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Terapia de combinación mejora la supervivencia de algunos hombres con cáncer recurrente de próstata

6 de marzo de 2017 por Equipo del NCI

Los antiandrógenos como la bicalutamida compiten con los andrógenos para unirse a receptores de andrógenos, lo cual reduce la capacidad de estos para promover el crecimiento de las células cancerosas de próstata.

Crédito: Terese Winslow

Al añadir la terapia de privación de andrógenos a la radioterapia puede mejorarse la supervivencia de algunos hombres con cáncer recurrente de próstata, según los resultados a largo plazo de un estudio clínico.

La terapia de combinación estuvo asociada también con un índice más bajo de metástasis y de muerte por cáncer de próstata, en comparación con radiación sola. El doctor William U. Shipley, del Hospital General de Massachusetts, y sus colegas publicaron sus conclusiones en la New England Journal of Medicine el 2 de febrero.

El estudio clínico, patrocinado por el NCI, incluyó a 760 pacientes que se habían sometido a cirugía para extirpar la próstata como tratamiento para cáncer localizado y que más tarde experimentaron una elevación de concentración del antígeno prostático específico (PSA), un cambio que se conoce como recurrencia bioquímica que puede indicar que la enfermedad ha regresado.

“La cirugía es un tratamiento muy común para hombres con cáncer de próstata localizado, pero más de 30 % de ellos tendrán recurrencia de la enfermedad” informó el doctor Shipley en un comunicado de prensa. Él predijo que los resultados del estudio cambiarían las normas de atención de pacientes que experimentan recurrencia posoperativa.

Resultados del estudio

En el estudio, los participantes fueron asignados aleatoriamente a recibir bicalutamida (Casodex®) o un placebo durante 24 meses, junto con 6,5 semanas de radioterapia. Cuando el estudio empezó en 1998, la bicalutamida era un tratamiento usado comúnmente para evitar que los andrógenos (hormonas sexuales masculinas) alimentaran el crecimiento y la diseminación de tumores en hombres con cáncer de próstata.

Se hizo seguimiento a los pacientes por una mediana de 13 años. El índice general de supervivencia entre los pacientes del grupo de bicalutamida a los 12 años era de 76,3 %, comparados con 71,3 % del grupo del placebo— una diferencia estadísticamente significativa.

A los 12 años, 21 (5,8 %) de los pacientes que recibieron bicalutamida habían muerto por cáncer de próstata, contra 46 (13,4 %) de los pacientes del grupo del placebo, encontraron los investigadores. En el grupo de bicalutamida, 14,5 % de los pacientes presentaron metástasis distantes a los 12 años, contra 23,0 % de los del grupo del placebo.

El efecto secundario principal de la bicalutamida fue el crecimiento de tejido de los senos, o ginecomastia que se presentó en casi 70 % de los hombres que recibieron este fármaco y 11 % de los del grupo del placebo.

Este efecto secundario puede ser “alarmante”, pero puede “mitigarse con radiación profiláctica al seno o con la administración de tamoxifeno”, escribió el doctor Ian M. Thompson, JR, del CHRISTUS Santa Rosa Health System, en San Antonio, Tejas, en un editorial adjunto.

El índice de efectos secundarios por largo tiempo, incluyendo efectos en el corazón y en el hígado, no fue diferente significativamente estadístico entre los grupos. Las terapias que interfieren con la producción o con la acción de la testosterona andrógena han estado relacionadas con esos efectos en estudios anteriores.

Cuerpo de evidencia en aumento

Los resultados son consistentes con los de un estudio clínico publicado el año pasado que evaluó la adición de terapia de privación de andrógenos a corto plazo a la radioterapia, señaló la doctora Deborah E. Citrin, del Centro para la Investigación del Cáncer (CCR), del NCI, que no participó en ninguno de los estudios. Los resultados del estudio de 2016 indicaron que la radiación más un curso de terapia de privación androgénica por 6 meses podría ser una opción de tratamiento para los hombres que sufren de una recidiva bioquímica después de una prostatectomía.

“Juntos, los resultados de estos estudios nos dan mucha más confianza en recomendar este tipo de tratamiento para los pacientes apropiados”, dijo la doctora Citrin, investigadora principal de la Unidad de Oncología Radiológica del CCR.

“Ahora que sabemos que existe un beneficio de supervivencia, necesitamos determinar quiénes tienen probabilidad de beneficiarse más con el tratamiento y cuál es la duración óptima de dicho tratamiento”, continuó la doctora Citrin. Algunos pacientes pueden obtener algunos de los beneficios reportados en el estudio de bicalutamida de cursos cortos de terapia de privación androgénica, señaló ella.

Los pacientes que piensan en recibir tratamiento con terapia de privación androgénica y radioterapia deberán discutir la opción con sus médicos “para encontrar un equilibrio entre los beneficios potenciales y los riesgos, incluidos los efectos secundarios”, añadió la doctora Citrin.

En los últimos años, los medicamentos como el acetato de leuprolida (Lupron®) han remplazado en gran medida a la bicalutamida como adición a la radiación. Dos estudios clínicos grandes que comenzaron hace 5 años están evaluando algunas de estas sustancias combinadas con radiación.

“Va a llevarse algún tiempo para obtener sus resultados”, señaló el doctor Shipley. Pero, ya que ambos planteamientos actúan mediante la reducción de suministro de testosterona al tumor mismo, no hay ninguna razón para esperar que los resultados sean diferentes a los de estudios de la bicalutamida, añadió él.

Valor de seguimiento a largo plazo

En 2010, los resultados provisionales del estudio actual mostraron que el tratamiento con bicalutamida condujo a una reducción tanto de la recurrencia bioquímica como a la formación de metástasis. Debido a que el cáncer de próstata puede progresar lentamente, los investigadores quisieron un seguimiento a largo plazo para determinar si algunos participantes podrían considerarse curados de su enfermedad.

En su editorial, el doctor Thompson destacó este aspecto de la investigación.

“Esta notable contribución de la Red Nacional de Estudios Clínicos del Instituto Nacional del Cáncer, demuestra la importancia de los estudios clínicos aleatorizados con un seguimiento muy largo”, escribió él. “Los estudios que incorporan intervenciones sin propiedad intelectual de marca comercial (p. ej., cirugía o radioterapia) o sustancias farmacéuticas cuyas patentes suelen caducar antes de que se haya completado el estudio pueden lograrse solo con el uso de este valioso recurso nacional”.

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