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Formas más seguras de detectar el cáncer de testículo recidivante tras la cirugía

, por el Equipo del NCI

Un hombre joven acostado, ingresando a la maquina de imágenes por resonancia magnética g an MRI machine.

Es posible usar imágenes por resonancia magnética (IRM) o menos tomografías computarizadas (TC) sin peligro para detectar si recidivó (volvió) el cáncer en quienes tuvieron cirugía de cáncer de testículo en estadio temprano.

Fuente: iStock

A los hombres que se operan el cáncer de testículo de riesgo bajo en estadio temprano, se los vigila por varios años para saber si la enfermedad vuelve. A menudo, la vigilancia incluye obtener imágenes por tomografía computarizada (TC) con regularidad, que exponen a los pacientes a la radiación
 
Según un nuevo estudio, el uso habitual de las imágenes por resonancia magnética (IRM), una técnica por la que se toman imágenes sin radiación, es tan eficaz como las TC para detectar la mayoría de las recaídas antes de que avancen.

Los resultados también indican que quizás los médicos podrían disminuir sin peligro la frecuencia de las TC y las IRM que se usan para vigilar el cáncer en estas personas. Un grupo de investigadores en el Reino Unido publicaron sus hallazgos el 17 de marzo en la Journal of Clinical Oncology.

Los hombres que reciben un diagnóstico de cáncer de testículo en estadio temprano suelen ser relativamente jóvenes y casi todos se curan. Por lo tanto, los médicos intentan minimizar los posibles efectos secundarios del tratamiento y la atención de seguimiento

Sin embargo, aún no queda en claro cuál es la forma más segura de vigilar a los pacientes, señaló la investigadora en estadísticas principal del nuevo estudio, la doctora Fay Cafferty, de la Unidad de Estudios Clínicos del Consejo de Investigación Médica en la University College de Londres (UCL). 

Para investigar, la doctora Cafferty y sus colegas diseñaron un estudio clínico de fase 3 aleatorizado, que incluyó a 669 hombres que tuvieron cirugía de cáncer de testículo con tumores seminomatosos (seminomas) en estadio temprano. 

En el estudio, llamado TRISST, se compararon los resultados después de usar cuatro métodos distintos:

  • vigilancia con 7 TC durante 5 años
  • vigilancia con 7 IRM durante 3 años
  • vigilancia con 3 TC durante 3 años
  • vigilancia con 3 IRM durante 3 años

Tras una mediana de seguimiento de 6 años, los investigadores encontraron que los resultados de los pacientes que se hicieron las IRM y las TC con menor frecuencia no fueron peores que los de los otros pacientes.

En general, en la vigilancia se detectó una recaída en 82 (12 %) de los hombres, 10 (1,5 %) de los cuales tenían cáncer en estadio avanzado. A los 5 años de la cirugía, los investigadores observaron que casi todos los participantes seguían vivos y que ninguna de las muertes fue por cáncer.

“Al usar las IRM en vez de las TC o al disminuir el número de estas pruebas, se detectan igual las recaídas en estadio temprano cuando es posible tratarlas con éxito”, comentó la doctora Cafferty. “Con estos métodos, se disminuye la exposición de estos pacientes al posible daño de la radiación y al mismo tiempo se los vigila con eficacia en caso de que el cáncer vuelva”.

Limitar la dosis de radiación acumulada

Aunque es poco frecuente, el cáncer de testículo es el cáncer más común en los hombres de 20 a 35 años de edad.
 
“Nos preocupa la dosis de radiación acumulada de las TC porque estos pacientes son jóvenes y se les dará seguimiento por mucho tiempo”, indicó el doctor Samuel Haywood, urólogo de la Cleveland Clinic, que no participó en el estudio del Reino Unido. 

En el TRISST, los hombres en el programa de tratamiento más largo se hicieron pruebas de imágenes cada 6 meses durante los primeros 2 años y luego una vez al año durante los siguientes 3 años. El programa de tratamiento más corto incluyó pruebas de imágenes solo a los 6, 18 y 36 meses. 

Una imagen de resonancia magnética en blanco y negro que muestra un umor de testículo, resaltado en rosa.

Tumor de testículo, resaltado en rosa, en una imagen por resonancia magnética. 

Fuente: Scientific Data. Agosto de 2021. https://doi.org/10.1038/s41597-021-00990-z. CC BY 4.0.

En la publicación, el equipo de investigación destacó que, en los 82 hombres con recaídas, todas las recaídas menos 5 de estas ocurrieron dentro de 3 años, lo cual indica que hacer pruebas de imágenes después de ese tiempo tal vez no sea necesario.

“Descubrimos que, el posible daño por la exposición a la radiación supera el beneficio de hacerse TC continuas después de 3 años, ya que pocos hombres tuvieron recaídas [después de 3 años] y tuvimos éxito en el tratamiento de esos pacientes [con recaída]”, afirmó en un comunicado de prensa el coautor del estudio, el doctor y licenciado en Medicina Robert Huddart, del Instituto de Investigación Oncológica (Londres).

Los autores del estudio descubrieron que, sin importar el tipo de imágenes o la frecuencia con la que se usaron en la vigilancia, cuando se detectaba la recaída, eran pocos los pacientes que tenían enfermedad en estadio avanzado. 

De las recaídas que se encontraron en estadio avanzado, 9 (2,8 %) ocurrieron en los grupos de las 3 pruebas en comparación con 1 (0,3 %) que ocurrió en el grupo de las 7 pruebas. Los investigadores indicaron que tal vez solo 4 de las 9 recaídas se hubieran podido detectar más temprano con 7 pruebas.

Comparación de los riesgos y los posibles beneficios de más pruebas por imágenes 

Una posible limitación del estudio fue que incluyó solo a hombres con un riesgo de recidiva relativamente bajo. Por lo tanto, según la doctora Cafferty, es posible que los hallazgos no se apliquen a hombres con un riesgo de recaída más alto.

El doctor Haywood espera que los resultados del estudio del Reino Unido ayuden a los médicos en los Estados Unidos a tomar decisiones sobre cómo vigilar a los pacientes después de una cirugía de cáncer de testículo con tumores seminomatosos en estadio temprano. En las pautas más recientes de la Red Nacional Oncológica Integral (NCCN) de los Estados Unidos, se recomienda hacer a los pacientes 4 tomografías computarizadas durante los primeros 2 años. 

Los resultados del TRISST “indican que quizás podamos disminuir sin peligro la vigilancia de seguimiento y cambiar el tipo de técnica de imagen que usamos en nuestros pacientes”, comentó el doctor Haywood. Sin embargo, advirtió que la técnica de las IRM y la experiencia necesaria para interpretar estas imágenes están menos disponibles que para las TC. 

Otra preocupación del doctor Haywood es que, con una vigilancia menos frecuente, algunos pacientes quizás pierdan el contacto con los médicos que los estuvieron dando seguimiento después del tratamiento.

Además, las “IRM suelen ser más caras que las TC, y aún no sabemos si el seguro médico cubriría este cambio”, añadió el doctor Haywood.

La doctora Cafferty y sus colegas ahora analizarán datos económicos relacionados con la salud para obtener información sobre los posibles costos de métodos de vigilancia menos intensivos en el Reino Unido. Los autores del estudio escribieron que, al tener en cuenta los costos asociados a las IRM, se necesitan más datos para apoyar el uso de esta técnica. 

“Esperamos que estos hallazgos cambien cómo se realiza la vigilancia”, señaló la doctora Cafferty. “Disminuir el número de pruebas de imágenes y, sobre todo, no seguir con las pruebas después de 3 años, no solo disminuirá la exposición a la radiación, sino también la carga de las consultas hospitalarias para los pacientes y los hospitales”.

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