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Cómo avanzar en la prevención del cáncer: charla con el doctor Philip Castle del NCI

, por el equipo del NCI

El doctor Philip Castle, máster en Salud Pública, asumió el puesto de director de la División de Prevención del Cáncer (DCP) del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) en julio de 2020. Entre 2002 y 2010, el doctor Castle trabajaba en la División de Epidemiología y Genética del Cáncer (DCEG) del NCI. Allí dirigió numerosos proyectos de investigación, incluso estudios sobre el virus del papiloma humano (VPH) y el vínculo del VPH con el cáncer de cuello uterino y el cáncer de ano. Tras cumplir su primer año como director de la DCP, el doctor Castle conversa sobre las áreas prioritarias de la división y su visión para acelerar el avance en la prevención del cáncer.

¿Cuáles son las posibilidades más prometedoras y los obstáculos para un avance real en la prevención del cáncer en la próxima década?

Hay varias áreas prometedoras. Un área en la que trabajamos mucho para establecer es la prevención del cáncer personalizada. Es decir, usar lo que sabemos sobre la persona (características genéticas, factores de riesgo, estilo de vida) para adaptar las estrategias de prevención. Y para consolidar estas estrategias, usamos las ciencias moleculares para descifrar cuáles son las mejores técnicas para lograr adelantos en esta tarea.

A su vez, queremos hacer que la prevención del cáncer esté disponible para un gran número de personas. El propósito es crear estrategias nuevas que amplíen el acceso de las medidas de prevención, en particular, para las poblaciones desatendidas. Un ejemplo son las actividades para ampliar el uso de la recolección de muestras en casa para la prueba de ácido desoxirribonucleico (ADN) del virus del papiloma humano (VPH) que sirve para detectar el cáncer de cuello uterino.

Considero que hay dos barreras principales que limitan el avance. La primera es la que se llama la “paradoja de la prevención”: si tenemos éxito con la prevención, no hay nada que observar, porque evitamos un desenlace malo: el cáncer. Es lo que llamo un “sesgo de evento”, por el que notamos más lo que ocurre en vez de lo que no ocurre. Es un obstáculo importante, en especial, porque impide que las personas reconozcan cuán importante es la prevención y que apoyen la investigación sobre prevención. En la prevención, no hay un equivalente al campeón que lucha contra el cáncer.

La otra barrera es la relación entre beneficios y daños en cualquier intervención con fines preventivos. Cuando hablamos de prevención del cáncer, hablamos sobre todo de personas que en general están sanas. Así que la tolerancia a cualquier efecto secundario a causa de la intervención preventiva es muy baja. Muchas personas no tendrán cáncer durante su vida, y no queremos causar ningún daño a quienes nunca tendrán cáncer. Ese es el conflicto que enfrentamos.

La prevención es un tema amplio. ¿Qué áreas prioritarias identificó para la división?

Hay tres áreas de investigación en las que nos concentramos.

La primera es la creación de medicamentos preventivos. Esto incluye identificar los objetivos adonde apuntar los medicamentos preventivos y elaborar los medicamentos. Esta tarea se logra a partir de las ciencias moleculares, el entendimiento de las vías de señalización celular que promueven el cáncer y las formas de interrumpirlas, y la aplicación de esta información para crear nuevos compuestos farmacológicos o usar medicamentos que ya se usan para otros propósitos en la prevención del cáncer.

La segunda es el descubrimiento de biomarcadores que identifiquen a las personas con un riesgo mayor de tener cáncer. En algún momento, estas dos áreas se conectarán: usaremos un biomarcador para identificar quiénes corren riesgo y tendremos un medicamento preventivo que disminuirá el riesgo según las características biológicas individuales.

Se trata de entender quiénes tienen riesgo alto para crear y poner en marcha intervenciones según el riesgo, al mismo tiempo que se identifican a las personas con riesgo bajo para no intervenir en esos casos. No hay una receta única de prevención para todos.

La tercera se relaciona con un mejor manejo de los síntomas en las personas con cáncer que reciben tratamiento, que también es una tarea de investigación en la DCP. Y al igual que con la prevención y el tratamiento, también queremos mayor precisión en el manejo de los síntomas. Así que necesitamos entender mejor las características biológicas que producen los síntomas de cáncer en la persona, y las respuestas a los tratamientos.

Una vez que entendemos las características biológicas y genéticas relacionadas con el cáncer y el tratamiento de los síntomas (lo que se llama la ciencia de los síntomas), podemos adaptar mejor el uso de los medicamentos existentes para prevenir o aliviar los síntomas y crear medicamentos nuevos más eficaces en el futuro.

Esto tiene una repercusión importante en la supervivencia: mientras más tiempo mantengamos sanas a las personas con cáncer, mayor es la probabilidad de que reciban las próximas terapias e incluso las terapias que hoy no existen pero existirán mañana.

Una gran parte de la prevención es la detección temprana. Hubo avances recientes en el desarrollo de pruebas de detección temprana de cánceres múltiples. ¿Qué opina sobre estas pruebas?

Es claro que hay muchísima esperanza y entusiasmo con estas pruebas de detección temprana de cánceres múltiples, ya que podrían identificar la presencia de muchos cánceres al mismo tiempo. Además, esto incluye algunos tipos de cáncer para los que no hay pruebas de detección en la actualidad.

Pero si observamos los datos disponibles de forma objetiva, hasta ahora lo único que demostraron todas estas pruebas es que es posible detectar el cáncer. La gran pregunta es: ¿podemos detectar el cáncer en un estadio lo suficientemente temprano como para disminuir el riesgo de muerte por ese cáncer? Esa es la prueba definitiva para cualquier prueba de detección del cáncer.

En ese sentido, respaldo por completo al [director del NCI] doctor Sharpless en su llamado para hacer un estudio clínico grande con el propósito de responder a esa pregunta.

La alimentación y el ejercicio son temas de mucho interés en la prevención del cáncer. ¿Dónde cree que encajan estos temas en el panorama general de la prevención?

En definitiva, existe la idea de que si uno come algo en particular o evita alguna otra cosa es posible prevenir el cáncer. Por desgracia, no hay alimentos ni actividades específicas que se haya comprobado que previenen el cáncer, excepto tal vez evitar el consumo de carne roja . Además, hay muchos motivos que dificultan la investigación para identificar estos factores.

Foto de primer plano del doctor Philip Castle

El doctor Philip Castle, máster en Salud Pública.

Director de la División de Prevención del Cáncer del NCI

Fuente: Instituto Nacional del Cáncer

Aún así, sabemos que la obesidad aumenta el riesgo para alrededor de 13 tipos de cáncer. Y sabemos que es probable que un estilo de vida saludable, que incluye el control del peso, disminuye el riesgo de cáncer. Por supuesto, no todos tienen el mismo acceso a los alimentos saludables y cosas que promueven los comportamientos saludables. Las políticas influyen mucho en esto.

Pero desde la perspectiva de la investigación, una de las cosas que podemos hacer es buscar formas innovadoras de educar a las personas para que logren un estilo de vida más saludable y rompan el ciclo de obesidad, no solo por el cáncer sino por la salud general.

Ahora se estudia la inmunoterapia como una posible forma de prevenir el cáncer. ¿Cómo marcha la investigación en este campo?

La inmunoterapia ha sido un gran adelanto en el tratamiento del cáncer. En la investigación sobre lo que se llama “inmunoprevención”, básicamente se estudia el uso del sistema inmunitario para vigilar el cáncer, es decir, para detectar y eliminar las células que presenten los cambios más tempranos que lleven al cáncer.

En la DCP, comenzamos una nueva iniciativa para promover el descubrimiento de terapias preventivas, que incluirán algunos medicamentos de inmunoprevención. En particular, ampliamos las actividades que desarrollan medicamentos preventivos para las personas con riesgo alto de tener cáncer, incluso a quienes tienen una predisposición genética, como el síndrome de Lynch. La idea es concentrarnos primero en los grupos de mayor riesgo, lograr avances para ellos y luego aplicar lo aprendido para conseguir la inmunoprevención en las personas con un riesgo promedio.

Ya hay medicamentos aprobados para prevenir o disminuir el riesgo del cáncer, como el tamoxifeno para el cáncer de seno (mama), pero son pocas las personas que eligen usarlos. ¿Le preocupa que esto ocurra con los medicamentos preventivos?

Es un tema importante. Es el caso de la aspirina, por ejemplo. Si alguien presenta riesgo de cáncer colorrectal o enfermedad cardiovascular, tal vez tenga mucho sentido tomar una dosis baja de aspirina. Pero si fuésemos por la calle y preguntáramos a la gente si sabe que la aspirina es un medicamento que previene el cáncer colorrectal, aunque parezca difícil de creer, algunas personas quizás dirían “¿Qué es el cáncer colorrectal?” Estos son problemas reales. Demuestran que gran parte del reto está en la educación y la comunicación.

Sabemos que una de las barreras en el uso del tamoxifeno como medicamento preventivo es la toxicidad (la relación entre beneficios y daños que mencioné antes), en especial, si se usa durante mucho tiempo. Pero de la misma manera en que buscamos alternativas innovadoras para las pruebas de detección, hay formas innovadoras para administrar más medicamento preventivo en el tejido que se desea proteger y menos en otras partes del cuerpo donde podría haber toxicidad.

En el caso del tamoxifeno, por ejemplo, financiamos un estudio clínico de fase temprana sobre el tamoxifeno tópico que se administra en los senos (mamas) de las mujeres con riesgo alto de cáncer de seno y los resultados hasta la fecha son muy prometedores.

¿Tienen los médicos una función clave en la educación y comunicación sobre el riesgo y la prevención del cáncer?

Sin lugar a dudas. Sabemos que la mayoría de las personas sienten que sus médicos son la fuente más confiable de información médica. Sin embargo, sabemos que muchos médicos ya están abrumados por la carga existente. No disponen de 1 hora para la consulta de cada paciente. Por otra parte, quizás desconozcan la información científica más reciente. Necesitamos educar al educador.

Así que nos toca confiar en que otros expertos en salud (el personal de enfermería, los promotores de salud) comuniquen la importancia de las actividades que fomentan la buena salud, que incluye disminuir el riesgo de cáncer. Esto significa que necesitamos educarlos a ellos también.

¿Qué papel cree que tiene la tecnología en el avance de la prevención?

Es claro que cumple un papel muy importante. Por este motivo, [en la DCP] contrataremos a una persona que estará a cargo de guiarnos en el uso de tecnologías nuevas para la prevención.

Un área en la que la tecnología podría cumplir una función importante es lograr que las pruebas de detección sean mejores y más rápidas. Por ejemplo, con pruebas disponibles en el lugar donde se atiende la persona y resultados que se obtienen el mismo día de la consulta médica. Esto ayudaría a disminuir la cantidad de gente que perdemos durante el seguimiento, que sigue siendo demasiada.

De hecho, estamos trabajando con el programa Investigaciones Innovadoras en Pequeñas Empresas (SBIR) del NCI para promover la creación de pruebas de detección rápida del virus del papiloma humano (VPH) y de pruebas de detección en casa del virus de la hepatitis C (VHC). La infección crónica por el VHC podría causar cáncer de hígado, pero la mayoría de las personas que tienen el VHC no saben que son portadoras del virus.

Ahora hay muy buenos tratamientos antivíricos para el VHC, pero es imposible tratar la infección si no sabemos que la persona está infectada. Así que contar con una prueba rápida que la persona se hace en su casa sería una herramienta de prevención esencial. Como aprendimos una y otra vez, esta vez por la pandemia de la COVID-19, el acceso es un elemento clave que determina quiénes participan de los servicios preventivos.

¿Cuáles son los mensajes fundamentales sobre la prevención del cáncer?

Creo que hay que volver a los principios básicos. Como dice el viejo refrán: “Más vale prevenir que curar”. La prevención vale muchísimo. Pero para que la prevención sea una prioridad se necesita un cambio en la filosofía que recalca cuál es la primera línea de defensa contra el cáncer. Nadie, pero nadie, quiere tener cáncer.

Y es importante decir que no podremos prevenir todos los cánceres. No será posible. De todas formas, necesitamos aprovechar [las medidas preventivas] que tenemos ahora. Además, necesitamos avanzar juntos de forma muy coordinada y mejorar lo que entendemos del proceso del cáncer, y aprender a identificar a las personas que corren mayor riesgo y eliminar ese riesgo antes de que se convierta en cáncer mediante la investigación innovadora sobre la prevención del cáncer.

Creo que entramos a la edad de oro de la prevención del cáncer y haré todo lo posible por abrir paso en este camino.

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