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Recetar ejercicio como tratamiento del cáncer: conversación con la doctora Kathryn Schmitz

, por el Equipo del NCI

El 16 de octubre de 2019, un panel de expertos convocado por el Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM) publicó pautas y recomendaciones actualizadas sobre la función de la actividad física y el ejercicio en la prevención del cáncer y la supervivencia a esta enfermedad. La doctora Kathryn Schmitz, del Departamento de Ciencias de Salud Pública en la Facultad de Medicina de Penn State, y el doctor Charles Matthews, de la División de Epidemiología y Genética del Cáncer del NCI, fueron copresidentes del panel.

Según se describen en tres publicaciones, las recomendaciones del panel provienen del análisis exhaustivo de datos científicos sobre la actividad física y el cáncer. En esta conversación, la doctora Schmitz, ex presidenta del ACSM, explica los hallazgos de investigación que vinculan la actividad física con mejores desenlaces del cáncer y el significado de estas nuevas pautas para los proveedores de atención de la salud y los sobrevivientes.  

Una pareja afroamericana caminando en el parque.

Un panel de expertos publicó nuevas recomendaciones sobre el ejercicio para las personas que reciben tratamiento para el cáncer y los sobrevivientes a largo plazo.

Crédito: iStock

¿Qué se sabe sobre la función del ejercicio para las personas con cáncer y los sobrevivientes a largo plazo?

En el pasado, los médicos aconsejaban a los pacientes de cáncer que descansaran y evitaran la actividad física. Sin embargo, en los primeros estudios de investigación sobre el ejercicio de los años noventa y a comienzos del milenio aprendimos todo lo contrario. De hecho, el campo de la oncología del ejercicio (estudio del ejercicio y el cáncer) ha crecido muchísimo en el último decenio. Hay más de 1000 estudios clínicos aleatorizados en este campo. También se completaron muchos estudios epidemiológicos y preclínicos grandes, que amplían lo que sabemos. 

Ahora tenemos los datos probatorios para saber, con gran seguridad, que quienes tienen o tuvieron cáncer se benefician si hacen más actividad física. Estamos en un punto de la evolución de este campo en el que podemos “dosificar” el ejercicio con precisión, como lo hacemos con los fármacos, para abordar varios desenlaces de salud relacionados con el cáncer. 

¿Qué desenlaces de salud relacionados con el cáncer mejoran con el ejercicio? 

El panel del ACSM comprobó que recetar ejercicio para ciertos desenlaces de salud relacionados con el cáncer benefician a quienes tienen o tuvieron cáncer.  Por ejemplo, observamos datos sólidos en los sobrevivientes de cáncer que confirmaron que 30 minutos de ejercicio aeróbico tres veces por semana eran suficientes para mejorar la ansiedad, la depresión, el cansancio, la calidad de vida y el funcionamiento físico. 

Para casi todos estos desenlaces, también comprobamos el beneficio de hacer ejercicios de resistencia dos veces por semana. La ansiedad y la depresión no parecen mejorar solo con el entrenamiento de resistencia, pero sí mejoran con la combinación de ejercicios aeróbicos y de resistencia. Además, el panel llegó a la conclusión de que el entrenamiento de resistencia dos veces por semana no aumenta el riesgo de linfedema.

Los datos probatorios actuales aún no son suficientes para determinar si el ejercicio mejora otros aspectos de la enfermedad, como la neuropatía periférica, la cardiotoxicidad, el funcionamiento cognitivo, el dolor o la tasa de finalización de quimioterapia. 

Katie Schmitz

Doctora Kathryn Schmitz,

Facultad de Medicina de Penn State

¿Mejora el ejercicio la supervivencia de las personas con cáncer?

Sí. A partir de los datos probatorios, nuestra conclusión es que el ejercicio después de un diagnóstico de cáncer de seno (mama), de colon o de próstata se asocia a una supervivencia mayor. Aunque no hay suficientes pruebas para deducir lo mismo para todos los tipos de cáncer, en general, hay suficientes beneficios de la actividad física que aconsejamos que los sobrevivientes de todos los tipos de cáncer sigan las mismas pautas de actividad física que se recomiendan para el público en general: 150 a 300 minutos por semana de actividad de intensidad moderada, o 75 a 150 minutos por semana de actividad de intensidad vigorosa. 

Por supuesto, los ejercicios se deben adaptar a las preferencias y al estado funcional de cada paciente de cáncer. Para recetar un programa de ejercicio eficaz y sin riesgos, se deben evaluar primero la edad del paciente, el tipo y el estadio del cáncer, los efectos secundarios del tratamiento y otros aspectos de salud. 

Muy pocos sobrevivientes de cáncer hacen ejercicio con regularidad. ¿Qué se necesita para cambiar lo que se entiende sobre el cáncer y el ejercicio? 

Necesitamos un cambio de modelo, como el que tuvimos para el ejercicio y las enfermedades cardiacas. Si le preguntamos a la persona promedio si el ejercicio es bueno para el corazón, dirá que sí. No siempre fue así; en algún momento hubo un cambio. Hace falta una iniciativa multifacética para fomentar un cambio de pensamiento. Se debe hacer un gran esfuerzo con el fin de aumentar la concientización sobre la importancia del ejercicio en los pacientes de cáncer, al igual que en los médicos, los cuidadores y el público en general.

El ACSM acaba de poner en marcha una nueva iniciativa llamada Moving Through Cancer, que se centra en: aumentar la concientización sobre el valor del ejercicio para los sobrevivientes de cáncer y educar al personal de oncología clínica  para que remitan a programas de ejercicio, los coordinen o receten; ampliar las oportunidades para hacer ejercicio; y cambiar la política de modo que, para 2029, el ejercicio sea una práctica habitual para todos los pacientes que tienen o tuvieron cáncer. 

Creemos que para aumentar la concientización es necesario llegar a los medios de comunicación y a las redes sociales, actualizar los libros de texto universitarios de ciencias del ejercicio y crear formación continua para los oncólogos, entre otras iniciativas. 

Tengo la esperanza de que algún día, cuando le pregunten a alguien por la calle si el ejercicio es valioso para los sobrevivientes de cáncer, la respuesta sea un rotundo “Sí”.
 

¿Ayuda el ejercicio a mejorar los efectos secundarios del tratamiento?

Además de demostrar una serie de beneficios del ejercicio para los sobrevivientes de cáncer, los informes del ACSM también destacan varias áreas nuevas de investigación, como la posibilidad de que el ejercicio alivie los efectos secundarios del tratamiento (por ejemplo, cardiotoxicidad y neuropatía periférica) o la tolerancia al tratamiento y la eficacia de este.

Según el doctor Frank Perna, director de programas en la División de Control del Cáncer y Ciencias Demográficas (DCCPS) del NCI, los datos probatorios de la influencia del ejercicio en muchos de estos resultados son prometedores, pero aún insuficientes. Sin embargo, explicó que la DCCPS en estos momentos financia estudios que servirán para fortalecer la comprobación científica y abordar estas y otras preguntas relacionadas con el efecto del ejercicio en el cáncer.

¿Cuál es el mensaje más importante que deben recordar los médicos sobre estas pautas actualizadas? 

Dado que muchos sobrevivientes de cáncer son sedentarios, lo más importante es que los médicos comuniquen a sus pacientes que no necesitan convertirse en maratonistas para beneficiarse del ejercicio. Pasar de no hacer nada de ejercicio a hacer algo de ejercicio será beneficioso para la salud. 

La recomendación del ACSM a los médicos es sencilla: pregunten a los pacientes de cáncer sobre su actividad física. Si la actividad es insuficiente, los médicos deben aconsejarles que aumenten la actividad.

Aunque los médicos solo tengan tiempo para hacer esto, demuestran a los pacientes que la actividad física es una parte importante del manejo de su salud y establece la expectativa de que ser físicamente activo es más saludable que ser sedentario. Esto es cierto incluso para los pacientes con enfermedad avanzada y para quienes tienen alguna limitación, aunque estos pacientes de cáncer necesitarán un programa con supervisión médica.

¿Están preparados los médicos para estas conversaciones?

Agregar algo más a la lista de cosas que el médico debe hacer cuando ve al paciente es un desafío. No obstante, los médicos que acostumbran preguntar a sus pacientes sobre la actividad física y los remiten a programas de ejercicio nos dijeron que sus pacientes no solo disfrutan el programa de ejercicio, sino que también sienten que tienen más poder. Esto, a su vez, se convierte en algo positivo durante la consulta con el médico y fomenta la práctica de conversar sobre el ejercicio.  

El motivo principal por el que los médicos no tienen estas conversaciones con los pacientes de cáncer es la falta de tiempo. Sin embargo, a algunos les preocupa no estar capacitados para responder a preguntas sobre el ejercicio o no saber si un ejercicio es seguro para un determinado paciente y, francamente, a la mayoría de las personas, y en particular a los médicos, no les gusta enfrentarse a preguntas que no pueden responder. 

La iniciativa Moving Through Cancer busca dar respuesta a estas inquietudes. El sitio web ayuda a los médicos a remitir a los pacientes a lugares donde respondan a preguntas y ofrezcan programas de ejercicio de alta calidad. Debido a que la mayoría de los programas de ejercicio exigen que el médico apruebe la participación del paciente, los médicos son clave para recomendar estos programas a los pacientes. 

¿Qué tipo de cambios de comportamiento e infraestructura se necesitan para que el ejercicio forme parte de la atención estándar del cáncer? 

Además de aumentar la concientización, es necesario encontrar formas de integrar el ejercicio físico oncológico a la atención estándar del cáncer. Por ejemplo, la formación profesional de oncólogos que incorpore la capacitación para tener conversaciones breves, informativas y eficaces con los pacientes sobre la actividad física. También es importante el desarrollo profesional del personal en el campo de la rehabilitación (como los especialistas en medicina física y rehabilitación, los terapeutas ocupacionales y los fisioterapeutas) , los estudiantes de ciencias del ejercicio y los profesionales del acondicionamiento físico. 

Es necesario preparar material de enseñanza que se pueda añadir directamente en los planes de estudio para que todos estos profesionales estén preparados con conocimientos sobre la mejor manera de ayudar a que los pacientes de cáncer sean físicamente activos. Esto debe incluir la forma de recetar un programa de ejercicio en la cantidad adecuada para satisfacer las necesidades y las capacidades específicas de los pacientes.

Las compañías de seguro médico y las comunidades deben asignar recursos suficientes para que haya programas de ejercicio de alta calidad bien difundidos y accesibles. La iniciativa "Moving Through Cancer" cada vez tiene más participantes y esperamos que se convierta en un recurso confiable para que los profesionales de oncología remitan a los programas apropiados, además de usarlo como recurso para ayudar a los pacientes y sus familiares a ubicar programas.

También instamos a los investigadores a que ayuden a fomentar el adelanto científico en este campo. Hay datos científicos y estadísticos abundantes sobre el ejercicio y el cáncer, así que alentamos a que se lleve a cabo investigación científica aplicada e investigación sobre la prestación de atención médica a fin de entender mejor cómo fomentar adaptaciones para que todas las personas que tienen o tuvieron cáncer hagan la mayor cantidad de ejercicio s posible.

¿Cómo pueden los sobrevivientes ayudar a lograr adelantos en este campo?

Hay muchos ejemplos de pacientes que generaron cambios en la atención del cáncer. Los sobrevivientes y los defensores del paciente pueden ayudar a cambiar la atención médica del cáncer al exigir que los profesionales evalúen, asesoren y remitan a los pacientes a los programas de ejercicio adecuados.
 

El panel de expertos del ACSM que incluyó a los investigadores del NCI, doctor Charles Matthews, doctor Frank Perna y doctor Steven Moore, informó sobre los hallazgos de su estudio y las pautas relacionadas en las siguientes tres publicaciones recientes (en inglés):

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