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La pobreza persistente se relaciona con un aumento en el riesgo de morir por cáncer

, por el Equipo del NCI

Muchos condados con pobreza persistente se concentran en el sudeste de los Estados Unidos.

Crédito: Departamento de Agricultura de los Estados Unidos

Desde hace un tiempo se sabe que la pobreza está asociada con peores desenlaces para el cáncer, como un riesgo más alto de morir por la enfermedad. Se piensa que hay muchos factores que causan esta y otras desigualdades por cáncer

En un nuevo estudio de investigadores del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) y otros colegas se profundiza en los vínculos entre la pobreza y la muerte por cáncer en los Estados Unidos.

En el estudio se observó que las personas que viven en condados de los Estados Unidos con pobreza persistente tienen una probabilidad mayor de morir por cáncer que las personas en otros condados. El riesgo se suma al riesgo agudizado en áreas donde hay pobreza que aún no es persistente, señaló el investigador del estudio, el doctor Robert Croyle, que dirige la División de Control de Cáncer y Ciencias Demográficas (DCCPS) del NCI.

Estos “son datos intrigantes… que nos ofrecen información sobre los factores sociales que influyen en la salud de las poblaciones con más probabilidad de tener consecuencias adversas, en particular, las personas afroamericanas e hispanoamericanas”, comentó el doctor Brian Rivers, máster en Salud Pública, director del Instituto de Equidad en Salud por Cáncer de la Facultad de Medicina de Morehouse, que no participó en el nuevo estudio. 

Los resultados del estudio publicados el 30 de septiembre de 2020 en la revista Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention podrían tener repercusiones importantes en las políticas y otras medidas destinadas a disminuir las desigualdades por cáncer, dijo la doctora Lauren Wallner, máster en Salud Pública, de la Universidad de Michigan, que es epidemióloga especialista en cáncer y que tampoco participó en el estudio.

Además de tratar de modificar los factores que influyen en el riesgo de cáncer del individuo, como el tabaquismo o la obesidad, “necesitamos pensar de forma más amplia sobre factores e inequidades estructurales y sociales” que afectan a las comunidades que viven en pobreza persistente, dijo la doctora Wallner. 

Vivir en la pobreza persistente tiene un efecto considerable

Para este estudio, los investigadores recopilaron datos de mortalidad por cáncer de 2007 a 2011 para cada condado de los Estados Unidos. Según la definición del Censo de los Estados Unidos, los condados con pobreza persistente son aquellos en los que el 20 % de la población o más tiene un ingreso por debajo del nivel de pobreza federal desde 1980. Los condados con pobreza actual son aquellos en los que el 20 % de la población o más tiene un ingreso por debajo del nivel de pobreza federal durante el período del estudio.

La distribución geográfica de los condados con pobreza persistente, que representan alrededor del 12 % de los condados de los Estados Unidos, fue despareja: muchos están en la región sudeste del país. El equipo del estudio halló que los condados con pobreza persistente eran en su mayoría rurales y tenían porcentajes más altos de población negra e hispana, en comparación con los condados sin pobreza persistente. 

En estudios anteriores se observó que la tasa de mortalidad por cáncer es más alta en las zonas rurales de los Estados Unidos, que tienden a presentar tasas de pobreza más altas, falta de acceso a la atención médica y otras dificultades en comparación con la mayoría de las áreas urbanas y suburbanas.

Entre 2007 y 2011, la tasa de mortalidad anual por cáncer de todos los tipos (mortalidad general por cáncer) fue 12 % más alta en los condados con pobreza persistente que en los condados sin pobreza persistente (201,3 frente a 179,3 muertes por cada 100 000 personas).

Asimismo, la tasa de mortalidad general por cáncer fue 7,4 % más alta en los condados con pobreza persistente que en los condados con pobreza actual que no es persistente.

El 12 % de aumento en la tasa de mortalidad que se observó cuando hay pobreza persistente “es un efecto considerable”, señaló la doctora Wallner. Esta diferencia “es cercana a la magnitud de las desigualdades raciales en la mortalidad por cáncer” entre la población negra y la población blanca en los Estados Unidos, que es alrededor del 16 %, escribió el equipo del estudio.

Al observar los tipos de cáncer más comunes, el equipo descubrió que la pobreza persistente se relacionó con un aumento notable en los riesgos de muerte por varios tipos de cáncer, como el cáncer de pulmón, cáncer colorrectal, cáncer de estómago y cáncer de hígado.

El contexto histórico es importante al considerar las desigualdades por cáncer

La doctora Shobha Srinivasan, investigadora del estudio y asesora superior sobre desigualdades en salud de la DCCPS, destacó que es importante entender la interacción entre los distintos factores de riesgo relacionados con los desenlaces de salud desfavorables, que incluyen vivir en la pobreza persistente, pertenecer a ciertos grupos raciales o étnicos y vivir en una comunidad rural.

“Todas estas cosas se van apilando una encima de la otra, pero es importante separarlas” y descifrar los motivos exactos que causan las tasas de mortalidad por cáncer más altas en los condados con pobreza persistente, explicó el doctor Croyle. “Estamos tratando de hacer esto de forma sistemática… pero es mucho más complejo de lo que parece”, añadió.

El nuevo estudio, continuó, demuestra “la importancia de tener en cuenta el contexto histórico al tratar de entender las desigualdades en la salud, y luego crear estrategias para disminuir esas desigualdades”. En otras palabras, continuó el doctor Croyle, “no es posible mirar hacia adelante sin mirar hacia atrás”.

Necesitaremos tomar medidas desde muchos frentes para abordar los factores que aumentan las desigualdades en las muertes por cáncer, comentó la doctora Wallner. 

Por ejemplo, las estrategias que disminuyen las desigualdades por cáncer podrían incluir crear áreas al aire libre donde las personas se sientan protegidas para hacer ejercicio y dar acceso a tiendas que vendan alimentos saludables. También será importante abordar problemas como el racismo, el delito y la violencia, que contribuyen a las desigualdades en salud, indicó el doctor Rivers.

Para responder mejor a los factores estructurales y sociales que generan las desigualdades por cáncer en las comunidades afectadas por la pobreza, explica el doctor Rivers, “necesitamos mejorar la participación de los dirigentes a nivel estatal y local”. Agregó que se debe incluir a los gobernadores, alcaldes, funcionarios de comités de los condados y miembros de municipalidades.

La doctora Srinivasan señaló que las estrategias para resolver estas desigualdades se deben elaborar en equipo con expertos de distintos campos, como epidemiólogos, expertos en políticas públicas y economistas.

Repercusiones futuras

En el estudio no se registró la cantidad de tiempo que las personas que murieron por cáncer vivieron en el condado, aclaró la doctora Wallner. “Es posible que vivir en pobreza persistente durante un tiempo prolongado tenga efectos más marcados” en la mortalidad por cáncer, comentó.

Además, en el estudio no se incluyó la información sobre factores a nivel personal relacionados con las diferencias regionales en la mortalidad por cáncer, como el tabaquismo o las actitudes de las personas en cuanto a buscar atención médica si tienen cáncer.

Sin embargo, indicó la doctora Wallner, “los datos añaden bastante información sobre lo que sabemos acerca del estudio de las desigualdades por encima del aporte individual, y acerca de la forma de pensar sobre cómo la pobreza y los recursos en un área influyen en las desigualdades”.

En el futuro, comentó el doctor Rivers, los científicos que estudian el cáncer y otras desigualdades en salud “deben ampliar la medición de la pobreza a lo largo del tiempo” en vez de solo observar la situación socioeconómica de una persona en un momento determinado.

Tanto la doctora Srinivasan como el doctor Croyle concuerdan con que también será importante tener contacto con las comunidades afectadas por la pobreza persistente a fin de establecer la confianza necesaria para incorporar a estas poblaciones en estudios futuros.

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