomas menopáusicos como sofocos, insomnio, ansiedad y depresión. Los efectos a largo plazo comprenden una disminución de la libido, sequedad vaginal y disminución de la densidad mineral ósea.

Magnitud del efecto: casi todas las mujeres presentan alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo, sofocos y desmineralización ósea, pero la gravedad de estos síntomas varía mucho.

  • Diseño del estudio: estudios observacionales, de casos y controles, y de cohortes.
  • Validez interna: buena.
  • Congruencia: buena.
  • Validez externa: buena.
Bibliografía
  1. Boyd NF, Martin LJ, Rommens JM, et al.: Mammographic density: a heritable risk factor for breast cancer. Methods Mol Biol 472: 343-60, 2009. [PUBMED Abstract]
  2. McCormack VA, dos Santos Silva I: Breast density and parenchymal patterns as markers of breast cancer risk: a meta-analysis. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev 15 (6): 1159-69, 2006. [PUBMED Abstract]
  3. Col: Breast cancer and breastfeeding: collaborative reanalysis of individual data from 47 epidemiological studies in 30 countries, including 50302 women with breast cancer and 96973 women without the disease. Lancet 360 (9328): 187-95, 2002. [PUBMED Abstract]
  4. Cuzick J, Sestak I, Bonanni B, et al.: Selective oestrogen receptor modulators in prevention of breast cancer: an updated meta-analysis of individual participant data. Lancet 381 (9880): 1827-34, 2013. [PUBMED Abstract]
  5. Cuzick J, Sestak I, Cawthorn S, et al.: Tamoxifen for prevention of breast cancer: extended long-term follow-up of the IBIS-I breast cancer prevention trial. Lancet Oncol 16 (1): 67-75, 2015. [PUBMED Abstract]
  6. Goss PE, Ingle JN, Alés-Martínez JE, et al.: Exemestane for breast-cancer prevention in postmenopausal women. N Engl J Med 364 (25): 2381-91, 2011. [PUBMED Abstract]
  7. Maunsell E, Goss PE, Chlebowski RT, et al.: Quality of life in MAP.3 (Mammary Prevention 3): a randomized, placebo-controlled trial evaluating exemestane for prevention of breast cancer. J Clin Oncol 32 (14): 1427-36, 2014. [PUBMED Abstract]

Descripción de la evidencia

Incidencia y mortalidad

El cáncer de mama es la neoplasia maligna extracutánea diagnosticada con mayor frecuencia en las mujeres de los Estados Unidos, y ocupa el segundo lugar tras el cáncer de pulmón como causa de muerte por cáncer en las mujeres.[1] Para la población de los Estados Unidos en 2021, se estima que 281 550 mujeres recibirán un diagnóstico de cáncer de mama, y habrá 43 600 defunciones por esta enfermedad. En el caso de los hombres, se estima que se diagnosticarán 2650 casos de cáncer de mama, con 530 defunciones por esta enfermedad.[1] La incidencia de cáncer de mama en las mujeres aumentó de forma gradual durante muchos años hasta la primer década del 2000 cuando disminuyó de golpe, coincidiendo con una caída en el uso de la terapia hormonal posmenopáusica.[2] Según los datos del Epidemiology and End Results (SEER) Program, la mortalidad por cáncer de mama disminuyó en 1 % por año entre 2013 y 2018.[1]

El principal factor de riesgo del cáncer de mama es la edad avanzada. La probabilidad de que una mujer de 30 años reciba un diagnóstico de cáncer de mama en los siguientes 10 años es alrededor de 1 en 200, mientras que la probabilidad de una mujer de 70 años es de 1 en 25.[2]

La incidencia de cáncer de mama y el riesgo de mortalidad también varían según la ubicación geográfica, la cultura, la raza, la etnia y la posición socioeconómica. Las mujeres blancas tienen una incidencia más alta de cáncer de mama que quizás sea atribuible, en parte, a la conducta de someterse a exámenes de detección. No obstante, las tasas de incidencia de cáncer de mama en las mujeres negras aumentaron 0,3 % por año entre 2005 y 2014, por lo que las tasas ahora son parecidas en ambos grupos.[3,4]

La detección mediante mamografía disminuye la mortalidad por cáncer de mama al identificar los casos para su tratamiento en un estadio temprano. Sin embargo, los exámenes de detección también identifican más casos de los que llegarían a ser sintomáticos en el trascurso de la vida de una mujer, de manera que la incidencia del cáncer de mama es más alta en las poblaciones que se someten a exámenes de detección. (Para obtener más información, consultar la sección acerca del Sobrediagnóstico en el sumario del PDQ Exámenes de detección del cáncer de mama).

Características etiológicas y patogénicas del cáncer de mama

El cáncer de mama se forma cuando se presentan una serie de mutaciones genéticas.[5] Algunas de las mutaciones asociadas al cáncer son hereditarias, pero la mayoría son mutaciones somáticas que ocurren como sucesos casuales durante la vida de una mujer. Al principio, las mutaciones no cambian el aspecto histológico del tejido, pero las mutaciones acumuladas producirán hiperplasia, displasia, carcinoma in situ y, a la larga, cáncer invasivo.[6] Mientras más tiempo vive una mujer, se presentan más mutaciones somáticas y aumenta la probabilidad de que estas mutaciones produzcan poblaciones celulares que a veces se vuelven cancerosas con el paso del tiempo. Las hormonas estrógeno y progesterona, endógenas o exógenas, estimulan la proliferación y diferenciación de células mamarias, quizás a través de factores de crecimiento como el factor de crecimiento (TGF)-α.[7] Es posible que la estimulación de estas hormonas promueva la formación y la proliferación de células de cáncer de mama.

Las variaciones internacionales en las tasas de cáncer de mama quizás se expliquen por las diferencias en las características genéticas, los factores reproductivos, la alimentación, el ejercicio y la conducta con respecto a los exámenes de detección. La importancia relativa de estos factores se demostró en un estudio sobre la incidencia del cáncer de mama de inmigrantes japoneses en los Estados Unidos. Mientras que las mujeres japonesas en Japón tienen una incidencia baja de cáncer de mama, las mujeres japonesas en los Estados Unidos tienen una incidencia mucho más alta, similar a la de las mujeres estadounidenses, en las siguientes dos generaciones desde la inmigración.[8-10]

Estrógeno endógeno

El estrógeno endógeno interviene en la formación del cáncer de mama. Las mujeres que presentaron la menarquia antes de los 11 años tienen una probabilidad 20 % más alta de cáncer de mama que aquellas cuya menarquia ocurrió a los 14 años o después.[11-13] El riesgo es más alto también en las mujeres que presentan una menopausia tardía. Las mujeres con cáncer de mama tienden a tener concentraciones más altas de estrógeno y andrógeno endógenos.[13-17]

Por el contrario, las mujeres que presentan menopausia prematura tienen un riesgo menor de cáncer de mama. Tras la ablación ovárica, el riesgo de cáncer de mama se reduce hasta 75 % según la edad, el peso y la cantidad de partos; la reducción es más acentuada para las mujeres jóvenes, delgadas y nulíparas.[18-21] La extirpación de un ovario también reduce el riesgo de cáncer de mama pero en un grado menor.[22]

Otros cambios hormonales también influyen en el riesgo de cáncer de mama. (Para obtener más información, consultar las subsecciones sobre Embarazo precoz y Lactancia en la sección de este sumario sobre Factores con evidencia suficiente de disminución del riesgo de cáncer de mama).

La interacción entre las concentraciones de estrógeno endógeno, las concentraciones de insulina y la obesidad (factores que afectan el riesgo de cáncer de mama), no se comprende del todo, pero señala estrategias de intervención para disminuir el riesgo. Es probable que los factores de riesgo reproductivos interaccionen con genotipos de predisposición. Por ejemplo, en el Nurses’ Health Study,[23] se observaron relaciones entre la edad del primer parto, la menarquia y la menopausia, y la formación del cáncer de mama solo en mujeres sin antecedentes familiares de este cáncer en la madre o una hermana.

Riesgo hereditario

El riesgo de cáncer de mama aumenta en las mujeres con antecedentes familiares de esta enfermedad, sobre todo si afecta a familiares de primer grado.[23] En los siguientes modelos de evaluación del riesgo, derivados de bases de datos, estudios de cohortes y de casos y controles, se cuantifica este riesgo:

Hay alelos anormales específicos que se relacionan con alrededor de 5 % de los cánceres de mama. (Para obtener más información en inglés, consultar el sumario del PDQ Genetics of Breast and Gynecologic Cancers). Las mutaciones en los genes BRCA se heredan de forma autosómica dominante y tienen penetrancia muy alta como causa del cáncer, a menudo a una edad más temprana.[24-26] Los antecedentes familiares y la ubicación de la mutación en el gen BRCA1 o el gen BRCA2 quizás sean factores que afectan el riesgo de cáncer entre quienes tienen una predisposición hereditaria al cáncer de mama.[27] El riesgo de por vida de cáncer de mama es de 55 a 65 % para las portadoras de una mutación en BRCA1 y de 45 a 47 % para las portadoras de una mutación en BRCA2.[28,29] En comparación, el riesgo de por vida de cáncer de mama para la población general es de 12,4 %.[30]

Algunas mujeres heredan una susceptibilidad a mutágenos o factores de crecimiento, que aumenta el riesgo de cáncer de mama.[31,32] (Para obtener más información, consultar la subsección Exposición a la radiación ionizante en la sección de este sumario sobre Factores con evidencia suficiente de aumento del riesgo de cáncer de mama).

Aumento de la densidad de la mama

Con el uso extendido de las mamografías de detección se ha observado una gran variabilidad en la densidad del tejido de la mama. Las mujeres con una mayor proporción de tejido denso tienen una incidencia más alta de cáncer de mama. La densidad mamográfica también crea confusión para la identificación de cánceres mediante mamografía. El grado de aumento de riesgo se describió en un informe de 3 estudios de casos y controles anidados de poblaciones sometidas a exámenes de detección con 1112 pares de casos y controles emparejados. En comparación con las mujeres con una densidad inferior a 10 % del tejido mamario, las mujeres con densidad de 75 % o superior en su mama presentaron un aumento en el riesgo de cáncer de mama (oportunidad relativa [OR], 4,7; intervalo de confianza [IC] 95 %, 3,0–7,4), ya sea que el cáncer se hubiera identificado en un examen de detección (OR, 3,5; IC 95 %, 2,0–6,2) o menos de 12 meses después de un examen de detección con resultado negativo (OR, 17,8; IC 95 %, 4,8–65,9). El aumento del riesgo de cáncer de mama, identificado mediante un examen de detección u otro medio, persistió durante un mínimo de 8 años luego de entrar al estudio; el riesgo fue mayor en las mujeres más jóvenes en comparación con las de mayor edad. En el caso de las mujeres más jóvenes que la mediana de edad de 56 años, 26 % de todos los cánceres de mama y 50 % de todos los cánceres identificados menos de 12 meses después de un examen de detección negativo se encontraron en mujeres con una densidad de la mama de 50 % o más en las mamografías.[33,34]

En comparación con las mujeres con la densidad mamaria más baja, las mujeres con mamas densas tienen un riesgo más alto, proporcional al grado de densidad. Este riesgo relativo (RR) elevado oscila entre 1,79 en las mujeres con densidad un poco elevada y 4,64 en las mujeres con mamas muy densas.[35] No hay un aumento de riesgo de muerte por cáncer de mama entre las mujeres con tejido mamario denso.[36]

Factores con evidencia suficiente de aumento en el riesgo de cáncer de mama

Terapia hormonal para la menopausia

La terapia hormonal para la menopausia (THM) se ha usado para aliviar los sofocos y otros síntomas relacionados con la menopausia. El estrógeno en monoterapia se vincula con un aumento de la incidencia del cáncer de útero, pero no el uso de estrógeno y progesterona. A las mujeres con el útero intacto se les prescribe la combinación, con progesterona oral administrada de manera continua o intermitente, o progesterona intrauterina administrada de manera localmente mediante un dispositivo intrauterino (DIU). Las mujeres que se han sometido a una histerectomía a menudo toman estrógenos sin oposición.

En 1997, se realizó un nuevo análisis de 51 estudios epidemiológicos, que abarcaron a más de 150 000 mujeres, y se demostró que la THM se relacionaba con un aumento del riesgo de cáncer de mama.[37]

El Heart and Estrogen/Progestin Replacement Study, publicado en 2002, amplió estos hallazgos al asignar de manera aleatoria a 2763 mujeres, con cardiopatía coronaria (mediana de edad, 67), para recibir estrógeno y progestina o placebo.[38] A los 6,8 años de seguimiento, la incidencia del cáncer de mama era más alta en las usuarias de hormonas (RR, 1,27;IC 95 %, 0,84–1,94).

El Women’s Health Initiative (WHI), también publicado en 2002, asignó de manera aleatoria a más de 16 000 mujeres de entre 50 y 79 años con el útero intacto para recibir estrógeno y progesterona o placebo.[39] El WHI concluyó antes de tiempo porque el riesgo de cardiopatía coronaria no cambió, pero el riesgo de ictus aumentó con la THM. La incidencia de cáncer de mama invasivo también aumentó en las mujeres que tomaron la THM (cociente de riesgos instantáneos [CRI], 1,24; IC 95 %, 10,2–1,50). Además del ensayo aleatorizado, el WHI llevó a cabo un estudio observacional que evaluó a mujeres de entre 50 y 79 años y demostró un aumento del riesgo del cáncer de mama, en especial para aquellas que comenzaron a tomar la THM durante la menopausia. El WHI también asignó de manera aleatoria a 10 739 mujeres que se habían sometido a histerectomía y tenían entre 50 y 79 años para recibir estrógeno o placebo. El uso de estrógeno produjo un aumento del riesgo de ictus, por lo que el ensayo se interrumpió de manera prematura. Después de los resultados del WHI, el uso de la THM se redujo en todo el mundo, y el riesgo de cáncer de mama disminuyó en los países en los que el uso de THM había sido alto.

En 2003, el Cancer Surveillance System of Puget Sound informó sobre resultados de una encuesta poblacional de 965 mujeres con cáncer de mama y 10 007 controles.[40] Este estudio demostró un riesgo 1,7 veces más alto de cáncer de mama invasivo con el uso de las hormonas estrógeno y progesterona, pero no con el uso de estrógeno solo.

Mientras que la relación entre la THM con las hormonas estrógeno y progesterona y el riesgo de cáncer de mama se observó de manera consistente, surgieron preguntas sobre el uso de solo estrógeno en mujeres que se habían sometido a histerectomía, en especial en cuanto al momento oportuno de la terapia en relación con la menopausia y la participación en exámenes de detección por parte de las usuarias de la THM.

El United Kingdom Million Women Study [41] reclutó a 1 084 110 mujeres de 50 a 64 años entre 1996 y 2001. Este estudio obtuvo información sobre el uso de THM, junto a otra información de salud, e hizo un seguimiento sobre la incidencia de cáncer de mama y las muertes causadas por este tipo de cáncer. La mitad de las mujeres había usado THM. A los 2,6 años del seguimiento, se presentaron 9 364 casos de cáncer de mama invasivos, y a los 4,1 años, 637 mujeres habían muerto por cáncer de mama. En el momento del reclutamiento, las usuarias actuales de THM tenían más probabilidad de presentar cáncer de mama que aquellas que nunca la habían usado (RR ajustado, 1,66; IC 95 %, 1,58–1,75; P < 0,0001) y de morir por la enfermedad (RR ajustado, 1,22; IC 95 %, 1,00–1,48; P = 0,05). Las que habían usado THM antes no tuvieron mayor riesgo de cáncer de mama incidental (oportunidad relativa [OR], 1,01; IC 95 %, 0,94–1,09) o cáncer de mama mortal (OR, 1,05; IC 95 %, 0,82–1,34). La incidencia aumentó para las usuarias actuales de estrógeno (RR, 1,30; IC 95 %, 1,21–1,40; P < 0,0001), THM combinada (RR, 2,00; IC 95 %, 1,88–2,12; P < 0,0001) y tibolona (RR, 1,45; IC 95 %, 1,25–1,68; P < 0,0001). La magnitud del riesgo asociado fue mayor para la THM combinada que para otros tipos de THM (P < 0,0001).

Se llevó a cabo una encuesta poblacional a 965 mujeres con cáncer de mama y 1007 controles por parte del Cancer Surveillance System de Puget Sound. Se observó que las usuarias de THM combinada tuvieron un riesgo 1,7 veces más alto de cáncer de mama invasivo; esto no se observó en las usuarias de estrógeno solo.[40]

En 2019, el Collaborative Group on Hormonal Factors in Breast Cancer informó de los resultados de un metanálisis de 24 estudios prospectivos y 34 estudios retrospectivos sobre THM y riesgo de cáncer de mama, que incluyó a 143 887 mujeres con cáncer de mama y 424 972 controles. En general, las usuarias de THM tuvieron un mayor riesgo de cáncer de mama, de manera especial para los tumores sensibles a las hormonas.[42]

Cuadro 1. Riesgo de cáncer de mama entre las usuarias de terapia hormonal para la menopausiaa
 1–4 años de uso5–14 años de uso
IC = intervalo de confianza; RR = riesgo relativo.
a[42]
Hormonas estrógeno y progesteronaRR, 1,60 (IC 95 %, 1,52–1,62)RR, 2,08 (IC 95 %, 2,02–2,15)
Estrógeno soloRR, 1,17 (IC 95 %, 1,10–1,26)RR, 1,33 (IC 95 %, 1,28–1,37)

La relación entre THM y cáncer de mama fue menor para las mujeres que comenzaron la THM después de los 60 años y para las mujeres obesas (las mujeres obesas tuvieron un riesgo mínimo de la THM con estrógeno que comenzó después de los 60 años). En resumen, las mujeres con un peso promedio que usaron THM durante 5 años a partir de los 50 años tuvieron un mayor riesgo de incidencia de cáncer de mama correspondiente a 1 caso por cada 50 usuarias de hormonas estrógeno y progesterona, 1 caso por cada 70 usuarias de estrógeno y progesterona intermitente, y 1 caso por cada 200 usuarias de productos de estrógeno solo.

Este metanálisis, que confirma y amplía la comprensión del riesgo de cáncer de mama a partir del consumo de las hormonas estrógeno y progesterona, también responde a la pregunta sobre el uso de estrógeno en mujeres que se han sometido a histerectomía. Si el uso de estrógeno comienza durante la menopausia, aumenta el riesgo de cáncer de mama, pero no aumenta el riesgo si el consumo comienza muchos años después. Estos hallazgos, así como el incremento documentado de riesgo de ictus con estrógeno, deben tenerse en cuenta al revisar las opciones de tratamiento.

Exposición a la radiación ionizante

Hay una relación bien establecida entre la exposición a radiación ionizante y el cáncer de mama subsiguiente.[43] Se observó un exceso de riesgo de cáncer de mama en relación con la exposición a una bomba atómica, las fluoroscopias frecuentes para la tuberculosis, y la radioterapia para el acné, la tiña, el agrandamiento del timo, la mastitis posparto y el linfoma. El riesgo es mayor en los jóvenes, en especial alrededor de la pubertad. El cálculo del riesgo de cáncer de mama relacionado con las imágenes radiológicas médicas resulta en una cifra inferior a 1 % de todos los casos de cáncer de mama.[44] Sin embargo, se especuló que ciertas poblaciones, como los heterocigotos para AT tienen un aumento del riesgo de cáncer de mama por la exposición a la radiación.[31] En un estudio de cohortes numeroso con mujeres portadoras de mutaciones en BRCA1 o BRCA2, se concluyó que las radiografías de tórax, en especial antes de los 20 años, aumentan el riesgo de cáncer de mama por encima de los niveles ya elevados (RR, 1,54; IC 95 %, 1,1–2,1).[45]

Las mujeres que se trataron por linfoma de Hodgkin con radiación dirigida al manto antes de los 16 años tienen un riesgo posterior de hasta 35 % de presentar cáncer de mama alrededor de los 40 años.[46-48] Las dosis más altas de radiación (mediana de dosis, 40 Gy en casos de cáncer de mama) y el tratamiento entre los 10 y los 16 años se relacionan con un riesgo más alto.[46] A diferencia del riesgo de leucemia secundaria, el riesgo de cáncer de mama relacionado con el tratamiento no disminuye durante el seguimiento y persiste más de 25 años después del tratamiento.[46,48,49] En estos estudios, la mayoría de las pacientes (85–100 %) que presentó cáncer de mama lo hizo dentro del campo de radiación o en el margen.[46,47,49] En un estudio holandés se examinó a 48 mujeres que presentaron cáncer de mama al menos 5 años después del tratamiento por enfermedad de Hodgkin y se las comparó con 175 pacientes mujeres similares con enfermedad de Hodgkin que no presentaron cáncer de mama. Las pacientes tratadas con quimioterapia y radiación dirigida al manto fueron menos propensas a presentar cáncer de mama que aquellas tratadas con radiación dirigida al manto sola, quizás como resultado de la supresión ovárica inducida por la quimioterapia (RR, 0,06; IC 95 %, 0,01–0,45).[50] En otro estudio de 105 pacientes con cáncer de mama relacionado con la radiación y 266 controles emparejados por edad y radiación se observó un efecto protector similar para la radiación de los ovarios.[48] En estos estudios se indica que la reducción de hormonas ováricas limita la proliferación del tejido mamario que tiene mutaciones inducidas por radiación.[48]

Surge el interrogante de si las pacientes con cáncer de mama tratadas con lumpectomía y radioterapia (L-RT) tienen un riesgo más alto de segundas neoplasias malignas de la mama u otras neoplasias malignas, en comparación con las tratadas con mastectomía. Los desenlaces de 1029 pacientes sometidos a L-RT se compararon con los de 1387 pacientes sometidos a mastectomías. Al cabo de una mediana de seguimiento de 15 años, no hubo diferencia en el riesgo de segundas neoplasias malignas.[51] La evidencia adicional de 3 ECA, también lo confirma. En un informe de 1851 mujeres asignadas al azar a mastectomía total, lumpectomía sola o L-RT, se observaron tasas de cáncer de mama contralateral de 8,5, 8,8, y 9,4 %, respectivamente.[52] En otro estudio de 701 mujeres asignadas al azar a una mastectomía radical o cirugía para conservar la mama, seguida de radioterapia, se demostró que la tasa de carcinomas de mama contralaterales por 100 años-mujer fue de 10,2 versus 8,7, respectivamente.[53] En el tercer estudio se compararon desenlaces a 25 años de 1665 mujeres asignadas al azar a mastectomía radical, mastectomía total o mastectomía total con radiación. No hubo diferencia significativa en la tasa de cáncer de mama contralateral según el grupo de tratamiento, y la tasa general fue de 6 %.[54]

Obesidad

La obesidad se relaciona con un aumento del riesgo de cáncer de mama, en especial entre las mujeres posmenopáusicas que no usan TH. En el estudio WHI se observaron 85 917 mujeres de 50 a 79 años y se recopiló información sobre el peso a lo largo de su vida y los factores de riesgo conocidos para el cáncer de mama.[55,56] Se midió la altura, el peso y las circunferencias de cintura y cadera. Al cabo de una mediana de seguimiento a 34,8 meses, 1030 mujeres presentaron cáncer de mama invasivo. Entre las mujeres que nunca recibieron TH, el aumento de riesgo de cáncer de mama se relacionó con el peso al inicio del estudio, el índice de masa corporal (IMC) al inicio del estudio, el IMC a los 50 años, el IMC máximo, el cambio de peso durante la edad adulta y después de la menopausia, y las circunferencias de cintura y cadera. El peso fue el factor pronóstico más firme, con un RR de 2,85 (IC 95 %, 1,81–4,49) para mujeres que pesaban más de 82,2 kg, en comparación con las que pesaban menos de 58,7 kg.

Se ha estudiado la relación entre la obesidad, la diabetes y las concentraciones de insulina con el riesgo de cáncer de mama, pero no se ha definido de forma clara. En el British Women’s Heart and Health Study con mujeres de 60 a 79 años, se comparó a 151 mujeres con diagnóstico de cáncer de mama con 3690 mujeres sin este diagnóstico. La OR ajustada por edad fue de 1,34 (IC 95 %, 1,02–1,77) por cada aumento de unidad en log(e) de las concentraciones de insulina en mujeres que no eran diabéticas. Se observó una relación, luego del ajuste por los factores de confusión y por los posibles factores de mediación, con los casos de cáncer de mama antes y después de la menopausia. Además, las concentraciones de glucosa en ayunas, el puntaje de la evaluación del modelo homeostático (producto de las concentraciones de glucosa en ayunas e insulina dividido por 22,5), la diabetes, y los antecedentes de glucosuria o diabetes gestacional también se relacionaron con el cáncer de mama.[57]

Consumo de bebidas alcohólicas

El consumo de bebidas alcohólicas aumenta el riesgo de cáncer de mama. En un metanálisis británico, se incluyeron datos individuales de 53 estudios de casos y controles, y de cohortes.[58] En comparación con el RR de cáncer de mama en las mujeres que notificaron no consumir alcohol, el RR de cáncer de mama fue de 1,32 (IC 95 %, 1,19–1,45; P < 0,001) en las mujeres que consumían de 35 a 44 g de alcohol por día y de 1,46 (IC 95 %, 1,33–1,61; P < 0,001) en las que consumían al menos 45 g de alcohol por día. El RR de cáncer de mama aumenta casi 7 % (IC 95 %, 5,5–8,7 %; P < 0,001) por cada 10 g de alcohol (es decir, una bebida) consumido por día. Se obtuvo el mismo resultado, incluso tras la estratificación por raza, educación, antecedentes familiares, edad de la menarquia, altura, peso, IMC, lactancia materna, uso de anticonceptivos orales, uso y tipo de hormona menopáusica y edad de la menopausia.

Factores con evidencia suficiente de disminución del riesgo de cáncer de mama

Embarazo precoz

Luego del parto, se produce un aumento del riesgo de cáncer de mama durante varios años y luego una reducción del riesgo a largo plazo; esto es más marcado en las mujeres más jóvenes.[21,59,60] En un estudio, las mujeres con un primer embarazo a término antes de los 20 años, tuvieron la mitad de probabilidades de cáncer de mama que las mujeres nulíparas o aquellas con su primer embarazo a término a los 35 años o más.[61,62]

El International Premenopausal Breast Cancer Collaborative Group demostró el efecto del parto en el riesgo de cáncer de mama mediante un análisis agrupado de datos a nivel individual de 15 estudios prospectivos con alrededor de 890 000 mujeres de 15 estudios de cohortes prospectivos. En comparación con las mujeres nulíparas, las mujeres que habían tenido hijos presentaron mayor riesgo de cáncer de mama negativo para ER y positivo para ER; este riesgo permaneció elevado hasta 20 años después del parto. Sin embargo, después de casi 24 años, el riesgo de cáncer de mama positivo para ER disminuyó, pero el riesgo de cáncer de mama negativo para ER permaneció elevado. Por lo tanto, la relación entre el número de partos y el riesgo de cáncer de mama es compleja y depende del período de tiempo después del parto, así como del fenotipo del tumor.[63]

Lactancia materna

La lactancia materna se relaciona con una disminución del riesgo de cáncer de mama.[64] En un nuevo análisis de datos individuales de 47 estudios epidemiológicos de 30 países con 50 302 mujeres con cáncer de mama y 96 973 controles, se observó que la incidencia del cáncer de mama fue más baja en las mujeres que habían tenido hijos y amamantado alguna vez, que en aquellas que habían tenido hijos pero que no habían amamantado. La incidencia también fue proporcional a la duración de la lactancia.[65] El RR de cáncer de mama disminuyó en 4,3 % (IC 95 %, 2,9–5,8 %; P < 0,0001) por cada 12 meses de lactancia y en 7,0 % (IC 95 %, 5,0–9,0 %; P < 0,0001) por cada parto.

Actividad física

Muchos estudios han observado un beneficio de la actividad física sobre el riesgo de cáncer de mama. Un estudio francés de 59 308 mujeres, con un promedio de 8,5 años después de la menopausia, descubrió que la actividad recreativa superior a 12 equivalente metabólico de la tarea (MET) h/sem. se relacionó con un menor riesgo de cáncer de mama invasivo (CRI, 0,9; IC 95 %, 0,83–0,99).[66] El Nurses Health Study incluyó a 95 396 mujeres posmenopáusicas y descubrió que en las mujeres que con actividad física superior a más de 27 MET h/sem. (equivalente a 1 h/día de caminar a paso rápido) disminuyó la incidencia del cáncer de mama en comparación con aquellas que realizaron menos de 3 MET h/sem. (CRI, 0,85; IC 95 %, 0,78–0,93; P < 0,001 de tendencia). No hubo diferencia en la relación entre actividad física y riesgo de cáncer de mama para los cánceres positivos y negativos para receptores de hormona.[67] Dos metanálisis ofrecieron las mismas conclusiones. Un metanálisis incluyó 38 ensayos prospectivos realizados entre 1987 y 2014. El RR resumen fue 0,88 (IC 95 %, 0,85–0,90); los resultados fueron similares para los cánceres positivos y negativos para receptores de hormonas.[68] Otro metanálisis revisó 139 estudios que incluían a 236 955 mujeres y 3963 controles. Las mujeres que realizaban actividad física presentaron una disminución significativa en el cáncer de mama (OR, 0,78; IC 95 %, 0,76–0,81), con un efecto de similar tamaño para las mujeres premenopáusicas y posmenopáusicas.[69]

Intervenciones con evidencia suficiente de beneficio

Moduladores selectivos de los receptores de estrógeno

El tamoxifeno se usa para el tratamiento del cáncer de mama metastásico y para inhibir las recidivas locales de cánceres de mama primarios nuevos después de la extirpación quirúrgica de un cáncer de mama.[70] El tamoxifeno también mantiene la densidad ósea en las mujeres posmenopáusicas con cáncer de mama.[71-75] Los efectos adversos incluyen sofocos, episodios tromboembólicos venosos y cáncer de endometrio.[76-78]

En el Breast Cancer Prevention Trial (BCPT) se asignó al azar a 13 388 pacientes con un riesgo elevado de cáncer de mama a recibir tratamiento con tamoxifeno o placebo.[79,80] El estudio se cerró antes de lo previsto debido a que la incidencia de cáncer de mama en el grupo de tamoxifeno era 49 % más baja que la del grupo de control (85 vs. 154 casos de cáncer de mama invasivo y 31 vs.59 casos in situ a los 4 años). También, las mujeres tratadas con tamoxifeno presentaron menos fracturas (47 vs. 71), pero más cáncer de endometrio (33 vs. 14 casos) y episodios trombóticos (99 vs. 70), incluso embolias pulmonares (17 vs. 6).[80]

Una actualización de los resultados del BCPT tras 7 años de seguimiento confirmó y amplió esos resultados.[81] Los beneficios y los riesgos del tamoxifeno no fueron significativamente diferentes a los del informe original, con un beneficio persistente de menos fracturas y un aumento persistente del riesgo de cáncer de endometrio, trombosis y cirugía de cataratas. No se observó ningún beneficio en la mortalidad general tras 7 años de seguimiento (RR = 1,10; IC 95 %, 0,85–1,43).

Se completaron otros 3 ensayos con tamoxifeno para la prevención primaria del cáncer de mama.[82-84]

  • En un estudio del Reino Unido [82] se incluyeron 2471 mujeres con un incremento del riesgo de cáncer de mama debido a antecedentes familiares de cáncer de mama u ovario. El riesgo de cáncer de mama positivo para ER se redujo significativamente en el grupo de tamoxifeno (CRI, 0,61; IC 95 %, 0,43–0,86), un efecto que se observó sobre todo en el período postratamiento. En general, el tamoxifeno se relacionó con una disminución del riesgo de cáncer de mama a los 13 años (CRI, 0,78; IC 95 %, 0,58–1,04) pero no a los 6 años (RR, 1,06).[85]
  • En un estudio italiano [83] participaron 5408 mujeres que se sometieron a histerectomía y que se caracterizaron como de riesgo bajo a normal. Al cabo de casi 4 años de seguimiento, no se observó ningún efecto protector del tamoxifeno. Mediante un seguimiento más prolongado y el análisis de los subgrupos en este ensayo, se determinó un efecto protector del tamoxifeno entre las mujeres con riesgo alto de cáncer de mama positivo para receptores hormonales (RR = 0,24; IC 95 %, 0,10–0,59) y entre las mujeres que recibían TH durante el ensayo (RR = 0,43; IC 95 %, 0,20–0,95).[86,87]
  • En el International Breast Cancer Intervention Study (IBIS-I) se asignó al azar a 7152 mujeres entre 35 y 70 años, con un aumento del riesgo de cáncer de mama, a recibir tamoxifeno (20 mg/día) o placebo durante 5 años.[84] Al cabo de una mediana de seguimiento de 50 meses, menos mujeres tratadas con tamoxifeno presentaron cáncer de mama invasivo o in situ (tasa absoluta, 4,6 vs. 6,75 por cada 1000 años-mujer; reducción del riesgo, 32 %; IC 95 %, 8–50 %). La reducción del RR de cáncer de mama invasivo positivo para ER fue de 31 %; no se redujeron los cánceres negativos para ER. El aumento no significativo de mortalidad por todas las causas en el grupo de tamoxifeno (25 vs. 11; P = 0,028) se atribuyó al azar. El efecto beneficioso del tamoxifeno en el cáncer de mama persistió más allá del tratamiento activo; 46 meses después del tratamiento de 5 años, menos mujeres del grupo de tamoxifeno presentaron cáncer de mama (142 vs. 195 casos; RR, 0,73, IC 95 %, 0,58–0,91).[88]

En el metanálisis de estos ensayos de prevención primaria con tamoxifeno se observó una reducción de 38 % en la incidencia del cáncer de mama sin heterogeneidad de significación estadística.[78] Los tumores positivos para ER se redujeron en 48 %. Las tasas de cáncer de endometrio aumentaron (RR consensuado = 2,4; IC 95 %, 1,5–4,0), al igual que los episodios tromboembólicos venosos (RR = 1,9; IC 95 %, 1,4–2,6). Ninguno de estos ensayos primarios de prevención se diseñó para detectar las diferencias en la mortalidad por cáncer de mama.

Las mujeres con antecedentes de carcinoma ductal in situ (CDIS) tienen un incremento del riesgo de cáncer de mama contralateral. El ensayo National Surgical Adjuvant Breast and Bowel Project (NSABP) B-24 se concentró en su tratamiento. Se asignó al azar a las mujeres a someterse a L-RT, con tamoxifeno adyuvante o sin este. A los 6 años, las mujeres tratadas con tamoxifeno presentaron menos cánceres de mama invasivos e in situ (8,2 vs. 13,4 %; RR, 0,63; IC 95 %, 0,47–0,83). El riesgo de cáncer de mama contralateral también fue más bajo en las mujeres tratadas con tamoxifeno (RR, 0,49; IC 95 %, 0,26–0,87).[89]

El clorhidrato de raloxifeno (Evista) es un modulador selectivo del receptor de estrógeno (MSRE) que tiene efectos antiestrogénicos en el tejido mamario y endometrial, y efectos estrogénicos en los huesos, el metabolismo de los lípidos y la coagulación de la sangre. A diferencia del tamoxifeno, tiene efectos antiestrogénicos en el endometrio.[90] En el ensayo aleatorizado con enmascaramiento doble Multiple Outcomes of Raloxifene Evaluation (MORE), se evaluó a 7705 mujeres posmenopáusicas con osteoporosis entre 1994 y 1998 en 180 centros clínicos en los Estados Unidos. Se redujeron las fracturas vertebrales. El efecto en la incidencia del cáncer de mama fue un criterio de valoración secundario. Al cabo de una mediana de seguimiento de 47 meses, el riesgo de cáncer de mama invasivo disminuyó en las mujeres tratadas con raloxifeno (CRI, 0,25; IC 95 %, 0,17–0,45).[91] Al igual que el tamoxifeno, el raloxifeno redujo el riesgo de cáncer de mama positivo para ER pero no el cáncer de mama negativo para ER y se relacionó con un exceso de riesgo de sofocos y eventos tromboembólicos. No se observó un exceso de riesgo de cáncer o hiperplasia de endometrio.[92]

El ensayo Continuing Outcomes Relevant to Evista (CORE) fue una extensión del ensayo MORE, en el que se estudió a alrededor de 80 % de las participantes del MORE en sus grupos asignados al azar por 4 años más. Si bien hubo una mediana de intervalo de 10 meses entre los dos estudios y solo cerca de 55 % de las mujeres continuaron tomando los medicamentos asignados, el grupo tratado con raloxifeno siguió presentando una incidencia más baja de cáncer de mama invasivo positivo para ER. La reducción general del cáncer de mama invasivo durante los 8 años del MORE y el CORE fue de 66 % (CRI, 0,34; IC 95 %, 0,22–0,50); la reducción del cáncer de mama invasivo positivo para ER fue de 76 % (CRI, 0,24; IC 95 %, 0,15–0,40).[93]

El Raloxifene Use for the Heart fue un ensayo aleatorizado controlado con placebo para evaluar los efectos del raloxifeno en la incidencia de episodios coronarios y cáncer de mama invasivo. El raloxifeno, de manera similar a lo observado en los estudios MORE y CORE, redujo el riesgo de cáncer de mama invasivo (CRI, 0,56; IC 95 %, 0,38–0,83).[94]

En el Study of Tamoxifen and Raloxifene (STAR) (NSABP P-2), se comparó el tamoxifeno con el raloxifeno en 19 747 mujeres de riesgo alto que se observaron durante una mediana de seguimiento de 3,9 años. La incidencia de cáncer de mama invasivo fue casi la misma con ambos fármacos, pero hubo menos cánceres no invasivos en el grupo de tamoxifeno. Efectos adversos como el cáncer de útero, los episodios tromboembólicos venosos y las cataratas fueron más comunes en las mujeres tratadas con tamoxifeno; no hubo diferencia en los episodios de cardiopatía isquémica, ictus o fractura.[95] Los síntomas relacionados con el tratamiento como la dispareunia, los problemas osteomusculares y el aumento de peso se presentaron con menor frecuencia en las mujeres tratadas con tamoxifeno, mientras que las crisis vasomotoras, los síntomas de control vesical, los síntomas ginecológicos y los calambres en las piernas se presentaron con menor frecuencia en quienes recibieron raloxifeno.[96]

Cuadro 2. Incidencia de resultados por 1000 mujeres
  Tamoxifeno Raloxifeno RR, IC 95 %
IC = intervalo de confianza; RR = riesgo relativo; TEV = tromboembolia venosa
Cáncer de mama invasivo 4,3 4,41 1,02, 0,82–1,28
Cáncer de mama no invasivo 1,51 2,11 1,4, 0,98–2,00
Cáncer de útero 2,0 1,25 0,62, 0,35–1,08
TEV 3,8 2,6 0,7, 0,68–0,99
Cataratas 12,3 9,72 0,79, 0,68–0,92
Incidencia de síntomas (escala de 0 a 4)
Favorece al tamoxifeno
Dispareunia 0,68 0,78 P < 0,001
Problemas osteomusculares 1,10 1,15 P = 0,002
Aumento de peso 0,76 0,82 P < 0,001
Favorece al raloxifeno
Síntomas vasomotores 0,96 0,85 P < 0,001
Síntomas de control de vejiga 0,88 0,73 P < 0,001
Calambres en las piernas 1,10 0,91 P < 0,001
Problemas ginecológicos 0,29 0,19 P < 0,001

Inhibidores o inactivadores de la aromatasa

Es posible, que otra clase de fármacos que se usan para el tratamiento de mujeres con cáncer de mama sensible a las hormonas, también prevengan el cáncer de mama. Estos fármacos interfieren con la aromatasa, la enzima suprarrenal que permite la producción de estrógeno en las mujeres posmenopáusicas. El anastrozol y el letrozol inhiben la actividad de la aromatasa, mientras que el exemestano inactiva la enzima. Los tres fármacos tienen efectos secundarios similares, como fatiga, artralgia, mialgia, reducción de la densidad mineral ósea y tasa más alta de fracturas.

Como se observó en los siguientes estudios, las mujeres con diagnóstico previo de cáncer de mama tienen un riesgo más bajo de recidiva y de nuevos cánceres de mama cuando se tratan con inhibidores de la aromatasa:

  1. En el ensayo Arimidex, Tamoxifen, Alone or in Combination, en el que se comparó anastrozol con tamoxifeno como terapia adyuvante para el cáncer de mama primario, la tasa de recidivas locorregional y a distancia fue más baja con anastrozol cuando se lo comparó con tamoxifeno (7,1 vs. 8,5 %) pero más alta con la combinación (9,1 %).[97] El anastrozol también fue más eficaz para reducir la incidencia del cáncer de mama contralateral nuevo (0,4 vs. 1,1 vs. 0,9 %).
  2. En otro ensayo, 5187 mujeres que recibieron tamoxifeno adyuvante durante 5 años se asignaron al azar para recibir letrozol o un placebo.[98] Después de una mediana de seguimiento de 2,5 años, el estudio se cerró debido a que se habían alcanzado los criterios de valoración de la eficacia definidos previamente. Las pacientes tratadas con letrozol tuvieron una incidencia más baja de recidivas de cáncer locorregionales y a distancia, y también presentaron una incidencia más baja de cáncer de mama contralateral nuevo (14 vs. 26).
  3. En otro ensayo controlado con placebo en el que participaron 1918 mujeres con cáncer de mama, se examinó el efecto de la extensión del tratamiento con letrozol durante 5 años adicionales en mujeres que habían recibido tamoxifeno adyuvante seguido de 5 años de letrozol.[99] Al cabo de una mediana de seguimiento de 6,3 años desde el ingreso al estudio, el grupo que recibió letrozol adicional tuvo una mejor supervivencia sin enfermedad a 5 años de 95 % (IC 95 %, 93–96 %) en comparación con 91 % (IC 95 %, 89–93 %) en el grupo de control (CRI, 0,66), pero sin diferencia en la supervivencia general. La diferencia en los casos de cáncer de mama contralateral nuevo fue estadísticamente significativa: 21 % (IC 95 %, 10–32 %) para el grupo con letrozol adicional en comparación con 49 % (32–67 %) para el grupo control (CRI, 0,42). Las mujeres tratadas con letrozol tuvieron más riesgo de dolor óseo (18 vs. 14 %), fractura ósea (14 vs. 9 %) y osteoporosis de nuevo inicio (11 vs. 6 %).
  4. En un ensayo, se asignó al azar a 4742 mujeres que habían recibido tamoxifeno adyuvante durante 2 años a continuar con el tamoxifeno o cambiar a exemestano.[100] Al cabo de una mediana de seguimiento de 2,4 años, el grupo de exemestano presentó una disminución del riesgo de recidiva local o metastásica y una disminución en la incidencia de cáncer de mama contralateral nuevo (9 vs. 20).

También se observó que los inhibidores o inactivadores de la aromatasa previenen el cáncer de mama en mujeres con aumento de riesgo, como se advirtió en los siguientes estudios:

  1. En un ECA de prevención primaria de cáncer de mama, se comparó el exemestano con un placebo en 4560 mujeres que presentaban por lo menos un factor de riesgo (>60 años, riesgo de Gail a 5 años >1,66 % o antecedentes de CDIS con mastectomía). Al cabo de una mediana de seguimiento de 35 meses, el cáncer de mama invasivo se diagnosticó con menos frecuencia en el grupo de exemestano (11 vs. 32; CRI, 0,35; IC 95 %, 0,18–0,70; número que es necesario tratar, cerca de 100 durante 35 meses). En comparación con el grupo de placebo, las mujeres tratadas con exemestano tuvieron más sofocos (aumento de 8 %) y fatiga (aumento de 2 %), pero no hubo diferencia en las fracturas o episodios cardiovasculares.[101]
  2. En el International Breast Cancer Intervention Study II (IBIS-II), se asignó al azar a 3864 mujeres posmenopáusicas con un aumento de riesgo de presentar cáncer de mama a recibir anastrozol diario (1 mg) o un placebo durante 5 años.[102] La definición de riesgo alto varió según la edad y se definió por el RR comparado con la población general: las mujeres de 40 a 44 años debía tener un RR mínimo de 4; las mujeres de 45 a 60 años debían tener un RR mínimo de 2, y las mujeres de 60 a 70 años, un RR mínimo de 1,5. Por otro lado, las mujeres con un riesgo estimado a 10 años de presentar cáncer de mama de por lo menos 5 % (según el modelo de Tyer-Cuzick) fueron aptas para participar. Las mujeres con CDIS diagnosticado dentro de los 6 meses y tratadas con mastectomía unilateral fueron aptas para participar en el ensayo y se asignó al azar a 326 de ellas. Al cabo de una mediana de seguimiento de 5 años, se presentaron menos cánceres de mama (invasivos y CDIS) en el grupo tratado con anastrozol que en el grupo de placebo (CRI, 0,47; IC 95 %: 0,32–0,68). Se redujo el riesgo de cáncer de mama positivo para receptores hormonales, pero no el de cáncer de mama negativo para receptores hormonales. A partir de la incidencia acumulada prevista a lo largo de 7 años, se calculó que el número de mujeres con riesgo alto (según los criterios de elegibilidad del ensayo IBIS-II) que necesitaban tratamiento durante 5 años para prevenir un cáncer de mama en 7 años de seguimiento era 36 (IC 95 %, 33–44). Las mujeres tratadas con anastrozol fueron más propensas a presentar síntomas osteomusculares, incluso artralgias (51 vs. 46 %), rigidez articular (7 vs. 5 %), dolor en manos o pies (9 vs. 8 %) y síndrome del túnel carpiano (3 vs. 2 %); así como hipertensión (5 vs. 3 %), síntomas vasomotores (57 vs. 49 %) y ojos secos (4 vs. 2 %), que aquellas que recibieron placebo. La relación entre el dolor de manos o pies y el tratamiento con anastrozol fue de significación estadística incierta; el resto de los efectos secundarios señalados antes se relacionaron de manera estadísticamente significativa con el tratamiento de anastrozol.

Mastectomía profiláctica

Se realizó un estudio de cohortes retrospectivo para evaluar la repercusión de la mastectomía profiláctica bilateral en la incidencia de cáncer de mama entre las mujeres con riesgo alto y moderado, a partir de los antecedentes familiares.[103] No se conocía el estado de la mutación en BRCA. Se realizó una mastectomía subcutánea en lugar de total en 90 % de estas mujeres. Al cabo de una mediana de seguimiento posquirúrgico de 14 años, la reducción del riesgo en las 425 mujeres de riesgo moderado fue de 89 % y en las 214 mujeres de riesgo alto, fue de 90 a 94 %, según el método utilizado para calcular las tasas previstas de cáncer de mama. La reducción del riesgo de muerte por cáncer de mama fue de 100 % en las mujeres con riesgo moderado y de 81 % en las mujeres de riesgo alto. Debido a que en este estudio se usaron los antecedentes familiares como un indicador de riesgo, en lugar de pruebas genéticas, es posible que se sobrestimara el riesgo de cáncer de mama.

La mastectomía profiláctica contralateral (MPC) hace referencia a la extirpación quirúrgica de la mama opuesta que no está afectada en mujeres que presentan cáncer de mama unilateral. Por lo tanto, las mujeres que se someten a MPC por lo general se someten a mastectomía bilateral para el tratamiento de cáncer de mama unilateral, y se notificó que la tasa de este procedimiento en las mujeres con enfermedad unilateral (DCIS y cáncer de mama invasivo en estadio temprano) aumentó de 1,9 % en 1998 a 11,2 % en 2011, según información de la U.S. National Cancer Data Base.[104]

En algunos estudios de observación se indicó que la MPC se relaciona con una disminución de la mortalidad por cáncer de mama, pero estos resultados por lo general se atribuyen a un sesgo de selección. Hasta ahora, no hay evidencia de alta calidad de que la CPM mejore la supervivencia general. Sin embargo, algunas mujeres con cáncer de mama unilateral, que tienen un riesgo alto de presentar cáncer de mama contralateral, podrían elegir de manera razonable someterse a una MPC para reducir el riesgo de un nuevo cáncer primario en la mama opuesta.[105]

Ooforectomía profiláctica

La ablación ovárica y la ooforectomía se relacionan con menor riesgo de cáncer de mama en mujeres con riesgo promedio y en aquellas con aumento de riesgo debido a irradiación torácica. (Para obtener más información, consultar la subsección Estrógeno endógeno en la sección de este sumario sobre Descripción de la evidencia). En los estudios observacionales de mujeres con riesgo alto de cáncer de mama debido a mutaciones en los genes BRCA1 o BRCA2, se observó que la ooforectomía profiláctica para prevenir el cáncer de ovario también se relacionó con una disminución de 50 % en la incidencia del cáncer de mama.[106-108] Sin embargo, en estos estudios hay confusión por el sesgo de selección, las relaciones familiares entre las pacientes y los controles, las indicaciones de la ooforectomía y la información inadecuada sobre la administración de hormonas. Los resultados de un estudio prospectivo de cohortes fueron similares, con una mayor reducción del riesgo de cáncer de mama en las portadoras de mutaciones en BRCA2 que en aquellas con mutaciones en BRCA1.[109]

Factores e intervenciones sin evidencia suficiente de relación

Anticonceptivos hormonales

Los anticonceptivos orales se relacionaron con un aumento leve del riesgo de cáncer de mama en las consumidoras actuales, pero este riesgo disminuye con el tiempo.[110] En un estudio de casos y controles bien realizado no se observó una relación entre el riesgo de cáncer de mama y el haber consumido anticonceptivos orales alguna vez, la duración del uso o la proximidad temporal del uso.[111]

En otro estudio de casos y controles no se encontró un aumento del riesgo de cáncer de mama relacionado con el consumo de anticonceptivos inyectables o implantables de progestina sola en mujeres de 35 a 64 años.[112]

En un estudio de cohortes nacional prospectivo en Dinamarca se observó que las mujeres que usan anticonceptivos hormonales en la actualidad o los usaron de forma reciente tienen un riesgo más alto de cáncer de mama que las mujeres que nunca usaron anticonceptivos hormonales. Además, el riesgo de cáncer de mama aumentaba mientras más se prolongaba el uso de anticonceptivos hormonales. Sin embargo, en términos absolutos, el efecto de los anticonceptivos orales en el riesgo de cáncer de mama fue muy bajo; se prevé alrededor de un caso adicional de cáncer de mama por cada 7690 mujeres que usan anticonceptivos hormonales durante 1 año.[113]

Factores ambientales

Se ha propuesto que todas las exposiciones ocupacionales, ambientales o químicas son causas de cáncer de mama. En metanálisis en los que se describen hasta 134 sustancias químicas ambientales, sus fuentes y los biomarcadores de exposición, se indica que es posible que algunas se relacionen con el cáncer.[114,115] Los datos epidemiológicos y de animales resumidos por la National Academy of Medicine [116] y el Interagency Breast Cancer and Environmental Research Coordinating Committee [117] para una amplia gama de metales, sustancias químicas y productos de consumo indicaron el posible vínculo biológico entre el cáncer de mama y los factores ambientales. Sin embargo, los datos fueron en gran medida no concluyentes en cuanto a la existencia de una relación definitiva entre exposiciones específicas y el aumento del riesgo de cáncer de mama, sobre todo en grados aplicables a la población general.

Se plantean desafíos importantes a la hora de determinar si las exposiciones ambientales específicas influyen en el riesgo de cáncer de mama en los seres humanos. Las personas, a lo largo de la vida, están expuestas a una combinación de factores ambientales variable y difícil de cuantificar. Además, el cáncer puede tardar décadas en presentarse después una posible exposición, lo que dificulta la fidelidad del recuerdo. Por lo tanto, no es fácil determinar los efectos de una sustancia individual sobre el riesgo de cáncer de mama. Dado que hay que tener en cuenta tantos factores, cualquiera de las asociaciones observadas se puede malinterpretar fácilmente por problemas analíticos de multiplicidades, dificultades en la cuantificación, y sesgos de memoria y publicación.[118,119] Además, a pesar de que se determine que una exposición ambiental específica tiene la capacidad de ser perjudicial como se observa en un modelo animal u otros estudios toxicológicos que utilizan exposiciones en dosis altas, esto no significa necesariamente que la sustancia, bajo condiciones en las que la población general está expuesta, acarree resultados adversos para la salud. El riesgo definitivo para la salud de las personas depende no solo de la posible toxicidad intrínseca de la sustancia, sino de la dosis o la cantidad a la que la población está expuesta y el momento o la duración de la exposición. En general, los estudios disponibles en seres humanos que evalúan las posibles relaciones entre el cáncer de mama y exposiciones ambientales específicas no son concluyentes.

Factores e intervenciones con evidencia suficiente de ausencia de relación o poca relación

Aborto inducido

Se propuso que el aborto inducido es un factor de riesgo de cáncer de mama. Los hallazgos de estudios de observación han variado; en algunos estudios, se observó una relación, pero no en otros. Los estudios observacionales en los que se sustenta este vínculo fueron menos rigurosos y quizás sesgados debido a los diferentes recuerdos que tienen las mujeres de un tema sensible desde el punto de vista social.[120-123] Por ejemplo, el efecto del sesgo de recuerdo o notificación se demostró en un estudio en el que se compararon regiones geográficas con actitudes sociales diferentes con respecto al aborto inducido.[124] El Committee on Gynecologic Practice of the American College of Obstetricians and Gynecologists concluyó que “en los estudios recientes más estrictos se demostró que no hay una relación de causalidad entre el aborto inducido y el aumento posterior de riesgo de cáncer de mama”.[125] En los estudios con recolección prospectiva de datos sobre el aborto inducido, que evitan el sesgo de recuerdo, en general se observó que no había ningún vínculo con la presentación posterior de un cáncer de mama.[126-131]

Alimentación

Hay pocos datos que indiquen que las modificaciones de cualquier tipo en la alimentación afecten la incidencia de cáncer de mama.

Hay muy pocos ensayos aleatorizados con seres humanos en los que se compare la incidencia de cáncer con diferentes tipos de alimentación. La mayoría de los estudios son de observación —incluso análisis a posteriori de ensayos aleatorizados— y están sujetos a sesgos que pueden ser tan amplios que dificulten la interpretación de la observación. En particular, los valores de P y los IC no tienen la misma interpretación que cuando se calculan para el criterio primario de valoración en un ensayo aleatorizado.

En un resumen de estudios ecológicos publicado antes de 1975, se mostró una correlación positiva entre las tasas internacionales de mortalidad por cáncer de mama ajustadas por edad y el cálculo per cápita de consumo de grasas alimenticias.[132] Los resultados de los estudios de casos y controles fueron contradictorios. Veinte años después, en un análisis conjunto de los resultados de siete estudios de cohortes, no se encontró ninguna relación entre el consumo total de grasas alimenticias y el riesgo de cáncer de mama.[133]

Se llevó a cabo un estudio controlado aleatorizado sobre una modificación alimentaria con 48 835 mujeres posmenopáusicas de 50 a 79 años que también participaron en el WHI. La intervención propició la meta de reducir el consumo total de grasa en 20 % y aumentar simultáneamente el consumo de verduras, frutas y granos. El grupo de intervención redujo el consumo de grasas en aproximadamente 10 % durante más de 8,1 años de seguimiento, lo que disminuyó las concentraciones de estradiol y gammatocoferol, pero no se mostró una pérdida de peso constante. La incidencia del cáncer de mama invasivo fue levemente inferior en el grupo de la intervención, con un CRI de 0,91 (IC 95 %, 0,83–1,01).[134] No hubo ninguna diferencia en la mortalidad por todas las causas, la mortalidad general ni la incidencia de episodios cardiovasculares.[135]

Con respecto a la ingesta de frutas y verduras, en un análisis conjunto de 8 estudios de cohortes en los que se incluyó a más de 350 000 mujeres con 7377 casos de cáncer de mama, se observó poca o ninguna relación según distintos modelos estadísticos.[136]

En el Women's Healthy Eating and Living Randomized Trial [137], se examinó el efecto de la alimentación en la incidencia de nuevos cánceres de mama primarios en mujeres a las que previamente se les diagnosticó cáncer de mama. Se inscribieron más de 3000 mujeres y se asignaron al azar a un régimen intensivo con mayor ingesta de frutas, verduras y fibra, y menor ingesta de grasas, o a un grupo de comparación que recibió material impreso sobre las pautas alimentarias de “cinco al día”. Luego de una mediana de seguimiento de 7,3 años, no hubo reducción del número de nuevos cánceres primarios, ni diferencias en la supervivencia sin enfermedad o la supervivencia general.

En un ensayo aleatorizado realizado en España [138], las participantes con riesgo cardiovascular alto se asignaron a 1 de 3 dietas: una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva extra virgen, una dieta mediterránea suplementada con una mezcla de frutos secos o a una dieta mediterránea de control (con orientación para reducir la ingesta grasa). Los investigadores notificaron una reducción estadísticamente significativa de episodios cardiovasculares mayores, que fue el criterio primario de valoración del ensayo.[139] Los investigadores también abordaron otros criterios primarios de valoración, incluso la incidencia de cáncer de mama, aunque no se especificó cuántos se examinaron. A partir de solo 35 casos de cáncer de mama invasivo (en comparación con 288 episodios cardiovasculares mayores), las tasas respectivas de cáncer de mama fueron 8 de 1476 (0,54 %); 10 de 1285 (0,78 %) y 17 de 1391 (1,22 %) con seguimientos promedio de 4,8, 4,3 y 4,2 años, respectivamente. Las circunstancias en las que se realizó el estudio hacen difícil determinar la significación estadística de estas diferencias.

Vitaminas

En ensayos clínicos se analizó la posible función de micronutrientes específicos en la reducción del riesgo de cáncer de mama, con la enfermedad cardiovascular y el cáncer como desenlaces. En el Women’s Health Study, un ensayo aleatorizado con 39 876 mujeres, no se identificó diferencia en la incidencia de cáncer de mama a 2 años entre las mujeres que recibieron betacaroteno o placebo.[140] En este mismo estudio, no se observó ningún efecto general en el cáncer en las mujeres que tomaban 600 UI de vitamina E en días alternos.[141] En el Women’s Antioxidant Cardiovascular Study, se examinó a 8171 mujeres para determinar la incidencia general de cáncer y de cáncer de mama invasivo, y no se encontró ningún efecto para la vitamina C, la vitamina E o el betacaroteno.[142] Dos años después, un subconjunto de 5442 mujeres se asignó al azar a recibir 1,5 mg de ácido fólico, 50 mg de vitamina B6 y 1 mg de B12, o un placebo. Al cabo de 7,3 años, no hubo diferencia en la incidencia general de cáncer invasivo o del cáncer de mama invasivo.[143]

Fenretinida [144] La fenretinida es un análogo de la vitamina A que mostró reducir que reduce la carcinogenia de la mama en estudios preclínicos. En un ensayo italiano de fase III se comparó la eficacia de una intervención a 5 años con fenretinida versus la ausencia de tratamiento en 2972 mujeres, de entre 30 y 70 años, con cáncer de mama en estadio I extirpado quirúrgicamente o CDIS. Al cabo de una mediana de observación de 97 meses, no hubo diferencias estadísticamente significativas en la presentación de cáncer de mama contralateral (P = 0,642), cáncer de mama ipsilateral (P = 0,177), incidencia de metástasis a distancia, neoplasias malignas fuera de la mama y mortalidad por todas las causas.[145]

Tabaquismo activo y pasivo

Durante más de tres décadas se ha estudiado la función del consumo de cigarrillos como factor etiológico del cáncer de mama, y no se ha identificado una evidencia definida de esta relación.[146] A partir de mediados de la década de 1990, los estudios del consumo de cigarrillo y el cáncer de mama empezaron a considerar de cerca la exposición pasiva al humo de tabaco.[146,147] En un metanálisis reciente se indica que no hay una relación general entre la exposición pasiva al humo del cigarrillo y el cáncer de mama, y que la metodología del estudio (determinación de la exposición tras el diagnóstico de cáncer de mama) quizás explique el vínculo aparente de riesgo que se ha observado en algunos estudios.[148]

Desodorantes o antitraspirantes axilares

A pesar de las publicaciones escritas por personas sin entrenamiento profesional en las que se advierte a las mujeres que usar desodorantes o antitraspirantes axilares causa cáncer de mama, no hay evidencia que respalde esta inquietud. En un estudio de entrevistas a 813 mujeres con cáncer de mama y 793 controles, no se encontró ninguna relación entre el riesgo de cáncer de mama y el uso de antitraspirantes, desodorantes o cuchillas de afeitar antes de aplicar estos productos.[149] Por el contrario, en un estudio de 437 sobrevivientes de cáncer de mama, se encontró que las mujeres que usaban antitraspirantes o desodorantes y que se afeitaban las axilas con mayor frecuencia recibieron el diagnóstico de cáncer a una edad significativamente más temprana. Es probable que estos hallazgos se expliquen por las diferencias en las hormonas endógenas en lugar del hecho de afeitarse las axilas y el uso de antitranspirantes o desodorantes. La menarquia precoz y una mayor cantidad de vello corporal se relacionan con concentraciones más altas de hormonas endógenas, un reconocido factor de riesgo de cáncer de mama.[150]

Estatinas

En dos metanálisis bien realizados de varios ECA [151] y de ECA con estudios observacionales [152] no se encontró evidencia de que el uso de estatinas aumente o reduzca el riesgo de cáncer de mama.

Bisfosfonatos

Los bisfosfonatos orales e intravenosos para el tratamiento de la hipercalcemia y la osteoporosis se han estudiado por un posible efecto beneficioso en la prevención del cáncer de mama. Los estudios observacionales iniciales indicaron que las mujeres que usaron estos fármacos por períodos de aproximadamente 1 a 4 años tuvieron una incidencia más baja de cáncer de mama.[153-156] Estas observaciones son confusas por el hecho de que las mujeres con osteoporosis tienen un riesgo más bajo de cáncer de mama que aquellas con densidad ósea normal. Hay otra evidencia de estudios de mujeres con diagnosticó de cáncer de mama; el uso de estos fármacos se relacionó con menos cánceres contralaterales nuevos.[157] Con este antecedente, se realizaron dos ensayos grandes aleatorizados controlados con placebo. En el Fracture Intervention Trial (FIT), 6194 mujeres posmenopáusicas con osteopenia recibieron alendronato o un placebo y no se encontró diferencia en la incidencia de cáncer de mama a los 3,8 años, la incidencia de cáncer fue 1,8 y 1,5 %, respectivamente (CRI, 1,24; IC 95 %, 0,84–1,83). En el Health Outcomes and Reduced Incidence With Zoledronic Acid Once Yearly-Pivotal Fracture Trial (HORIZON-PRT), se examinó a 7580 mujeres posmenopáusicas con osteoporosis que recibieron zolendronato intravenoso o un placebo, y no se encontró diferencia en la incidencia de cáncer de mama al cabo de 2,8 años; la incidencia fue de 0,8 y 0,9 %, respectivamente (CRI, 1,15; IC 95 %, 0,7–1,89).[158]

Trabajo en turnos nocturnos

A partir de la evidencia obtenida en estudios con animales, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) de la Organización Mundial de la Salud clasificó el trabajo por turnos que altera el ritmo circadiano como posible carcinógeno de la mama.[159] En 2013, en un metanálisis de 15 estudios epidemiológicos, solo se encontró una evidencia deficiente de aumento en la incidencia de cáncer de mama en mujeres que alguna vez trabajaron en turnos nocturnos.[160] En 2016, los resultados de 3 estudios prospectivos recientes del Reino Unido, con participación de casi 800 000 mujeres, se combinaron con los resultados de 7 estudios prospectivos adicionales y se observó que no hay evidencia de una relación entre la incidencia de cáncer de mama y el trabajo en turnos nocturnos. En especial, los intervalos de confianza del cociente de tasas de incidencia fueron estrechos, incluso para 20 años o más de trabajo en turnos nocturnos (cociente de tasas, 1,01; IC 95 %, 0,93–1,10). A partir de estos resultados se excluye una relación moderada entre la incidencia de cáncer de mama y una duración prolongada del trabajo en turnos nocturnos.[161]

El Generations Study del Reino Unido comenzó en 2003 para abordar los factores de riesgo y las causas del cáncer de mama. Se estableció una cohorte prospectiva de 105 000 mujeres y, mediante un cuestionario, se obtuvo información sobre la intensidad de iluminación en los dormitorios durante la noche en el momento de la inscripción y a los 20 años de edad. Los investigadores realizaron un seguimiento de las mujeres durante un promedio de 6,1 años y observaron 1775 cánceres de mama. Luego del ajuste por posibles variables de confusión, incluso trabajo en turnos nocturnos, no encontró evidencia de que la intensidad de iluminación en el dormitorio durante la noche estuviera relacionada con un riesgo de cáncer de mama. El CRI de incidencia de cáncer de mama fue de 1,01 (IC 95 %, 0,88–1,15) en el análisis según la intensidad de iluminación entre la más alta y la más baja.[162]

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Modificaciones a este sumario (08/13/2021)

Los sumarios del PDQ con información sobre el cáncer se revisan con regularidad y se actualizan a medida que se obtiene nueva información. Esta sección describe los cambios más recientes introducidos en este sumario a partir de la fecha arriba indicada.

Aspectos generales

Se añadió Terapia hormonal para la menopausia como subsección nueva.

Se añadió Terapia con estrógeno como subsección nueva.

Se revisó texto para indicar que, a partir de evidencia sólida, la actividad física se relaciona con una disminución del riesgo de cáncer de mama.

Se revisó texto para indicar que la relación de la reducción del riesgo relativo promedio por la actividad física es 20 %, tanto para las mujeres posmenopáusicas como premenopáusicas, y afecta al riesgo de cáncer, tanto sensible a las hormonas como resistente a las mismas.

Se añadió texto para indicar que, a partir de evidencia sólida, la mastectomía profiláctica bilateral reduce el riesgo de cáncer de mama en mujeres con antecedentes familiares marcados de cáncer de mama u otros factores que las ponen en riesgo; la mayoría de las mujeres experimentan alivio en cuanto a la ansiedad sobre el riesgo de cáncer de mama después de someterse a la mastectomía profiláctica. Aunque algunos estudios han sugerido un beneficio de supervivencia con la mastectomía profiláctica contralateral. Estos resultados se atribuyen por lo general a un sesgo de selección, y no hay estudios de gran calidad que demuestren una clara ventaja de supervivencia.

Descripción de la evidencia

Se actualizaron las estadísticas con el número estimado de casos nuevos y defunciones para 2021 (se citó a la American Cancer Society como referencia 1 y Howlader et al. como referencia 2).

Se añadió Terapia hormonal para la menopausia como subsección nueva.

La subsección Actividad física fue objeto de amplia revisión.

Se revisó texto para indicar que la mastectomía profiláctica contralateral (MPC) hace referencia a la extirpación quirúrgica de la mama opuesta que no está afectada en mujeres que presentan cáncer de mama unilateral; las mujeres que se someten a MPC por lo general se someten a mastectomía bilateral para el tratamiento de cáncer de mama unilateral, y se notificó que las tasas de este procedimiento en las mujeres con enfermedad unilateral aumentó de 1,9 % en 1998 a 11,2 % en 2011, según información de la U.S. National Cancer Data Base.

Se añadió texto para indicar que en algunos estudios de observación se indicó que la MPC se relaciona con una disminución de la mortalidad por cáncer de mama, pero estos resultados por lo general se atribuyen a un sesgo de selección. Hasta ahora, no hay datos probatorios de alta calidad de que la MPC se relacione con mejoras en la supervivencia total. Sin embargo, algunas mujeres con cáncer de mama unilateral, que tienen un riesgo alto de presentar cáncer de mama contralateral, podrían elegir de manera razonable MPC para reducir el riesgo de un nuevo cáncer primario en la mama opuesta (se citó a Carbine et al. como referencia 102).

Este sumario está redactado y mantenido por el Consejo editorial del PDQ sobre los exámenes de detección y la prevención, que es editorialmente independiente del NCI. El sumario refleja una revisión independiente de la bibliografía y no representa una declaración de políticas del NCI o de los NIH. Para mayor información sobre las políticas de los sumarios y la función de los consejos editoriales del PDQ que mantienen los sumarios del PDQ, consultar en Información sobre este sumario del PDQ y la página sobre Banco de datos de información de cáncer - PDQ®.

Información sobre este sumario del PDQ

Propósito de este sumario

Este sumario del PDQ con información sobre el cáncer para profesionales de la salud proporciona información integral revisada por expertos y con fundamento en datos probatorios sobre la prevención del cáncer de mama. El propósito es servir como fuente de información y ayuda para los médicos que atienden a pacientes de cáncer. No ofrece pautas ni recomendaciones formales para tomar decisiones relacionadas con la atención sanitaria.

Revisores y actualizaciones

El Consejo editorial del PDQ sobre los exámenes de detección y la prevención, cuya función editorial es independiente del Instituto Nacional del Cáncer (NCI), revisa con regularidad este sumario y, en caso necesario, lo actualiza. Este sumario refleja una revisión bibliográfica independiente y no constituye una declaración de la política del Instituto Nacional del Cáncer ni de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH).

Cada mes, los miembros de este Consejo examinan artículos publicados recientemente para determinar si se deben:

  • tratar en una reunión,
  • citar textualmente, o
  • sustituir o actualizar, si ya se citaron con anterioridad.

Los cambios en los sumarios se deciden mediante consenso, una vez que los integrantes del Consejo evalúan la solidez de los datos probatorios en los artículos publicados y determinan la forma en que se incorporarán al sumario.

Cualquier comentario o pregunta sobre el contenido de este sumario se debe enviar mediante el formulario de comunicación en Cancer.gov/espanol del NCI. No comunicarse con los miembros del Consejo para enviar preguntas o comentarios sobre los sumarios. Los miembros del Consejo no responderán a preguntas del público.

Grados de comprobación científica

En algunas referencias bibliográficas de este sumario se indica el grado de comprobación científica. El propósito de estas designaciones es ayudar al lector a evaluar la solidez de los datos probatorios que sustentan el uso de ciertas intervenciones o enfoques. El Consejo editorial del PDQ sobre los exámenes de detección y la prevención emplea un sistema de jerarquización formal para establecer las designaciones del grado de comprobación científica.

Permisos para el uso de este sumario

PDQ (Physician Data Query) es una marca registrada. Se autoriza el libre uso del texto de los documentos del PDQ. Sin embargo, no se podrá identificar como un sumario de información sobre cáncer del PDQ del NCI, salvo que se reproduzca en su totalidad y se actualice con regularidad. Por otra parte, se permitirá que un autor escriba una oración como “En el sumario del PDQ del NCI de información sobre la prevención del cáncer de mama se describen, en breve, los siguientes riesgos: [incluir fragmento del sumario]”.

Se sugiere citar la referencia bibliográfica de este sumario del PDQ de la siguiente forma:

PDQ® sobre los exámenes de detección y la prevención. PDQ Prevención del cáncer de seno (mama). Bethesda, MD: National Cancer Institute. Actualización: <MM/DD/YYYY>. Disponible en: https://www.cancer.gov/espanol/tipos/seno/pro/prevencion-seno-pdq. Fecha de acceso: <MM/DD/YYYY>.

Las imágenes en este sumario se reproducen con el permiso del autor, el artista o la editorial para uso exclusivo en los sumarios del PDQ. La utilización de las imágenes fuera del PDQ requiere la autorización del propietario, que el Instituto Nacional del Cáncer no puede otorgar. Para obtener más información sobre el uso de las ilustraciones de este sumario o de otras imágenes relacionadas con el cáncer, consultar Visuals Online, una colección de más de 2000 imágenes científicas.

Cláusula sobre el descargo de responsabilidad

La información en estos sumarios no se debe utilizar como base para determinar reembolsos por parte de las aseguradoras. Para obtener más información sobre la cobertura de seguros, consultar la página Manejo de la atención del cáncer disponible en Cancer.gov/espanol.

Para obtener más información

En Cancer.gov/espanol, se ofrece más información sobre cómo comunicarse o recibir ayuda en ¿En qué podemos ayudarle?. También se puede enviar un mensaje de correo electrónico mediante este formulario.

  • Actualización:

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